MIRA ARRIBA: A DIOS, Por: Diego Teh.

MIRA ARRIBA: A DIOS

 Hechos 20:17-21.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 10 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: El título del mensaje de este momento es: MIRA ARRIBA: A DIOS. Lo tomé del libro: Una vida centrada en el evangelio, de Steve Timmis, y Tim Chester.  Recoge la expresión del apóstol Pablo cuando les dice a los Colosenses: “…buscad las cosas de arriba, […] poned la mira en las cosas de arriba” (Colosenses 3:1,2).  Y entre esas cosas de arriba no solamente están las que un día allí llegaremos a conocer, sino también están aquellas que son de arriba, pero se nos ha dado a conocer y poner en práctica aquí en la tierra, aunque obviamente no son de la tierra.  En nuestro texto bíblico, San Lucas relata el mensaje y testimonio que el apóstol Pablo les compartió a los ancianos de la iglesia de Efeso (o sea, al Consistorio de la iglesia de Éfeso), en el cual, aunque no menciona la frase “las cosas de arriba”, les habla de las “cosas de arriba” que en este mensaje no llamare cosas (porque en nuestro lenguaje, “cosas” es una palabra muy general y a veces abstracta), sino que las llamaré espiritualidades, que sirven para evaluar si una persona realmente está centrada en el evangelio o en otras “cosas”.

   Por eso, la lección que les compartiré en este mensaje será que: Todo creyente en Jesucristo, para centrar su vida en el evangelio debe ser un practicante de las espiritualidades esenciales de la vida cristiana. / ¿Cuáles son las espiritualidades esenciales de la vida cristiana que todo creyente en Jesucristo debe practicar para centrar su vida en el evangelio? / En nuestro texto bíblico en el que el apóstol Pablo instruye a los ancianos de la iglesia de Éfeso, les recuerda tres de estas espiritualidades esenciales de la vida cristiana que él mismo vivió y enseñó a ellos, y que todo cristiano debe practicar para entonces centrar su vida en el evangelio.

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   La primera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

I.- EL ARREPENTIMIENTO PARA CON DIOS.

   Siguiendo las palabras del versículo 21 en las que el apóstol Pablo indica a los ancianos de la iglesia de Efeso, que: “testificando a judíos y a gentiles”, afirma que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  En este momento les hablaré acerca del “arrepentimiento para con Dios” como la primera espiritualidad que el apóstol predicó no solamente a los incrédulos de la ciudad, sino también a los mismos que ya siendo creyentes se reunían con la iglesia.  El arrepentimiento no es solamente un acto inicial para abandonar la vida totalmente alejada de Dios, sino también un proceso de todos los días para ponerse a buenas cuentas con Dios debido al poder del pecado que aun sin nuestra intencionalidad y voluntad nos hace pecar contra Dios.  Entonces, necesitamos vivir todos los días con arrepentimiento.

   La Confesión de Fe de Westminster, define el arrepentimiento de la siguiente manera: “Al arrepentirse, un pecador se aflige por sus pecados y los odia, movido no sólo por la vista y el sentimiento del peligro, sino también por lo inmundo y odioso de ellos que son contrarios a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios. Y al comprender la misericordia de Dios en Cristo para los que están arrepentidos, se aflige y odia sus pecados, de manera que se vuelve de todos ellos hacia Dios”.  (Párrafo II). En otras palabras, es volver a Dios todos los días.  Pero, permítame hacerle algunas preguntas, usted cuando se arrepiente ¿por qué se arrepiente? ¿Por miedo a las consecuencias de su pecado? Si usted se arrepiente por ello, déjeme decirle que no es una buena razón, y de hecho no sirve de nada arrepentirse por miedo a las consecuencias que vendrían o podrían venir.  Usted se debe arrepentir porque reconoce “lo inmundo y odioso que son (sus pecados) a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios”.  Pero, además, usted se debe arrepentir por “comprender la misericordia de Dios en Cristo”.  Si su arrepentimiento no está centrado en la comprensión de “la misericordia de Dios en Cristo”, su presunto arrepentimiento podría no servir para recibir el perdón que por cierto no se obtiene directamente por el arrepentimiento sino por la gracia de Dios.

   También dice la Confesión, en cuanto al arrepentimiento, que “Los hombres no deben quedar satisfechos con un arrepentimiento general de sus pecados, sino que es el deber de todo hombre procurar arrepentirse específicamente de sus pecados específicos” (Párrafo IV).  Cuando usted se arrepiente ¿cómo confiesa a Dios sus pecados?  Usted no debe decir solamente: Señor, Perdona mis pecados.  Dios espera que usted le diga a Él cuál es el pecado específico del cual usted está arrepentido.  Dios no perdona solamente porque alguien le diga: Señor, perdona mis pecados.  Cada quien debe decirle a Dios, Señor, Perdóname por haber ofendido a mi compañero de trabajo diciéndole que es un menso.  Perdóname porque no fui responsable en reunirme con tu iglesia para adorarte.  Perdóname porque reconozco que fui injusto con el hermano…  Perdóname porque cuando estoy en la iglesia juzgo a las hermanas por su manera de ser.  Y así, cada pecado debe ser confesado de manera específica.

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   La segunda espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

II.- LA FE EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

   El apóstol Pablo, después de afirmar que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios”, dice también “y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  “La fe en nuestro Señor Jesucristo”, es la espiritualidad necesaria para poder estar verdaderamente centrado en el evangelio.  Sin fe no hay justificación, ni paz con Dios (Romanos 5:1).  Sin la fe no hay entrada a la gracia de Dios (cf. Romanos 5:2).  Sin fe no hay salvación (Efesios 2:8).  Sin fe no se puede agradar a Dios, ni puede haber ningún acercamiento a Dios (Hebreos 11:6).

   En cuanto a la fe, la Confesión de Fe de Westminster, explica que: “La gracia de la fe, por la cual se capacita a los elegidos para creer para la salvación de sus almas, es la obra del Espíritu de Cristo en sus corazones, y es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra; también por la cual, y por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece” (Párrafo I).  Hay un primer acto de fe con la cual uno inicia la experiencia de la salvación y la vida cristiana, lo que la Confesión describe como “creer para la salvación de sus almas”; acto que usted llevó a cabo el momento en el que usted dijo que cree en Jesucristo.  ¿Recuerda usted ese momento tan especial?  Pero esta fe no debe quedarse en un solo y primer acto, sino que debe convertirse en una experiencia cotidiana, no de todas las semanas o domingos, sino que debe ser la experiencia de todos los días.

   Esta fe capacitante, según la Confesión “es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra”.  La Confesión le da la razón al apóstol Pablo quien explicó a los Romanos que “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). O sea, que la fe surge cuando la palabra de Dios es leída o escuchada; entonces ¿cada cuándo crece la fe de usted, o sea cada cuando lee o escucha la lectura de la palabra de Dios? Si es hasta el domingo, entonces, usted no está centrado en el evangelio.  La vida centrada en el evangelio no es un asunto semanal sino de todos los días.  Usted necesita fe no cada semana sino todos los días; y solamente la palabra de Dios es la que genera la fe en el corazón humano.

   La Confesión, hablando de la fe, dice: “por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece”.  La palabra de Dios la genera, pero los sacramentos y la oración, sirve para su aumento y fortalecimiento. Primero, les voy a decir lo siguiente en cuanto a la oración.  Si la oración es fortalecedora de la fe en nuestro Señor Jesucristo, entonces el cristiano no debe esperar solamente los momentos de oración del próximo culto dominical para orar, porque eso estaría indicando que no quiere más fe.  ¿Usted cada cuándo ora a Dios?  Recuerde usted que la oración que tampoco es un asunto semanal, sino algo que se puede hacer en cualquier lugar y todos los días de manera personal.

  Ahora, tomando en cuenta que la Confesión, en cuanto a la fe, explica que con “la administración de los sacramentos […] se aumenta y se fortalece”.  Esto es igual de cierto, tanto con el bautismo como con la santa cena.  Pero, ambos sacramentos no son de impartición ni diaria, ni semanal.  El bautismo es una sola vez en la vida.  Y el de la Santa Cena, generalmente se ministra una vez por mes, y en raras ocasiones con más frecuencia.  Pero, por lo mismo, que no es algo que se imparte semanalmente, entonces hay que aprovechar la oportunidad de recibirlo para que surta el efecto de fortalecer la fe, porque ello representa al mismo Cristo. No es de esperarse que usted descuide recibir la santa cena cada vez que se imparte.  No es de esperarse que sabiendo usted que se impartirá el sacramento, decida usted ni siquiera presentarse a la adoración.

   Usted necesita centrar su vida en el evangelio, desarrollando una fe diaria en nuestro Señor, mediante la lectura diaria de la palabra de Dios, la práctica diaria de la oración, y si no ha sido bautizado debe solicitar su bautismo, y si ya es bautizado debe aprovechar el beneficio de la santa cena todas las veces que sea ministrada.

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   La tercera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

III.- EL SERVICIO AL SEÑOR.

   El apóstol Pablo que ya había pasado por la experiencia del arrepentimiento y de la fe, ya había avanzado un paso más.  Dentro de su testimonio personal, les dice a los ancianos de Éfeso que su comportamiento entre ellos, fue: “sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (Hechos 20:19).  No necesariamente en todos los casos el servicio al Señor tendrá que ser “con muchas lágrimas, y pruebas” por causa de “asechanzas”. Sin intención de asustar, a veces puede llevar a un cristiano al martirio; pero tampoco les puedo decir que siempre será lo más sencillo de este mundo, porque podría venir no del mismo servicio sino de maldades externas, alguna adversidad en contra de los que servimos a Dios.  Pero, lo que quiero enfatizarles en este momento es la espiritualidad del servicio al Señor como una evidencia de tener la vida centrada en el evangelio.

  Servir al Señor es el paso que sigue al arrepentimiento de nuestros pecados, y es lo que sigue a la fe que se está desarrollando en nuestros corazones.  En su epístola a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo les felicita por lo que se dice de ellos en otros lugares como Macedonia y Acaya, que según el mismo Pablo: “ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9).  El motivo de su conversión fue “para servir al Dios vivo y verdadero”.  Esa debe ser la espiritualidad de toda persona, o más bien, de todo cristiano que busca llevar una vida centrada en el evangelio.  No quedo sin

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ¿cómo considera cada uno de ustedes su propia vida? ¿En qué está centrada? ¿En Cristo y su evangelio, o en otros intereses que no tienen nada qué ver con Dios? Es probable que más de uno de los que aquí estamos presentes su vida está gobernada por principios no cristianos y que, por lo tanto, aunque hoy usted se encuentre en una reunión cristiana no por eso esté usted centrado en el evangelio.  Si usted es una de estas personas, ¡Qué bueno si el día de hoy usted comenzará a centrarse en el evangelio!

   Cuando por causa del pecado propagado en todo nuestro ser, usted peca, realmente ¿se arrepiente de sus pecados, o solamente siente remordimiento por ello, o solamente tiene miedo de enfrentar sus probables o seguras consecuencias?  Es mejor que usted confiese específicamente sus pecados a Dios y que pida perdón por ellos.  Usted no tiene que andar buscando perdón o dirección para su vida en otras fuentes.  Dios tiene a su Hijo Jesucristo como el medio para el perdón de todo pecado cometido por el ser humano.

   ¿Le gustaría a usted mejorar en cuanto a su fe?  Lea la palabra de Dios todos los días.  Ore a Dios todos los días.  Reciba el sacramento de la Cena del Señor todas las veces que esta sea ofrecida.  Una fe real y fuerte puede llegar a la vida de cada cristiano si no descuida estas disciplinas importantes.

   ¿Cómo califica usted su propio servicio que hace al Señor, y en el nombre del Señor?  ¿Del 1 al 10, se pondría un 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, etc…?  Si usted se ha convertido a Dios, sin duda que es porque hay arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo en usted; entonces, solo le falta dedicarse a servir a Dios.

   

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