NECESITAS RESTAURAR TU BUENA RELACION CON DIOS, Por: Diego Teh.

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NECESITAS RESTAURAR TU BUENA RELACIÓN CON DIOS

Nehemías 8 – 10.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Dios está aquí” de Lepán, Tecoh, Yuc; el día sábado 12 de Abril del 2014; a las 19:00 horas.

 

 

   INTRODUCCIÓN: Usted está invitado(a) a participar de la mesa del Señor, si usted se encuentra en buenas relaciones con Dios y con su iglesia.   Esta es una frase que quizá ustedes han escuchado de mí, pues la utilizo muy frecuentemente casi cada vez que tengo que oficiar el sacramento de la comunión.  Con esa frase anuncio que están invitados a participar de la comunión todos y solo aquellos que se encuentran en esas buenas relaciones: con Dios y con su iglesia.  A este respecto, hay personas que son muy honestas al analizar su vida espiritual, pero también hay personas que se auto engañan calificando que se encuentran en buenas relaciones con Dios.   En la época de Jesús, los fariseos presumían con estar en buenas relaciones con Dios porque oraban aún en plena calle pero su error era que solamente lo hacían para vanagloriarse de sus propios hechos (Lucas 18:9-12); cumplían con ordenanzas como el dar cumplidamente el diezmo de sus ingresos pero no eran obedientes a Dios para ser misericordiosos con su prójimo (Mateo 23:23).  Aunque aparentaban estar en buenas relaciones con Dios, la realidad era que no lo estaban.

    De la misma manera, es muy probable que haya en las iglesias locales personas que piensan que su relación con Dios es buena cuando en realidad andan en muy mala relación con Dios.   Por ejemplo, aquellos hombres que quisieron apedrear a la mujer adúltera, tuvieron que admitir que pensaban que ellos estaban bien con Dios, pero cuando Jesús los confrontó con su realidad, no les quedó de otra que reconocer que también ellos estaban mal (Juan 8:7-10).   Aún los creyentes de esta época tenemos la tendencia de pensar que estamos bien cuando en realidad necesitamos una restauración en nuestra vida espiritual.   Solemos pensar que necesitamos restaurar a otros que han evidenciado más notoriamente sus faltas, pero no siempre pensamos que nosotros también estamos necesitando muchas veces una muy profunda restauración espiritual para estar en buenas relaciones con Dios.   Pero cuando hablo de restauración no me refiero al proceso judicial disciplinario que un tribunal impone a un infractor, sino al proceso espiritual que ocurre en el corazón de una persona que se arrepiente de sus faltas para estar en buenas relaciones con Dios.

    En los capítulos 8, 9 y 10 del libro de Nehemías, encontramos a un grupo de personas que se sentían privilegiadas de pertenecer al pueblo elegido de Dios, y más por vivir en la ciudad de Jerusalén, ciudad designada por Dios como capital de aquella nación cuyo Dios es El mismo.   Y muchos de ellos por sentirse los escogidos de Dios llevaban una vida licenciosa, libertina, siendo desobedientes a las leyes establecidas por Dios para ellos.   Pero afortunadamente un día algo sucedió en las vidas de un grandísimo número de ellos al grado que sintieron la necesidad de una restauración de sus vidas, y que puede suceder también en la vida de usted ahora mismo.   El caso de aquellos judíos nos enseña que cuando una persona se da cuenta de que le ha fallado a Dios, esta persona da evidencias de que desea restaurar su vida espiritual para poder estar en buenas relaciones con Dios.  //   ¿Qué evidencias puede demostrar una persona que desea restaurar su vida espiritual para poder estar en buenas relaciones con Dios?  //   A través de este mensaje conoceremos algunas de estas evidencias.

   La primera evidencia de que una persona desea restaurar su buena relación con Dios, se ve en que:

I.- DEMUESTRA ARREPENTIMIENTO POR HABER DESOBEDECIDO LO QUE DIOS DICE EN SU PALABRA.

   Lo primero que notamos en Nehemías 8 es que se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés” (8:1).   Esta gente decidió analizar su vida a la luz la voluntad de Dios.   Ellos eran una generación que había vivido a más de 3,000 kilómetros de Jerusalén en países babilonios, medos, y persas, donde no tenían los rollos de las Sagradas Escrituras de la Ley de Moisés, pues desde que sus padres fueron llevados a aquellos lugares, sus rollos fueron quemados, excepto pocos que se encontraban escondidos y que fueron hallados oportunamente.   Estos nuevos habitantes de Jerusalén crecieron sin conocer y oír de manera directa la voluntad de Dios, y por eso habían vivido desordenadamente, pero ahora que supieron de la existencia de aquellos escritos sagrados, pidieron que se les leyera, y el resultado fue sorprendente según leemos en las últimas palabras del versículo 9: “…todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley” (8:9).   Esta es una evidencia de querer estar bien con Dios, pues saber o recordar que una acción no ha sido del agrado de Dios, debe hacer brotar directamente del corazón y no de los ojos, lágrimas de arrepentimiento, que inmediatamente hacen dar la espalda al pecado y anhelar obedecer todo lo que Dios dice que es necesario hacer.

   El capítulo 9 de Nehemías demuestra la realidad de su arrepentimiento, pues que buscaron a Dios para el perdón de sus pecados, y comenzaron a demostrar con sus acciones de que estaban arrepentidos de haber llevado una vida ignorando lo que Dios quería de ellos como personas escogidas de Dios para ser su pueblo especial.   A partir de ese momento dedicarían sus vidas a obedecerle.

   Estimados hermanos, si usted ha sido de las personas que por mucho tiempo de su vida no tuvo el privilegio de leer o escuchar la voluntad de Dios revelada en las Sagradas Escrituras; o si usted ha sido de las personas que aun teniendo en sus manos el Libro de Dios, y no busca en su contenido lo que Dios quiere que usted haga como su hijo(a); o usted que ahora ha conocido la gloriosa palabra de Dios y ya sabe lo que ha esperado Dios de usted desde antes y lo que también espera de usted ahora; viva arrepentido(a) cambiando su manera de vivir, viviendo a la manera que Él quiere, y si hay algo que lamentar, sea: ¡Por qué antes no quise obedecer la voluntad Dios!.  Usted un día experimentó el arrepentimiento para vida (Hechos 11:18) por medio de Jesucristo, pero cada día hay que vivir el arrepentimiento para mantener nuestra buena relación con Dios por medio de Jesucristo.

   La segunda evidencia de que una persona desea restaurar su buena relación con Dios, se ve en que:

II.- DEMUESTRA DISPOSICIÓN PARA ADORAR A DIOS POR SU MISERICORDIA.

   Una segunda descripción que encontramos directo en el texto bíblico es que mientras todavía se leían las palabras de la Ley: “…todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra” (8:6b).   Como respuesta al descubrimiento que hicieron a través de la palabra escrita de Dios, de que Él es el Dios de ellos y que no le estaban dando el culto que Él se merece; inmediatamente, al parecer hubo una interrupción de la lectura de la Palabra para expresar una urgente adoración con la voz diciendo ¡Amén!, y con las manos alzadas, estando de pie, inclinados, o postrados.   Así entendemos que el querer adorar a Dios es una de las  evidencias de querer restaurar ante El una buena relación que pudo haberse perdido por distintas razones y circunstancias.

   Nosotros adoramos porque es lo que Dios espera de nosotros, pero el estar adorando implica que estamos buscando que nuestra relación con Dios mejore a través de una muy cercana comunión.  La adoración como dijera nuestro Señor Jesucristo no es cosa de un lugar sagrado exclusivo como el que tenga que hacerse forzosa y únicamente en un recinto de culto, sin embargo se debe también aprovechar el recurso de la adoración que se realiza cuando se reúnen todos los creyentes especialmente el día domingo o cualquier otro día.  Pero la adoración puede hacerse también de manera espontánea mientras caminamos o conducimos un vehículo, mientras trabajamos o descansamos, y ni siquiera se requiere de una liturgia formal que incluya un himno o alguna lectura bíblica, etc… sino que es suficiente que desde el corazón y de manera mental o audible se exprese a Dios el reconocimiento de un pecado, de un atributo divino, o de una bendición recibida del Él.   El descuidar la adoración viene a significar no estar muy interesados en que Dios restaure nuestras vidas, optimizándolas para su servicio; pero si usted aprovecha este recurso durante los cultos en los días y horarios establecidos, o de manera familiar, o incluso de manera personal, eso evidencia que usted desea restaurarse constantemente para mantenerse en una muy buena relación con Dios por medio de su Hijo Jesucristo.

    Amados hermanos, Dios nos ha llamado para estar en comunión con él por medio de su hijo Jesucristo (1 Juan 1:3,6), y esa comunión que se inicia por la fe en Cristo, se fortalece por medio de nuestra adoración, y nos mantiene restaurados delante de Él.

    La tercera evidencia de que una persona desea restaurar su buena relación con Dios, se ve en que:

III.- DEMUESTRA COMPROMISO PERSONAL PARA SERVIR A LOS PROPÓSITOS DE DIOS.

   Respecto a esta cuestión de demostrar compromiso, observamos en el texto bíblico que después de demostrar arrepentimiento y adoración, se impusieron a sí mismos un compromiso que se expresa de la siguiente manera: “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes” (9:38).  Y en otro versículo Nehemías relata que “se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor” (10:29).   Observe usted que ellos dijeron: hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada, y que se reunieron para protestar y jurar.    Firmar un documento, y protestar y jurar, significan adquirir un gran compromiso que finalmente algunos a pesar de su firma, juramento, o protesta no cumplen, quedando en sus conciencias y ante las leyes civiles con una gran evidencia de irresponsabilidad que muchas veces merece una penalización.   Pero la acción de aquellos judíos buscando estar bien con Dios al firmar, protestar y jurar aquella relación de compromisos, nos deja bien claro que parte de una vida que busca ser restaurada a una buena relación con Dios, requiere de un compromiso personal para servir a los propósitos de Dios.

   Amados hermanos, es evidente que en las iglesias locales o congregaciones de creyentes, hay cosas que no se hacen, que hay metas que no se alcanzan, que hay vacantes en algunos ministerios, y todo eso habiendo personas a quienes Dios les ha dado el don o los dones para poder servir en esos espacios donde hace falta la colaboración de un hijo de Dios, pero lamentablemente nadie quiere comprometerse.   Pero si no se compromete usted, déjeme decirle que no está en una tan buena u óptima relación con Dios.  Usted necesita restaurar su relación con Dios comprometiéndose a servirle en sus propósitos.

    CONCLUSIÓN: Para terminar mis estimados hermanos, la finalidad de este mensaje ha sido que en vez de juzgar a aquellos hermanos(as) que probablemente necesitan de una disciplina judicial de restauración en la iglesia, USTED preocúpese de su buena relación con Dios ocupándose de su propia restauración espiritual por medio del arrepentimiento continuo, de la adoración permanente, y del compromiso dedicado de servicio a Dios.

   

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