LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE, Por: Diego Teh.

LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE

Génesis 35:10,11; Marcos 16:14-18.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 26 de agosto 2018, a las 11:00 horas.

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Corresponde al sermón # 7 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios inicia una obra o un proyecto, Dios por lo general lo hace con una visión de grandioso crecimiento.  Dios no piensa en términos de sumar de uno en uno, sino que Dios piensa en aumentar rápidamente a números mayores que bien pueda llamarse un crecimiento no por suma sino por multiplicación.  Cuando Dios creó al ser humano, hombre y mujer, les dio desde el principio, la capacidad de poder reproducirse. El plan original de Dios, sorprendentemente para nuestra cultura actual, no fue una encomienda de reproducción controlada y limitada, sino que después de recibir la bendición de Dios, recibieron el mandato: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28a).  Después de que Dios tuvo que raer de la faz de la tierra la vida de casi todo ser viviente, preservando de su diluvio solamente a ocho personas, a Noé y a su esposa, y a sus tres hijos Sem, Cam, y Jafet, con sus respectivas esposas; Dios les bendijo, y para la propagación de la vida humana, les ordenó lo mismo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 9:1). La orden no significaba que Eva, o que la esposa y las nueras de Noé estaban configuradas para procrear gemelos, trillizos, quintillizos, sextillizos, o más cada vez; sino que el mandato era una expresión del anhelo de Dios de que su creación, específicamente la tierra no fuese un planeta vacío, sino como dice el profeta Isaías acerca de Dios y la tierra, que: “no la creó en vano, para que fuese habitada la creó” (Isaías 45:18); y el proceso tenía que darse por multiplicación.

   Cuando Dios llamó a Abraham para comenzar a crear a su pueblo amado, el Israel del Antiguo Testamento, Él le dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2).  Dios pensó en grande, y después de tres generaciones, las de Abraham, Isaac, y Jacob, según la historia del Éxodo, aunque de Jacob nieto de Abraham se conoce de manera más distinguida doce de sus hijos, en realidad: “Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta” (Éxodo 1:5a). En algún momento, Dios le dijo a Jacob: “Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos” (Génesis 35:11). La orden también fue: “crece y multiplícate”. Y en los siguientes 430 años, dice la historia que: “los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra” (Génesis 1:7), la tierra de Egipto donde efectivamente su crecimiento se dio por multiplicación, tal como lo expresa este versículo 7 que claramente dice que “se multiplicaron”. Entonces cuando llegó el día que Dios los sacó de Egipto, la cuenta de ellos según Moisés, era “como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños” (Éxodo 12:37), y desde luego que sin contar a las mujeres, lo cual haría que el número se duplique o triplique.  Quizá eran como dos millones en ese momento, sin contar las generaciones que debieron haber vivido y muerto durante los 430 años anteriores.  Dios usó su sistema de multiplicación para hacerlos crecer en número.

   Pero, la multiplicación aplicada a los proyectos y planes de Dios, no es un sistema que aplique solamente a la procreación humana, o a la formación de su antiguo pueblo de Israel, sino también al tema del ser y hacer discípulos que ahora es lo que nos interesa profundizar a los que asistimos a esta amada iglesia El Divino Salvador.  Jesús nuestro Señor y Salvador, comenzó a hacer discípulos, perpetuando esta práctica por medio de sus primeros discípulos y apóstoles, y en la actualidad por medio de su iglesia que sigue haciendo discípulos para él, los cuáles deben aumentar al ritmo de multiplicación.  Por eso el tema de esta mañana se ha titulado: LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE.  El concepto de este título lo tomamos del texto bíblico de la historia de los Hechos de los Apóstoles, donde con respecto al avance inicial de la predicación del evangelio y la integración de nuevos discípulos, leemos que ocurrió lo siguiente en la primera iglesia en Jerusalén: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén… (Hechos 6:7).  Recuerden que tan solo en una primera ocasión más de 3,000 personas se convirtieron en discípulos, y en otra cercana ocasión más de 5,000 personas se convirtieron en discípulos.  Por eso el énfasis de la historia es que “el número de los discípulos se multiplicaba grandemente”.

   De manera específica, lo que hoy les voy a predicar es que el crecimiento y avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra debe ocurrir por medio de la multiplicación de discípulos. / ¿Cómo puede ocurrir la multiplicación de discípulos para el crecimiento de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra? / Me propongo compartirles brevemente cómo puede darse esta multiplicación de discípulos tan solo para el crecimiento de esta iglesia.

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   La primera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

I.- CON UNA MENTALIDAD DE EXPANSIÓN.

   Mucho se dice que los cristianos o discípulos de la actualidad, tenemos la tendencia a programar todas nuestras actividades, en su mayoría para llevar a cabo siempre en nuestros templos, en nuestros departamentos educativos, en nuestros campamentos, generalmente enfocados solamente a nuestra propia edificación espiritual lo cual tampoco es incorrecto sino altamente provechoso para la vida personal.  Pero, esta buena iniciativa hace que nos limitemos a un solo lugar emocionados y satisfechos con una asistencia actual de 400 personas en una iglesia con 132 años de haber iniciado su bendita función de ser luz desde el centro de esta ciudad de Mérida; sin embargo, contamos con el potencial que Dios mismo nos ha dado de expandir su obra alcanzando nuevos discípulos.

   Jesús nuestro Señor y Salvador, transformó la mentalidad de sus primeros discípulos cuando les dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos” pero no les puso límites, sino que les amplió su área de expansión, diciéndoles que harían discípulos no solo en una colonia o fraccionamiento de la gran ciudad de Jerusalén, sino que los envió desde entonces, ¿a dónde? “a todas las naciones” (Mateo 28:19).  Esto debió ser para ellos una idea muy fuerte.  La mayoría de ellos eran procedentes de pequeñas poblaciones de la costa del mar de galilea, dedicados a la pesca.  Jesús los había llevado a un discipulado que les hizo recorrer toda palestina de norte a sur en muchas ocasiones; pero ahora, les estaba enviando más allá del territorio que habían explorado hasta ese momento.  Ahora, tenían que ir “a todas las naciones”, y así lo hicieron en lo sucesivo saliendo de Jerusalén donde se estableció la primera iglesia, luego a toda Judea, luego a Samaria, y luego toda palestina, luego por todo el imperio romano, y luego hasta lugares más lejanos de Asia, de Africa, etc…   En siglos posteriores, otras generaciones alcanzaron Europa, en los últimos siglos fue traído a nuestras América.  Todavía de manera más reciente, hace todavía 145 años, fue traído a nuestra patria el evangelio que sigue haciendo discípulos para Jesucristo.  Jesús ha estado inculcando una mentalidad de expansión.  Siempre hay un lugar más a dónde ir a hacer discípulos.

  Nosotros amados hermanos, nos hemos limitado aquí, pero tenemos que cambiar nuestra mentalidad.  Nuestros dirigentes y representantes en el H. Consistorio de esta iglesia han reflexionado acerca de esta mentalidad de expansión que debemos tener con fundamento en la gran comisión que Jesucristo nos ha entregado.  Se ha redactado nuestra actual declaración de visión lo cual dice que queremos: “Ser una iglesia en constante crecimiento y expansión, con miembros comprometidos, que ejerza influencia en nuestro entorno”.  Pero, amados hermanos, para ser una iglesia con discípulos que estemos multiplicándonos, es necesario cambiar nuestra mentalidad, estando convencidos que la gran comisión que Jesús nos encomendó requiere de una mentalidad de expansión.  Nuestra ciudad ha crecido en decenas de colonias, y nosotros ¿a dónde nos hemos expandido?

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   La segunda manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

II.- COMPARTIENDO EL EVANGELIO.

   Hacer discípulos no se hace solamente con saludar y sonreírle a una persona.  Esto lo hacen hasta personas sin conocimiento de Dios, y es agradable.  Hacer discípulos tampoco es tener una conversación amistosa de temas relevantes de la vida cotidiana.  Hacer discípulos consiste en comunicar el evangelio a las personas. Es lo que hoy hemos leído en la versión de la gran comisión según San Marcos, que dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  Es con el evangelio que se hace discípulos, no con acompañarle al cine, no con invitarle a una comida, no con llevarlo a una fiesta.

   Amados hermanos, hagan la prueba.  Quiénes no han tenido la oportunidad de compartir el evangelio, la verdad de que Cristo murió por los pecadores para librar de la condenación eterna a los que creen en él.  Cuando una persona crea esta verdad, se está comenzando a formar como un buen y auténtico discípulo de Jesucristo.  Pero, para compartir el evangelio, se requiere conocer su contenido. Leer y estudiar la biblia es una manera de aprender bien el evangelio.  Integrarse a un estudio bíblico de la iglesia es otra manera de ocuparse en conocer bien el evangelio para poder compartirlo y hacer más y nuevos discípulos.

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   Y por último, la tercera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

III.- ACERCÁNDONOS A LAS PERSONAS.

   El mandato de Jesús en la gran comisión según la versión que nos da san Marcos, al decir: Id por todo el mundo y predicad el evangelio”, añade con énfasis el complemento del mandato, diciendo y particularizándolo “a toda criatura” (Marcos 16:15).  Esto es una indicación en primer lugar que no se debe omitir a nadie en la labor de hacer discípulos.  Luego, es también una indicación de que los discípulos no surgen de la nada, sino del trabajo de los que ya somos discípulos.  Tercero, que se hace necesaria una interacción continua, no solamente con los que son nuevos, sino hasta con los que ya llevamos años en la fe.  Es por eso que la iglesia siempre tiene provisto pastores, maestros, consejeros, organizaciones que nos ayudan a crecer y multiplicarnos como discípulos de Jesús.

   Aunque también es verdad que Dios ha levantado y levanta discípulos que no fueron guiados al principio por algún discípulo, solamente son excepciones.  Lo normal es que es necesario que seamos nosotros quienes tengamos la iniciativa de ir y acercarnos a las personas.  Por ejemplo, esta semana tuvimos el privilegio de trabajar con niños en el parque del fraccionamiento ACIM II, pero mientras las mamás de los niños estaban esperando a sus hijos, nosotros aprovechamos acercarnos intencional y objetivamente para ofrecerles o intentar ofrecer el evangelio de Cristo.  Por lo menos, hubieron 6 personas que se mostraron receptivas al evangelio, a quienes el día de ayer visitamos inmediatamente.  De dos a cuatro de ellos hay posibilidad evidente de que se integren a la célula de estudios de ese lugar.  Pero fue necesario el acercamiento a ellos.  También hubo el día viernes, dos familias que no querían acercarse para nada al lugar donde estábamos.  Lo que hicimos fue que nosotros nos acercamos a ellos, y poco a poco se acercaron, se interesaron por lo que estábamos haciendo, y hasta permitieron que sus hijos se integren a la clase.  Cuando se retiraron ya se veían más cordiales con nosotros.  Pero, eso requirió acercamiento con ellos.

   Amados hermanos, en nuestro trabajo de hacer discípulos se requiere acercamiento con las personas.  No oirán el evangelio sino vamos a decírselos.  No vendrán a nuestras reuniones sino les acompañamos.  Nuestro mismo Señor y Salvador Jesucristo, cabeza de todos los discípulos, es el primero en acompañarnos de manera espiritual en nuestro caminar como discípulos.  Aunque físicamente no le vemos, él está con nosotros.  Él dijo a sus discípulos: “… he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).  Pero, también nosotros tenemos que acercarnos y acompañar a las personas para formarlas como discípulos de Jesucristo.  Usted y yo tenemos que invertir y pasar tiempo con ellas en nuestra labor de hacer y multiplicar discípulos para él.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, vamos a dar el primer paso.  De ahora en adelante, háblele de Cristo a cuantas personas pueda.  NO hay número limitado para ello.  Cuando usted vuelva a partir de la próxima semana, traiga a algún invitado suyo al culto o al estudio bíblico.  Si usted necesita ayuda de algún oficial de la iglesia para que le hable o posteriormente visite a su invitado, acérquese con nosotros.  Nos podemos apoyar mutuamente.  Tenemos que hacer discípulos por multiplicación.  Dios bendiga este mensaje de su palabra.

   

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