LECCIONES QUE NOS URGE APRENDER, Por: Diego Teh.

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LECCIONES QUE NOS URGE APRENDER

Lucas 16:19-31.

Predicado por primera vez el viernes 04 de Abril del 2014, a las 9:00 horas, por el Pbro. Diego Teh Reyes, durante el sepelio del hno. Nicolas Cohuó Tun, en el panteón general de la ciudad Mérida, Yucatán.

 

     INTRODUCCIÓN:      Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro Magno el impresionante e histórico conquistador y emperador griego, convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos: 1) Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los propios médicos de la época.   2) Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas… ), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y…   3) Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.   Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.   Alejandro contestó al general:   1) Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.   2) Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.   3) Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos[1].

   Fueron muy interesantes las tres peticiones de aquel emperador Alejandro, puesto que los seres humanos vivimos no teniendo siempre presente nuestras limitaciones.  Vivimos como si fuéramos los todopoderosos no conscientes de que una enfermedad puede ser más poderosa que nuestra humanidad, y todo lo que hemos poseído de nada nos servirá, pues ni a la tumba ni a la eternidad los llevaremos.

   Las palabras que nuestro Señor Jesús narró en una ocasión a la gente que le escuchaba, y que utilizaré en el presente mensaje, nos habla de un personaje que lamentablemente aprendió muchas cosas pero hasta después de su muerte; y que a nosotros nos indica las lecciones que a todos los seres humanos nos urge aprender antes de que llegue el momento en que se acabe nuestra vida, porque una vez acabada nuestra vida será demasiado tarde darse cuenta.  // ¿Cuáles son las lecciones que debemos aprender mientras vivamos?   //   Observemos paso a paso la narración de Jesús, e iremos descubriendo esas importantes lecciones.

La primera lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

I.- QUE VIVIR ALEJADO DE DIOS NOS DEJA FUERA DE LO CELESTIAL.

   Jesús comienza narrando un caso de la siguiente manera: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día ban­quete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba sa­ciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las lla­gas. Aconteció que murió el mendigo, y fue lle­vado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (vv. 19-23 ).

   Lo primero que observamos de esta narración de Jesús es que cada uno de los dos personajes: el mendigo, y el rico, tuvieron distintos destinos eternos.  El mendigo “fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”, y el rico, de él se nos dice simplemente que fue sepultado, y que “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”.   A simple vista parece que el mendigo finalmente por haber tenido una vida miserable pues ahora tendría la gloria, y parece que el rico por haber tenido una vida espléndida ahora tendría su merecido castigo; pero ni la pobreza sirve como mérito para la gloria, ni la riqueza para ser castigado.  El caso aquí tiene que ver con la manera cómo ambos tuvieron a Dios en sus vidas.  De nada sirve ser miserable en esta vida pero vivir sin Dios, pues finalmente también acabaríamos como aquel rico; pero también si uno es rico y uno vive sincronizado con la voluntad de Dios y obediencia a Él, tampoco terminaríamos en el lugar de tormentos.  Todo tiene que ver con nuestra actitud hacia Dios.   El rico fue al lugar de tormento no por rico ni por sus festejos sino por vivir olvidado de Dios y el prójimo.   El mendigo fue al seno de Abraham no por mendigo sino porque a pesar de las cosas que no tuvo aquí en la tierra, vivió siempre tomando en cuenta a Dios en su vida.   Así nos queda claro entonces, que el que vive sin tomar en cuenta a Dios, queda fuera de lo celestial como dijera Jesús en una ocasión: Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:38).

   Mis estimados oyentes, lo siguiente que les voy a decir, es algo que todos hemos escuchado constantemente luego que alguien fallece.  La gente suele decir: “Ya se fue con Diosito”; “ya está en el cielo”, “se lo llevó el Señor”, “Dios lo tenga en su gloria”, “ya descansó en paz”, y otras expresiones más; pero nunca he escuchado frases como “Ya se fue al infierno”, “se lo llevó el demonio”, “está con el diablo”, y “pobre, seguirá sufriendo en el infierno”, etc…  Sin embargo, Jesús relata que esa es la realidad de tanta gente que se pierden lo celestial por causa de una vida olvidada de Dios.   Hemos estado afirmando que Nicolás ahora se encuentra con Dios, porque manifestó cumplir el requisito de permitir que Jesucristo y su Espíritu Santo tomen el control de su vida, y hasta el último momento de su vida manifestó mantenerse en la fe salvadora en Jesucristo.  Sin embargo, Dios que juzga los corazones, si lo ha hallado con fe en su Hijo, entonces es verdad que él no ha quedado fuera de lo celestial sino en el pleno gozo de ese sublime lugar.

   Estimados amigos y familiares, ahora que todavía están con vida es urgente que  crean en Jesucristo como el único que puede salvar al ser humano de no ir a las llamas del infierno sino a la gloria celestial.; porque si creen hasta ver la realidad del tormento eterno, ya será demasiado tarde para sus almas.

La segunda lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

II.- QUE EL TORMENTO ETERNO NO ES FICCIÓN SINO UNA REALIDAD.

   Jesús continúa su relato diciendo: “y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abra­ham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormen­tado en esta llama” (vv.   22b-24).

   El apóstol Pablo en su carta a los Romanos les explicó que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Esta es la realidad de todo pecador, el ser echado, sacado, expulsado de la gloria de Dios.   Si entonces no hay gloria para él, el otro destino al cual se dirige es el infierno.   No podemos eliminar de la Biblia todas las referencias al respecto de la existencia de ese cruel destino, pero aunque alguien se atreviera a quitarlas, la realidad no cambiaría.   Existe, y es oportuno ahora que vivimos, hacer lo que Dios indica para evitar ir a las llamas ardientes del infierno.   Existen religiosos que afirman que Dios es amor por lo tanto no puede permitir que una de sus criaturas perezcan para la eternidad, pero olvidan que Dios también es justo y está en su derecho de dar a los pecadores lo que justamente merecemos.   Sin embargo, aunque no merezcamos nada de él, ha querido que por medio de la fe en su Hijo Jesucristo, evitemos ir al tormento eterno, y vayamos a su gloria eterna llena de paz, felicidad, y muchas bendiciones más.

   Las palabras de Jesús relatándonos que aquel rico se vio estando en tormentos”, son la explicación de que tal lugar no es ficción, sino que es real, pero que usted y yo podemos evitar ir en sus llamas.   Hoy, estamos seguros que si Nicolás puso su fe salvadoramente en Jesucristo, hoy no está en el infierno tormentoso con llamas (v. 24), sino como aquel pobre que en vida recibió tantos males, se encuentra por su fe en Jesucristo en el hogar celestial “consolado” (v. 25).   Lamentablemente, el rico del relato de Jesús, se dio cuenta de que no es mentira la existencia de ese lugar, pero demasiado tarde hasta que ya se encontró allí.

   Estimados amigos y familiares no vivan pensando que no existe el lugar de sufrimiento eterno, no le crean a los que dicen que si Dios es amor no puede atreverse a hacer eso con sus criaturas, no esperen comprobarlo hasta que alguno de ustedes se encuentre allí lamentando no haber hecho caso a las enseñanzas de Jesucristo.  Urge que cada uno aprenda ahora, no cuando sea demasiado tarde que lo que Dios reveló por medio de su Hijo Jesucristo acerca de dicho lugar, es cierto.

La tercera lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

III.- QUE SOLAMENTE HAY UNA OPORTUNIDAD DE SALVACIÓN.

   Dentro de las explicaciones que “Abraham” (nombre con el que se representa a Dios) presenta al rico para aclararle que si ya está en las llamas tormentosas, no hay manera de salir de allí sino que allí se quedará para la eternidad, le dice: “Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (v. 26).   Estas palabras son de seguridad para aquellos que somos creyentes en Jesucristo, pues nos asegura que si ya estamos en el hogar celestial, ya nada nos podrá hacer salir de allí para perder lo recibido, pues ¿quién desearía perder los beneficios celestiales a cambio de tormento?.

   Creo que todos saben que también ha existido la enseñanza equivocada de que si un familiar nuestro muere y es muy probable que no haya ido al cielo sino al infierno, usted todavía puede hacer una serie de rezos u oraciones, y a veces pagar que se oficie un culto religioso o misa a favor de su alma, y entonces podrá salir de las llamas del infierno para pasar de allí al cielo donde Dios le recibe para recibir el consuelo necesario.  Sin embargo, nuestro Salvador y Maestro de nuestra fe, Jesucristo, nunca enseñó tal cosa.  El enseñó que para ambos grupos, desde la perspectiva de “Abraham” desde el cielo, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá”.

   Estimados amigos y familiares, la salvación de nuestras almas solamente se da en una oportunidad, y es ahora que usted y yo estamos vivos.  Una vez que usted se encuentre allí, ni un ser humano podrá sacar su alma de las llamas del infierno, ni un religioso, ni un clérigo, ni un ministro por más consagrado que este sea.  Es por eso que urge que usted aproveche esta única oportunidad de salvación ahora que usted está vivo.

La cuarta lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

IV.- QUE EL LUGAR DE TORMENTO PUEDE SER EVITADO.

   Una de las peticiones del rico a Abraham (un nombre simbólico para Dios en este relato), fue: “Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco her­manos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (vv. 27,28).   Esto nos indica que el rico al reaccionar dentro de su nueva realidad eterna de tormento, se dio cuenta que ese lugar es indeseable para un alma, y se preocupó por el resto de su familia.  Quería que alguien salga de la eternidad y vaya a testificarles de la experiencia eterna a sus cinco hermanos, a fin de que ellos no vayan también al terrible lugar donde se encontraba su hermano rico.   Su reflexión, aunque ya demasiado tarde le hizo pensar que sí se puede evitar caer en tan indeseable destino, decisión que no tomó cuando estaba en vida, pero a pesar de que él ya no puede salir de allí,  quiso que su familia tome la decisión correcta para evitar ir al tormento eterno.

   Esta verdad descubierta por aquel rico, de que se puede evitar caer en el “lugar de tormento” debe servirnos para abrir oportunamente nuestros ojos a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, para el bien de nuestra propia alma y para el bien terrenal y eterno de nuestras propias familias.  No importa que las doctrinas enseñadas por los falsos maestros nos digan que no es verdad que existe el infierno.  Lo mismo pensó aquel hombre rico pero se dio cuenta demasiado tarde de que es verdad la existencia del lugar de tormento eterno, y no hizo lo necesario para evitar caer allí.   Ahora es tiempo de preocuparnos de nuestra salvación y la de nuestra familia.  Nuestro amigo y hermano Nicolás comprendió esta grande responsabilidad por la que no se avergonzó de declararse creyente de las enseñanzas de Jesucristo, y encargó a su familia que siguieran las enseñanzas de Jesús.

   Nancy, Yahaira, Doña Victoria, Don Anatolio, Angela, Abigail, les invito a que hagan caso al consejo que les diera Nicolás, de que se preparen no solamente para enfrentar la vida presente, sino también para la eternidad.   No esperen que sea demasiado tarde.  Urge que sigan a Jesús y crean en él como su Salvador y Señor.   Si necesitan alguna ayuda para aclarar sus dudas, cuentan conmigo para mostrarles directamente de la Biblia las verdades de Dios que sirven para evitar la condenación eterna.

 La quinta lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

V.- QUE OBEDECER LA PALABRA DE DIOS LIBRA DEL TORMENTO.

   Un detalle más en el relato de Jesús que voy a enfatizar en este momento es la respuesta que el rico recibió acerca de su petición de que alguien fuera enviado a la tierra para avisar a sus cinco hermanos.   La respuesta no fue la que él esperaba, sino que le dijeron: “… A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos” (v. 29).   Aquí Jesús estaba enseñando a sus oyentes que es verdad que una persona puede evitar el tener una desagradable eternidad, pero para ello no tiene que recurrir a cosas metafísicas, esotéricas, sino que para ello es suficiente que oigan a Moisés y a los profetas.   Pero, ¿qué significa oir a Moisés y a los profetas?.  Moisés había muerto hace ya como 1500 años atrás, y la mayoría de los profetas hace como 400 años atrás, excepto el último profeta más reciente que llevaba unos pocos meses atrás que fue decapitado; pero Abraham (Dios) le dijo al rico que sus hermanos “tienen” a esos hombres de Dios, y que todavía los pueden oir.   La explicación es la siguiente: Moisés es el autor de los primeros cinco libros, y los profetas son los autores del resto de los libros de las Sagradas Escrituras existentes en la época de Jesús; y con eso Abraham (Dios) en el contexto de la época de Jesús estaba diciendo que tienen la Palabra revelada de Dios para escuchar las cosas que se deben obedecer para que los hermanos del rico (y cualquier otra persona) tras la muerte, eviten ir al lugar donde el rico se encontraba en ese momento perdido para siempre.

   Estimados amigos y familiares, hoy más que nunca salen a relucir las ideas e imaginaciones de las personas aún para las cosas que deben ser creídas para la práctica de una fe correcta en Dios.  Pero, Jesús nos enseña que la Palabra revelada a través de las Sagradas Escrituras, contiene lo necesario y suficiente para prepararnos para la eternidad.  Les invito en nombre de Jesucristo que no se dejen engañar por imaginaciones e invenciones humanas, sino que fundamenten en la palabra de Dios todo lo que creen.  Si Dios lo dice así es, si lo dice un ser humano por su propia autoría eso no es cierto.  Urge aprender lo que Dios enseña en su palabra, pues de otro modo no conocerán el camino.

 La sexta lección que debemos aprender mientras vivamos, es:

VI.- QUE EL ARREPENTIMIENTO ES NECESARIO EN EL SER HUMANO.

   Para concluir la enseñanza de Jesús, nos relata que el rico no estuvo de acuerdo con que las Sagradas Escrituras deben ser oídas.  Dijo el rico atormentado: “… No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepen­tirán” (v. 30).   Las mismas palabras de este hombre atormentado nos indica que hay un requisito importante para no ir al lugar donde él se encontraba: El arrepentimiento.   El seguía pensando que quizá una manifestación sobrenatural del más allá haría que sus seres queridos se arrepientan para no ir a la tormentosa eternidad que les espera.  Pero, ¿qué es el arrepentimiento?  Arrepentimiento es dar la media vuelta al camino equivocado que uno está llevando en la vida y caminar de regreso hacia Dios a quien le habíamos dado la espalda con nuestra conducta.   Así, entendemos que este hombre aprendió demasiado tarde que debió vivir arrepentido, o sea que debió regresar a Dios antes de que llegara el momento de enfrentar la eternidad; pero nos deja a nosotros la enseñanza de una gran verdad: Que el arrepentimiento es necesario para el ser humano, pero el arrepentimiento que se enseña en la palabra de Dios, por eso Abraham (Dios) le confirma al rico que “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se per­suadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (vv. 30-31).

   Estimados oyentes, hoy es oportuno aprender que nadie entra al hogar celestial si estando en vida no caminó rumbo hacia Dios.  El que camina en rumbo opuesto hacia Dios solamente se va a encontrar con el hogar infernal, a menos que se arrepienta y camine rumbo hacia Dios.  Estimados familiares de Nicolás: viuda, hija, padres, y hermanos de él, gracias a Dios que ustedes han dado el paso de volver a caminar rumbo a Dios.  Les animo a que sigan caminando hacia Dios por medio de su Hijo Jesucristo por amor de sus almas, para que algún día en la eternidad nos encontremos hermanados por el amor de Dios, recibiendo juntos y unidos el consuelo eterno que ahora todos necesitamos en nuestras vidas.

     CONCLUSIÓN: Quiero concluir citándoles otro versículo de la Biblia que dice: “…He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).  NO dejen pasar ni un solo día más de sus vidas sin tomar en cuenta a Dios, Su Palabra, y a Su Hijo Jesucristo en sus vidas.  Que Dios les bendiga y siga consolando grandemente en esta ocasión muy dolorosa en nuestras vidas como familia, ahora que despedimos a Nicolás, nuestro hermano en la fe cristiana, y nuestro familiar en la sangre, y un buen compañero de trabajo entre los policías que hoy se conduelen con nosotros.

   

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