LAS FELICIDADES DE LA NAVIDAD PARA NUESTRO DOLOR, Por: Diego Teh.

LAS FELICIDADES DE LA NAVIDAD PARA NUESTRO DOLOR.

 Lucas 2:8-14.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, el martes de navidad 25 de diciembre 2018, en la funeraria Quevedo (66 x 65 y 67) de la colonia Centro, de Mérida, durante el velorio del hermano A.I. Pedro Pablo Poot Pat, extesorero recientemente de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; y tesorero vigente del H. Presbiterio del Mayab, A.R.

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   INTRODUCCIÓN:  Estimados hermanos y familiares de nuestro don Pedro Pablo Poot Pat, hoy es el día marcado en nuestro calendario como el día de Navidad, pero no solamente hoy es navidad.  En el calendario litúrgico que utilizamos las iglesias cristianas, navidad es una temporada que comienza el día 25 de diciembre y termina el 5 de enero para dar paso a otra temporada litúrgica.  Son realmente 12 días de la temporada litúrgica de navidad.  Sin embargo, la eficacia de la navidad en la vida de una persona comienza cuando esta recibe a Jesucristo, acto que se interpreta como la llega de Jesucristo no al mundo sino al corazón humano.  En este caso, la navidad no es un día, ni una estación litúrgica sino un comienzo sin fin, la cual ni siquiera la muerte la puede interrumpir.

   Algunos detalles que observo con respecto a los 12 días de la temporada litúrgica de la navidad, es que casi nadie la tiene en cuenta, pues en la mentalidad popular de la mayoría de la gente, pero no de los cristianos, muy pronto se olvidan de la navidad con las bromas del 28 de diciembre por causa de la tradición mal enfocada del conocido día de los santos inocentes.   Además, a solamente 6 días del día 25, día del inicio de la navidad, llega el 31 de diciembre, el último día del año.  Me parece que en este caso, hasta la gran mayoría de los mismos cristianos, nos olvidamos de la navidad, pues nuestra mente se enfoca más en el autoanálisis de lo aprovechado y lo desperdiciado durante el año que concluye; y aunque nuestras mentes están pensando en cosas correctas como nuestras metas para el año siguiente, tendemos a no tener presente el significado y valor de la verdadera navidad que todavía está vigente.  No es que sea malo despedir el año que finaliza, y emocionarnos por el año nuevo, pero deberíamos tener viva en nuestra mente y experiencia que Jesucristo ha nacido no solamente en el mundo hace 2018 años, sino también en nuestros corazones desde el día en el que creímos en él.

   Lamentablemente, hay cosas que opacan, neutralizan, y nos distraen de la navidad.  Pero, lo que hoy quiero decirles, especialmente a doña Nery, madre de nuestro hermano Pedro; a doña Bella, su ahora viuda; a sus hijas Janet, y Cinthia; a todos sus demás familiares; así como a todos los creyentes en el Jesucristo de la navidad; es que no dejen que el inesperado y sensible fallecimiento de nuestro hermano Pedro Pablo, les haga no disfrutar la navidad de todos los días.  A pesar de esta triste experiencia, que el Cristo de la navidad, les fortalezca para superar esta aflicción del alma que precisamente hoy les ha tocado.

   Una de las frases que quizá todos nos decimos mutuamente en estas épocas es: FELIZ NAVIDAD, o simplemente decimos o nos dicen: ¡FELICIDADES!   Hoy, quizá ustedes no quisieran escuchar estas palabras que otros hermanos tenemos ganas de decirles, pero al mismo tiempo no queremos que ello les vaya a indignar pensando que no les comprendemos; porque no es así nuestra intención o manera de pensar, pues queremos que las FELICIDADES de la navidad, felicidades provenientes de Jesús, transformen su dolor en alegría, en fe, y en una viva esperanza.   Por esta misma razón, en este momento, me propongo compartirles brevemente estas sencillas reflexiones que casi espontáneamente titulé como: LAS FELICIDADES DE LA NAVIDAD PARA NUESTRO DOLOR.

   La primera felicidad para nuestro dolor que deseamos transforme el dolor de ustedes en alegría, es:

I.- EL GOZO DE LA NAVIDAD.

  Cuando Jesús nació, un ángel se lo comunicó privilegiadamente a unos pastores de ganado en los alrededores de la aldea de Belén de Judea.   A ellos, “… el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: / que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10,11).  Solamente el anuncio del ángel debió tener hacer que aquellos pastores sientan un gozo inefable por aquel extraordinario nacimiento; pero el verdadero gozo no radicaba en las palabras de aquel ángel, sino en el mismo niño Jesús quien introdujo en este mundo con su propia persona el gozo que Dios envió al mundo a través de él.  Todo aquel que creyó en él, aun desde su infancia, niñez, adolescencia, juventud, tiempo de ministerio, y todo aquel que cree en él aun ahora que se encuentra en el cielo sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, experimenta un gozo indecible.

   A los que creemos en Cristo, no importando las circunstancias adversas que nos toque vivir, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes con las siguientes palabras: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4), o como dice la versión DHH “Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!” (4:4). El Señor al que se refiere San Pablo, es nada menos que al Jesús de la navidad, el introductor del gozo de la navidad.  Es nuestro Señor.  Es el Señor de don Pedro.  Es el Señor de ustedes.  Él vino a este mundo, y realmente ha venido a nuestra vida para que recibamos, sintamos, y vivamos su gozo.

   Ante la situación de la muerte física de nuestro hermano Pedro Pablo Poot Pat, él ya ha entrado en el gozo eterno de Jesucristo (cf. Mateo 25:21,23).  Ahora, los que quedamos podemos recibir el consuelo y la fortaleza de Dios, apropiándonos precisamente del gozo del Jesucristo de esta navidad, gozo que se obtiene creyendo que de entre todo lo que existe, él es el único que libra de la condenación eterna.

   La segunda felicidad para nuestro dolor que deseamos transforme el dolor de ustedes en alegría, es:

II.- LA SALVACIÓN DE LA NAVIDAD.

  Como ya he citado antes, las “nuevas de gran gozo” que anunció aquel ángel consistió en la siguiente buena noticia: “… que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11).  El anuncio fue totalmente claro.  Había nacido “un Salvador”, no un ser ordinario común y corriente como nosotros y entre nosotros.  Es el que sería no solamente salvador de los israelitas, sino de todas las naciones incluyéndonos a nosotros.  En realidad, se trata del auténtico y único Salvador que Dios envió a este mundo, pues el salvador que siempre necesitamos no podría surgir de ninguna otra parte.  Esa fue la buena noticia tan especial que nunca había sucedido, ni sucederá otra vez.

   Con respecto a este salvador “que es CRISTO el Señor”, desde meses atrás, otro ángel o quizá el mismo, le había traído un encargo a José diciéndole que cuando naciera de su prometida María: llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).  Jesús fue enviado para ser el salvador.  Esta es otra felicidad de la navidad, que se hace eficaz en los seres humanos cuando somos verdaderamente salvos por él.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros los creyentes en Jesucristo contamos con esta felicidad navideña de la salvación, porque somos salvos por este Jesús de la verdadera navidad de la gracia de Dios.  Eso es una felicidad para nosotros.  Nuestro hermano Pedro Pablo Poot Pat, también fue salvado por el Jesucristo de esta navidad.  Esa fue su felicidad desde el día que creyó en él, hasta sus últimos momentos aquí en la tierra.  Todo el servicio que prestó a la iglesia, al H. Presbiterio del Mayab, lo hizo por esta grandiosa felicidad que recibió de Jesús.  Hoy que la partida de nuestro hermano Pedro deja a ustedes su familia con un sentimiento de dolor y tristeza por su ausencia, deseamos de todo corazón que la experiencia de salvación que nos trajo Jesús, les consuele y fortalezca desde hoy y siempre.

   La tercera felicidad para nuestro dolor que deseamos transforme el dolor de ustedes en alegría, es:

III.- LA PAZ DE LA NAVIDAD.

   Cuando él ángel anunció a los pastores que Jesús había nacido, dice la narración que nos comparte San Lucas: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: / ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13,14).  No hay duda de que Dios merece toda la gloria, y que tanto nosotros los seres humanos, así como los ángeles del cielo tenemos la obligación de darle a Dios toda la gloria.

   Pero un detalle de aquella multitud de ángeles que visitaron a aquellos pocos pastores de los alrededores de Belén, es que entre su canto decían “en la tierra paz”.  La vida del ser humano muchas veces agitada, estresada, agobiada, afligida, y hasta a veces deprimida, necesita PAZ.  El mundo, desde aquella primera navidad estaba recibiendo al único ser totalmente capaz de traernos una paz especial como el mismo aseguró cuando a sus discípulos les dijo: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27).

   Amados hermanos, hoy y ahora, todos necesitamos la paz del Cristo de la navidad de Dios.  Nuestro hermano don Pedro, la recibió en su momento, la disfrutó durante toda su vida.  Ustedes sus familiares conocen esa bendita paz que les ha estado produciendo otras muchas bendiciones en su propia familia.  Ahora, después de esta experiencia de la partida de don Pedro, deseamos que Dios siga engrandeciendo su paz en ustedes.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, somos los seres humanos más benditos de este mundo, al habernos escogido Dios para regalarnos las felicidades de su gozo, su salvación, y su paz por medio de su Hijo nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Dejen ustedes que este mismo Jesús sea el consolador de sus corazones, pues ustedes al igual que nosotros que creemos en Jesucristo, tenemos “una esperanza viva” que es real (cf. 1 Pedro 1:3).  Que Dios les bendiga.

   

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