EL DESAFÍO DE CENTRALIZAR LA VIDA EN CRISTO.

EL DESAFÍO DE CENTRALIZAR LA VIDA EN CRISTO.

Salmo 2:1-12;

1 Corintios 7:17-31.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 10 de marzo 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 10 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN:  Los que predicamos tenemos la responsabilidad de presentar a Cristo a partir de cualquier porción de la palabra de Dios tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento, ya sean palabras dichas por un profeta, por Jesucristo mismo, o por un apóstol, e incluso si se trata de alguna narración o de una poesía bíblica; pues Cristo debe ser el personaje central de toda predicación.  Acerca de estas predicaciones que cumplen el requisito fundamental de presentar a Cristo, les llamamos: predicación Cristocéntrica.  Si una predicación no presenta a Cristo, le llamamos: predicación moralista.  Pero, también la iglesia está pendiente de que toda enseñanza que aquí se imparte, e incluso que los cultos que se ofrecen a Dios, siempre sean centrados en Cristo.  En realidad, no solo la predicación, la enseñanza, y el culto de la iglesia deben estar en Cristo, sino también nuestras convivencias, nuestras reuniones, nuestras organizaciones, nuestros ministerios, y todas las áreas de la vida de la iglesia.  Pero, no solamente la operatividad de la iglesia centra su vida en Cristo, sino también cada uno de los creyentes a nivel familiar, matrimonial, y personal.

   Aunque la temática principal de todo el capítulo de 1 Corintios 7 trata acerca de problemas en el matrimonio, también contiene enseñanzas que tienen que ver con la centralidad de Cristo en la familia, en el matrimonio, y en la vida personal de los creyentes.  Es con respecto a estas áreas de la vida que hoy les estaré predicando: El desafío de centralizar la vida en Cristo.

   De manera específica, lo que ahora les voy a predicar es que: Los creyentes debemos evitar cometer los ERRORES que solo aparentan que estamos centrados en Cristo cuando no es así. / ¿Cuáles son los ERRORES que debemos evitar cometer porque solo aparentan que estamos centrados en Cristo, cuando no es así? / A través del texto bíblico de 1 Corintios 7:17-31, el apóstol Pablo menciona algunos de los ERRORES que debemos evitar cometer porque solo aparentan que estamos centrados en Cristo cuando no es así.

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   El primer ERROR que debemos evitar cometer porque solo aparenta que estamos centrados en Cristo, cuando en realidad no es así, es:

I.- PENSAR QUE, POR RECIBIR LOS SACRAMENTOS, O POR SOLO ASISTIR A LOS CULTOS, UNO ESTÁ CENTRADO EN CRISTO.

  Observemos en los versículos 18 y 19 que el apóstol Pablo dice: “¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. / La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios” (1 Corintios 7:18-19).  Para entender estas palabras, hay que saber que la circuncisión ritual a la que se refiere el apóstol Pablo, es la que, desde hace unos 2000 años antes de Pablo, Dios le dijo directamente a Abraham que tenía que hacerlo él y todos sus descendientes a sus hijos como señal de que estaban de acuerdo con Él de Él que tomaría en cuenta a los hijos de todos sus descendientes como parte de su pueblo (cf. Génesis 17:4-8).  Esta instrucción aplicaba también para los extranjeros que no eran israelitas si estos, aunque no se fuesen israelitas aceptaban formar parte del pueblo de Dios (Cf. Génesis 17:12-13).  Dos mil años después de Abraham, durante el inicio de la expansión del evangelio fuera del territorio de los israelitas cuando se comenzaron a convertir a Cristo los extranjeros no israelitas, más identificados como gentiles, hubo alguna discrepancia entre los judíos e israelitas acerca de si los varones gentiles ahora deberían someterse a la circuncisión ritual para ser parte de la iglesia de Jesucristo.  Algunos judíos cristianos equivocados, que fueron conocidos como los judaizantes (aunque también había judaizantes no cristianos), promovían que los no israelitas extranjeros se circunciden como condición para aceptar la fe en Cristo, pero la verdad era que aquel rito ya no era necesario a partir del ministerio redentor de Cristo.

   Desde los tiempos de Abraham, hasta los tiempos de Jesús, la circuncisión fue el sacramento de iniciación para ser parte del pueblo de Dios, pero en un concilio realizado en Jerusalén, según Hechos 15, se determinó que ya no hay necesidad que nadie ni judío ni gentil se tenga que someter a la circuncisión para aceptar la fe en Jesucristo para entonces pertenecer al ahora pueblo renovado de Dios, la iglesia.  Por eso, el apóstol Pablo les dice en el versículo 19 que: “La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios”.  El rito que antes tuvo valor para pertenecer al pueblo de Dios, ahora con Cristo ya no tendría ningún valor para ello.  Ahora, para pertenecer a la iglesia, el nuevo pueblo de Dios, es la fe en Cristo, y el nuevo sacramento del bautismo que sustituyó la circuncisión.  Pero, para estar centrado en Cristo se requiere más que recibir la ministración de un sacramento.

   Amados hermanos, en la actualidad hay muchas personas que, por haber sido bautizados, y que por recibir la Cena del Señor por lo menos una vez al mes, piensan que ya con eso están suficientemente y totalmente centrados en Cristo.  Si bien los sacramentos son los medios de gracia por medio de los cuales los creyentes nos acercamos a Cristo, los sacramentos en sí no son Cristo mismo, así que nuestro acercamiento a Cristo a través de ellos, son solamente un acercamiento parcial, pues recibir los sacramentos es algo que ocurre solamente durante unos cuantos minutos en la iglesia, pero centrarse en Cristo es algo que debe ocurrir durante toda la vida, por lo que se trata de un asunto más allá de un rito, y aún más allá de la iglesia.  Se necesita del sacramento que se ministra en unos cuántos minutos, pero también se necesita del culto que dura poco más de una hora, aunque tampoco con ello significa que por haber estado en el culto ya estamos totalmente centrados en Cristo, mucho menos si uno solamente llega al culto de manera eventual cuando a uno le convenga, como algunos hacen al solamente llegar a los cultos porque tenían un compromiso con alguien, o solamente porque tendrían alguna participación, y de allí se asoma de nuevo solamente cuando tenga otra ocasión de conveniencia.

   Tanto el culto como los sacramentos son importantes, pero solamente son elementos de una pequeña parte de una vida centrada en Cristo, no es todo lo que se tiene qué hacer. Se necesita, una vida de constante crecimiento en la gracia mediante el aprendizaje de su evangelio solo y con los demás creyentes; se necesita testificar de la gracia y poder salvador de Cristo, solo y con la iglesia; se necesita servir en nombre de Cristo a la iglesia y a los perdidos, solo y con los demás creyentes.

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   El segundo ERROR que debemos evitar cometer porque solo aparenta que estamos centrados en Cristo, cuando en realidad no es así, es:

II.- MANIFESTAR CREER EN CRISTO, PERO DESPUÉS CONDUCIRSE SEGÚN LA POBREZA O LA RIQUEZA.

   En los versículos 21 al 24 el apóstol Pablo les dice a los Corintios: “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. / Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. / Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. / Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios” (1 Corintios 7:21-24).  Estas palabras, además de la realidad de la esclavitud de aquellos tiempos, tienen que ver con la condición económica.  El “esclavo”, viene a ser equivalente del pobre de la actualidad que se ve en la necesidad de redoblar sus esfuerzos de trabajo para sacar adelante a su familia, o por lo menos para que él mismo logre sobrevivir.  Quizá esta es la situación de algunos de los que se reúnen en esta iglesia.  Estos son creyentes sinceros, reales, pero cuando ven que el dinero no hay, o cuando hay oportunidad de tener un poco más, son capaces de abandonar el culto, olvidar el día del Señor, dejar de confiar en la provisión de Dios, y entonces van a preferir dedicarse a otras cosas en la que ponen su esperanza para superar su condición económica.  El “libre”, podría tratarse de uno que estaba en la condición de amo o patrón, o que solamente era próspero en lo económico, y que no tenía las mismas preocupaciones que el pobre o esclavo.  Es el equivalente de lo que, en la actualidad, socialmente le llamamos clase media, media alta, o clase alta, o los ricos (si usted quiere). Pero, igual, estos, por su mismo dinero, se olvidan de darle culto a Dios, de comprometerse con la obra de Dios por medio de su iglesia, y prefieren dedicarse a otras actividades, gracias a que tienen los recursos necesarios que les hace sentirse seguros, pero no en Cristo, sino en el dinero.

   Pero, hay dos frases en estos versículos que indican que ambos, pobres o ricos (o más pudientes), deben tener la vida centrada en Cristo.  Las frases son, que el esclavo o el pobre al creer en Cristo según el versículo 22 “liberto es del Señor” (observe usted que la frase termina diciendo: “del Señor”); y el que era libre ahora al creer en Cristo, según el final del mismo versículo “esclavo es de Cristo” (observe usted que la frase termina diciendo: “de Cristo”).  La vida centrada en Cristo de un esclavo, o sea, pobre, no debe ser de preocupaciones sino de plena confianza en Dios de que Él va a proveer para sus necesidades, entonces tiene como deber no olvidarse del día del Señor para su culto y para dedicarse a obras de misericordia, y donde sea que se encuentre no debe olvidarse que está al servicio de Cristo.  Lo mismo para el que es libre, pudiente, o rico, para centrarse en Cristo ya no debe centrarse en sus riquezas o en su avaricia como metas de su vida, porque ahora que es creyente, es también “esclavo de Cristo”; por lo tanto, no debe abusar de las bendiciones que Dios le ha concedido, olvidándose de sus deberes para con Cristo y para con su Iglesia.

   Amados hermanos, cuando alguien viene a la santísima fe salvadora en Cristo, uno pasa a pertenecer a Cristo, uno está en Cristo, y uno debe seguir centrado en Cristo en todos los aspectos de su vida, sea pobre o sea rico.

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   El tercer ERROR que debemos evitar cometer porque solo aparenta que estamos centrados en Cristo, cuando en realidad no es así, es:

III.- PROCURAR CASARTE, LO CUAL NO ES MALO, PERO OLVIDANDO QUE HAY UNA NECESIDAD APREMIANTE.

   Ahora, el apóstol Pablo dedica unas palabras tanto a las solteras, como a los solteros.  A ellos, les escribió diciéndoles: “En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. / Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. / ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte.” (1 Corintios 7:25-27).

   La recomendación para ambos, no es que no se casen, sino que, “a causa de la necesidad que apremia” (v. 26) que “No procures casarte” (v. 27), pero quien decida casarse, adelante, pues les explica: “Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar” (1 Corintios 7:28).  Una razón para recomendarles no casarse, por lo menos para no casarse pronto, era por la necesidad apremiante de extender el evangelio en todas partes de la ciudad de Corinto, así como hacia otras ciudades del imperio de aquel entonces.  Sin embargo, en la actualidad, aunque los solteros y las solteras ocupan más tiempo en la escuela o quizá en el trabajo, siempre tienen disponibilidad y ventaja para dedicar más tiempo que los casados y con hijos para salir y dedicar tiempo para compartir la fe en Cristo a otras personas, y en otros lugares; sin embargo, los casados y los que tienen hijos para atender, no por ello están libres de apoyar la expansión del evangelio.

  Jóvenes, además de asistir a los cultos; además de reunirse como jóvenes; además de recibir el sacramento de la Cena del Señor; además de hacer amigos; además de andar de enamorado(a) y con novio(a), y planeando casarte, lo cual no pecas por ello; es necesario que en todas las áreas de tu vida tal como la escuela, el hogar, el trabajo, y tus recreaciones tomes en cuenta a Cristo; y además es necesario que compartas tu fe en Cristo. Es esa “la necesidad que apremia”.  Esto es parte importante del estar centrado en Cristo, lo cual San Pablo insiste de que los no casados deben ocuparse en hacer, si en realidad profesan ser creyentes en Cristo.

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   El cuarto ERROR que debemos evitar cometer porque solo aparenta que estamos centrados en Cristo, cuando en realidad no es así, es:

IV.- SER CREYENTE EN CRISTO, PERO EN VEZ DE INVOLUCRARSE EN LA OBRA DE DIOS, UNO SE APEGA MÁS AL HOGAR.

   Ahora, el apóstol tiene palabras qué decir a los que deciden casarse.  Comienza observando las limitantes del matrimonio, diciéndoles: “Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar” (1 Corintios 7:28).  A los que han tomado la decisión de casarse, entonces San Pablo les dice lo siguiente: “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen” (1 Corintios 7:29).  San Pablo, no está diciendo que los esposos deben enajenarse de sus respectivas esposas.  Tampoco está diciendo que los esposos sean irresponsables de estar con ellas, de velar por su salud, etc…, sino que realmente por la misma causa de “la necesidad que apremia” dada a los solteros como motivo para no procurar casarse; San Pablo insiste en otras palabras que igualmente significan lo mismo cuando dice: “que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen”.

   O sea, el casado y la casada, deben incluir entre sus prioridades, el deber de involucrarse ambos en la obra de Dios, esforzándose al máximo como lo haría un soltero.  Tomar en cuenta este deber cristiano, es parte de tener una vida centrada en Cristo, al mismo tiempo que se puede administrar bien el tiempo que le dedicamos a nuestro cónyuge e incluso a nuestros hijos.  El esposo cristiano debe verdaderamente amar a su esposa, sin embargo, tiene el deber de servir en la causa de Cristo.  La esposa cristiana debe también verdaderamente amar a su esposa, y tiene el derecho y privilegio de tenerle con ella en sus tiempos después que él ha salido de su trabajo, pero ella también tiene que entender que la obra de Dios necesita del servicio de su esposo.  De no hacerlo, se hace evidente que ambos no están centrados en Cristo, sino quizá centrados en el trabajo o en el hogar, pero menos en Cristo.  Entonces, esposo y esposa, se tienen que poner de acuerdo en estos deberes, en el que lo ideal es que ambos estén comprometidos con la obra de Dios.  No puede ser que el esposo y también la esposa cristianos, sean solamente creyentes encerrados y limitados en el hogar.  Ambos deben ponerse de acuerdo de servir por medio de la iglesia, él como si no tuviese esposa, y ella como si no tuviese esposo.

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   El quinto ERROR que debemos evitar cometer porque solo aparenta que estamos centrados en Cristo, cuando en realidad no es así, es:

V.- ENFOCARNOS EN LAS COSAS PASAJERAS SIN TENER EN CUENTA QUE NO SON PARTE DE NUESTROS OBJETIVOS CRISTIANOS.

  Después de hablar del deber de los casados hacia Cristo y el evangelio, San Pablo añade una variedad de otras categorías de personas, diciendo: “y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; / y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7:30-31). Es decir, que las cosas pasajeras de la vida, no debe atrapar a ningún creyente, sino que, en todos los casos, Cristo debe ser el centro de nuestra vida.

   En estos dos versículos hay cuatro frases que indican que cuando uno es cristiano, las circunstancias de la vida no deberían absorber toda nuestra atención.  Por ejemplo, dice que “los que lloran, como si no llorasen”. Probablemente, se refiere a quienes tienen que llorar por la pérdida de un ser querido, pero en esos casos, Jesús dijo a alguien que estaba por perder o había perdido a un ser querido: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:60), o sea que antes de centrarse en llorar o en entristecerse por mucho tiempo, hay algo más urgente qué hacer en el mundo que vivimos que es anunciar el reino de Dios.

   Igualmente dice que “los que se alegran, como si no se alegrasen”.  Este fue uno de los problemas de aquel hombre rico que solía hacer banquetes todos los días con esplendidez, olvidándose tanto de Dios como de su prójimo.  Esto no puede ocurrir con uno que es cristiano. Si bien tenemos tiempo para nuestras celebraciones, el que siempre será central en nuestra vida es Jesucristo.  Luego están “los que compran, como si no poseyesen”.  A este tipo de personas se refirió Jesús en una de sus parábolas cuando ilustró la irresponsabilidad de tres hombres enfocados nada más en poseer. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. / Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. / Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir” (Lucas 14:18-20).  Esto no va con el cristiano.  Y, por último, “los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen”.  Todos nos encariñamos con muchas cosas que disfrutamos en este mundo, desde la familia, los festejos, los paseos, las vacaciones, etc… pero para el que es cristiano no podemos centrarnos en todo ello, sino que la apremiante necesidad de seguir extendiendo el evangelio se vuelve nuestra prioridad y centralidad.  Es así como llevamos una vida centra en Cristo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, hoy es el día de comenzar a centrar nuestra vida en Cristo, o re consagrar nuestra vida para volverla a centrar en él nuevamente.  La letra del himno # 327, de Fanny J. Crosby, es apropiado para ayudarnos a decirle a Jesús: “Tuyo soy Jesús”.  Dígale usted de todo corazón: “A seguirte a ti me consagro hoy, constreñido por tu amor, y mi espíritu, alma y cuerpo doy por servirte, mi Señor”.  No solamente voy a venir de vez en cuando a los cultos, no voy a tomar la santa cena, como si eso fuera todo lo que me hace haber cumplido contigo.  Si eres joven, usa tu condición civil, física, y de tiempo, para hacer mucho más por la obra de Dios.  Si usted es un hombre casado, o una mujer casada, póngase de acuerdo con su esposo cómo van a servir a Dios por medio de la iglesia.  Nadie deje que ninguna circunstancia, nos descentralice de Cristo.  La palabra de Dios, hoy nos desafía a centrar todas las áreas de nuestra vida en Cristo.

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