PENSAMIENTOS CORRECTOS DE UN BUEN SIERVO, Por: Diego Teh.

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PENSAMIENTOS CORRECTOS DE UN BUEN SIERVO

 Mateo 25:20-23.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Luz de Vida” de la Col. Bojórquez, Mérida, Yucatán; el domingo 16 de Marzo 2014; a las 18:00 hrs.

 

   INTRODUCCIÓN:   Después  de la guerra de Crimea, se celebró un importante acto en Londres en honor de los héroes heridos en la batalla.  La reina Victoria se encontraba presente para entregar las medallas.  Algunos soldados aparecían con las mangas vacías, otros con muletas y otros con las frentes vendadas.  Cada uno recibió la misma sonrisa dulce y la misma alta recompensa.  Al final, un soldado terriblemente lisiado le fue presentado a la reina.  Le faltaban los brazos y las piernas.  Había sacrificado más que los demás.  La reina, con lágrimas en los ojos, se adelantó y colocó la medalla en el uniforme.  Luego, inclinándose, le besó en la frente y le dijo con gran emoción: “Bien hecho, buen siervo y fiel” [1].

   En la parábola que nos ocupa en este mensaje, encontramos también al señor de los siervos felicitando y honrando a dos de ellos por destacarse en la fidelidad durante el cumplimiento de su trabajo, diciéndoles: “Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu señor” (vv. 21,23).

    En nuestro texto para este sermón, basado en estas palabras de felicitación del señor de dichos siervos, se nos presenta de forma ilustrada las maneras correctas de pensar que un buen siervo de Dios debe tomar en cuenta para resultar fiel.  // ¿Cuáles son esas maneras correctas que un siervo de Dios debe tomar en cuenta?  //  A través de las palabras de los versículos 20 al 23 descubriremos algunas de estas maneras correctas de pensar que todo siervo de Dios debe tomar en cuenta para ser fiel.

    La primera manera correcta de pensar que un buen siervo de Dios debe tomar en cuenta, es que:

I.- SU PREOCUPACIÓN NO ES AGRADAR A OTROS SINO SER FIEL.

   Las primeras palabras del señor de los siervos es: “Bien, buen siervo…” (vv. 21,23), y fue expresado a los dos siervos que dieron resultados.  Qué palabras muy apropiadas que producen satisfacción en quien las recibe.  Indica la aprobación del señor para quienes trabajan esos siervos.   En la vida cotidiana un siervo podría ser criticado por sus mismos compañeros y por la gente que le observa, y sentirse por ello afligido o apesadumbrado, pero lo que el señor de estos siervos esperaba es que a pesar de lo que digan otros en contra de sus siervos ellos debían mantenerse fieles, y eso fue lo que hicieron; por eso fueron aprobados directamente por su señor con la palabra “Bien,…”.  Es la aprobación que cuenta, la del señor para el cual uno trabaja como siervo, no la opinión de los criticadores.

    En el terreno de la fidelidad a Dios, cierto famoso filántropo incrédulo, ordenó a sus empleados un sábado, que el domingo por la mañana fuesen al puerto para descargar un buque recién llegado. Un joven escribiente suyo contestó tranquilamente: —Señor G., no puedo trabajar los domingos.   —Ya conoce usted el reglamento —le contestó el señor G.   —Sí señor, lo conozco, y aunque soy el sostén de mi anciana madre, no puedo trabajar los domingos.   —Bueno, pues, suba usted al despacho y el cajero le entregará su cuenta —dijo el Señor G.    Por espacio de tres semanas anduvo el joven buscando trabajo.    Cierto día se presentó un banquero al incrédulo señor G., preguntándole si podía recomendarle persona honrada y fiel para cajero de un banco que iba a abrirse. El incrédulo mencionó al joven que había despedido, recomendándolo como persona a propósito.   —Pero —dijo el banquero—, usted lo despidió.    —Sí señor —respondió el señor G  — lo despedí porque no quería trabajar los domingos.  Pero un hombre que puede perder su puesto por no violentar su conciencia, servirá bien de cajero de confianza[2].

    Amados hermanos, el caso anterior es solamente un ejemplo de cómo una persona que está convencida de ser fiel a Dios tomará la decisión correcta aunque el patrón, la familia, los vecinos, etc… hagan alguna represalia, queja, castigo, suspensión, crítica contra uno mismo.  Cualquiera que sea la situación que le toque a usted, decida primeramente ser fiel a Dios, y no a las personas.

    La segunda manera correcta de pensar que un buen siervo de Dios debe tomar en cuenta, es que:

II.- SU PRIORIDAD NO ES SER EL MÁS DISTINGUIDO SINO SER FIEL.

   Las palabras del señor a sus dos siervos que hicieron lo que debieron hacer es: “Bien, buen siervo y fiel” (vv. 21,23).   Fueron elogiados no por ser siervos brillantes o distinguidos administradores de los bienes de su señor ni por tener altos conocimientos tecnológicos o científicos, sino por su FIDELIDAD.  Cada uno simple y sencillamente fue fiel.

    En las Sagradas Escrituras el apóstol Juan le cuenta al destinatario de su tercera epístola un caso vergonzoso que ocurría en cierto lugar, acerca de un tal Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos” (3 Juan 1:9), por lo que aconseja al destinatario de esta epístola “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno (3 Juan 1:11).   Con estas palabras el apóstol estaba calificando de malo la actitud de sentirse el gran distinguido, adjudicándose el primer lugar en la iglesia, como los que dicen: Sin mí no se puede hacer esto o aquello.

    Amados hermanos, es más importante ser fiel a Dios que pretender ser el primer lugar en todo.  Después de todo, Dios no califica bajo el criterio de famoso o no famoso, sino bajo el criterio de fiel o no fiel.

    La tercera manera correcta de pensar que un buen siervo de Dios debe tomar en cuenta, es que:

III.- SU META NO ES LA CANTIDAD QUE PUEDE HACER SINO SER FIEL.

   Las palabras de felicitación que recibieron los dos mejores siervos fueron: “Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (vv.21,23).  Aunque el primer siervo recibió 5 talentos (30,000 dracmas, la fortuna de alguien que hubiese ahorrado un salario mínimo durante aproximadamente 82 años), y aunque el segundo siervo recibió 2 talentos (12,000 dracmas, la fortuna de alguien que hubiese ahorrado un salario mínimo durante aproximadamente 32 años de trabajo); a ambos le fue dicho “sobre poco has sido fiel”.   En comparación con la gran fortuna del señor de la hacienda, solamente les dieron un poco para probar su fidelidad y pasaron la prueba; pero su señor como nuestro Señor, tiene mucho” más, por lo que les dice “sobre mucho te pondré”.   Lo que el señor destaca aquí no es ni lo mucho que él tiene, ni lo poco que recibieron los dos primeros siervos, sino lo fiel que ellos fueron trabajando lo poco, sea cinco o solo dos talentos, de lo mucho que tiene su señor.   El que generó solamente dos talentos de ganancia no fue menos felicitado y recompensado; y el que generó cinco talentos más de ganancia no fue por eso más elogiado y recompensado; ambos recibieron la misma recompensa no por la cantidad sino por su fidelidad hacia su señor; sin embargo, no descuidaron entregar resultados equivalentes al 100% de lo que respectivamente recibieron.

    Amados hermanos, sé que muchos de ustedes están dispuestos a asumir compromisos en el que estoy seguro van a poner todo su empeño y diligencia en cumplirlos.  Conozco lo que los cristianos comprometidos están dispuestos a hacer incansablemente día y noche si es posible; pero qué caso tiene si tras sus trabajos acumulados lleva una vida infiel a la obediencia y la santidad requerida por el Señor de la obra que nos ha sido encomendada.   Les animo primeramente que bajo cualquier cantidad de trabajo (sea poco o mucho) que usted realice para la obra de Dios, considere primeramente ser fiel a él en todo.

  La cuarta manera correcta de pensar que un buen siervo de Dios debe tomar en cuenta, es que:

IV.- SU ÉXITO NO ES HACER MÁS QUE OTROS SINO SER FIEL.

   Notemos que las palabras Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (vv. 21,23), fueron dichas tanto al que ganó cinco sobre cinco, como al que ganó dos sobre dos.   La recompensa anunciada a ambos fue la misma, no fue mayor para el que ganó cinco ni menor para el que ganó dos, sino igual.   Lo importante en este punto, otra vez no es quién hace más que otros, sino quién es fiel con lo que le ha sido confiado.

   En San Mateo capítulo 20 leemos otra parábola de Jesús acerca de “los obreros de la viña” que fueron contratados unos a las nueve de la mañana, otros a las doce del día, y otros a las tres de la tarde, pero llegando las cinco de la tarde el padre de familia comienza a pagar parejo un denario a todos.  Comienza una murmuración, pero el padre de familia argumenta que no hay fraude alguno porque el que comenzó primero aceptó ganar un denario y fue lo que recibió; y el padre de familia acepto pagar también un denario al que trabajó poco, pues finalmente es su dinero, él sabe porque quiso pagar así a los demás.   Sin embargo, esa parábola también nos clarifica que Dios en su gracia soberana recompensa al que fielmente le sirve en el tiempo convenido con él.

    Amado hermano, la lección es clara: Si recibes dos talentos no tienes que rendir como el que recibe tres que debe rendir otros tres.  Si recibes tres talentos no tienes que rendir como el que recibe cuatro que debe rendir otros cuatro.  Pero si recibes cuatro talentos no debes rendir menos de cuatro, si recibes tres talentos no debes rendir menos de tres, si recibes dos talentos no debes rendir menos de dos, y si recibes un talento debes rendir otro uno.   No se trata de hacer más pero tampoco de hacer menos sino el estándar de cien por ciento de acuerdo a la proporción de lo que has recibido.  Hacer menos es ser infiel, hacer más solo por competir también es ser infiel.  Ser fiel es hacer justo lo que a uno se le ha encomendado, no menos, ni nada, ni restándole a lo recibido.

    CONCLUSIÓN:   Para terminar quiero recalcar que ser fiel tiene sus efectos positivos sobre otros, de tal manera que mediante nuestra fidelidad también cumplimos la misión de la iglesia a la que pertenecemos.   Por ejemplo:

   1) vale la pena ser fiel a un deber a pesar de las condiciones del tiempo: Era una tormentosa noche en Birmingham, Inglaterra, y el famoso misionero Hudson Taylor, debía hablar en una reunión en el salón de una escuela en la Calle Siete.  Su anfitrión le aseguró que nadie asistiría en una noche tan tormentosa como aquella; pero Taylor insistió en ir.  “Debo ir aunque no haya nadie sino el cuidador”.  Resultó que menos de una docena de personas fueron; pero la reunión estuvo marcada con un poder espiritual poco común.  La mitad de las personas que estuvieron presentes, llegaron a ser misioneros o sus hijos lo fueron y el resto fueron fieles apoyos de la Misión China, en los años venideros[3].   Ser fiel ayuda a la consagración de otros al ministerio.

   2) vale la pena ser fiel en nuestras disciplinas cristianas como la lectura de la Biblia y la oración, como en el caso de: un muchacho que hizo una gran impresión en dos hombres de negocios que iban en tren en un carro Pullman.  Sus padres fueron a la estación a dejarlo, y cuando el muchacho se quedó solo en el carro abrió su valija, sacó su Biblia y sentándose en la orilla de la cama empezó a leer. Aunque los demás se quedaron mirándolo, cuando terminó la lectura cerró la Biblia y se arrodilló junto a la cama y oró antes de acostarse.   Dos hombres de negocios que vieron todo esto, se impresionaron mucho con la escena y se convencieron de que también ellos tenían la necesidad de orar.  Uno de ellos dijo que hacía mucho tiempo que no había presenciado una escena semejante, y reconoció que se había apartado de las enseñanzas que le había impartido su piadosa madre. El acto del muchacho creó en el corazón de aquel hombre un deseo de volver a practicar aquellas enseñanzas.  Más tarde estos dos hombres de negocios encontraron su paz con Dios[4].   Ser fiel ayuda a otros a retomar lo que antes habían abandonado.


[1] Ilustración tomada de: http://elcolaborador.com/ilustraciones.htm Sección Fidelidad, ilustración # 248.

[3] Historia publicada en: http://www.siguiendosuspisadas.com.ar/serie2-15.htm Tomada del Wycliffe Handbook of Preaching and Preachers [Manual de Prédicas y Predicadores de Wycliffe], Warren Wieersbe, p. 242.

   

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