¿QUÉ ES LA MUERTE PARA EL CRISTIANO?, Por: Diego Teh.

¿QUÉ ES LA MUERTE PARA EL CRISTIANO?

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    2 Corintios 5:1-5.

   Predicado por el Pbro. Diego Teh, durante el velorio de la hermana Fernanda Oxté Koyoc, en su domicilio conocido, el sábado 23 de junio 2018, el día de su sepultura, en la comisaría de Citilcum, municipio de Izamal, Yucatán.  Ella es madre de la hermana Delia Chan Oxté, de la misión Getsemaní, del Fracc. Paseos de Itzincab, de Umán, Yuc.

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   INTRODUCCIÓN: Escuchen lo que el apóstol Pablo escribió a los Corintios con respecto a la muerte: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. / Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; / pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. / Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. / Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 5:1-5).

   Según la información que haya influenciado el pensamiento de cada persona, cada quien podría dar una respuesta distinta a la pregunta: ¿Qué es la muerte para el cristiano?  Basado en las palabras de San Pablo, informado desde la perspectiva de Dios, en el contexto de la fe cristiana, les voy a compartir en este momento que la muerte para el cristiano tiene significados relevantes. / ¿Cuáles son los significados relevantes que tiene la muerte para el cristiano? / Me propongo exponerles en este momento no todas las respuestas correctas que existen para esta pregunta, sino solamente algunas de ellas que son evidentes en la lectura bíblica que usted ha escuchado.  Esto con el fin de que usted se interese en el santo evangelio de Jesucristo, en la vida eterna, y en el cielo eterno de Dios.

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   El primer significado relevante que tiene la muerte para el cristiano, es que:

I.- LA MUERTE REALMENTE ES PASAR A LA VIDA VERDADERA.

  En estas palabras que hemos leido, el apóstol Pablo está describiendo acerca de la inevitablemente que todos los seres humanos algún día tenemos que enfrentar.  A nuestro cuerpo le llama “morada terrestre” (v. 1a) comparándolo como una casa de campaña, lo cual tiene que deshacerse algún día.  Pero eso no quiere decir que dejaremos de existir.  Especialmente para los que somos cristianos, dice que “gemimos”, es decir que “suspiramos” o “anhelamos”, “ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (v. 2).  Es decir, solamente cambiaremos de lugar de habitación.  Entonces, tendremos como cuerpo, una “habitación celestial”.  Es verdad que no quisiéramos morir, pero el propósito de morir no es malo, sino finalmente es bueno, porque es la transición “para que lo mortal sea absorbido por la vida” (v. 4); o sea, que cuando llegue la experiencia que humanamente llamamos muerte, lo que realmente ocurre es que la verdadera vida que jamás hemos experimentado nos absorbe.  Entonces, realmente, no morimos, sino que comenzamos a vivir mejor.

   Hace 181 años, casi 200 años, nació en Estados Unidos, en Massachusetts,s un hombre que llegó a ser un conocido evangelista.  Se llamó Dwigth Lyman Moody (5 febrero 1837 – 22 de Diciembre 1899)[1].  Cuando estudié en el seminario hace 25 años, conocí uno de sus libros, titulado: 200 Anécdotas e Ilustraciones.  En su anécdota 106, él mismo escribió: Si alguna vez os dicen que D. L. Moody ha muerto, no lo creáis, ha subido más arriba, eso es todo. Ha dejado esta vieja casa de barro, para entrar a una casa inmortal, un cuerpo que no puede ser afectado por la muerte ni contaminado por el pecado, un cuerpo hecho a la imagen del glorioso cuerpo del Señor”[2].  A sus alumnos solía decirles: “Algún día leeréis en los periódicos que Moody ha muerto, pero no los creáis, porque ese día estaré más vivo que nunca”[3].

   Amados cristianos, eso es lo que ayer sucedió a nuestra hermana doña Fernanda. Solamente dejó este cuerpo, fue absorbida por la verdadera vida, ya no pasara nunca más por las miserias y sufrimientos de esta vida.  Hoy, ella ya conoce la verdadera vida y felicidad que Dios dispuso para todos aquellos que creen en Jesucristo.

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   El segundo significado relevante que tiene la muerte para el cristiano, es que:

II.- LA MUERTE ES DEJAR LO TERRENAL PARA ENTRAR A LO GLORIOSO.

   Una buena indicación que hace el apóstol Pablo con respecto a la vida después de la muerte, es que entonces a partir de ese momento tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”.  Ya no estaremos más en este cuerpo mortal que ahora tenemos porque lo tenemos que abandonar en el mejor de los casos, en el cementerio.  La nueva estancia de nuestra alma viviente o espíritu es “un edificio, una casa no hecha de manos, eterna” (v. 1b).  Esto no quiere decir que nuestros cuerpos serán de mampostería, o de bloques, sino solamente está recalcando la diferencia entre una casa de campaña que su estancia donde se instala es temporal, pues luego puede ser desarmada y llevada a otro lugar.  Pero si se trata de un edificio, ese sí no se puede desarmar para llevar a donde uno va, porque está cimentada, es firme, permanente, etc…  Así es entonces nuestra vida actual como una casa de campaña de instalación temporal, que luego va a ser reemplazada por una vida que es permanente como una casa con cimiento.  Es esta característica de la vida que San Pablo le llama “eterna”, y que finalmente dice que está “en los cielos” (v. 1b).  Entonces, se acabó la etapa de nuestra vida terrenal que es temporal, y entonces comienza la etapa de nuestra vida que es celestial y eterna.  Esto es lo mejor que uno puede desear, esperar, y experimentar porque vale la pena dejar este mundo para entrar a lo glorioso.

   Ahora regresando a la historia del evangelista Dwight Lyman Moody.  Cuando por fin también llegó el último día de su vida terrenal para pasar a la etapa de vida celestial, en su agonía como percibiendo la realidad de la vida celestial, susurró delante de sus hijos, diciendo: “Dios me está llamando”.  Sus hijos asustados decían: “No papá, tú estás bien, no pienses eso”. Luego siguió susurrando: “¿Es ésta la muerte? No es tan mala ni fea como muchos dicen, no hay un valle sombrío, es dulce, es la gloria” [4].

   Amados cristianos, todos los cristianos tendremos que abandonar nuestros cuerpos mortales, pero lo que no morirá es nuestra alma que saldrá de nuestra actual realidad terrenal y temporal, y entrará a la realidad eterna y celestial.  Qué hermoso será llegar a ese lugar.  Solamente la incredulidad hacia el evangelio de Jesucristo, el rechazo de creer en la obra redentora de Jesús, puede hacer que un ser humano se pierda esta gloriosa esperanza, porque en tal caso la persona no pasará a la verdadera vida sino que se irá a la vida infernal donde según Jesús: “allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8:12; 13:42, 50; 22:13; 24:51; 25:30; Lucas 13:28).  Pero, qué gloriosa será la vida celestial donde lo más relevante e importante es la majestuosa presencia celestial de Dios que no es posible percibir aquí en la tierra.  Hoy, nuestra hermana Fernanda ha conocido ese lugar glorioso, el cielo eterno, nada comparable con el haber vivido 77 años aquí este poblado.

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   El tercer significado relevante que tiene la muerte para el cristiano, es que:

III.- LA MUERTE ES EL VIAJE PARA RECIBIR LA CORONA DE VIDA.

   En esta vida, desde que creemos en Jesús comenzamos a disfrutar todas las bendiciones disponibles como beneficio de la salvación que Dios nos otorga, aunque ahora no podemos sentir toda la plenitud de estos beneficios.  Pero, después de nuestra muerte que viene a ser como un viaje, al llegar al destino final que es el cielo mismo, habrán otros beneficios dispuestos para los creyentes.  No les hablaré de todos estos beneficios, sino solamente de uno de ellos, que también fue mencionado por el mismo apóstol Pablo pero en otra carta que escribió en este caso a su amigo Timoteo a quien le dijo: “… el tiempo de mi partida está cercano. / He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. / Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6b-8).  El apóstol le habló de “la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día”.  Pero, no hay solamente una corona de justicia en el cielo, sino que hay una para cada persona que llegue allí.

   Otra vez regresando al caso de la historia del evangelista Dwight Lyman Moody.  Cuando él decía a sus hijos: “Dios me está llamando”, su hija preocupada y angustiada le dijo: “No papá, no nos dejes”. Procuró despertarlo, pero él dijo: “No hija, Dios me está llamando, hace tiempo que yo esperaba este momento, no me importunes para que vuelva, éste es el día de mi coronación, que hace mucho lo anhelaba” [5].   Así como Pablo, así como Dwight, ojalá que cada uno de nosotros podamos y querramos anhelar recibir la corona celestial de justicia.

  Amados cristianos, hay suficientes coranas para todos los que lleguen allí, pues dice el apóstol Pablo que será dada: “no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.  Eso sí, hay que amar a Jesús, y hay que amar su regreso.  Hoy, nuestra hermana Fernanda ya porta su corona de justicia.  Pero, no crean que portar una corona allá en el cielo, será para presumirla como se hace aquí en la tierra cuando uno tiene una joya que vale mucho dinero.  Las coronas del cielo, sirven para adorar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Quienes portan las coronas, según el Apocalipsis “se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: / Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:10,11).  Todos deberíamos anhelar ser coronados para responder en una mayor adoración a Dios que la adoración que le damos aquí en esta tierra cuando vamos al culto.

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   CONCLUSIÓN: Morir, sin duda que es indeseable.  Nadie quiere morir, pero si morir, verdaderamente no es el fin de nuestra vida sino su perfeccionamiento para los que somos cristianos, entonces, estemos listos para cuando nos llegue el momento.  Dios tenga en su santa gloria a nuestra hermana Fernanda.  Dios ha recibido a una adoradora más.  Doña Fernanda ya es dichosa de estar en el mejor lugar que pueda existir en todo el universo y la eternidad.  Ahora, si hay algún dolor, tristeza, desconsuelo, en el corazón de quienes la amaban de todo corazón.  Solamente esperemos el consuelo de Dios para sanar las dolencias espirituales, emocionales, y sentimentales del corazón.

   Dios bendiga al hermano Pablo Chan.  Dios bendiga a todos los hijos de don Pablo y doña Fernanda.  Dios bendiga a todos los que sobreviven a nuestra hermana.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Dwight_L._Moody

[2] Moody, Dwiht Lewis; 200 Anécdotas e ilustraciones; Editorial Portavoz; Grand Rapids, Michigan; 30 edición; ilustración 106; p. 70.

[3] https://www.centraldesermones.com/sermones/1111-la-muerte-de-un-ser-querido

[4] https://www.centraldesermones.com/sermones/1111-la-muerte-de-un-ser-querido

[5] https://www.centraldesermones.com/sermones/1111-la-muerte-de-un-ser-querido

   

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