RAZONES PARA ADORAR A DIOS, Por: Diego Teh.

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RAZONES PARA ADORAR A DIOS

1 Crónicas 29:10-20.

   Predicado por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Unidad en Cristo” de la col. Unidad Morelos, Mérida, Yuc; el dom 30/03/2014, a las 18:00 hrs.

 

    INTRODUCCIÓN: Hace unos cinco años una hermana me hizo la observación de que hemos perdido la práctica de adorar a Dios por medio de nuestros cultos de acción de gracias; y que algunas iglesias se han vuelto solamente adoradores domingueros.  Es más algunos son adoradores quincenalmente y otros con frecuencia mensual únicamente, y finalmente están los que adoran únicamente en días especiales del año como semana santa y navidad.  En nuestro pasaje bíblico para este mensaje observamos que el ya anciano rey David quien habiendo dedicado para la edificación de la casa de Dios, su ahorro de casi toda una vida de trabajo, y habiendo logrado motivar a los príncipes y al pueblo en general quienes respondieron favorablemente con sus aportaciones, hizo un culto de adoración con todo el pueblo.

   En la historia del culto de adoración y consagración ofrecido por David a Dios, encontramos razones que motivan a un creyente a adorar a Dios.  // ¿Cuáles son las razones que deben motivar a un creyente para adorar a Dios?  //  A través del texto bíblico iremos descubriendo algunas razones que nos deben motivar para adorar a Dios.

  La primera razón que nos debe motivar a adorar a Dios es:

I.- LA ALEGRIA DE LOGRAR UNA META.

   La ocasión cuando David celebra alegremente con adoración a Dios, el logro de una meta que consistió en juntar los materiales necesarios para la construcción de lo que él llamó casa de Dios, era cuando él ya estaba muy cercano al tiempo de su muerte.  En los vv. 2,3 de este capítulo leemos que David dice: “Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia. /  Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios:…” Los versos siguientes relatan el inventario de su aportación.   Lo que observamos de lo anterior es que David se pasó casi toda su vida trabajando para un proyecto, pero no pudo aportar todo, sin embargo estaba muy alegre por aportar tanto material de construcción.  Luego le pregunta al pueblo  “¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?” (v. 5).   Y en respuesta, los “jefes de familia, y los príncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente” (v. 6).  Al ver David que había suficiente para iniciar y avanzar grandemente el proyecto de construcción, estimando que es posible terminar el templo que proyectó, entonces “…bendijo a Jehová delante de toda la congregación;…” (v. 10).  La meta que se estaba logrando le hizo ofrecer a Dios una adoración.

   Hay creyentes que por la gracia de Dios han obtenido a lo largo de su vida algunas o muchas metas logradas, de las cuáles nunca han ofrecido un culto de adoración y acción de gracias a Dios.  Algunos han terminado un nivel académico como una licenciatura, una maestría, e incluso un doctorado; otros han obtenido su vivienda, su vehículo, y otros grandes logros; pero sin haber ofrecido su acción de gracias a Dios.  Es más, algunos, peor todavía, han tomado de lo que a Dios pertenece para adquirir lo que ahora están disfrutando.  En vez de adorar a Dios, se dan a sí mismos robando la gloria que solamente a Dios pertenece.

 La segunda razón que nos debe motivar a adorar a Dios es:

II.- EL RECONOCIMIENTO DE QUE TODO PERTENECE A DIOS.

   Parte de las palabras de bendición a Dios, o sea de adoración, de David fue: “todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas”.  Este reconocimiento hace que uno pueda adorar a Dios con sentido de que no hay cosa que deba guardar para mí, puesto que nada realmente es mío. Todo es de Dios.  Adorar implica reconocer que todo es de Dios, y es también la decisión de dar para cuestiones que sean para su magnificencia, poder, gloria, victoria y honor (v. 11).    La próxima vez que adores recuerda esta verdad.  Todo es de Dios.

   Hay creyentes que bajo el abrigo de las leyes civiles se enorgullecen de tener uno o más títulos de propiedad de inmuebles, facturas de diversas adquisiciones de cuantioso valor (privilegio que no es malo, mientras sea legítimamente adquirido), pero olvidan el principio bíblico de que TODO ES DE DIOS.  Y así, nunca tienen “sus bienes” disponibles para el servicio a Dios.  Y peor todavía ni le adoran de gratitud por poseer las cosas que son de Él.  En el caso de David, reconociendo todo es de Dios, puso lo que tiene al servicio de los propósitos de Dios, ofreciendo al mismo tiempo una adoración al que es Dueño de todo.

   Amados hermanos, les animo en el nombre del Señor que recuerden que todas las cosas de Dios que han llegado a nuestras manos para su administración deben ser puestas al servicio de Él, y que también debemos adorarle cuando llega a nuestras manos un bien que realmente es de Dios, aunque legalmente o hacendariamente esté asignado a nuestro nombre.

 La tercera razón que nos debe motivar a adorar a Dios es:

III.- EL PRIVILEGIO DE SER PARTE DE LA OBRA DE DIOS.

   En el v. 14 podemos leer que David en su oración a Dios preguntó: “¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes?”.  Estas palabras indican que David estaba reconociendo que era un privilegiado por haber ofrendado para una causa de la obra de Dios en su época.

   El apóstol Pablo también nos recuerda que somos privilegiados diciendo que “somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).  Qué privilegio para un mortal redimido, poder contribuir con algún servicio u alguna generosidad por la vasta obra de Dios en Cristo Jesús en este mundo.  El solo hecho de saber que por nuestra fe en Cristo somos constituidos colaboradores, debe propiciar en nuestros corazones el deseo de adorar a Dios.

   Amado hermano, gracias a Dios que usted ha sido llamado para salvación, pero además es un privilegio que usted haya sido comisionado por Dios para una o más tareas específicas en su iglesia y en su reino.   Eso es un privilegio para usted, pues ni siquiera a los ángeles les ha sido dada la labor que usted tiene como creyente salvado por la gracia de Dios.  Eso es una razón más para que usted le adore continuamente.

 La cuarta razón que nos debe motivar a adorar a Dios es:

IV.- LA MIRADA DE DIOS DIRECTA AL CORAZON.

   Parte de la oración que David dijo en aquel culto de adoración, fue: “Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto,…” (v. 17).   David sabía que desde su niñez, Dios vio en él un corazón adecuado para servirle, virtud que no fue encontrado en el corazón de ninguno de sus siete hermanos.  Ahora casi al final de su vida se había mantenido así.  Ahora más que nunca tenía que mantenerse recto de corazón.  Su edad y experiencia no lo exentaban del escrutinio divino en su corazón.   Su corazón era recto al ofrecer su tesoro personal acumulado durante años.  No esperaba sacar provecho a la inversión, ni garantizar un seguro de vida a favor de un beneficiario preferido entre sus muchas mujeres y concubinas e hijos e hijas.  A Dios no le podía ocultar sus intenciones.  Pero en fin, el considerar que Dios miraba su corazón, le fue motivo para ofrecer sus bienes, y su adoración.

   Mis amados hermanos, Dios también está mirando nuestros corazones.  A pesar de que por nuestra naturaleza pecaminosa nuestro corazón sigue siendo fuente de malos pensamientos, acciones, y palabras; también por la gracia de Dios ese mismo corazón humano ha sido capacitado para ser la fuente de adoración y gratitud para Dios quien mira el corazón, para calificar la fe, el amor, el servicio, y los motivos reales del creyente.

 La quinta razón que nos debe motivar a adorar a Dios es:

V.- LA MOTIVACIÓN QUE CAUSAMOS EN OTROS.

   El v. 20 describe que “Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová y del rey”.  Es evidente que David con su generosidad para Dios, y su adoración a Dios motivó a que otros hicieron lo mismo.  Finalmente, el pueblo terminó “inclinándose” y “adoraron delante de Jehová”.

   Amados hermanos, una de las cosas que debemos lograr es que otras personas se conviertan en adoradores de Dios.  Que vean en nosotros que adorar a Dios es importante.  Debemos tomar en cuenta que esa es la finalidad de nuestro trabajo de evangelización y discipulado.  David, con su ejemplo y labor de invitación, consiguió que otros fueran motivados a adorar a Dios.  Entonces, una razón más por la que debemos adorar a Dios, es porque eso puede resultar motivador también en otras personas; y eso es lo que Dios espera que ellos hagan también.  Dios es buscador de adoradores.

    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en nuestra vida personal siempre habrán razones por las cuáles debemos adorar a Dios.  Debemos adorar a Dios por sus bendiciones que nos está llegando sin merecerlo.   Debemos adorar a Dios al ver cuántas cosas que son de Dios hemos adquirido a lo largo de nuestra vida.   Debemos adorar a Dios porque somos privilegiados de haber sido llamados para salvación y para servirle.   Debemos adorar a Dios porque mira nuestro corazón esperando una adoración para Él.   Y debemos adorar a Dios porque así cumplimos con nuestra misión de alcanzar más adoradores para Dios.

   

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