LA IGLESIA QUE AVANZA, Por: Diego Teh.

LA IGLESIA QUE AVANZA

Hechos 1:12-26.

Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para ser predicado el domingo 28 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 11 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

   INTRODUCCIÓN: El carrusel es uno de los juegos mecánicos que a mí en lo particular durante mi niñez siempre me fascinó mucho.  Siempre preferí subir a al carrusel antes que a cualquier otro juego mecánico.  Es más, hasta el día de hoy el carrusel no deja ser mi juego mecánico preferido, a pesar de que ahora existen otros juegos mecánicos modernos sofisticados y que siempre son verdaderamente atractivos, yo sigo amando y prefiriendo el carrusel.  Hasta donde yo recuerdo, a mis hijos antes que prueben otros juegos, lo primero que probaron fue el carrusel.  Pero, una de sus características que nos ilustran algo que no debe ser una característica de ninguna iglesia local de creyentes en nuestro Señor Jesucristo, es que el carrusel, aunque está en constante movimiento, sus movimientos que son circulares, ya sea a baja o alta velocidad, finalmente después de muchas vueltas, cuando se detiene, el carrusel no avanzó a ninguna parte, sino que quedó en el mismo lugar.  En realidad, ocurre lo mismo con otra variedad de juegos mecánicos, que después de tanto movimiento, siguen nada menos que en el mismo lugar.

   La iglesia local de nuestro Señor Jesucristo, no puede darse el lujo de ser como el carrusel, de hacer tanto movimiento, y al terminar su movimiento encontrarse estancado, detenido, o parado en el mismo lugar, sin haber avanzado la obra de Dios.  La iglesia fue diseñada por Dios no para estancarse sino para avanzar.  En la gran comisión explicada por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles se entiende que la iglesia ha de tener esta característica de ser una iglesia que avanza la obra de Dios en todos sus aspectos, porque Jesús cuando se estaba yendo de regreso a su cielo, les dijo a sus discípulos que ellos van a ser sus testigos “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8b).

   Siguiendo este énfasis del avance necesario de la iglesia, en este momento les voy a predicar lo siguiente: La iglesia de Jesucristo para que no se queda estancada, sino que avance en todos los aspectos la obra de Dios, le es necesario cumplir los factores que la llevarán a su avance. / ¿Cuáles son los factores necesarios de cumplir para que una iglesia de Jesucristo no se quede estancada, sino que avance en todos los aspectos en la obra de Dios? / Basado en nuestro texto bíblico de Hechos 1:12-26, ahora les voy a compartir tres de esos factores necesarios de cumplir.

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   El primer factor necesario de cumplir para que la iglesia a la que pertenecemos, no se quede estancada, sino que avance en todos los aspectos la obra de Dios, es:

I.- LA OBEDIENCIA A LAS INSTRUCCIONES DE JESÚS.

   Según San Lucas, cuando Jesús estaba próximo a ascender a los cielos, les dijo a sus discípulos: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 23:49), y cuando Jesús se fue al cielo, nos dice el mismo San Lucas que: “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo” (Hechos 1:12).  Lo que se puede observar en esta narración histórica es que los apóstoles hicieron justamente lo que Jesús les había indicado.  Eso se llama obediencia. Y en la actualidad la iglesia contamos con muchas instrucciones de Jesús que debemos obedecer con el fin de que su obra en esta y por esta iglesia avance.

   Cuando Jesús recién había resucitado, ellos pasaron una breve etapa de crisis, en el que aun sabiendo que Jesús había resucitado, pero al ver que no se integraba con ellos, sino que cada 8 días se les aparecía espontáneamente en el aposento donde se reunían y luego se iba de ellos, comenzaron a tomar decisiones equivocadas.  Pedro, les dijo: “Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo” (Juan 21:3a).  Y eso hicieron en su confusión.  Pero, ahora que ya estaban asimilando la transición del ministerio de Jesús al que ellos deberían estar entregados, decidieron no irse a sus propios caminos, ciudades, hogares, oficios, etc…, sino que, obedeciendo la instrucción dada por Jesús, todos se fueron a Jerusalén a esperar ser investidos de poder por el Espíritu Santo que les sería enviado para ser capacitados para su grandísima comisión.  Y fue, por su obediencia que estando ellos en Jerusalén donde fueron enviados, y estando juntos y en oración fue cuando el Espíritu Santo prometido llegó sobre ellos para quedarse y seguirse manifestando sobre incrédulos y sobre los creyentes.  Obedecer las instrucciones de Jesús siempre fue, ha sido y será necesario. Recuerden también la ocasión cuando en una boda, se había gastado el vino, estando su madre María en aquella fiesta, ella misma les dijo a los sirvientes de aquella fiesta: “Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:5), y solamente cuando ellos hicieron todo lo que Jesús les dijo, fue entonces cuando Jesús convirtió el agua en el mejor vino que no habían podido ofrecer a los invitados.  Este es un ejemplo más de cómo es que Jesús espera la obediencia de toda persona, especialmente de sus discípulos para que las dificultades que surgen en sus labores por el reino de Dios sean destrabadas, nada menos que por el poder de Jesús mismo.

   Amados hermanos, la iglesia que avanza es la iglesia que obedece, pues si no obedece no recibe los excelentes y poderosos dones de Dios para llevar a cabo su gran a veces difícil y a veces sencilla tarea de hablar el evangelio de Jesucristo.  Eso es todo, no más ni menos.  Hoy, como antes la obediencia las instrucciones de Jesús no puede ser cambiada por otra opción.  Es estrictamente necesario ser obediente a Jesús, para ser una iglesia que no se quede estancada, sino que avance en su gran labor de predicar el evangelio.

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   El segundo factor necesario de cumplir para que la iglesia a la que pertenecemos, no se quede estancada, sino que avance en todos los aspectos la obra de Dios, es:

II.- LA PRÁCTICA DE LA ORACIÓN A DIOS.

   “Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo” (Hechos 1:13), pero la narración nos continúa informando que: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14).  El motivo principal de su reunión fue para orar.  No sé nos dice por qué motivos específicos oraban, pero debieron ser motivos esenciales para encontrar dirección divina y soluciones para el momento.

    Muy pronto también, a menos de dos semanas de estar reuniéndose para orar en una casa de Jerusalén, tuvieron que elegir al sucesor de Judas para completar el número original de los apóstoles elegidos por Jesús.  San Lucas nos narra que aquellos apóstoles y los primeros discípulos antes de elegir al sucesor, hicieron oración a Dios diciéndole: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, / para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar” (Hechos 1:24,25). No se atrevieron a elegir sin hacer oración.  Cuando hubieron orado, Dios les guió a hacer la elección apropiada que resultó para el avance de la obra, pues a la persona que eligieron fue grandemente útil y comprometida con la obra de Dios.

   Un poco de tiempo después cuando nuevos discípulos se convertían por miles a la fe en Jesucristo, comenzaron a ser perseguidos por creer en el evangelio del reino de Dios que predicaban los apóstoles.  En esos tiempos los apóstoles Pedro y Juan fueron los primeros en experimentar la persecución, encarcelamiento, y amenazas.  En esas circunstancias, estos primeros creyentes se vieron en la necesidad de practicar la oración, pues en Hechos 4 se nos dice que ellos: “alzaron unánimes la voz a Dios” (Hechos 4:24), no para cantar sino para orar a Dios, y entre su oración dijeron: Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, / mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. / Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:29-31).  La oración fue el medio para obtener el denuedo o valor para que, sin temor alguno por las amenazas, siguieran hablando la palabra de Dios.  Fue así como la primera iglesia creció de 12 a 120, de 120 a 500, de 500 a 3500, de 3500 a 8500, y de esta cantidad a muchos miles más en otras ciudades judías, israelitas y extranjeras.  Fue por la práctica de la oración y no por otro medio que ellos pudieron avanzar la obra de Dios que en su momento les correspondió a ellos.

   Amados hermanos, además de la obediencia a las instrucciones de Jesús, la práctica de la oración por todo motivo, es otro de los factores que hacen que la iglesia no se quede estancada, sino que avance.  Hermanos, no menosprecien el valor, poder y efectividad de la oración.  Cuando seamos convocados a reunirnos para orar, no pasemos por alto esas ocasiones.  Hagamos todo lo posible por reunirnos a orar, pues la oración es el medio que consigue de Dios las herramientas necesarias para que nuestro trabajo en su obra no se quede sin fruto, sino que contribuya poderosa y grandemente al avance de la obra de Dios.

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   El tercer factor necesario de cumplir para que la iglesia a la que pertenecemos, no se quede estancada, sino que avance en todos los aspectos la obra de Dios, es:

III.- LA PREDICACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS.

   Mientras los apóstoles reunidos en Jerusalén con algunas mujeres temerosas de Dios, y algunos fieles discípulos, esperaban la venida del Espíritu Santo, nos narra San Lucas que cuando se dispusieron a elegir al sucesor de Judas, además de haber orado, no hicieron su elección sin que antes les fuese predicada la palabra de Dios.  San Lucas nos informa que: “En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: / Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, / y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio” (Hechos 1:15-17).  ¿Qué fue lo que hizo Pedro? Lo que Pedro hizo fue predicar la palabra de Dios, pues cuando dijo: “era necesario que se cumpliese la Escritura en el que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, …”, no estaba dando una opinión o una propuesta personal, sino que estaba utilizando la palabra de Dios escrita, para explicar qué era lo que debería proceder en aquel momento.  Pedro estaba predicando la palabra de Dios que era necesario se predicase en aquel momento.

   Amados hermanos, para cada situación o experiencia de los primeros creyentes, los sucesivos creyentes, y hasta para los creyentes del día de hoy, siempre hay una palabra de Dios en las Escrituras que nos debe ser predicada para orientarnos a tomar la mejor decisión al respecto.  La primera predicación fue para exponer lo que la palabra de Dios dice con respecto al traidor que entregó a Jesús.  Resulta que había algo escrito desde hace más de 1000 años atrás que tenía aplicación e instrucción para aquellos apóstoles y primeros discípulos reunidos.  Pedro, fue el predicador de aquella primera decisión relevante que tenía que tomar.  Además de que hubo oración de por medio, no hizo falta la predicación de la palabra de Dios.

   Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los primeros discípulos en Jerusalén, nos narra San Lucas que la gente extranjera, decía: les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.  El Espíritu Santo fue enviado para que aquellos primeros cristianos fuesen capaces de “hablar… las maravillas de Dios”, y así lo hicieron.  Después de esta gracia de Dios de hacer entendible su evangelio a los hablantes de otros idiomas que no eran el hebreo, ni el griego, ni el arameo que eran los idiomas, el apóstol Pedro fue el primero en presentar una predicación en defensa de los que extraordinariamente recibieron espontáneamente el don de hablar lenguas para que los hablantes de otros idiomas pudieran entender.  Habían quienes decían que ellos estaban ebrios siendo todavía las nueve de la mañana.  Entonces Pedro comenzó a predicar a los criticones: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. / Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.  Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: (Hechos 2:14b-15).  Al citar al profeta Joel cuyas palabras estaban en el canon de las Sagradas Escrituras de aquellos tiempos, el apóstol Pedro estaba predicando la palabra de Dios para una situación muy específica en la que la palabra de Dios antes revelada tenía una aplicación.

   Amados hermanos, además de la obediencia a las instrucciones de Jesús, y además de la práctica de la oración, otro factor que impulsa el avance de la obra de Dios es la predicación de la palabra, tanto en el interior de la iglesia como fuera de la iglesia predicando el mensaje de salvación que contiene el evangelio. La predicación de la palabra de Dios, produce los resultados esperados por Dios mismo.  Las Sagradas Escrituras hasta el día de hoy siempre tiene un mensaje claro y especial para cada circunstancia de la vida tanto para no creyentes como también para la vida personal de los creyentes, y para toda la iglesia en general, por lo que para que la iglesia no se quede estancada, sino que avance en la obra de Dios, la iglesia a través de sus oficiales, pero también de todos sus miembros, tiene que predicar la palabra de Dios.  Obviamente, la palabra de Dios que se predica tiene que ser aceptada por la iglesia misma para su funcionamiento interno, y por cada uno de sus integrantes para su vida personal.  La predicación de la palabra de Dios sirve para que lo estancado de la obra de Dios se destrabe, y avance a la siguiente meta que Dios tiene preparada para cada iglesia local en particular.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, tanto los centros misioneros, como las congregaciones, y aun las iglesias que ya tienen su cuerpo de gobierno interno debidamente establecido, son responsables de no estancar, detener, o frenar el avance de la obra de Dios que nos ha sido encomendada.  Para ello, estemos conscientes por lo menos de estos tres factores que hoy les he predicado: 1) la obediencia a las instrucciones de Jesús; 2) la práctica de la oración a Dios por toda situación; y 3) la predicación de la palabra de Dios.

   Dios nos conceda ser una iglesia, congregación, o centro misionero que esté avanzando la obra de Dios, en todos sus aspectos.

   

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