LA DISCIPLINA DEL LIDERAZGO (II), Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DEL LIDERAZGO (II)

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Números 11, 13, 14, 26, 27.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 11 de noviembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.
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Este bosquejo corresponde al sermón # 15 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: La primera parte de este mensaje, lo basé en pasajes bíblicos del Éxodo, y basado en tales pasajes les compartí tres vivencias de Josué que contribuyeron en su vida para su formación como líder con enfoque espiritual para el pueblo de Dios que estaba yendo hacia la tierra prometida.  En esta segunda parte, les seguiré compartiendo acerca de las vivencias espirituales formativas que tuvo Josué, que no solamente funcionaron en él, sino que son vivencias espirituales fundamentales que funcionan en todo hijo y siervo de Dios que aspira desarrollar en su ministerio un liderazgo espiritual efectivo.   Cada una de estas vivencias que tienen que ver con Josué, en esta ocasión los estaré basando en el libro de Números.  Así que continúo con la predicación de las vivencias espirituales fundamentales que un líder necesita experimentar primero, para que pueda desarrollar en su ministerio las cualidades de un liderazgo espiritual.

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   La cuarta vivencia espiritual fundamental que un líder necesita experimentar primero, para que pueda desarrollar en su ministerio las cualidades de un liderazgo espiritual, es:

IV.- EL CONTROL DE SU CARÁCTER.

   Ahora en Números 11, cuando vuelve a mencionarse el nombre de Josué, aparece como ayudante de Moisés, pues él siempre estaba apegado a Moisés.  En esta ocasión los israelitas se quejaban con Moisés de que extrañaban el comer carne como lo comían en Egipto, y en su queja lloraron delante de Dios, y Dios le dio instrucciones a Moisés de que reuniera alrededor del tabernáculo a los 70 ancianos de Israel y a otros hombres principales, y así lo hizo Moisés, pero solo 68 acudieron.  Cuando ellos se reunieron, Dios manifestó estar presente, y así como Dios había hecho a Moisés que sea su profeta dándole ese don por medio de su Espíritu Santo, Él (Dios) hizo lo mismo con todos los ancianos, de tal manera que todos ellos comenzaron también a profetizar.  Pero, hubo un detalle interesante.  A Eldad y Medad, los dos ancianos[1] que no acudieron al tabernáculo, sino que se quedaron en el campamento donde estaban sus tiendas de campaña, también comenzaron a profetizar, porque a ellos también Dios les dio ese don.  Pero, un joven, que quizá vio raro que Eldad y Medad estaban profetizando, y quizá hasta pensó que estaban usurpando el lugar que le correspondía a Moisés, localizó a Moisés, y como siempre, Josué estaba junto a él; y el joven le explicó a Moisés que los dos ancianos que no acudieron al tabernáculo con los otros 68 ancianos, estaban profetizando.

   Lo que sigue es la lección que Josué aprendió.  Josué reacciona mal y le dice a Moisés: “Señor mío Moisés, impídelos” (Números 11:28b).  Pero Moisés le respondió: “¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Números 11:29).  El carácter de Josué en este caso no fue de buen razonamiento, ni de buen corazón, ni de temperamento controlado.  Un carácter así no es el que Dios quiere que tenga una persona que va a ser el líder espiritual de la gente de su pueblo.  En cambio, el carácter de Moisés estaba reflejando razonamiento espiritual cuando dice: “Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta”.  Estaba demostrando una grandeza de corazón al no considerarse como el único que puede hacer tal obra de Dios, sino que su función era únicamente un privilegio que Dios le había concedido.  Josué tenía que aprender eso. Josué tenía que trabajar con su carácter descontrolado, pues cuando emprenda su liderazgo espiritual, no puede estar con sus arrancones de celos y demás mal carácter.   La amonestación que Moisés le dio, debió ser de mucha ayuda formativa para Josué.

   Amados hermanos, muchos de nosotros ya somos líderes, y otros de ustedes por allá van.  Dios les está formando para que en su debido momento les asigne una función de liderazgo espiritual.  Antes, están en el tiempo de trabajar con su conducta y con su carácter.  Los que ya somos líderes, y que por causa de nuestra naturaleza humana y pecadora, no estamos exentos de tener un mal carácter, debemos estar alertas y sometiendo nuestro carácter al poder del Espíritu Santo de Dios para que nos perfeccione y nos capacite en nuestras funciones.

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   La quinta vivencia espiritual fundamental que un líder necesita experimentar primero, para que pueda desarrollar en su ministerio las cualidades de un liderazgo espiritual, es:

V.- LA FE EN QUE DIOS CUMPLE SUS PROMESAS.

   Ahora, llega un momento en el que ya se hace necesario conocer la tierra prometida que hay que conquistar.  Moisés todavía líder en turno, comisiona a doce personas para que vayan como espías por lo menos a Jericó para explorar el territorio que dentro de poco deberán estar conquistando.  En Números 13 y 14 tenemos la historia de este espionaje táctico en el que Josué y Caleb, sobresalen en fe más que optimismo de que sí es posible conquistar, por lo menos ahora la primera de las ciudades de la ruta, Jericó, aunque quizá avanzaron para conocer las fortalezas y debilidades de otras ciudades, pues por orden de Dios (cf. Números 13:1,3), Moisés los había enviado “que reconozcan la tierra de Canaán” (Números 13:2a), que consistía en muchas ciudades.  Fueron 40 días de exploración (Números 13:25).  Al dar el informe, hubo puntos en el que todos coincidieron, pero hubo un detalle en el que 10 de ellos no estaban de acuerdo, sino solamente Josué y Caleb, porque el punto en cuestión era un asunto de fe.

   Los otros 10 a quienes les faltaba fe de que la conquista a llevar a cabo es posible y segura, rindieron su informe y observaciones, tratando de desanimar a Moisés y seguramente a los demás del pueblo.  Ellos dijeron a Moisés: Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. / Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán” (Números 13:28,29).  No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros” (Números 13:31b).  La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. / También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:32b,33). Su mensaje, lejos de ser realista era pesimista y sin fe.  Con gente así, solamente se pone freno a las conquistas del pueblo de Dios.

   Caleb, tuvo que intervenir callando a los 10 pesimistas, y sus palabras tanto a Moisés como al pueblo, fue: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números 13:30b).  Por causa de los 10 pesimistas, mucha gente se rebeló contra Dios, y Dios determinó exterminar a todos los rebeldes desde 20 años para arriba (cf. Números 14); y por causa de la rebeldía incitada por aquellos 10 pesimistas faltos de fe, Dios pospuso la entrega de la tierra prometida hasta 40 años después (Números 14:34).  Pero, en cuanto a Caleb y Josué, dijo Dios: “Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun” (Números 14:30).  Dios consideró aceptable la fe de Caleb y Josué, porque confiaron en Dios, sin duda que pensando que si Dios prometió la tierra de Canaán, entonces Él se las dará, favoreciéndoles si llenos de fe en Él se entregan a la conquista.  Josué había aprendido a tener la fe necesaria en Dios.  Cuando, luego fue directamente comisionado a ser el líder sucesor de Moisés, se puede apreciar la fe inquebrantable que él tuvo, aun cuando en otra ocasión casi toda la gente estaba decidiendo olvidarse del Dios que los sacó de Egipto. Él y su familia, seguían activos en la fe.

   Amados hermanos, un líder no se conduce con pesimismo, sino confiando en que Dios hará lo que debe hacer cuando uno se pone y encomienda en sus manos para hacer cosas en su nombre tanto personales, así como cuando se trata de dirigir a otras personas.  Eso es lo que el apóstol Pablo comunicó a los Corintios cuando les explicó: “porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).  Cada uno de nosotros, debemos también ser líderes no pesimistas sino líderes de fe en Dios confiando en que por amor de su propia obra, Él hará que se logre absolutamente todo aquello que avance su obra.

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   La sexta vivencia espiritual fundamental que un líder necesita experimentar primero, para que pueda desarrollar en su ministerio las cualidades de un liderazgo espiritual, es:

VI.- LA OBEDIENCIA NECESARIA.

   Ahora revisemos una nueva historia en Números 26.  Se encontraban “en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó” (Números 26:3).  Estaban a pocos kilómetros de la primera ciudad que conquistarían. Prácticamente solamente tenían que cruzar el río Jordán y ya estaban en Jericó. Pero hay un detalle que vale la pena observar.  Aquí en los campos de Moab se hizo un conteo de los israelitas (vv. 4-51), y el resultado contiene detalles relevantes que me llaman mucho la atención, pues dice: Estos son los contados por Moisés y el sacerdote Eleazar, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó. / Y entre éstos ninguno hubo de los contados por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. / Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun” (Números 26:63-65).

   El primer detalle relevante es que de verdad, Dios acabó por completo a los que originalmente salieron de Egipto.  La razón fue porque desobedecieron a Dios con su rebeldía.  El segundo detalle es que solamente sobrevivieron hasta ese momento: Moisés, Caleb, y Josué; tres de todos los varones mayores de 60 años que salieron de Egipto.  Pero Moisés tampoco entraría en la tierra prometida como castigo por haber golpeado la roca que dio agua a los israelitas en el desierto cuando Dios le había dicho a Moisés que solamente hablase a la roca, sin necesidad de golpearla.   La desobediencia de Moisés fue también la razón por la que no se le permitió entrar a la tierra prometida.  Josué, era testigo de este principio de la obediencia requerida por Dios, y en su propia experiencia estaba confirmando el beneficio de obedecer a Dios.

   Amados hermanos, la rebeldía y la desobediencia para con Dios, no es lo esperado de su pueblo, pero ni siquiera de uno que ha sido puesto por Dios como líder de algún asunto de sus planes divinos.  Quien no practica el obedecer a Dios, va a perecer sin éxito en el camino, pero quien le obedece va a ver con éxito el fruto de su liderazgo espiritual.  Por eso, vale la pena que seamos para Dios, creyentes y líderes obedientes.

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   La séptima vivencia espiritual fundamental que un líder necesita experimentar primero, para que pueda desarrollar en su ministerio las cualidades de un liderazgo espiritual, es:

VII.- LA DEPENDENCIA EN EL ESPÍRITU.

   Ahora, observaremos otra vivencia formativa de Josué.  En números 27 se nos dice que Moisés hizo una petición especial a Dios, diciéndole: “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, / que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor” (Números 27:16,17).  Y la respuesta de Dios, fue: “Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; / y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. / Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca (Número 27:18-20). Aunque la RV60 al presentar estas palabras de Dios acerca de Josué a Moisés, dice que Josué es “varón el cual hay espíritu”, y aquí la palabra “espíritu” aparece con minúscula, el verdadero sentido de estas palabras no se refiere al “espíritu” como el agente de vida que hay en todo ser humano, ni se refiere a alguna habilidad carismática que él tenía, sino que se trata de que su vida estaba manifestando evidencias o frutos de que Josué contaba con el Espíritu Santo de Dios que la hacía ser un nuevo líder.

   La Nueva Traducción Viviente, explica esta parte sin equivocación, diciendo: “Toma a Josué, hijo de Nun, en quien está el Espíritu, y pon tus manos sobre él” (Números 27:19).  El Espíritu Santo es el elemento esencial que lo enfocaría poderosamente a ser el líder espiritual que el pueblo necesita.  Dios le daría a Josué Su Espíritu Santo, más bien el don de su Espíritu Santo, para que entonces su liderazgo sea verdaderamente un liderazgo no militar, sino espiritual, aunque había que conquistar ciudades y territorios contra gente armada.  En cuanto al resto de la instrucción de Dios a Moisés, dice la historia: “Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; / y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés” (Números 27:22,23).  Un requisito indispensable para que una persona reciba un cargo en la obra de Dios, es tener el Espíritu Santo de Dios en la vida, pues Él debe ser la fuente de poder de un verdadero líder.

   Amados hermanos, como líderes llamados por Dios, cada uno de nosotros no debemos depender del uso de nuestra inteligencia o habilidades humanas, pues estando todo nuestro ser contaminado por la naturaleza y efecto del pecado, no podemos garantizar efectividad en nuestras acciones.  Sin embargo, podemos hacer la obra de Dios con eficacia si dependemos del Espíritu Santo que por haber creído en Jesucristo, también nos ha sido dado.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, los que ahora somos líderes en su obra; y a los que Dios están en proceso de formación; y los que serán llamados para liderar espiritualmente a otras personas en la obra de Dios:

1).- La naturaleza de nuestro liderazgo espiritual requiere que vivamos con un carácter bajo el control de Dios, pues si no, lo que va a ocurrir es que ahuyentaremos a las mismas personas que Dios va a poner junto a nosotros en el ministerio.

2).- Las circunstancias, condiciones, y dificultades visibles y evidentes que obstaculizan o parece que obstaculizarán nuestros trabajos en la obra de Dios, no debe desanimarnos, sino que nuestro deber es actuar con llenura de fe en que el dueño de la obra es quien dará los resultados que deben ocurrir.  Dios prometió, Dios cumplirá.  En realidad, Dios es quien incluso da el crecimiento de su iglesia.  Solo se nos requiere fe en él.

3).- El deber de obedecer es un deber universal, tanto para quien es un líder, como para quien no lo es.  Como líderes en la obra de Dios, con más razón debemos ser obedientes a Él, pues más de uno estará siguiendo nuestro ejemplo.  Y si no damos el ejemplo correcto, estaremos arrastrando a la gente hacia el error y hacia consecuencias inesperadas e indeseables.

4).- La fuerza, excelencia, eficacia, y el poder del líder, no depende de su carisma, y tampoco depende de sus estudios administrativos, ni de nada que sea esfuerzo propio.  El líder que Dios forma, debe depender del poder del Espíritu Santo, un recurso divino que en nuestro caso no está lejos de nosotros, sino que por la gracia de Dios ya está en nosotros.  El poder del Espíritu es lo que garantiza la eficacia de un liderazgo espiritual.  Es cuestión de depender de Él.

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[1] La NTV, en 11:26 dice que Eldad y Medad “estaban incluidos en la lista de los ancianos”.

   

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