DESAFIOS DEL MATRIMONIO CRISTIANO, Por: Diego Teh.

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DESAFÍOS DEL MATRIMONIO CRISTIANO

Mt. 18:19,20;  1 Cor. 14:9; Ef. 4:5; y 1 Cor. 13.

   Predicado por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la igl. “Príncipe de Paz” de Tzucacab, Yuc; el dom 30/03/2014; a las 10:30 hrs.

   INTRODUCCIÓN: Uriel y Mayra, a este mensaje que específicamente dirigiré a ustedes, le puse por título: DESAFÍOS DEL MATRIMONIO CRISTIANO.   Un desafío es: “Una situación difícil o peligrosa surgida espontánea o intencionalmente en contra de una persona, y que se puede afrontar o enfrentar adecuadamente para poder vencerlo”.   En nuestro caso, hablando del matrimonio ustedes necesitan saber cómo afrontar y/o enfrentar adecuadamente las situaciones difíciles que llegarán a su matrimonio en algún momento y que puede poner en peligro la estabilidad matrimonial de ustedes.  Los matrimonios que desafían esos peligros son los que salen victoriosos, y los que no desafían esos peligros y dificultades finalmente les va muy mal.

   Para entender esto de enfrentar desafíos en el matrimonio, les voy a relatar lo que un maestro de jóvenes universitarios contó a sus alumnos acerca de la experiencia de sus padres. Él contó lo siguiente: “Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto.   Cayo.   Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.   Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida.   Casi no lloró.  Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.   El pidió a mi hermano teólogo que le dijera, donde estaría mamá en ese momento.  Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella.  Mi padre escuchaba con gran atención.   De pronto pidió: “llévenme al cementerio”.  “Papá” respondimos “Son las 11 de la noche! no podemos ir al cementerio ahora!”.   Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: “No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años”.   Se produjo un momento de respetuoso silencio.  No discutimos más.   Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida.  Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: “Fueron 55 buenos años…  saben?, nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”.   Hizo una pausa y se limpió la cara.  “Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis, cambio de empleo”, continuó, “hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad.  Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores…”   Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas.  Lo abrazamos y él nos consoló: “Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día[1]“.   El testimonio de este maestro acerca de la vida matrimonial de sus padres, nos habla de los desafíos que generalmente enfrenta un matrimonio.  En las buenas y en las malas circunstancias, enfrentaron unidos las adversidades que vinieron y fueron victoriosos en el trabajo, la educación de sus hijos, en el afecto interfamiliar, en la enfermedad, y en los errores, durante los 55 años que estuvieron en esa relación hasta que la muerte los separó,.

   El matrimonio, sin duda pasa por situaciones que si no se enfrentan adecuadamente, este puede terminar destruyéndose.   Pero porque queremos en ustedes un matrimonio sano, que se mantenga fiel hasta que la muerte los separe, consideré apropiado presentarles por medio de las Sagradas Escrituras, los desafíos que todo matrimonio cristiano debe afrontar adecuadamente para resultar victorioso.  // ¿Cuáles son los desafíos que todo matrimonio cristiano debe afrontar adecuadamente para resultar victorioso?   //  A través de varios textos de la Biblia les presentaré en este mensaje solamente tres de los desafíos sobresalientes.

    El primer desafío que todo matrimonio debe afrontar adecuadamente para ser victorioso, es:

1.- LA NECESIDAD DE LA PRESENCIA DE JESUCRISTO.  San Mateo 18:19-20.

   Nuestro Señor Jesús les tuvo que enseñar una y otra vez a sus discípulos la importancia de tomarlo a él en cuenta para afrontar los problemas que se suscitan en una relación humana.  Les dijo: Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. / Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mateo 18:19,20).   El v. 20, por lo general ha sido aplicado para explicar que en las reuniones de lo creyentes aunque no sean muchos, y así sean solo unos pocos (dos o tres) que llegaron a la reunión, “Jesús está en medio de ellos” (de nosotros).  No hay duda de que eso es una verdad.   Sin embargo el contexto de nuestro verso en cuestión, tiene que ver no con las reuniones de los creyentes para un culto o para un estudio bíblico e incluso no para una reunión de oraciones; sino tiene que ver con la reunión de dos personas que han tenido conflicto alguno.   Es inevitable que los conflictos surjan, sin embargo el objetivo de Jesús en este pasaje bíblico es enseñarnos que hay una mejor manera de llevarlos a buen término.   El matrimonio si es cristiano debe buscar contar con la presencia permanente de Jesús en sus vidas, no significando que Jesús se retire de ellos, sino que deberán vivir con la dignidad de que él mora en ellos.  Si el matrimonio es cristiano, se buscará estar siempre como dice Jesús en el v. 20: “congregados en mi nombre”, para buscar la solución de sus problemas.  Y lo que será una respuesta natural divina: “Jesús estará allí presente”.  Es claro que este texto no habla de la presencia de Cristo en el sentido de que ha sido recibido en el corazón, sino en el sentido de ser tomado en cuenta en la vida cotidiana.   Congregarse “en su nombre” significa que en el trato, en la conversación que se tenga para mantener la paz, la unidad de la relación, debe hacerse conforme a la voluntad de Dios, y no de los intereses solamente humanos.  Así, contar con la presencia de Jesús es más que solo su presencia, es la garantía de que todo va a salir bien, y de que todo va a mejorar.    Entonces la verdad que se desprende de este texto bíblico es que si dos personas necesitan el favor de Dios, necesitan estar reunidos “en el nombre de Jesús” (o sea ponerse de acuerdo según las normas divinas), ya que solamente así contarán con la garantía de que Dios actuará a favor de ellos, respondiéndole sus peticiones.   ¿No es eso lo que ustedes desean de Dios?

   Uriel y Mayra, damos gracias a Dios porque la gracia de Dios ha tocado la puerta de sus corazones y porque esa misma gracia fue tan eficaz que ha instalado la presencia salvadora de Jesús en sus vidas, por lo tanto, jamás hagan a un lado a Jesucristo de sus vidas matrimoniales, pues en él hay paz, hay amor, hay vida, hay gozo, y todo éxito en el matrimonio.

   El segundo desafío que todo matrimonio debe afrontar adecuadamente para ser victorioso, es:

2.- LA NECESIDAD DE UNA BUENA COMUNICACIÓN. 1 Corintios 14:9.

   A) QUE SEA COMPRENSIBLE.  En 1 Corintios 14:9 leemos lo siguiente: Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire”.   El contexto de este verso tiene que ver con una manifestación de la presencia del Espíritu Santo de Dios en los creyentes de la iglesia primitiva, del cuál se abusó en alguna medida por algunos creyentes que no les gustaba el orden durante el culto.  Me refiero al hablar en lenguas que dio en ese tiempo.   Hablar durante el culto, aunque fuera por un don de Dios, tiene sus reglas establecidas por voluntad de Dios mismo.  En el caso del hablar en lenguas, no se debía hablar sino había quien lo interpretara (o tradujera), ya que no serían palabras comprensibles.   Y si lo que se dice no es comprensible, dice el apóstol Pablo que es como hablar al aire.   Nadie lo entendió, y se lo llevó el aire.  Y eso puede causar efectos negativos.   Así, observamos en nuestro texto que lo que se afirma es que si vamos a comunicar algo, debe ser de manera comprensible.

   Pero esta comprensibilidad no solamente se necesita en el orden del culto, o en el sermón de los predicadores, o en los avisos para la iglesia, sino también en la vida familiar, como en el matrimonio.   ¿Qué crees que pasa en el matrimonio cuando alguien no dijo algo con claridad a su cónyuge, y que fue entendido tal como fue dicho no bien claro?   Va a haber problemas.     ¿Qué crees que pasa en el matrimonio cuando se dice algo que el cónyuge ni siquiera entendió, y la otra persona pensó que lo que dijo fue bien comunicado?   Va a haber problemas.   Pero ¿a quién no le suceden estas cosas?

   Recuerdo que hace unos años en un comercial televisivo un ancianito le dice a su esposa, otra ancianita, ambos con cierto grado de discapacidad auditiva: “Mi amor, ¿Me pasas el pan?, la ancianita responde: “No hay de pasas, solo de nuez” (Ella entendió que le pidieron de pasas, cuando aquel le preguntó ¿Me pasas el pan?), el diálogo sigue y el ancianito le dice: “¿Cómo que no es?” (Ella había dicho que no hay de pasas, solo de nuez, y él entendió que le respondieron que NO ES pan lo que está pidiendo que le pasen).  Así se dan los malos entendidos, debido a nuestra capacidad auditiva o de interpretación de lo que escuchamos, pero a en otras ocasiones por no expresarnos de manera comprensible.

    Uriel y Mayra, todos pasamos alguna o muchas veces por los malos entendidos.   En este aspecto de la comunicación en las relaciones humanas, todos tenemos que procurar una constante mejora.  Ustedes también necesitarán ocuparse en reflexionar sobre su manera de comunicarse, y hacer algo para comunicarse siempre bien, y así se entiendan bien.   Una clara comunicación contribuye a una mejor relación en la vida matrimonial.

    B) QUE SEA SIN GRITERÍAS.  Una de las cosas que debemos evitar los cristianos es la gritería.  El apóstol Pablo en su epístola a los Efesios, les dice entre varias cosas: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:5).  El matrimonio no está libre de que uno o ambos cónyuges exploten con esta reacción de la gritería.  Por eso también deben trabajar para que no se dé entre ustedes porque es la señal de que sus corazones están distanciados.

   A continuación voy a ilustrar el distanciamiento del corazón que se da en dos personas que se gritan el uno al otro.  Aunque utilizaré el nombre de un personaje de otra religión ajena al cristianismo que profesamos, no por eso significa que voy a promover su religión, ni tampoco significa que voy a minimizar el cristianismo.   Un día Meher Baba (gurú indio que declaró ser el avatar[2], Dios en forma humana[3]) preguntó a sus mandalíes (discípulos) lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron unos momentos:   – Porque perdemos la calma, dijo uno.   – Por eso gritamos, dijo otro.   Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó Baba. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?    Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba. Finalmente él explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho.    Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse.    Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.    Luego Baba preguntó:   ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.     Baba continuó:   Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuando están cerca dos personas que se aman.    Luego Baba dijo: Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso[4].

   Mis estimados Uriel y Mayra, siempre se van a ver necesitados de una buena comunicación comprensible y sin griterías.  Propónganse enfrentar este desafío y se reflejará un buen resultado en sus vidas.

    El tercer desafío que todo matrimonio debe afrontar adecuadamente para ser victorioso, es:

3.- LA NECESIDAD DE AMOR PARA TU CONYUGE. 1 Corintios 13.

   En la Biblia leemos en palabras del apóstol Pablo que: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.  Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve (1 Corintios 13:1-3).   En estas palabras cita no menos de cinco veces que hay cosas muy buenas que pudiéramos estar realizando a favor de otras personas, pero todas estas buenas acciones no sirven de nada si no son hechas con amor.  Puedes ser muy bueno para convencer con tus palabras, puedes ser muy educado académicamente en cualquier especialidad y eso signifique un logro para tu familia, puedes estar tan lleno de fe creyendo todo lo que Dios puede hacer por medio de ti, puedes ser muy generoso con la gente y hasta con tu mismo cónyuge, puedes hasta ser capaz de dar tu vida por una causa justa, pero si todo eso no va acompañado de amor de nada te sirve.   El matrimonio es una de las instituciones divinas que requieren del uso de esa gran virtud que Dios ha puesto en nuestros corazones, que si bien lo tenemos, también es cierto que el pecado humano nos inhabilita muchas veces para usarlo de manera generosa, de tal forma que tenemos que enfrentar en nosotros mismo esta realidad.   Por otra parte tanto nuestro cónyuge como nosotros mismos necesitamos ese amor para que todo lo demás que hagamos sea válido y agradable a la vista de Dios.

   En el matrimonio aplica también la verdad cristiana que dice: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35), y en el matrimonio se trata de eso, de dar amor al cónyuge, no de pedirle amor.  Sin embargo, la realidad de las cosas es que también necesitamos sentirnos amados, pero como decía entre sus enseñanzas San Juan de la Cruz, un religioso y poeta místico del renacimiento español: “Donde no hay amor, pon amor y sacaras amor”.  A menudo, lo que ustedes podrían sentir es que como que no les ama su cónyuge.  Lo que comúnmente hace la gente es que si no me ama, pues tampoco yo lo voy a amar.  Sin embargo el desafío del matrimonio cristiano es que si tu cónyuge te ama o quizá no te demuestre su amor, debes primeramente demostrarle que tú si le amas, y sorprendentemente te darás cuenta de que “sacarás amor”.  Es por eso que Dios nos enseña que en cualquier acción humana el amor no debe faltar de nosotros, pue es lo primero que debe aflorar de nosotros, y entonces el matrimonio funcionará.   Otro religioso místico contemplativo, el francés Charles de Foucauld, referente a este asunto de amar primero para ser amado después, explica que “el amor, es el medio más poderoso de atraer al propio amor, porque amar es el medio más poderoso de hacer que nos amen…”[5].   Esto nos ayuda a entender que ambos cónyuges pueden enfrentar ese desafío de la necesidad de amor que se presenta de manera permanente en el matrimonio, pero cuando uno toma la iniciativa de amar, el resultado beneficiará a ambos cónyuges.

   Uriel y Mayra, ¿quieren sentirse amados?   La lección aquí es clara, lo primero que hay que hacer para sacar amor, es poner amor, no buscar ni pedir amor.

    CONCLUSIÓN:   Bien, pues Uriel y Mayra, ustedes comenzarán hoy un compromiso, en el que Dios les encomienda cuidar de su matrimonio enfrentando adecuadamente los desafíos que ya están listos para ustedes a partir de este día.   Nadie más lo enfrentará por ustedes.  Recuerden que nunca tengan a Jesucristo a un lado de sus vidas, porque es una necesidad para que el matrimonio y la familia funcionen según el plan de Dios, pues él quiere ser el centro de la vida matrimonial de ustedes.   Recuerden también lo importante que es comunicarse correctamente de manera comprensible y sin griterías, evitando las ofensas, los rechazos, y las groserías, etc…   Y finalmente recuerden que sobre todo lo que hagan el uno para el otro, háganlo con amor.   El amor dice el apóstol Pablo que es mayor que la misma fe, y que la misma esperanza.   Que Dios les bendiga.


[2] En el marco del hinduismo, un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Visnú.   La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones apartes del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo.   Explicación consultada en: http://es.wikipedia.org/wiki/Avatar

[5] Los casos del fraile San Juan de la Cruz, y del místico Charles de Foucauld, lo tomé de: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=27994 en el párrafo 13 del artículo: Necesidad de reprocidad en el amor.

   

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