CUIDADO CON LA ADICCIÓN QUE ESTRANGULA TU ALMA, Por: Diego Teh.

CUIDADO CON LA ADICCIÓN QUE ESTRANGULA TU ALMA

2 Pedro 2:19-20.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 06 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: María Fernanda Blázquez Gil, más conocida como FEY, interpreta la canción “Él” (una canción no cristiana), de los compositores Belén Aguilar Esponda, y José Ramón García Florez, el cual es una de las canciones de su álbum El Color de los Sueños (1998).  Esta canción, tiene unas frases que a manera de coro se repiten varias veces durante la canción diciendo: “Él es la miel y engancha. Él es la hiel y enchina. Es una tarántula que te estrangula el alma sin piedad”.  ¡Interesante! ¿Verdad? Que no solo el cuello, las venas, y las extremidades del cuerpo pueden ser estrangulados, sino también el alma.  ¿Qué se entiende por estrangular el alma? En el contexto de la canción es una indicación poética del amor que una mujer le tiene a su amado, y que haga lo que haga no puede resistirse a Él, pues ciegamente se deja atraer por él.  La miel, la hiel, y la tarántula, solamente son símbolos de la peligrosa atracción.  La estrangulación, literalmente consiste en apretar el cuello de una persona para que se compriman sus arterias carótidas y su tráquea, lo cual primeramente causa un desmayo, pero también puede causar la muerte.  Pero, en el área de la vida espiritual de una persona, no son tarántulas sino una multitud de experiencias estrangulantes que consisten en las adicciones en las que uno cae y que dan la impresión de que no tenemos una salida para superarlas, porque ejercen estrangulación no en el cuello sino directamente en el alma.  Todos hemos tenido alguna vez o quizá muchísimas veces, adicciones estrangulantes que atentan con nuestra tranquilidad personal, y que desvían de las cosas más importantes y elementales que deberíamos estar haciendo.  Si estas no se detectan y tratan a tiempo pueden llevar a cualquier persona a alguna tragedia como la misma muerte.

   El apóstol Pedro, en su segunda epístola universal, escribiendo acerca de las incongruencias en la propia vida de los falsos maestros, revela los problemas que ellos mismos tienen por causa de sus respectivas adicciones.  Dentro de la descripción de lo que intentan hacer a favor de las personas en general, así como de los que son cristianos, dice el apóstol Pedro que estos falsos maestros dominados por sus propias adicciones originadas por el pecado: “Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. / Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:19-20).  El problema de estas personas no está solamente en sus acciones externas sino en el centro de sus propias almas.

   Basado en estas palabras del apóstol Pedro, voy a predicarles que las adicciones por ser pecados tienen efectos estrangulantes en el alma de una persona. / ¿Cuáles son los efectos estrangulantes que una adicción que por ser pecados puede causar en el alma de una persona? / Preste usted atención a la explicación acerca de algunos de estos efectos estrangulantes.

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   El primer efecto estrangulante que una adicción por ser pecado puede causar en el alma de una persona, es:

I.- LA CORRUPCIÓN.

   Al describir a los falsos maestros, hablando de sus adicciones, dice de ellos que: “son ellos mismos esclavos de corrupción” (2 Pedro 2:19a). Corrupción es la palabra clave que identifica la gravedad del problema que está ocurriendo en el alma de una persona cuando uno se involucra en cualquier adicción.  La corrupción consiste en que el alma estando por naturaleza ya afectada por la presencia del pecado que de por sí ya mora en su interior, se vuelve cada vez más inclinada y dispuesta a hacer cosas peores, pues se siente libre para hacer lo que quiera con su vida.  Pierde el temor que le debería tener a Dios.

   Si aun sin caer en una adicción el alma de por sí se corrompe más de lo corrupto que ya es, mucho más cuando hay una adicción de por medio, pues el alma se corrompe a tal grado de hacer que los pensamientos y los miembros del cuerpo de una persona deseen hacer cosas indebidas cada vez peores, y sin respeto ni a Dios y ni al prójimo.  El alma de toda persona que de por sí ya es una entidad corrupta por naturaleza, se sigue corrompiendo, cuando se da cabida a la práctica de algo del cual uno no le pone límites.  Por esto, se hace necesario que uno recurra a Cristo para que el alma en corrupción sea regenerado y santificado.

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   El segundo efecto estrangulante que una adicción por ser pecado puede causar en el alma de una persona, es:

II.- LA ESCLAVITUD.

   El apóstol Pedro, no solo evidencia la realidad de la corrupción que ocurre en el alma de una persona cuando esta cae en una adicción, sino que también describe el estado en el que uno llega al entregarse a sí mismo a una adicción, pues dice con respecto a los adictos que “son ellos mismos esclavos de corrupción” (2 Pedro 2:19a).  La palabra a considerar ahora es: “esclavos”.  Ser esclavo físicamente no es nada agradable, pues uno ya no es dueño de sí mismo ni de nada que le pudiese pertenecer.  Uno se llega a sentir de lo peor como algo que no tiene valor en sí mismo.  Igualmente, es denigrante para todas las personas cuando por sus propias adicciones uno mismo se deja convertir en “esclavos de corrupción”.

   Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en su enseñanza a los judíos les dejó claro esta verdad, que: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34).  Sin embargo, él mismo es quien puede librar al pecador de su adicción de cualquier pecado.

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   El tercer efecto estrangulante que una adicción por ser pecado puede causar en el alma de una persona, es:

III.- LA DERROTA.

   Hablando de los efectos de la corrupción y de la esclavitud en el alma de quienes se dejan dominar por alguna adicción, el apóstol Pedro dice: “Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. / Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, …” (2 Pedro 2:19b, 20).  El detalle a observar aquí, es que a un adicto le llama: “el que es vencido” (v. 19b); y cuando habla de ellos en plural, dice: “son vencidos” (v. 20).

   Tratándose de personas como nosotros que hemos venido al “conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo” (v. 20), por virtud de este conocimiento espiritual y práctico somos limpiados de “las contaminaciones del mundo”, de las cuales afirma el apóstol Pedro que realmente hemos “escapado” de ellas. Lo que por ello ocurre es que Jesucristo nos hace vencedores sobre el pecado porque Jesucristo venció el pecado; somos hechos vencedores sobre las circunstancias porque Jesús venció a las circunstancias; somos hechos vencedores aun sobre la muerte porque Jesús también venció la muerte, y por ellos nosotros también esperaremos en su momento nuestra gloriosa resurrección.  Pero, qué triste es saber que cuando uno cae en un pecado, y cuando uno se entrega a ello a manera de adicción, lo que realmente ocurre es que uno “es vencido”.  Cuando uno regresa a practicar toda esa “corrupción” o “contaminaciones”, de la que Jesucristo se ha encargado de librarnos, el resultado es que el alma, por no decir que la persona completa, experimenta una derrota espiritual, de la que por la gracia de Dios todavía hay oportunidad de volver a escapar si no dejamos que se vuelva demasiado tarde.

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   El cuarto efecto estrangulante que una adicción por ser pecado puede causar en el alma de una persona, es:

IV.- EL EMPEORAMIENTO.

   Ya cuando uno es vencido por una adicción que es una manera de experimentar el poder del pecado en el alma y en el cuerpo, el apóstol Pedro concluye explicando de tal persona que: “… su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20).  Esto me recuerda la enseñanza de Jesús con respecto a la realidad que ocurre en el mundo de los demonios y el corazón de los seres humanos, cuando él explicó: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. / Y cuando llega, la halla barrida y adornada. / Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Lucas 11;24-26).  No quiero decir que los cristianos se endemonian, pero ocurre el mismo principio de que tras la limpieza que Jesucristo nos hace, y tras regresar a practicar los pecados que nos fueron perdonados, nuestra vida se puede volver peor si no buscamos a tiempo la solución espiritual correspondiente.

   Una adicción, por ejemplo, la adicción al tabaco cada año lleva a la muerte de manera anual a decenas de miles y centenas de miles en algunos países, porque al no detenerlo a tiempo su adicción les empeoró la vida.  Aunque se trata de una estadística de hace 22 años, observen nada más, que de acuerdo a la revista New Scientist, de enero de 1997, “en 1996, en Gran Bretaña, hubo 110,000 muertos por causa del tabaco, 30,000 muertos por causa del alcohol y 300 muertos por causa de las drogas fuertes.  Siempre en 1996, en los Países Bajos, hubo 20,000 muertos por causa del tabaco, 2,000 muertos por causa del alcohol y 40 muertos por causa de las drogas fuertes.  Ese mismo año, en los Estados Unidos hubo 400,000 muertos por causa del tabaco, 100,000 muertos por causa del alcohol y 6,000 muertos por causa de las drogas fuertes. Cada año cerca de seis millones de cigarrillos son consumidos alrededor del mundo”.  Lamento que esta estadística no es actual, sin embargo, no ha de ser mucho mejor la situación de las consecuencias y empeoramiento de los adictos en la actualidad.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, quiero pensar que entre nosotros no hay personas adictas a estas sustancias, sin embargo, la adicción no solamente es cuestión de sustancias, sino también de actividades, hasta de alimentación, lujurias, malos hábitos, cólera, venganza, orgullo, intriga, egoísmo, glotonería, envidia, celos, televisión, pornografía, inmoralidad, etc…  Es muy probable que todos tenemos alguna adicción que no estamos tratando en nuestra vida, pero que como cristianos ya tenemos que hacer algo para abandonarla.

   Amados hermanos, ninguno de nosotros dejemos que nuestra alma se corrompa más de lo que ya está, sino recurramos a Cristo que en coordinación con el Espíritu Santo regeneran nuestra alma capacitándonos para huir de cualquier adicción que intente perseguirnos; ninguno de nosotros se deje esclavizar por el poder del pecado, sino recurramos a Cristo para que él nos libre de toda esclavitud de pecado (cf. Juan 8:31); ninguno de nosotros deje ser vencido por el poder del pecado, sino recurramos a Cristo porque él es nuestra victoria (cf. 1 Corintios 15:57); ninguno de nosotros permita que el pecado le empeore la vida, sino que recurramos inmediatamente a Cristo para que él oportunamente nos socorra del peligro en el que no habremos metido (cf. Hebreos 4:16).

   

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