LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO

Filipenses 1:27-30.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 14 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 10 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

   INTRODUCCIÓN:  En una de las batallas dirigidas por el gran conquistador griego Alejandro Magno habló con un soldado suyo que tenía el mismo nombre Alejandro. Pero este soldado no era precisamente conocido por su valentía, sino que era conocido por su cobardía. Desde el inicio de las batallas, en vez de ir al frente de la batalla, solía inmediatamente buscar algún lugar dónde resguardarse mientras sus compañeros enfrentaban las batallas en las que siempre salían triunfantes. Así que el gran conquistador le dijo a este soldado cobarde: “O cambias de actitud, o cambias de nombre”. “Si te llamas Alejandro, compórtate como un Alejandro: haz honor a mi nombre”.  Es algo similar lo que hoy les quiero compartir en este mensaje.  Si usted ha creído en el evangelio, entonces viva el evangelio.  Pero, para vivir el evangelio que usted cree, tome usted la decisión de vivir el evangelio.

Josué el hombre que después de Moisés lideró la última etapa de avance de los israelitas, y quien también lideró la toma de posesión de la tierra prometida, es un buen ejemplo acerca de cómo tomar buenas decisiones.  Este Josué, en algún momento de su vida, confrontó a los israelitas que vacilaban entre servir a Dios y a los dioses falsos, pues frecuentemente se inclinaban a servir a los dioses egipcios, o a los dioses que conocieron durante los años que estuvieron y pasaron en muchos lugares mientras se dirigían hacia la tierra prometida.  Entre sus confrontaciones les dijo: “Escogeos hoy a quien sirváis, pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).  Pero, su secreto que le hizo fácil tomar esta buena decisión, es porque vivía el consejo que Dios mismo le dio desde el día que recibió de Él cuando le comisionó a guiar a los israelitas.  Me refiero, al consejo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).  Tener presente la palabra de Dios en la vida, y estar dispuesto a obedecerla, es el secreto y la fuente para tomar buenas decisiones.  Siglos después de Josué, sin desechar Dios su palabra dada desde aquel entonces, por medio de su santo Hijo Jesucristo nos reveló las palabras necesarias para conocer el camino a la salvación eterna, y para tener una excelentísima regla de práctica o conducta que debemos acatar. Estas palabras son conocidas como “El Evangelio”.

Por eso en este mensaje, con el objetivo que también nosotros vivamos el evangelio que creemos, la propuesta que les traigo es que: Todas las decisiones centradas en el evangelio, deben estar basadas en los principios fundamentales del evangelio. / ¿cuáles son los principios fundamentales del evangelio en los cuales deben basarse todas las decisiones centradas en el evangelio? / Basado en nuestro texto bíblico, de Filipenses 1:27-30, podemos encontrar la enseñanza de algunos de los principios fundamentales.

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El primer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

I.- LA LEALTAD AL EVANGELIO EN TODO LO QUE HACEMOS.

   La iglesia de Filipos fue una de las iglesias hacia quienes el apóstol Pablo les tuvo un gran afecto fraternal. Después de decirles que en caso de que no haya en su vida alguna situación que lo llevase a “estar con Cristo” allá en la eternidad, al quedarse él aquí en la tierra estaba dispuesto lo más que pueda a quedarse a trabajar con ellos.  La única condición que les anticipó fue: Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, …” (Filipenses 1:27a).       La palabra que el apóstol usa “comportar” es una palabra que literalmente se debe de traducir como “comportarse como ciudadanos”.  La versión Nueva Traducción Viviente, dice de manera más clara: “deben vivir como ciudadanos del cielo, comportándose de un modo digno de la Buena Noticia acerca de Cristo” (Filipenses 1:27a; NTV).  En otras palabras, así como los romanos se sentían orgullosos de su ciudadanía, ellos también deberían de estar orgullosos que por Cristo, ahora son “ciudadanos del cielo”. El mismo apóstol Pablo les recalcó acerca de esta realidad, enseñándoles o quizá recordándoles lo siguiente: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).  Por todo esto, si ellos verdaderamente habían creído en el evangelio, entonces no deberían comportarse como ellos quieran, sino “como es digno del evangelio de Cristo”. Esto es lo que podemos llamar lealtad.  Vivir como lo requiere el evangelio que cambia la vida presente, así como el destino eterno de la condenación a la salvación eterna.

Amados hermanos, es incongruente solamente creer y aceptar la gracia del evangelio, y no corresponderle viviendo una conducta que haga evidente que uno verdaderamente ha sido alcanzado por los beneficios presentes y eternos de la gracia de dicho evangelio.  Si el evangelio es el beneficio máximo con el que Dios ha alcanzado nuestra vida para transformarla no solamente en el presente, sino que también garantiza nuestra eternidad sin los alcances del castigo eterno, entonces para tenerle lealtad al evangelio, para todo lo que decidamos hacer, debemos cerciorarnos que honramos el evangelio.  Pero, si no somos leales al evangelio, lo único que la gente verá en nuestras acciones o conducta son cosas que ponen en evidencia que no somos verdaderamente creyentes, pues el que es verdaderamente creyente siempre tendrá lealtad al evangelio que ha cambiado su vida.  Por eso, cuando tomemos la decisión de hacer cualquier cosa en la vida, debemos hacernos la pregunta: ¿Mi decisión y acción, demuestran que soy leal al evangelio? ¿Lo que voy a decidir, o lo que ya decidí, es “digno del evangelio” que ahora profeso?

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El segundo principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

II.- EL VALOR A FAVOR DEL EVANGELIO QUE PROFESAMOS.

Obviamente, cuando Pablo les escribe su epístola a los Filipenses, él no se encontraba con ello, por eso les dice: para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, / y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:27b, 28).  Una de las cosas que él les enfatiza que espera ver en ellos, después de la unanimidad es que “en nada sean intimidados por los que se oponen”.  Para lograr este objetivo que es requerido más que por Pablo, es por requerimiento del mismo evangelio, se necesita demostrar valor para dar a conocer en la vida propia los resultados redentores del evangelio desde que uno creyó en él; esto a pesar de que la gente se oponga a las verdades del mismo evangelio. Los que se oponen al evangelio, son los que no quieren escuchar las verdades del evangelio, y suelen rechazar escuchar el evangelio que uno les quiere comunicar, y hasta si está en sus manos hacerlo prohíben que sea predicado, y algunos hasta amenazan y persiguen a quienes lo predican y practican.  Entonces, se necesita valor para ser el discípulo de Cristo que él espera que de cada persona que acepte el evangelio.  No se espera cobardía, sino valor para no ocultar que uno pertenece a Cristo.

En una situación similar ocurrido en los comienzos de la iglesia en la ciudad de Jerusalén, cuando los primeros creyentes fueron objeto de amenazas por tan solo creer en Cristo, y más por predicarlo, lo que hicieron fue orar a Dios pidiéndole: “concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29b; RV60). Según la Nueva Traducción Viviente, lo que literalmente dijeron fue: “danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra” (Hechos 4:29b).   Valor fue la petición de ellos.  Hay creyentes, que por temor de dar a conocer que ahora son de Cristo y su evangelio, viven su fe a escondidas, llenos de temor, no siempre dispuestos a proclamar su fe en Cristo.  Les falta valor.  Todo lo que deciden hacer, es con temor a que no se sepa sin cristianos.  Si hacen una fiesta, a escondidas de los hermanos hacen sus bailes sensuales, beben sus cervezas y otras bebidas embriagantes, no teniendo valor para que dignamente y con valor le digan un NO, a quienes les empujan a hacerlo.  Sin embargo, aun en medio de una situación de adversidad u oposición ya sea al mismo evangelio, o a quienes lo profesan, el apóstol Pablo dice que hay que actuar con valor.

Amados hermanos, hoy siempre hay oposición al evangelio, por eso, hasta en las mismas iglesias, más de un cristiano en la actualidad, y hasta oficiales de iglesias de nuestro Señor Jesucristo, han optado por no predicar en contra del pecado en todas sus manifestaciones, pues eso hace que la gente piense que uno es solamente un fanático del evangelio que según ellos solamente sirve para condenar a las personas, pues no pueden ver en el mismo mensaje la comunicación de la gracia de Dios que al mismo tiempo se les ofrece.  Hace falta valor a favor del evangelio.  Ahora, cuando usted toma alguna decisión de hace cualquier cosa en su vida cotidiana, ya sea personal, familiar, laboral, etc… ¿su decisión demuestra que usted tiene valor de demostrar que usted es un verdadero profesante del evangelio?  Sus decisiones no deben estar al margen del evangelio.

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El tercer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

III.- LA NECESIDAD DE UNA ENTREGA TOTAL AL EVANGELIO.

   Otro de los principios de conducta y decisión, además de la lealtad y el valor que el apóstol Pablo les requirió a los Filipenses, es la entrega total al evangelio.   Y se los dijo con las siguientes palabras: Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, / teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (Filipenses 1:29,30).  No era solamente un capricho del apóstol cuando les dice que espera que ellos padezcan “teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (v.30), sino que como les dijo antes: “a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (v. 29). El creer en Cristo, no necesariamente, pero podría darse el caso que por causas obviamente no propias, pero sí por causa del evangelio, a pesar de sus agradables beneficios, un creyente padezca rechazo, burlas, desprecios, agresiones, castigos, etc…  Y entonces, se espera que el verdadero creyente entienda que vivir el evangelio no es solamente una cuestión de “sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”, obviamente no como requisito principal sino solamente si se llega a dar el caso.

Cristo y su evangelio, requieren una entrega total, si es necesario hasta el grado de dar la vida por el evangelio, porque como dijera Jesús que en estos casos: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35; cf. Mateo 10:39; 16:25; Lucas 19:24).  El evangelio no es la causa de las adversidades que trae la vida, pero el evangelio no las elimina ahora, sino hasta el final de todo.  Mientras tanto se espera que nos entreguemos e él de manera total, sin reserva alguna.  El apóstol Pedro, considerando que el evangelio no nos exenta de dificultades en la vida, escribió en su primera epístola universal: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5.10).  Las circunstancias de la vida, hace necesario que nuestra entrega al evangelio no sea parcial sino total.

Amados hermanos, en esta vida nada garantiza que no enfrentaremos adversidades de todo tipo que van desde problemas de salud, hasta problemas quizá familiares, sociales, e incluso espirituales, etc…, pero al fin todo cambiará.  Lo que ahora padecemos o nos tocará padecer, aunque nos parezca mucho tiempo, realmente es “poco tiempo” comparado con una eternidad de una absoluta perfecta vida a la que Dios nos está guiando.  Por eso, cuando usted tome cualquier decisión en la vida, hágase usted la pregunta: ¿La decisión que ahora voy a tomar, implica que con ella estoy dispuesto a una entrega total al evangelio si ello me lo requiere, o solamente estoy decidiendo lo que a mí me conviene?

Amados hermanos, las adversidades de la vida, incluso las que nos han de llegar como consecuencia no propia sino externa por creer en el evangelio, no deben ser un motivo para negar o abandonar nuestra experiencia de fe y salvación con el evangelio, más bien debe ser motivo para que con más razón nos entreguemos totalmente a vivir centrados en el evangelio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, voy a concluir este mensaje trayendo a nuestra memoria algunos ejemplos, aunque mucho antes de Cristo, sin embargo, también tienen que ver con el vivir bajo las normas y dirección de la palabra de Dios dada a personas de la antigüedad.  Estos ejemplos nos indican que tomar una mala decisión no centrada en la palabra de Dios, o no centrada en el evangelio, como aplica ahora para nosotros, puede llevar a cualquier persona hacia una consecuencia inesperada.  Por ejemplo:

1).- Sansón tomó la mala decisión de casarse con Dalila una mujer filistea, prohibido en ese entonces por la ley de Dios.  Por más que sus padres le aconsejaron que ella no era apropiada para él siendo él un hombre de Dios, Sansón decidió casarse con ella. La consecuencia fue que Sansón pronto perdió su libertad, sus ojos, y finalmente perdió hasta la vida no por causa de Dios sino por causa de su propio error.

2).- Roboam, hijo del rey Salomón, a sus 41 años de edad, tuvo el privilegio de heredar el trono de Israel. Tenía a su disposición un grupo de sabios consejeros quienes no dudaron en orientarle bien para que él tomara la mejor decisión para el bien de su reino.  Sin embargo, él también tenía a los amigos de su juventud, hombres sin buenos fundamentos morales ni siquiera para sus propias vidas, quienes le mal aconsejaron.  Roboam, más les hizo caso a estos amigos inmaduros que a sus sabios consejeros. Su decisión fue mala y adversa a lo que beneficiaría su reino, y por ello terminó perdiendo su reino (cf. 2 Crónicas 10:1-19). Su decisión fue una de las causas que contribuyó a la división definitiva del reino de Israel en reino del norte, y reino del sur.

Igualmente, en el Nuevo Testamento, tenemos por ejemplo el caso de los esposos Ananías y Safira, quienes tomaron la mala decisión de quedarse con parte de un dinero que ya habían prometido entregar para el beneficio de la obra de Dios.  Eso fue nada menos que una descarada mentira a Dios.  La consecuencia para ellos fue una muerte instantánea, muerte que Dios mismo ejecutó para ejemplo a los que piensen que a Dios se le puede mentir cuando uno quiera (cf. Hechos 5:1-11).

Por eso, para la gloria de Dios es necesario tomar buenas decisiones fundamentadas en la voluntad no propia, ni de los amigos, sino en la voluntad revelada de Dios, o sea en el evangelio.  Todos los días, según un dato que encontré en la introducción del sermón de un pastor, dice que: “Las estadísticas muestran que en promedio cada día una persona puede tomar 1.500 a 2.000 decisiones, desde decisiones sencillas como lavarnos las manos, lavarnos los dientes, escoger el color de zapatos, saber que ruta voy a tomar en mi transporte, decidir qué voy a preparar hoy de desayuno, almuerzo o cena, qué película quiero ver en el cine, a qué hora me voy a levantar, etc… hasta decisiones trascendentales como saber qué carrera quiero estudiar, con quién me voy a casar, dónde voy a vivir, cuántos hijos voy a tener, cómo me voy a ganar la vida, entre muchas otras[1].  En otra fuente leí que solamente para las comidas del día tomamos, por lo menos unas 250 decisiones[2].  Pero ya sea que nuestras decisiones sean sencillas, o sean trascendentales, siendo nosotros creyentes del evangelio, debemos cerciorarnos que cada decisión va a contribuir a que seamos leales al evangelio, a que tengamos valor a favor del evangelio, y a que nos entreguemos totalmente al evangelio.

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[1] https://sermons.faithlife.com/sermons/168653-la-toma-de-decisiones-en-la-vida-del-creyente

[2] http://sugarnobaby.com/cada-dia-tomas-mas-de-250-decisiones-relacionadas-con-la-comida/

   

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