ENTREGADO A LA COSECHA PARA VIDA ETERNA, Por: Diego Teh.

entregadoalacosechaparavidaeternaENTREGADO A LA COSECHA PARA VIDA ETERNA

Juan 4:31-36.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Roca de la Eternidad” de la Col. Gustavo Díaz Ordaz, Mérida, Yucatán; el domingo 09 de Marzo 2014; a las 18:00 hrs.

 

INTRODUCCIÓN:   Nuestro texto para este mensaje tiene como contexto el relato del encuentro providencial de Jesús con una mujer samaritana a quien durante una larga plática le ofreció “el agua de vida”.   Inmediatamente aquella mujer samaritana acudió al pueblo a decirle a la gente su descubrimiento sublime en la persona de Jesús.   Mientras ella fue a contarlo a otras personas de Sicar, dice Juan 4:31-36 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.   El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.   Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?   Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.   ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.   Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega”.   Jesús dijo estas palabras, sabiendo que en unos momentos, sus discípulos más cercanos iban a presenciar la conversión de mucha gente al evangelio de él, diciéndoles que no faltan muchos meses para la cosecha de almas como faltaban cuatro meses para la cosecha de trigo, sino que ya es el momento de la cosecha de conversiones.   De la misma manera hemos sido llamados por Dios para dedicarnos a la cosecha de conversiones que Dios ha preparado que van a ocurrir por nuestro ministerio.

En nuestro pasaje bíblico, en las mismas palabras de Jesús y basado en su ejemplo personal, podemos observar características que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que uno es una persona entregada a la cosecha para vida eterna.  //  ¿Cuáles son las características que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna?   //   A través de este mensaje, les hablare de algunas de esas características que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna.

La primera característica que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna, es que:

I.- ESTA DISPUESTO A SACRIFICAR CUESTIONES PERSONALES.

Según el contexto de nuestro texto, ya era el medio día, la hora sexta (4:6), ya era hora de comer por lo que los discípulos fueron a la ciudad de Sicar a comprar de comer (4:8), mientras que Jesús se quedó digamos que en el periférico a “descansar”, pero aprovechando su “descanso” para presentar su evangelio a una mujer de samaria que se encontraba sacando agua del pozo.    Cuando sus discípulos regresan con la comida, realmente ya era algo tarde, y al parecer le decían que se acercara con ellos a comer, pero él no dejaba de hablar con aquella mujer.   Finalmente cuando se desocupa, les dice a sus discípulos: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. […] Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (vv. 32,34).   Lo que aquí notamos es que Jesús, consciente de actuar conforme a lo que es prioritario, demuestra con su ejemplo que cuando surge la oportunidad de hablar del evangelio salvador a las personas, uno debe estar dispuesto a aguantarse si es necesario una media hora o una hora más tarde de lo acostumbrado.  Pero el principio aplica no solamente a la hora de la comida, sino a cualquier otra situación que pueda esperar un poco más.

En una ocasión fui invitado junto con mi familia a almorzar en casa de una familia, donde el hermano es una persona dedicada al ministerio.  Cuando llegamos, la hermana muy servicial y amablemente sirvió la comida mientras nosotros estábamos en la sala platicando con su esposo.  El detalle es que su esposo, seguía muy apasionado hablándome de sus experiencias en el ministerio, de sus preocupaciones actuales, de sus proyectos y aspiraciones ministeriales.  Mi estómago ya estaba preocupado, vi que su esposa le hizo señas en dos ocasiones indicando que la comida está servida, pero él no hizo caso.   No tengo la intención de indicar que se trató de una descortesía.   Lo que quiero resaltar es que cuando una persona está realmente entregada a una cosa, en este caso al ministerio, uno es capaz de pasarse de la hora de los alimentos, o de sacrificar cualquier otro tiempo con tal de hacer otra cosa prioritaria o urgente.   Ese fue el caso de Jesús quien tenía que compartir su evangelio ahora que se había dado la oportunidad de iniciar una plática, y no le fue problema posponer su almuerzo para un rato más.

Amado hermano, si usted nunca ha tenido que dejar para más tarde alguna cosa con tal de usar ese tiempo para compartir el evangelio, quizá no está verdaderamente consagrado a la cosecha de los resultados del evangelio de Cristo.   Esta situación no se presenta antes de cada una de nuestras comidas, ni todos los días, pero cuando se dé la ocasión, no pasa nada si hablamos de Cristo y esperamos un poco más tarde para tomar los alimentos.   No pasa nada si hablamos de Cristo y esperamos ver el partido, el box, etc… un poco más tarde.

La segunda característica que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna, es que:

II.- ESTA DISPUESTO A COMENZAR DE MANERA INMEDIATA.

Durante la plática de Jesús con sus discípulos, les hizo ver la diferencia entre lo que puede esperar y lo que ya no puede esperar.   Según el v. 35 les dijo: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”.   Efectivamente, faltaban cuatro meses para la cosecha del trigo.  En eso nadie estaba equivocado.  Eran conocedores de los tiempos de preparación de terreno, de la siembra, del chapeo o deshierbado, y de la cosecha.   Pero algo que los discípulos tenían que aprender es el tiempo de la cosecha de almas como frutos del evangelio de Jesucristo, que ya no es para los siguientes meses.   Jesús les iba a demostrar la diferencia entre los frutos de la naturaleza y los frutos de la gracia salvadora.   Los discípulos estaban a punto de presenciar minutos después ese mismo día cómo por el testimonio de aquella mujer samaritana, un grupo numeroso iba a creer en Jesús y su evangelio salvador.  No sería en el futuro, iba a ser en ese mismo momento, pero todo sucedió porque Jesús decidió comenzar de manera inmediata con aquella mujer samaritana.   Fue esa misma manera de pensar que Jesús inculcó a sus discípulos cuando les dijo que los campos “ya están blancos para la siega”.

Henry Canova Vollam Morton, un famoso autor de libros de viajes por las tierras bíblicas, hace una sugerencia especialmente interesante en relación con los campos blancos para la siega. Él mismo se había sentado en ese lugar en que se encuentra el pozo de Jacob; y, mientras estaba allí descansando, vio salir a la gente de un pueblo y empezar a subir la colina. Venían en grupos pequeños, y todos llevaban chilabas blancas que la brisa mecía. Es posible que eso fuera lo que sucedió en esta historia, y que Jesús viera a los samaritanos que venían a conocerle corriendo por los campos y sujetándose las túnicas con los brazos extendidos para correr mejor, en respuesta al testimonio de la Samaritana. Y entonces Jesús dijo: “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”.   La multitud que venía con sus ropas blancas era la cosecha que Jesús estaba deseando recoger para Dios[1].

Amados hermanos, hoy no estamos en Sicar, pero Dios tiene pueblo elegido para ser alcanzado por el ministerio de esta congregación.  Donde quiera que los hermanos hacen el trabajo de evangelizar y discipular se puede apreciar que siempre hay personas con una gran necesidad, URGENTE, que no puede ser aplazada, sino que hay que atenderla inmediatamente, y que están dispuestas a responder el llamado de Jesús. ¿Desea usted ver resultados progresivos para esta congregación? Solamente va a haber resultados si usted demuestra esta característica de querer comenzar inmediatamente a trabajar con personas que no han entregado su vida a Cristo para salvación.  Dios, tiene preparado los campos (las personas), y están listos para que usted coseche para edificar su iglesia.

La tercera característica que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna, es que:

III.- ESTA DISPUESTO A COMENZAR AUNQUE SEA SOLO CON UNO.

El destacado pastor Rick Warren, en su libro “Una Iglesia con Propósito”, al relatar su llegada a Saddleback, junto con su esposa y su bebé, donde estableció una iglesia que creció a una asistencia de más de 10,000 personas en tan solo quince años, dice que:  “Finalmente, a las cinco de la tarde llegamos al Valle de Saddleback.   Salí de la carretera y me detuve ante el primer negocio de bienes raíces que pude encontrar.  Entré y me presenté al primer vendedor que encontré.   Su nombre era Don Dale.   Le dije con una gran sonrisa: “Mi nombre es Rick Warren.   He venido aquí para comenzar una iglesia.   Necesito un lugar para vivir, pero no tengo nada de dinero”.   Don se sonrió y luego se rió en voz alta.  Yo me reí también.   No tenía idea de lo que sucedería a continuación.   Don me dijo: “Bueno, veamos qué podemos hacer.”    En dos horas Don nos había encontrado un departamento para alquilar, había logrado que viviéramos allí sin pagar la renta durante el primer mes y estuvo de acuerdo en convertirse en el primer miembro de la Iglesia de Saddleback.   Dios sí que provee.   Mientras conducíamos hacia el condominio, le pregunté a Don si asistía a alguna iglesia.    Me respondió que no, a lo que yo contesté: “¡Grandioso, eres mi primer miembro!”, y eso fue exactamente lo que  sucedió.     Comencé la Iglesia de Saddleback con la familia de aquel vendedor de bienes raíces y la mía.   Dos semanas más tarde, celebramos nuestro primer estudio bíblico en nuestro departamento contando con la presencia de siete personas”[2].   Lo que quise que ustedes noten en dicho relato no es la manera providencial como consiguió su primera casa pastoral, sino cómo realizó su labor de iniciar la plantación de una iglesia a partir del contacto con una sola persona (Don Dale), y luego a la familia de dicho contacto, y para 1995 (quince años después) cuando escribió el famoso libro: “Una iglesia con propósito” tenía una iglesia de más de 10,000 personas.

En el capítulo cuatro de San Juan, tenemos una historia similar teniendo a Jesús como el plantador de iglesia por excelencia, contactando en Samaria solamente a una persona, a una mujer a quien confrontó con sus problemas pero que especialmente le ofreció también el agua eterna de vida.  La conversión de aquella mujer samaritana al evangelio de Jesús sirvió de ejemplo para que “muchos más” creyeran en que Jesús era el verdadero Salvador del mundo, el Cristo (Juan 4:41,42).   Todo comenzó con una sola persona, y providencialmente ese mismo día Jesús pudo gozarse al ver “muchos más” resultados de su labor de predicar el evangelio.

Amados hermanos, creo que esta congregación no comenzó automáticamente con muchos miembros.   Seguramente comenzó con una sola persona o con un grupo muy reducido, pero al paso del tiempo ha ido creciendo.  Quizá algunos se han trasladado a otras iglesias, otros han negado la fe, otros están en el ministerio en otros lugares, y otros han partido para estar en los lugares celestiales, sin embargo esta congregación puede seguir creciendo.   Les animo a no tener en poco el contactar a una persona para hablarle del evangelio de Jesucristo.  Uno es la base para que la iglesia crezca.  Cuando se deja de buscar a una persona más, la iglesia deja de crecer.  Recuerde que Jesús nos manda a buscar “una oveja perdida”.   Ir y predicar el evangelio a una sola persona es la evidencia de que una persona está verdaderamente entregada a la cosecha para vida eterna que nuestro Salvador y Señor nos ha enviado a hacer.

La cuarta característica que un hijo de Dios debe demostrar como evidencia de que es una persona entregada a la cosecha para vida eterna, es que:

IV.- ESTA DISPUESTO A TRABAJAR POR RESULTADOS ETERNOS.

Finalmente Jesús motiva a sus discípulos a unirse a la labor de cosechar los frutos del evangelio que Jesús había comenzado a sembrar.   Les dice: “Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega” (v. 36).  Con estas palabras, Jesús les estaba dejando claro a ellos que no es en vano trabajar en la cosecha de los frutos del evangelio.   Sus palabras en este punto no son una comparación sino que literalmente está diciendo que el cosechador de almas para Dios “recibe salario”, y que “recoge fruto para vida eterna”, cosa que no aplica al cosechador de milpas y hortalizas.    Cuando dice que recoge fruto para vida eterna”, está diciendo que quien trabaja como cosechador de almas está trabajando para resultados eternos no como los frutos del campo que consumimos en cuestión de días o solamente en minutos.

En una ocasión, Jesús confrontó a muchos de sus seguidores que iban de una aldea a otra para escuchar sus enseñanzas, solamente porque él les proveía de alimentos, y les dijo: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.  Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:26,27).   Con estas palabras: “Trabajad, […] por la comida que a vida eterna permanece”, y con las que dijo en ocasión de su plática con la mujer samaritana: “Y el que siega […] recoge fruto para vida eterna”, nos dejan una clara indicación de que debemos trabajar por las cosas que tienen resultados eternos, no solamente por las que algún día finalmente perecerán.

Amados hermanos, tanta influencia materialista tenemos actualmente para buscar las cosas perecederas, pero como parte de su iglesia como siervos comprometidos con el ganar almas para salvación, fortalezcamos nuestro amor por las cosas que tienen resultados eternos.  Así, se verán reflejados los resultados en el crecimiento de esta congregación.  Pero el que no trabaja para resultados eternos, solamente crece su casa, su dinero, sus negocios, sus relaciones sociales, etc… pero no su trabajo para el Señor.

CONCLUSIÓN:   Hace mucho tiempo, dos agricultores iban caminando por un mercado cuando se pararon ante el puesto de un vendedor de semillas, sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto.   “Mercader, ¿qué semillas son estas?”, le preguntó uno de ellos.     “Son semillas de bambú. Vienen de Oriente y son unas semillas muy especiales”.     “¿Y por qué habrían de ser tan especiales?”, le espetó uno de los agricultores al mercader.   Si ustedes las llevan y las plantan, sabrán por qué. Sólo necesitan agua y abono”.   Así, los agricultores, movidos por la curiosidad, compraron varias semillas de esa extraña planta llamada bambú.    Tras la vuelta a sus tierras, los agricultores plantaron esas semillas y empezaron a regarlas y a abonarlas, tal y como les había dicho el mercader.   Pasado un tiempo, las plantas no germinaban mientras que el resto de los cultivos seguían creciendo y dando frutos.   Uno de los agricultores le dijo al otro: Aquél viejo mercader nos engañó con las semillas. De estas semillas jamás saldrá nada”. Y decidió dejar de regar y abonarlas.   El otro decidió seguir cultivando las semillas con lo que no pasaba un día sin regarlas ni abonarlas cuando era necesario.   Seguía pasando el tiempo y las semillas no germinaban.   Hasta que un buen día, cuando el agricultor estaba a punto de dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse con que el bambú había crecido. Y no sólo eso, sino que las plantas alcanzaron una altura de 30 metros en tan solo 6 semanas.   ¿Cómo era posible que el bambú hubiese tardado 7 años en germinar y en sólo seis semanas hubiese alcanzado tal tamaño?   Muy sencillo: durante esos 7 años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistemas de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después la planta[3].

Amados hermanos, también estoy seguro que muchos de ustedes durante no poco tiempo sino por mucho tiempo han estado trabajando como sembradores de la semilla del evangelio, y alguno esté preocupado porque todavía no ha cosechado conversiones como fruto de su trabajo para crecimiento de la congregación.   No se preocupen.  Dios es el que da el crecimiento.   La clave es que ustedes estén entregados a la labor de sembrar, y si ya han sembrado tienen que regar y abonar. Donde quiera que sea sembrada la semilla del evangelio, germinará y producirá cosecha de salvación.  Usted, solamente no deje de sembrar la semilla, y Dios le permitirá a usted recoger la cosecha.

Les animo y felicito en el amor y nombre del Señor por este aniversario que ustedes celebran con acción de gracias al dueño de la mies, pero les invito al mismo tiempo, a continuar con la preciosa labor de llevar el mensaje de salvación a las personas que el Señor ha puesto y pondrá al paso de cada uno de ustedes.  Háganlo entregados de manera fervorosa.


[2] Rick Warren, “Una Iglesia con propósito”, Editorial Vida, Miami FL, 1998, pp. 41,42.

 

   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.