LAS RELACIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

LAS RELACIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO

 Santiago 3 y 4:5-10.

.Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 25 de noviembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 11 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN:  Todo ser humano fuimos creados para relacionarnos con Dios, y con la gente en general.  Por eso, incluso Dios en sus Diez Mandamientos que dio a su pueblo por medio de Moisés, 4 de estos mandamientos son para instruirnos a tener con Él una relación espiritual correcta, y los últimos 6 de estos mandamientos son para instruirnos acerca de cómo conservar nuestras relaciones humanas con el prójimo en general.  De manera especial, por el hecho de habernos llamado Dios a ser parte de su iglesia, también nos corresponde relacionarnos correctamente tanto con Él como también con nuestros hermanos en la fe, con nuestros seres queridos, con todos los que simpatizan con el evangelio, así como con la gente en general.  Por eso, en la palabra de Dios se nos enseña los principios y responsabilidades que debemos tomar en cuenta para que nuestras relaciones humanas estén siempre centradas en la voluntad de Dios revelada en el evangelio.

   Cuando el apóstol Pablo escribe su epístola a los Efesios, les dice que el Espíritu Santo es quien ha generado la verdadera unidad y toda la red de relaciones humanas de los creyentes. Pero también les explica que esta unidad y relaciones humanas tiene que ser conservada por ellos mismos mediante las buenas relaciones unos con otros, lo cual el apóstol llama “en el vínculo de la paz” (cf. Efesios 4:1-6. esp. v. 3).  Tener buenas relaciones humanas no significa que nunca habrá diferencias de opiniones, e incluso desacuerdos, sino que también por causa de nuestra naturaleza humana también pueden surgir hasta ofensas, sin embargo, cuando esto sucede somos responsables de la paz, poniendo en práctica las enseñanzas del evangelio.  El apóstol Santiago también tiene instrucciones que compartirnos acerca de cómo centrar nuestras relaciones humanas en el evangelio.

   Hablando de estas relaciones humanas pero centradas en el evangelio, en el que todos los creyentes estamos involucrados, hoy les voy a predicar que: para mantener nuestras relaciones humanas centradas en el evangelio, debemos tomar en cuenta las responsabilidades que nos requiere la voluntad de Dios. / ¿Cuáles son las responsabilidades que nos requiere la voluntad de Dios para mantener nuestras relaciones humanas centradas en el evangelio? / A través de los capítulos 3 y 4 de la epístola universal de Santiago, les compartiré en este momento, tres de estas responsabilidades que nos requiere la voluntad de Dios.

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   La primera responsabilidad que nos requiere la voluntad de Dios para mantener nuestras buenas relaciones humanas centradas en el evangelio, es:

I.- TENER CUIDADO CON LO QUE DECIMOS AL HABLAR.

   El apóstol Santiago en su epístola nos explica con claridad el peligro que conlleva el expresar palabras que no son apropiadas, tales como el chisme, la difamación, la calumnia, la murmuración, etc…  Nos lo explica con la peligrosidad del mal uso de la lengua (Santiago 3:1-12).  La mayor parte de los problemas que surgen en toda relación humana como en la amistad, el noviazgo, el matrimonio, la familia, los vecinos, los compañeros de trabajo, y hasta en la iglesia con nuestros hermanos en la fe, es por causa del mal uso de nuestra lengua con la que somos capaces de decir palabras inapropiadas que dañan nuestras relaciones con los demás.  Por eso el apóstol Santiago explica: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! / Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:5,6).

   Cuando dice que “ella misma es inflamada por el infierno”, lo que está diciendo es que la presencia del pecado que tiene contaminado todas nuestras facultades, también alcanza todo nuestro sistema que nos sirve para hablar comenzando con la memoria, el pensamiento, los músculos de la lengua, del labio, del velo del paladar, y de la laringe. La presencia del pecado en nuestra naturaleza ha depravado todo nuestro sistema humano de comunicación, y nos pone en peligro de dañar en un abrir y cerrar de ojos nuestras relaciones que con tanto trabajo poco a poco hemos estado construyendo.  Es por eso que el evangelio nos requiere la responsabilidad de tener cuidado con lo que decimos al hablar.

   Para tener cuidado con lo que decimos, es necesario saber que la palabra de Dios, por ejemplo, ordena o prohíbe lo siguiente: No andarás chismeando entre tu pueblo” (Levítico 19:16); “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:9); “Haced todo sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14); Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:31).  Si al analizar su conducta personal, usted se da cuenta que ha caído en no obedecer algunas de estas instrucciones, usted necesita tener más cuidado cuando hable.

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   La segunda responsabilidad que nos requiere la voluntad de Dios para mantener nuestras buenas relaciones humanas centradas en el evangelio, es:

II.- ATACAR BIEN TODO PROBLEMA DESDE LA RAÍZ.

   Ahora analizando el capítulo 4 de la epístola de Santiago, tenemos que saber de dónde vienen todos los problemas que se dan en las relaciones humanas y que podrían llegar a gravísimas y hasta fatales consecuencias.  El apóstol Santiago comienza con una pregunta que dice: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?” (Santiago 4:1a); y luego en una segunda pregunta que es más una respuesta en forma de pregunta, dice: ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1b).  En esta respuesta está revelada cuál es la raíz donde se originan los pleitos que podrían comenzar como pequeños, pero que podría convertirse hasta en guerras internacionales.  En la respuesta leemos que la raíz del problema está ¿en dónde? En “vuestras pasiones”, y ¿dónde están tomando el control de nuestra vida? “… en vuestros miembros”.  No se refiere a los miembros de una iglesia, familia, o asociación de personas, sino a los miembros de nuestro cuerpo, enfatizando que la raíz de los problemas que dañan nuestras relaciones humanas, ni siquiera es el diablo en persona, ni siquiera son la multitud de demonios, sino nosotros mismos, por causa de que el pecado tiene invadido todo nuestro ser, y que se manifiesta no solamente en nuestras palabras, sino hasta en nuestras miradas, en nuestras actitudes, en nuestros tratos, etc…  El problema principal, amados hermanos, está en nuestro ser.  Y es aquí donde cada quien tenemos que enfocarnos en atacar el problema.

   Más adelante, el apóstol Santiago, en el versículo 4, hace un señalamiento que dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).  ¿Qué tiene que ver este señalamiento con los problemas que se dan en nuestras relaciones humanas? Pues, primero, cuando habla de “almas adúlteras”, no se está refiriendo a personas que practican inmoralidad sexual, sino a personas que han abandonado su relación espiritual con Dios, inclinándose a cualquier pecado de su preferencia; entonces, cuando una persona se desliga de Dios es cuando pierde toda buena espiritualidad, y surge y comienza a predominar en él la carnalidad, cuyos efectos se pueden manifestar en diversas áreas, incluyendo nuestra relación con las personas.  Es por eso, que el apóstol Santiago afirma que tal persona que se encuentra desconectada de Dios, automáticamente se vuelve contra Dios.  Todo lo que hace, aun de manera inconsciente, así como de manera consciente, actúa en contra de Dios.

   Amados hermanos, cuando somos causa de problemas en nuestras relaciones ya sea con la familia, como en cualquier otro lugar, así como en la iglesia misma, es porque no estamos en buenas relaciones primeramente con Dios.  Entonces, la manera de atacar nuestro problema, no el problema del diablo, es activando nuestra relación espiritual con Dios, orándole, leyendo su palabra, adorándole personal y colectivamente con la iglesia, etc… Cuando hacemos esto, entonces, nuestras actitudes en general mejoran, y nuestra manera de relacionarnos con los demás también mejora.

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   La tercera responsabilidad que nos requiere la palabra de Dios para mantener nuestras buenas relaciones humanas centradas en el evangelio, es:

III.- CAMBIAR RADICALMENTE NUESTRA ACTITUD PERSONAL.

   Ahora, prestemos especial atención a lo que dice el apóstol Santiago en el versículo 6, donde dice: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6b).  Cuando dice que Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”, es claro que Dios no se agrada de las personas que por su soberbia son causantes de discusiones, pleitos, problemas, etc…, pero en cambio, Dios se agrada de las personas humildes, porque son las que saben actuar adecuadamente en cualquier situación ante otras personas.  Y a estas personas humildes, Dios les da “gracia”, es decir, los hace muy agradables delante de los demás, para que sean personas que con su influencia mejoren las relaciones de amistad, trabajo, servicio, compañerismo, convivencia, etc…

   En otras palabras, lo que Dios espera de nosotros es que siempre tengamos un cambio de actitud enfocado hacia la humildad.  San Pablo les decía a los Filipenses: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).  En esa exhortación del apóstol Pablo, es clara la explicación que cuando una persona no es humilde, es capaz de hacer hasta las cosas que corresponden a la obra de Dios solamente “por contienda”, es decir, solamente por querer demostrar que es mucho mejor que los demás; también es capaz de hacer algo que corresponde a la obra de Dios solamente “por vanagloria”, es decir, solo para presumir que ha hecho algo, y en esta actitud menosprecia lo que otros hacen.  Cuando alguien tiene un carácter como éste, las relaciones no están centradas en el evangelio sino solamente en el interés de uno.

   Amados hermanos, es nuestra responsabilidad cambiar radicalmente nuestra actitud personal, dejando cualquier práctica incorrecta, y adoptando un carácter de humildad.  Esto es lo que favorece que nuestras relaciones humanas, porque la humildad es un principio centrado en el evangelio.  En todo lugar donde las personas interactúan unas con otras con humildad, hay armonía, paz, gozo, servicio, comprensión, y mucho más.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos: 1) tengamos cuidado con lo que decimos al hablar; 2) ataquemos no a las personas sino solamente a los problemas desde la misma raíz, que seguramente podría estar más en nosotros que en los demás; y 3) cambiemos radicalmente nuestras actitudes personales, y seamos cada vez personas más humildes, pues la humildad es un alto valor que cuida nuestras relaciones humanas.  Acerca de todo esto, nuestro Señor Jesucristo es nuestro supremo ejemplo.  Pongamos en práctica lo que de él hemos aprendido.

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