SOLO LA GRACIA (En los Hechos de los Apóstoles), Por: Diego Teh.

SOLO LA GRACIA

(En los Hechos de los Apóstoles)

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Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para predicar el domingo 21 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador”, de Mérida, Yucatán.

(Predicado en dos partes)

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   INTRODUCCIÓN:  Desde los tiempos de la reforma protestante del Siglo XVI, los reformadores lucharon para que la iglesia de aquel entonces regresara a las Sagradas Escrituras como fundamento de su práctica de no vender el perdón de pecados, así como la salvación misma.  El papa de aquel entonces, había promulgado la venta de indulgencias para quienes reconocían haber cometido algún pecado. La oferta equivocada consistía en que la gente podía pagar para supuestamente recibir el perdón de Dios, y al momento de pagar cuando supuestamente se hacía efectivo su perdón le era entregada por el vendedor de la indulgencia una constancia al comprador de haber ya sido perdonado.   Lo mismo si usted quería que algún familiar o no familiar fuese sacado del infierno o del supuesto purgatorio que también enseñaban, solamente tenía que pagar la indulgencia correspondiente, y su ser querido supuestamente podía salir del purgatorio o del infierno mismo para pasar directamente al cielo.  Pero, todo eso no era más que un negocio estratégico para recaudar fondos para la ambiciosa construcción de edificios en la sede papal, los cuales lograron construir mediante el engaño que hicieron a tanta gente con la venta de indulgencias.

   La biblia no enseña que el perdón se obtiene por pago con dinero sino por la confesión de pecados a Cristo, ni siquiera a un ministro legítimo del evangelio.  La biblia enseña que la salvación no puede pagarse ni puede ocurrir después que uno haya muerto e ido a la condenación. Por ejemplo, Jesús en su parábola del rico y Lázaro, hablando de Abraham que en este caso simboliza la representación de Dios en su cielo, dijo al rico que estaba en el lugar de tormento que: “una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:26).  Esto deja claro que entonces no se puede salir ni del cielo para volver a la tierra, ni del infierno para pasar al cielo, ni pagando por ello con dinero.

  Fue así como reencontraron en las Escrituras que Dios no cobra por sus beneficios espirituales, sino que a pesar de la condición humana de ser pecadores por lo que nadie merece recibir gratuitamente ningún beneficio de parte de Dios, él las regala a quién Él quiere.  Pero, si a alguien no se lo quiere regalar, tampoco se lo vende, ni se lo presta por un tiempo para quitárselo después.  Siempre será por su gracia, y solamente por ello.  Dios, más que nadie, tiene todo el derecho de cobrarnos por cualquiera de sus beneficios, especialmente por el de la salvación eterna, pero a nadie cobró antes, ni cobra ahora, ni cobrará después, porque su hijo Jesucristo se responsabilizó de pagar el costo, y lo pagó.  Los elegidos de Dios pueden creer en Jesús y ser totalmente salvos, sin necesidad de completarlo con algún pago, alguna obra, o alguna otra condición más que el creer en Jesús.   Esta es la doctrina bíblica que desde los tiempos de la reforma del siglo XVI se conoció como el principio de la SOLA GRATIA, o sea, SOLO LA GRACIA.

   En este mensaje haré una exposición panorámica de diversos textos del libro de los Hechos que tienen qué ver con esta preciosa doctrina de SOLO LA GRACIA.  Se trata de los textos en los que San Lucas relata el comienzo del llamamiento masivo que Dios mismo hizo a los extranjeros gentiles, recibiendo ellos también el derramamiento del Espíritu Santo, mientras el apóstol Pedro les predicaba.  También incluiré textos que nos relatan las conversiones masivas de extranjeros de raza griega durante el primer viaje misionero del apóstol Pablo.  Pero, de manera específica les voy a predicar que: SOLO LA GRACIA de Dios realiza los efectos necesarios para hacer una realidad la salvación de los perdidos. / ¿Cuáles son los efectos necesarios que SOLO LA GRACIA de Dios realiza para hacer una realidad la salvación de los perdidos? / A continuación les compartiré tres de estos efectos necesarios que SOLO LA GRACIA de Dios realiza.

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   El primer efecto necesario que SOLO LA GRACIA realiza para hacer una realidad la salvación de los perdidos, ESTÁ ENFOCADA EN LOS NO CREYENTES, y consiste en que:

I.- A LOS NO CREYENTES, LES GENERA CAPACIDAD DE CONVERSIÓN A JESUCRISTO.

   Dios dio una orden en una visión a un hombre no israelita llamado Cornelio que vivía en una ciudad llamada Cesarea.  La orden consistió en que Cornelio mandase llamar al apóstol Pedro que desde Jope donde se él encontraba hospedado y predicando, viniese a Cesarea donde Cornelio se encontraba. Inmediatamente Cornelio mandó a dos de sus siervos que fueran por Pedro. Mientras tanto Cornelio se puso a invitar no a israelitas sino a sus familiares, obviamente de ascendencia romana, y a muchos de sus amigos de otras ascendencias, para que tan pronto llegase el apóstol Pedro, estos se reunieran en casa de Cornelio para escuchar lo que Pedro tenía para decirles.  Cornelio aun no siendo israelita, estaba obedeciendo una instrucción divina.  Al día siguiente los siervos de Cornelio, regresaron acompañados de Pedro.  Cornelio le recibió con mucho honor de su parte.  Dios había hecho este movimiento para que Pedro tuviese el privilegio de predicar acerca de Jesús en aquella ciudad.

   En su debido momento Pedro comenzó a predicar a gente que según el conocimiento y experiencia de los israelitas, al no ser gentes descendientes de Abraham, no eran ni podían ser elegidos por Dios especialmente para asuntos de salvación.  Pero, la sorpresa para los que eran israelitas descendientes de Abraham, es que todavía no había terminado de predicar el apóstol Pedro cuando Dios mismo interrumpió aquella predicación evangelística, e hizo descender sobre los gentiles, sobre los no descendientes de Abraham, nada menos que a su Espíritu Santo.  ¿No que era solo para los descendientes de Abraham, especialmente para los descendientes de su hijo Jacob o Israel, los israelitas?  Pues todos estaban equivocados.  El don del Espíritu de Dios era también para los gentiles, los extranjeros, o sea, hasta para los que no son de su antiguo pueblo escogido.

   El apóstol Pedro se quedó unos días más en esta ciudad (cf. Hechos 10), y luego viajó hasta Jerusalén donde le cuestionaron por qué les predicó a los gentiles, pues ellos suponían que el evangelio no era para ellos.  Pero, en ese mismo tiempo unos nuevos creyentes israelitas de Chipre y de Cirene, llegaron a la ciudad de Antioquía de Siria donde predicaron a Jesucristo, e igual los primeros en creer fueron no israelitas sino griegos, gente que difícilmente creería en el evangelio, pero los que inesperadamente comenzaban a convertirse eran los griegos, y no pocos sino muchos griegos.  No tenían que pagar por no ser israelitas descendientes de Jacob, el nieto de Abraham.  No eran nación elegida como pueblo especial, pero eran personas elegidas en Cristo para salvación eterna. No hubo pago por elección, ni por su llamamiento, ni por su salvación, ni por su santificación, en realidad por nada.

   De todo lo anterior, se enteraron los apóstoles que todavía seguían en Jerusalén de donde no estaban pensando ir a predicar a los gentiles en otras ciudades y países, sino por si acaso iban a otras ciudades sería solamente para encontrar a sus hermanos de raza para hablarles de Jesús.  Pero al escuchar el testimonio de Pedro acerca de lo que ocurrió en Cesarea, y al escuchar la noticia de lo que estaba ocurriendo en Antioquía de Siria, los apóstoles junto con todos los creyentes de Jerusalén, enviaron hasta Antioquía a Bernabé, uno de sus hombres más fieles al evangelio. La historia del caso dice que: “Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor” (Hechos 11:23). ¿qué fue lo primero que Bernabé vió en las personas griegas que también habían creído en Jesús, sin que ningún israelita haya hecho algo para que estos extranjeros y de otros linajes acepten a Jesús y su evangelio, y se arrepintieran, y abandonases sus religiones tradicionales?  El versículo 23 dice que lo Bernabé vio fue nada menos que “la gracia de Dios”.

   Dios estaba siendo nada menos que bueno con ellos, igual que como Él lo hizo en el pasado con Abraham y sus descendientes, los eligió sin que estos extranjeros hayan tenido en sí mismos algo bueno para que merezcan ser salvados de la condenación eterna tan solo por creer en Jesús y arrepentirse de sus pecados.  Entonces, es así como Pedro, descubre que estos griegos convertidos, al igual que los judíos o israelitas, lo único que tenían en común era “la gracia de Dios”, gracia que los hizo creer, arrepentirse, y vivir para un Cristo que en principio era antes extraño o ajeno para ellos.  Cuando por este caso extraordinario se tuvo que llevar a cabo el primer concilio de la historia de la iglesia, el apóstol Pedro en pleno concilio explicó y dejó bien claro que: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hechos 15:11).  La gracia de Dios es la que estaba haciendo segura la salvación tanto de los israelitas como de los extranjeros de otras razas como los griegos.  Y todo esto sin pago de ninguna indulgencia romana ni de otra fuente.

   Amados hermanos, SOLO LA GRACIA hace que una persona pecadora, sin méritos de ningún tipo, entienda el evangelio, crea en su autor, se arrepienta de sus pecados, y se entregue a vivir para el único Hijo del único Dios vivo y verdadero, sin que le sea puesta la condición de entregar ni a Dios mismo, ni a su iglesia, y ni siquiera a algún evangelista o pastor, mucho menos a un falso maestro, pues si fuese así no sería gracia.

   Eso es lo que también ocurrió con usted y yo que no somos descendientes de Abraham, ni de sus bisnietos en todas sus generaciones, sino solo extranjeros mexicanos descendientes probablemente de los antiguos mayas de nuestra región, o de otras antiguas nacionalidades.  No tuvimos ni tenemos que pagar ni una sola centésima de dinero, pues todo ha sido SOLO POR LA GRACIA de Dios.  Además, sin mérito alguno de nuestra parte, Dios nos ha dado el privilegio de recibir el grandísimo don de la salvación eterna.  Gratuitamente nos alcanzó inesperadamente “la gracia de Dios”.  Nos sorprendió cuando ni siquiera lo esperábamos.  Esa es “la gracia de Dios”.  Así que cuando por predicar a Cristo vemos que hay personas que creen en Jesús y su evangelio, y que verdaderamente se arrepienten de sus pecados, y deciden vivir para Cristo, es porque “la gracia de Dios” está generando en ellos la conversión de sus pecados a la obediencia y santidad.  Nunca es porque somos expertos evangelizadores, predicadores, pastores, etc…  Es siempre y solo por la gracia de Dios.

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   El segundo efecto necesario que SOLO LA GRACIA realiza para hacer una realidad la salvación de los perdidos, ESTÁ ENFOCADA EN LOS EVANGELIZADORES, y consiste en que:

II.- A LOS EVANGELIZADORES, LES CAPACITA PARA LLEVAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO.

   Después de manifestarse por primera vez la gracia de Dios en Cesarea a favor de los gentiles mediante la caída del Espíritu Santo a favor de ellos, con el cual ellos pudieron tener la fe necesaria para creer en el evangelio, esta gracia siguió manifestándose en más ciudades a donde apóstoles y más creyentes iban a predicar acerca de Jesucristo. Cuando Bernabé y ahora el apóstol Pablo inician el primer viaje misionero de la historia de la iglesia (Hechos 11:19ss), fueron testigos de que más gentiles o extranjeros que judíos e israelitas se convertían al evangelio en ciudades como Pafos de Chipre (Hechos 13:6ss), Antioquía de Pisidia (Hechos 13:14-43), Iconio (Hechos 13:51,52 – 14:1-3), y hasta en Listra de Licaonia (Hechos 14:4 – 20).  Por fin, Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía de Siria, y “habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles” (Hechos 14:27).  La gracia de Dios estaba siendo entregada a los que no parecían poder ser llamados por Dios al arrepentimiento, conversión, y salvación, porque no eran el pueblo descendiente de Abraham, Isaac, y Jacob los escogidos para formar el pueblo especial de la antigüedad.  El que abrió la puerta de la fe a los gentiles no les estableció cuota de dinero para salvación, sino que por su gracia les derramaba su Espíritu Santo quien ponía en sus corazones la fe necesaria para creer y confiar toda su vida a Jesucristo.

   Pero, lo que quiero que ahora ustedes observen es que en la narración que San Lucas hace acerca del regreso de Pablo y Bernabé del primer viaje misionero haciendo mención de que regresaron a Antioquía de Siria donde antes iniciaron su viaje, y dice de aquel lugar que: “… navegaron a Antioquía desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido” (Hechos 14:26b).  Aquí quiero que más que el lugar de salida y de regreso, observen que cuando ellos salieron fueron ¿qué? “encomendados a la gracia de Dios”.  Lo que esto quiere decir, es que para la obra o el trabajo que iban a llevar a cabo, era necesaria “la gracia de Dios”, porque “la gracia de Dios” es capacitante para cualquier labor que se tenga que hacer con el fin de proclamar el evangelio de Cristo. “La gracia de Dios” también les serviría para ser librados de los oponentes y de todo tipo de maldad en contra de los que llevan el evangelio de Cristo, y así lo fue para ellos.  Dios dirigió la salida de ellos, Dios les cuidó durante todos los meses de ida y regreso, trayéndoles de nuevo de donde salieron.

   Amados hermanos, “la gracia de Dios” no solo funciona en los que reciben el mensaje, sino también en los que la llevaban, capacitándoles para hablar, e incluso para ser librados de toda maldad.  No está demás decirles a ustedes que lo mismo ocurrió cuando el apóstol Pablo sale al segundo viaje misionero, dice la historia de esa ocasión que: “Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor” (Hechos 15:40).  Lo mismo también ocurre en nosotros el día de hoy cuando responsablemente vamos a llevar el evangelio de Jesucristo a otras personas.

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   El tercer efecto necesario que SOLO LA GRACIA realiza para hacer una realidad la salvación de los perdidos, ESTÁ ENFOCADA EN TODOS CREYENTES, y consiste en que:

III.- A TODOS LOS CREYENTES, LES PROVEE LOS MEDIOS PARA PERSEVERAR EN LA GRACIA.

   En la ciudad de Antioquía de Pisidia, durante el primer viaje misionero, tuvieron una experiencia que san Lucas describe de la siguiente manera: Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios” (Hechos 13:43).  La descripción es grandemente entendible.  Un creyente ya sea antiguo o reciente, tiene que perseverar “en la gracia de Dios”.  Durante el tiempo de perseverancia hay cosas en las que el creyente debe ocuparse con el fin de mantenerse activo en su decisión de creer y vivir para Cristo.  La perseverancia no es un esfuerzo humano para ser salvo, ni es la condición de Dios para que un creyente consiga su salvación, sino que la perseverancia es la expresión de que uno ya es salvo y que por ello persevera hasta el fin para que entonces goce la plenitud de la salvación que por ahora solamente se experimenta como una probadita que igual grandemente vale la pena.  En esta perseverancia, los medios para perseverar están bien establecidos, y no incluye pago de dinero alguno.

   En los inicios de la iglesia cristiana en Jerusalén, leemos por ejemplo que los primeros creyentes “perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14). Todo aquel que cree, no cree solo para dejarse en la pasividad y en el olvido de su fe, sino que cree para conectarse todos los días con Dios por medio de la oración.  Por esos ellos perseveraron unánimes “en oración y ruego”.  Todo aquel que cree, no es un súper héroe, sino que necesita el apoyo de otros que como él también creen en el mismo Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador, por eso desde el principio los mismos apóstoles se reunían entre ellos mismos como varones junto con los hermanos de Jesús, así como con mujeres piadosas que creyeron en Jesús, entre ellos la propia María madre de nuestro Señor.  Esto significa perseverar “en la gracia de Dios”.  No hay pago alguno de dinero de por medio.

   Estos mismos creyentes, dice San Lucas en su historia, que “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).  Todo aquel que cree en Jesús no se queda en la pasividad, sino que tiene que poner en práctica todo lo que Jesús enseñó, pues eso significa ´perseverar “en la doctrina de los apóstoles”.  El creyente convive, eso significa perseverar “en la comunión unos con otros”.  El creyente no descuida los símbolos sacramentales del “partimiento del pan”.  El creyente se da cuenta que orar solo y con otros es importante y necesario, eso significa perseverar “en las oraciones”.  Esto significa perseverar “en la gracia de Dios”.   No hay pago de dinero alguno de por medio.

   Amados hermanos, Dios ha provisto en nuestra amada iglesia, los medios para perseverar “en la gracia de Dios”.  Solo la gracia de Dios, en vez de ponernos condiciones difíciles de cumplir, que bien tiene derecho de imponerlo, lo que él hace es proveernos los medios “de gracia” sencillos para perseverar, para que mañana, la próxima semana, dentro de un mes, un año, cinco años, diez años, y hasta el fin de nuestra vida, sigamos en la misma fe, en el mismo servicio a Dios, y en la misma esperanza eterna.  Realmente, lo que es difícil de vivir para algunas personas que creen haber creído en Jesús porque que así lo expresan públicamente, es porque no se dan cuenta que los medios de gracia como la oración, los sacramentos, el compañerismo, son las cosas más sencillas que Dios nos requiere.  No son una carga, son las sencillas demandas de “la gracia de Dios”, porque debería pedirnos más.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, SOLO LA GRACIA, no solamente es una doctrina sino una expresión del carácter amoroso Dios para darnos gratuitamente lo que no podemos pagar, y que incluso ni si quiera merecemos.  Gracias a Dios que por su infinito amor, no nos cobra. Si así lo hiciera, otros nos tendrían más ventaja, y muchos de nosotros no tendríamos ni la mínima posibilidad de acceder a la salvación que tanto necesitamos.  Recordemos las palabras del apóstol Pablo a los Efesios que dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; / no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8,9).

   La gracia de Dios, trabaja en la vida de los no creyentes a quienes Dios llama por su palabra y Espíritu para la salvación eterna.  La gracia de Dios trabaja en nosotros que llevamos el evangelio a otras personas capacitándonos para ser efectivos con su bendito poder.  La gracia de Dios no pone todas las facilidades o medios de gracia para que de esta fe gloriosa en la que hemos iniciado, gocemos sus beneficios no solo ahora sino también para toda la eternidad.

   

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