NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

NO ME AVERGUENZO DEL EVANGELIO

Romanos 1:16-19.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 26 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 8 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Lamentablemente hay muchas personas que han confesado públicamente que ya son cristianas porque creen y manifiestan haber entregado su vida a Jesucristo, y eso está bien.  No dudan en decir que creen en el evangelio, pero la realidad es que muchos, pero muchos, aunque no son capaces de reconocerlo, pero lo saben, se avergüenzan del evangelio, aunque son capaces de recitar como muletilla las palabras del apóstol Pablo que escribió a los romanos diciendo: “… no me avergüenzo del evangelio” (Romanos 1:16). Por ejemplo, muchos se avergüenzan del evangelio, considerándolo algo anticuado que no encaja con la vida moderna y por lo tanto creen que debe ser actualizado, y crean doctrinas extrañas para el verdadero evangelio, presentando así un falso evangelio por vergüenza al verdadero evangelio.  El verdadero evangelio contenido en las mismas Escrituras, no debe ser cambiado ni añadiéndole ni quitándole nada.  Otros, aunque no lo digan, pero hacen evidente su avergonzamiento cuando no quieren comunicar las verdades del evangelio por temor a que el evangelio ofenda a los amigos, familiares, compañeros, o conocidos, pues los mismos que dicen profesar la fe cristiana se avergüenzan del evangelio claro, directo, y penetrante para el corazón de todo pecador.  También hay quienes, aunque dicen no avergonzarse del evangelio, pero creen que no es para ellos el tener que compartir el evangelio, lo cual no es por falta de conocimiento de ese evangelio, sino simplemente porque tienen vergüenza de compartirlo.  Hay cristianos, y creo que no pocos, sino muchos, que en realidad sí se avergüenzan del evangelio.  Espero que usted no sea uno de ellos.

   El apóstol Pablo, no era un hombre desinformado. Se reconocía “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), y según él mismo: “en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gálatas 1:14).  En cuanto a su conocimiento sobre religión, especialmente sobre el Dios verdadero revelado desde el pasado a sus antepasados, no era un ignorante o novato, sino que él mismo se describe que: conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo” (Hechos 26:5).  Así, que no era un mediocre pensador y analítico, sino un excelente pensador que sin duda supera la filosofía humanista de todos los tiempos.  Así que, debió haber tenido razones suficientes para no avergonzarse del evangelio de Jesucristo.

   El apóstol Pablo, después de afirmar: “… no me avergüenzo del evangelio”, inmediatamente afirma su razón que, analizándolo minuciosamente, contiene implícitamente más de una razón, al decir: “porque es poder de Dios para salvación”.  La frase continúa con diversos complementos, pero en este mensaje me limitaré a exponer esta primera parte que presenta su razón.  De ello, voy a predicarles que, según el apóstol Pablo, hay razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio. / ¿Cuáles son las razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio? / Permítanme presentarles algunas razones específicas en este mensaje.

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   La primera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA.

   La primera razón que el apóstol expresa tener para no avergonzarse del evangelio es: “porque es poder…” (Romanos 1:16).  Si él encontraba en el evangelio una manifestación de “poder”, entonces no era una debilucha idea que surgió en la mente de algún falso o mediocre pensador, aunque tampoco surgió de solamente un brillante pensador humano que intentaba competir con las diversas propuestas de inmortalidad o acerca del ser, de los más destacados filósofos griegos del pasado.  Para mucha gente de Roma no les cabía en sus mentes que podría haber un mejor poder más allá del poder militar que ellos conocían y que había hecho que su ciudad se convirtiera en un ‘poderoso’ imperio, pero lo cierto es que el evangelio es el mejor poder que ellos debían conocer.   La idea de un evangelio poderoso, venía a ser para ellos una idea algo rara.  Por otra parte, la filosofía griega todavía conocida por muchos en aquellos tiempos, era considerada como la mayor sabiduría humana conocida.  Así que saber de la existencia de un evangelio no conocido, ni expuesto, ni analizado por reconocidos filósofos, podría ser considerado como una débil e insostenible idea de segunda que no vale la pena. Pero, para el apóstol Pablo era nada menos que palabras de “poder”, y quiso que los cristianos de roma lo entendieran así.

   Amados hermanos, si el evangelio es “poder”, ¿por qué habría que avergonzarse habiendo creído en él?  No puede ser.  Si nos avergonzáramos del evangelio de “poder”, ¿en dónde encontraremos un mejor evangelio que pueda fortalecer nuestras debilidades, y que pueda acabar con nuestros pecados?  Ni siquiera el poder militar más grande del mundo.  Los gobiernos, los filósofos, y las instituciones humanas no tienen este poder.  Quien no ha experimentado el “poder” de este evangelio del cual se refiere el apóstol Pablo, debe dar el paso de investigarlo bien en la biblia misma, y apropiárselo para su propia vida.  Usted va a sentir y experimentar los mejores resultados no disponibles en ninguna oficina, consultorio, pero sí por medio de una relación de fe con su autor.  Al conocer usted su verdadera potencia para su propia vida, entonces, se va a dar cuenta que vale la pena, y no hay por qué avergonzarse de ello.

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   La segunda razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO.

   Cuando el apóstol dice que el evangelio “es poder”, añade, para clarificar toda duda que es “de Dios” (Romanos 1:16).   El evangelio que propiamente significa: Las buenas nuevas. Tales buenas nuevas o evangelio tuvo su origen en Dios desde miles de años atrás antes de Cristo, desde que el primer ser humano pecó.  Fue Dios mismo quien al comunicar su sentencia para la serpiente tentadora por haber hecho pecar a Eva y a Adán, le dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  A pesar de la mala decisión de nuestros primeros padres, y a pesar de las muchísimas malas consecuencias que enfrentarían por ello, Dios estaba comunicando que para beneficio eterno de sus descendientes que sin duda nos incluye a nosotros, habría una victoria humana que le dará un golpe mortal en la cabeza al mismo diablo tentador, quien no podrá derrotar eternamente al ser humano.  Nada menos que Jesús el Hijo de Dios vino a nacer como ser humano para vencer primeramente al pecado, y luego también a la muerte, ambas cosas causadas al ser humano por el diablo mismo cuando se personificó en una serpiente.  Nada podría librar a ni un solo ser humano del poder del pecado y de la muerte sino solo Dios, por lo que tuvo que ser Dios quien planeó y ejecutó el plan de salvación para el ser humano.  Jesús, Hijo de Dios, estaba entonces dando cumplimiento a aquella buena noticia también conocida ahora como el ‘proto evangelio’ procedente de la misma boca de Dios.  El apóstol Pablo, estaba reconociendo que las enseñanzas, la vida santísima, y hasta la muerte y resurrección de Jesucristo, eran nada menos que voluntad, obra, y “poder de Dios” para beneficio y solución de los problemas espirituales causados por el tentador a los seres humanos.

   Amados hermanos, ¿por qué avergonzarse del evangelio, la mejor buena noticia, que procede nada menos que de la persona, boca y obra de Dios para combatir con el problema actual del pecado que nos asedia durante toda la vida?  Lo que debería avergonzarnos es cuando hacemos más pecado que el maligno sembró en nuestra debilitada naturaleza humana.  Dios nos ha informado de su solución, y nos ha instruido acerca de cómo disponer de su poder para librarnos del mal.  Eso no debe avergonzarnos.  Por eso, sin ninguna vergüenza debemos hacérselo saber a otras personas.

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   La tercera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

   Luego que el apóstol afirma que el evangelio es “poder de Dios”, añade una frase corta pero importante en el que afirma que ese evangelio poder de Dios, es: “para salvación” (Romanos 1:16).  ¿Salvación? ¿De qué?  La salvación a la que se refiere se trata de salvación de una condenación eterna a la que por causa del pecado están condenados todos los seres humanos, condenación de la que no existe en ninguna parte del vasto universo quien pueda salvar ni siquiera a una sola persona para que no vaya a tal condenación.  El apóstol Pablo en su misma grandiosa epístola a los Romanos, les explica que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Esta destitución de la gloria de Dios, es la justa sentencia emitida por Dios mismo para cada pecador.  Y si es Dios quien la estableció, ¿quién es superior a Él para que la derogue, o absuelva a quien Él ha condenado?  Nadie es superior.   Es por eso que la salvación solamente podría proceder de Dios, aunque entendiéndolo bien, Él por su propia naturaleza justa y santa no estaba obligado a cancelar la condenación de nadie, pero decidió de pura gracia asegurar la cancelación de condenación de “todo aquel que cree” en su evangelio.   Sí, su evangelio es salvación.  El hecho de que, por creer en su evangelio, nos garantice salvación de la condenación, ¿no eso hace que su evangelio sea algo verdaderamente poderoso?

   Amados hermanos, ¿no es tan grandísima la salvación que nos ha sido comunicado por Dios mediante su evangelio, y obtenido al costo de la muerte de su propio Hijo Jesucristo para nuestro bien eterno? ¿Si Dios mismo canceló nuestra condenación eterna, y nos salvó por Jesucristo su Hijo, y nos lo comunicó por su buena notica, su evangelio, ¿por qué nos avergonzaríamos de su evangelio?  No hay motivo, pues es el máximo bien para nuestra vida y existencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no seamos nosotros.  No sea usted parte de la estadística de los que se avergüenzan del evangelio, cambiando la verdad del evangelio por las abundantes propuestas de doctrinas que se dicen llamar ‘evangelio’, pero que nada más son innovaciones humanas con el intento de querer hacer atractivo el verdadero evangelio, pero en su intento la reemplazan por falsos evangelios.  Que nadie sea parte de las estadísticas de los que por vergüenza no comparten el verdadero evangelio ni siquiera a su propia familia, amigos, compañeros de trabajo y conocidos. Si usted ha tenido vergüenza quizá sea porque no ha conocido bien ese evangelio.  Quizá usted necesita tomar más en serio estudiar la biblia tanto de manera personal como en la Escuela de Formación Cristiana de esta iglesia.  No se avergüence del evangelio:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA;

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO; y

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

   

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