EL PRECIO DE SER DISCÍPULO, Por: Diego Teh.

EL PRECIO DE SER DISCÍPULO

Mateo 10:34-39.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 26 de agosto 2018, a las 18:00 horas.

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Corresponde al sermón # 8 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

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   INTRODUCCIÓN: Ser discípulo de Jesús tiene su precio, aunque no se trata de dinero.  En una ocasión él dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).  Los que cuentan con la aprobación de su familia, y los que no tienen miedo a morir por ser discípulos de Jesús, no lo verán difícil, pero deberán estar dispuestos.  En la misma ocasión Jesús dijo también: ““Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:27).  El ser discípulo de Jesús en aquellos momentos que él dijo estas palabras, corrían el riesgo de no ser entendidos por las autoridades religiosas y civiles, que corrían el riesgo de ser considerados como sediciosos, insurrectos, y por ello ser condenados a crucifixión como le hicieron a Jesús haciéndole por un momento cargar su cruz teniendo que ser ayudado por el benévolo Simón de Cirene.  Lo mismo podría pasarle al que quería ser su discípulo.  Momentos después con el mismo tenor, Jesús les dijo a los mismos oyentes: “… cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). Los que no tengan intereses personales que choquen con los requisitos de Jesús no tendrán problemas para aborrecer su propia vida.  Los que no tengan muchas posesiones no tendrán problemas si tienen que renunciar a lo poco que poseen, pero quienes lo tengan y no sepan administrarlo bien según las reglas del reino de Dios, tendrán problemas para poder ser discípulos.   Ese era el precio circunstancial que cada quien según su caso tenía que considerar si estaba dispuesto a pagar en el proceso de ser discípulo.  Y aquel precio circunstancial sigue vigente hasta el día de hoy.  Ser discípulo no es una decisión emocional pasajera o temporal, sino una decisión espiritual madura que tiene que ser sostenida de por vida.

  En nuestro texto para este mensaje basado en Mateo 10:34-39, también tenemos otras circunstancias que Jesús enfatiza que podrían ser el precio de ser su discípulo.   Los discípulos por primera vez estaban siendo comisionados para ir a distintos destinos a predicar el evangelio del reino de los cielos, que les estaba siendo enseñado por Jesús su Maestro, y muy pronto estarían enfrentando situaciones o circunstancias que quizá nunca se imaginaron enfrentar, y que pondría a prueba la veracidad de su discipulado.  Por eso, en el mensaje de hoy, voy a predicarles que un verdadero discípulo, podría pagar el precio circunstancial de su discipulado con experiencias involuntarias, indeseables, e inesperadas.  Es un precio circunstancial porque no es que Dios las esté cobrando, sino las condiciones que pueden ser desde personales hasta sociales o familiares que tengan atrapada a una persona, hacen que se vuelva un precio del ser discípulo.  Son experiencias involuntarias porque no es que uno las desee o quiera experimentar, sino que fuerzas externas a uno mismo hacen que indeseable e inesperadamente lleguen a ser nuestra experiencia. / Entonces, ¿cuáles podrían ser las experiencias involuntarias, indeseables, e inesperadas que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo?  / Basado en el texto bíblico de Mateo 10:34-39, les voy a compartir algunas de estas experiencias que Jesús explicó a sus doce discípulos justo cuando por primera vez los envió a predicar el evangelio del reino de los cielos.

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   La primera experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

I.- EL SER RECHAZADO POR EL EVANGELIO QUE PROCLAMA.

   Según San Mateo, Jesús dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34).  ¿A qué se estará refiriendo Jesús con la palabra espada? No se trata de una espada filosa de acero, la cual Jesús nunca usó durante toda su vida, ni jamás capacitó a alguien para que la usara.  Sin duda que fue una metáfora que él uso para referirse a la palabra de Dios que él había venido a revelar o en su caso reinterpretar mejor que como lo hacían los religiosos de su tiempo.  La palabra de Dios, desde que comenzó a revelarse a la humanidad, aun a los mismos de Israel su antiguo pueblo especial, nunca fue siempre palabras que halaguen a las personas, sino palabras que les confronte con su rebeldía y pecado, lo cual muchas veces rechazaban porque les incomodaba.  Aunque en el fondo, el mensaje de Jesús era realmente de paz para la vida espiritual, la gente no así lo recibiría.  Y el discípulo de Jesús que sabe que el evangelio que proclama es la palabra de Dios que transforma la vida de los que la oyen, la reciben y la ponen en acción, se sentirá de alguna manera dolido por el rechazo que la gente hace de la palabra de Dios.

   Amados hermanos, en nuestra comisión de ir y hacer discípulos, que de alguna manera no es nada difícil porque cuando uno va a hacer esa labor, automáticamente uno es auxiliado e investido por la gracia y el poder del Espíritu Santo para llevar a cabo de manera eficaz dicha labor, sin embargo, la gente que reacciona hostil hacia el evangelio, probablemente de paso despreciará incluso a quienes en nombre de Cristo vamos a llevarle el evangelio de la paz.  Es el evangelio de la paz, porque reconcilia al ser humano con Dios por medio de Cristo.  Pero, cuando la gente rechaza esa paz de Dios, incluso el discipulador se siente herido, despreciado, etc…  Es con respecto a esto que Jesús alerta a sus discípulos, de que en su labor de llevar el evangelio, podrían ser rechazados por la gente.  A usted mismo, le podrían cerrar la puerta, le podrían ofender por su fe.  Pero, no se desanime, es el precio de nuestro discipulado.  Tenemos que hacerlo.  En realidad, a quien desprecian no es a usted, sino a Jesucristo mismo.

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   La segunda experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

II.- EL SER DESPRECIADO POR LOS PROPIOS FAMILIARES.

   Siguiendo Jesús con su explicación del mismo tenor de que él no trajo paz sino espada, añadió también: “… Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; / y los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mateo 10:35-36).  Obviamente eran situaciones y reacciones que ellos iban a observar de la gente a quienes les estarían anunciando el evangelio del reino de Dios.  Quizá alguno de los primeros doce escogidos de Jesús para ser sus discípulos pasó por esta situación de parte de su propio padre o madre, de su propia esposa, o hasta de sus suegros, o quizá hasta de sus propios hijos o alguno de ellos.  Por causa de hacerse discípulo de Jesús, esta pudo haber sido una experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada de alguno de ellos, pues las biografías que tenemos en los evangelios, solamente son de algunos de ellos, y las que hay no son realmente biografías completas.  Pero, en su ministerio de hacer discípulos, ellos serían testigos de que tales reacciones serían frecuentes cuando personas que acepten el evangelio de Jesús, sean por ello, menospreciadas por sus propias familias.

   Amados hermanos, en nuestra experiencia personal, si alguna vez no contamos con el apoyo de algún familiar que comprenda el por qué aceptamos ser discípulo de Jesús, es probable que sí entendemos que no es nada fácil, porque se trata de nuestra propia familia; pero como decidimos que queremos ser firmes en nuestra decisión de seguir a Cristo, entonces, una y otra vez cuando nos recuerden su desacuerdo nos sentiremos lastimados y heridos por sus palabras, pero sin duda que la gracia de Dios fortalecerá nuestra capacidad de soportar todo desprecio y menosprecio de parte de ellos.  El problema real no la tendríamos nosotros los creyentes, sino ellos que para empezar no están de acuerdo con Dios, y que luego no encuentran que la vida cristiana tenga sentido para ellos porque les incomoda dejar de vivir sin Cristo y sin Dios en sus corazones.  Prefieren vivir alejados de Dios para hacer y deshacer de su vida como ellos quieran, y de paso perjudicar al que deberían considerar como su ser querido.  No se sorprenda usted estimado hermano o hermana, si alguna vez usted tiene que enfrentar una circunstancia de este tipo.  Será el precio circunstancial que uno tiene que pagar por ser discípulo de Jesús, discipulado que más vale la pena que cualquier otra cosa de esta vida terrenal.  Jesús tenía razón que cuando uno acepta y se compromete a ser discípulo de Jesús, en algunos casos (porque no así les acontece a todos): “los enemigos del hombre serán los de su casa”.

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   La tercera experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

III.- EL RECLAMO DE MÁS AMOR A LA FAMILIA EN VEZ DE AMAR A JESÚS.

    Durante la instrucción de Jesús a sus discípulos que estaban a punto de salir para su primera misión de hacer discípulos, también les dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37).  Quizá los doce que estaban escuchando estas palabras, ya entendían en experiencia propia que el discipulado con Jesús es altamente radical, y es tal cual como tenían que predicar el evangelio del reino de Dios, con la misma radicalidad de no amar más ni a papá ni a mamá, pero tenían que saber que el evangelio de Jesucristo no tiene descuentos para nadie en particular.  Jesús, siempre sería el personaje que debería recibir más amor aun sobre la familia misma, lo cual no quiere decir que tenemos que descuidar a la familia.  Jesús es clarísimo al decir: “El que ama a padre o madre más que a mí”, y luego es igual de clarísimo cuando lo aplica con el mismo sentido, pero en esta ocasión enfocado a los hijos diciendo: “el que ama a hijo o hija más que a mí”, y en ambos casos concluye enfatizando: “no es digno de mí”.  Si incluye a los padres, y a los hijos, sin duda que no excluye al cónyuge de uno mismo.  Es totalmente clarísimo que Jesús está indicando que el amor que un verdadero discípulo debe tener hacia Jesús no debe ser menor que el amor que uno tiene aún para con su propia familia, sino que dicho amor para él tiene que ser mayor.

   Amados hermanos, si un día nuestros padres, o nuestro cónyuge, o nuestros hijos, por amar más a Jesús como se lo merece, nos reclaman que ellos quieren que ya no seamos discípulos de Jesús para que ellos sean el centro de nuestra vida y afecto, entonces ha llegado el momento de pagar el precio circunstancial.  Sufriremos en el fondo de nuestra alma, tal incomprensión.  Pero, como cristianos no podemos dejar de amar al máximo sobre todas las cosas a Cristo Jesús.  Desde luego que no nos sentiremos cómodos con sus exigencias, porque ya hemos entendido la importancia de amar a Jesucristo más que a ellos mismos, y eso no es injusto.  No es nuestra culpa si ellos no quieren nada redentor con Jesucristo. Pero, todo el furor de sus vidas contrarias a la nuestra en sus maneras de ver la vida y la fe en Dios, se volcarán sobre nosotros para intentar debilitar nuestra fe y obediencia a Jesucristo y su evangelio.  Pero, como discípulos fieles y verdaderos, eso nunca ocurrirá.  Quizá tenemos que esforzarnos a demostrarles más amor, más tiempo, y más de otras cosas, pero nunca más que el amor que debemos expresar a Jesucristo.  Dios, bajo esas circunstancias nos capacitará para ser más atentos con la familia.  Él aprovechará la circunstancia para hacernos mejores hijos, mejores cónyuges, y mejores padres, con el objetivo de hacer más fácil y probable que nuestra propia familia termine también entregando su vida a Jesucristo.  Pero, si ellos nunca llegasen a rendir sus vidas a Jesucristo, entonces, Dios nos habrá capacitado para amarles también a ellos, sin duda como también se lo merecen.  Ser discípulo, no siempre será fácil, pero siempre seremos capacitados para ser fieles y verdaderos, y responsables con nuestra familia.

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   OBSERVACIÓN ADICIONAL: Nuestro texto bíblico en palabras de Jesús, añade otros precios que conlleva el ser discípulo de él.  Por ejemplo, el versículo 38 habla de precio de tomar la cruz, y el versículo 39 habla del perder la vida por causa de Jesús; pero acerca de esto ya lo he predicado en otra ocasión, por lo que hoy solamente les hablaré de estas tres experiencias que podrían ser el precio circunstancial que más de alguno de nosotros nos veremos en necesidad de pagar con nuestra experiencia.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ser discípulos de Jesús, es un gran privilegio que reclama una gran responsabilidad, el nunca dejar de serlo bajo ninguna circunstancia.  Ese es el alto precio a pagar, no con dinero, sino con la experiencia. Si usted llega a ser rechazado por proclamar el evangelio de Jesucristo, no deje de ser por ello un discípulo fiel de Jesucristo.  Si su propia familia le desprecia por ser discípulo de Jesucristo, no deje usted por ello, el discípulo que Dios le ha llamado a ser.   Si alguien de su familia le exige abandonar su discipulado en Jesús, para centrar toda su atención en su familia, no por ello deje usted de ser discípulo.  Sea usted fiel a Jesús, y él hará lo que corresponde para hacerle libre de semejantes circunstancias, condiciones, y amenazas.

   Que Dios nos ayude a ser discípulos de su Hijo, y si tenemos que pagar el precio circunstancial por ser su discípulo, que él nos haga capaces de pagar el precio.

   

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