EL DESAFÍO DE HUIR DE LA IDOLATRÍA, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE HUIR DE LA IDOLATRÍA.

Números 25:1-9;

1 Corintios 10:1-22.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 31 de marzo 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 13 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN: Sitim, en tiempos antiguos fue conocido como Abel-Sitim (cf. Número 33:49), cuyo significado es: Cauce de las acacias.  Era un valle (cf. Joel 3:18) donde crecían acacias abundantemente.  Se encontraba cerca del Jordán, justo a unos kilómetros frente a Jericó la primera ciudad que conquistaron los israelitas. En aquel lugar ocurrieron numerosos eventos durante el tiempo que los israelitas acamparon allí.  Fue el lugar donde Balaam intentó maldecir a los israelitas (cf. Números 22-24). Allí Moisés designó a Josué como su sucesor (cf. Números 27:12-23).  Desde allí, Josué envió a 2 espías para reconocer Jericó antes de ir a la conquista (cf. Josué 2:1).  Desde allí partieron los israelitas para conquistar Jericó (cf. Josué 3:1).  Pero, según nuestra lectura de Números 25:1-9, muchos, pero muchísimos israelitas, al parecer solo los varones, pecaron primero de fornicación con mujeres moabitas con quienes entablaron una fuerte relación sentimental.  Lo común en la gran mayoría de los casos es que las mujeres, realmente de cualquier cultura, siempre fueron las que solían convencer a los hombres que se inclinaran a los falsos dioses de ellas.  Rara vez un hombre era el que convencía a una mujer para que le siguiera en cuestión de fe.  Los mismos hombres israelitas, o sea, los hijos del único Dios vivo y verdadero, muchos de ellos, en todos los tiempos de la historia israelita, incurrieron en dejar a Dios yendo a adorar los dioses falsos o más bien los ídolos de la o las mujeres que llegaban a tener durante su vida.

   Nuestra historia de Números 25, nos relata en los primeros 3 versículos que: “… el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, / las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. / Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel” (Números 25:1-3).  Estos israelitas, hijos amados de Dios, llegaron a ser peor que los Corintios en cuanto a la idolatría.  Las moabitas invitaban “a todo el pueblo”, pero no de Moab, sino de los israelitas; y bajo los rituales paganos de los sacrificios, dice el versículo 2, que “el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses”.  Por ello, “el furor de Jehová se encendió contra Israel” (v. 3), porque Dios no acepta que sus hijos se hagan idólatras, porque eso significa darle la espalda a Dios; y quien le da la espalda a Él, es doblemente merecedor de muerte. Primero porque de por sí el pecador merece muerte, y segundo por hacerse idólatra.  Al parecer, contra todos los israelitas que habían fornicado, y que se fueron tras los dioses falsos de las moabitas, Dios comenzó a ejecutar a los israelitas para que se fueran muriendo.  Para que Dios frenara la mortandad de aquellos israelitas, Dios ordenó que ahorcaran a todos los príncipes de cada una de las doce tribus de los israelitas, y que todo el pueblo que no se fue tras los ídolos que matara a todos los que se hicieron idólatras.  Fue hasta que un israelita fue matado junto con su mujer moabita, que entonces cesó la mortandad de los israelitas. Quizá era el líder principal de los idólatras.  Pero, ¿ya vio usted cuántos murieron tanto por fornicarios como por idólatras?  Según el versículo 9: “murieron de aquella mortandad veinticuatro mil” (Números 25:9).

   En 1 Corintios 10, el apóstol Pablo, antes de enseñar a los Corintios, que huyan de la idolatría que dominaba el ambiente de la ciudad donde vivían, primeramente, les hace un recordatorio acerca de por lo menos 5 pecados que en el pasado fueron la causa de que muchos israelitas murieran a medio camino del viaje a la tierra prometida, sin poder llegar a ella: La codicia, la idolatría, la fornicación, el tentar al Señor, y la murmuración.  Les recordó: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual (¿qué pasó con ellos?) quedaron postrados en el desierto. / Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no (¿qué? # 1) codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. / Ni seáis (¿qué? # 2) idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. / Ni (¿qué? # 3) forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y (¿qué pasó con ellos?) cayeron en un día veintitrés mil. / Ni (¿qué? # 4) tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y (¿qué pasó con ellos?) perecieron por las serpientes. / Ni (¿qué? # 5) murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y (¿qué pasó con ellos?) perecieron por el destructor” (1 Corintios 10:5-11).  Es en ese contexto, pero aplicado a los creyentes Corintios con respecto a su nueva vida en Cristo, que les dice: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14).  Este es el texto clave que inspira e ilumina el mensaje de este momento, bajo el título: EL DESAFÍO DE HUIR DE LA IDOLATRÍA.

   Por ello, lo que ahora les voy a predicar es que: Todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría por diversas RAZONES. / ¿Cuáles son tales razones por las que debemos huir de la idolatría?  / A través de 1 Corintios 10:1-22, el apóstol Pablo presenta por lo menos cuatro RAZONES por las que todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría.

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   La primera RAZÓN por la que todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría, es:

I.- PORQUE NO ES DEL AGRADO DE DIOS.

   Es interesante observar cómo San Pablo hace una interpretación del bautismo conocido por los Corintios, aplicándolo a dos experiencias de los antiguos israelitas de haber sido guiados por Dios debajo de su nube, y cuando cruzaron el Mar Rojo en seco.  Aquella guía de Dios mediante la nube, y aquel cruce entre el mar en seco, Pablo le llama BAUTISMO según el versículo 2 cuando dice: todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:2).  Pero, muy pronto dice en la primera parte del versículo 5: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios” (1 Corintios 10:5a).  A continuación, en los versos 6 al 11, San Pablo menciona por lo menos 5 causas por las que “de ellos no se agradó Dios”, una de estas causas, fue: La idolatría (cf. v. 7), y tuvo que acabar con todos aquellos; pues no se trata solamente de haber sido antes bautizados, sino también de ser santos, y solo para él.  Ningún ídolo debe ocupar en el corazón de sus hijos, el lugar que solo a Él le corresponde.  Así que una primera aplicación del apóstol Pablo es que la idolatría no es del agrado de Dios.  Recuerden que según Números 25:3, en los casos de idolatría, “el furor de Jehová” se enciende.

   Pero, desgraciadamente hay quienes, ya siendo creyentes en Jesucristo, igualmente bautizados, no en Moisés como el caso de los israelitas, sino en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, todavía siguen en la idolatría moderna, de la cual Dios sigue diciendo el día de hoy: “huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14).

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   La segunda RAZÓN por la que todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría, es:

II.- PORQUE ACARREA CASTIGO AL PRACTICANTE.

   La idolatría no solamente es un pecado de los que Dios no se agrada, sino que junto con por lo menos con los otros cuatro pecados que ya detectamos en los versículos 5 al 11, Dio se enfurece por ello, y puede hacer uso de su soberanía y justas facultades para acabar con la vida terrenal de quienes la practican.  Como los demás pecados, la idolatría tiene el mismo fin (la muerte del pecador).  Englobando lo que sucedió en el desierto con los que practicaron estos 5 pecados, la segunda parte del versículo 5, dice que por ello: “… quedaron postrados en el desierto” (1 Corintios 10:5b). Y aunque el versículo 7 no dice que ocurrió con aquellos israelitas en el desierto por su idolatría, sí lo dice en el versículo 8 con respecto la fornicación, pues recuerden que esta fue la causa que les llevó posteriormente a la idolatría, y la consecuencia fue que: “cayeron en un día veintitrés mil” (1 Corintios 10:8b).

   Es por eso que a los creyentes de Corinto, y que ahora aplica a nosotros, el apóstol Pablo insiste al comienzo del versículo 7: “Ni seáis idólatras” (1 Corintios 10:7a), porque acarrea castigo al practicante.

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   La tercera RAZÓN por la que todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría, es:

III.- PORQUE HUYENDO NO SE CAE EN ELLA.

  El objetivo de enseñarles a los Corintios lo que pasó con los israelitas en el desierto al practicar esos 5 pecados, incluyendo el de la idolatría, se los indica en el versículo 11: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros” (1 Corintios 10:11).  Nosotros también, encontramos amonestación en la trágica historia de aquellos israelitas que cayeron en muerte.  Por eso, el apóstol Pablo, finalmente les encarga lo siguiente en el versículo 12: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).  Estas palabras del apóstol no se refieren la doctrina no reformada que promueve la idea de que un creyente puede caer definitivamente de la gracia.  Lo que el apóstol estaba insistiendo a los Corintios era primeramente que no caigan en cualquier forma de idolatría, y por lo tanto, que no caigan en la consecuencia espiritual que ello puede ocasionarle a un hijo de Dios.  En este caso, Dios no solamente busca prevenir la muerte física y prematura del pecador, sino que también quiere prevenir la condenación de los que piensan que ya son creyentes, pero no lo son, porque a espaldas de la iglesia siguen practicando alguna o muchas formas de idolatría.  Pero, una manera segura de no caer, por lógica es obedeciendo la instrucción: “huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14). Huyendo de la idolatría, no se cae en ella, ni se cae en consecuencias por ello.

   Así que, también es para nosotros la amonestación: “…que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12) en la idolatría, y que no caiga en la muerte por la ira de Dios, porque puede ocurrir.  Los ídolos, son una causa de la posible muerte ejecutada no por el poder de los ídolos que no tienen poder ni para el bien ni para el mal, sino ejecutada por la justa ira del Dios verdadero que no acepta que el ser humano le dé la espalda.  Sin embargo, usted puede evitar caer en esta consecuencia, huyendo intencionalmente de la idolatría.

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   La cuarta RAZÓN por la que todos los que hemos creído en Jesucristo debemos huir de la idolatría, es:

IV.- PORQUE ES OPUESTO A LA FE CRISTIANA.

   Una manera como los creyentes Corintios en vez de huir, se involucraban en idolatría, es yendo a los templos paganos, si no a ofrecer sacrificios como antes muchos de ellos lo hacían, pero iban allí ya sea por voluntad propia o invitados por sus amigos, la carne sacrificada a los ídolos.  El apóstol Pablo, usando el recurso del sacramento de la Santa Cena de Jesucristo, les enseña en los versículos 16 y 17, que: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? / Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16-17).

   Luego, en la segunda pregunta del versículo 19, les recalca lo que muchos de los creyentes de Corinto, ciertamente ya sabían, y que era precisamente el mal uso de este conocimiento lo que les motivaba a simpatizar con la idolatría.  La pregunta dice: “… ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?” (1 Corintios 10:18). Su manera de pensar era que, si el ídolo no es algo, porque no tiene ningún poder, entonces en realidad no hace nada malo que pueda afectar la espiritualidad de uno.  Por lo tanto, la carne que se sacrificaba a los ídolos, pensaban ellos, no le ocurre nada malo que les pueda afectar, por lo tanto, se sentían libres de comerlo.   Pero el apóstol les aclara la realidad, diciéndoles: “Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1 Corintios 10:20). Cierto es que el problema no era el ídolo visible, sino el poder maligno oculto que opera apartando la espiritualidad de una persona del Dios verdadero para enfocarla en un demonio.  Esto, es totalmente opuesto a la fe cristiana.

   Por eso finalmente, para enfatizar la no compatibilidad de la idolatría con la fe cristiana, el apóstol les dice en el versículo 21: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (1 Corintios 10:21). O está uno con el Señor, o con los demonios, pero no se puede estar con los dos.  El que está con Cristo el Señor, queda protegido de los ataques espirituales y posesión que los demonios quieran hacer con él; pero el que pretende estar con los dos, le queda invalidado lo que se supone hace con Cristo, y queda bajo el dominio de los demonios, lo cual es totalmente peligroso, mortal, y condenatorio.  Es por eso que a los creyentes se els ordena: “huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14), porque la idolatría es opuesta, nada compatible, y contraria a la fe cristiana.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, hasta este momento del mensaje le he dado un enfoque a este mensaje, indicando la forma religiosa de idolatría que tiene que ver con la ilusión pecaminosa de la supuesta existencia de dioses sobrenaturales que obviamente no son dioses por naturaleza sino dioses solamente imaginariamente porque los hombres han querido llamarles dioses sin que realmente existan, y que luego los han representado de diferentes maneras con diferentes materiales corruptibles de metales, maderas, yeso, y más recientemente hasta impresos de tinta en papel, o stickers.  Eso es solamente una forma de idolatría de la que se debe huir.

   Luego, hay otro tipo de idolatría religiosa que surgió hace unos 15 siglos en el romanismo, en el que se usan nombres e imágenes de supuestos creyentes reconocidos como santos no según el canon de las Escrituras, sino según el canon propio del romanismo, a quienes se les usa como mediadores para interceder ante Dios para conseguir algún beneficio de Él, aunque quien lo pide no sea verdadero creyente en Jesucristo.  Eso es idolatría, porque sustituye al único y verdadero intercesor o mediador autorizado por Dios para que interceda delante de Él por los creyentes y por todos aquellos por quienes él dio su vida eficazmente para su salvación.  Esta es también otra forma de idolatría de la que se debe huir.  Es posible que todavía haya algunos que, habiendo creído en Jesucristo, no le tienen a él como su único mediador, sino que a escondidas todavía utilizan como intercesores las imágenes y nombres de los santos del romanismo, rogándole algo a Dios por medio de ellos.  Eso es idolatría amados hermanos.  Los que hacen eso, tienen qué huir de ello.

   Pero, hay otra forma de idolatría que no tiene tanto trasfondo religioso, pero igual, desde el momento que por ello una persona hace un lado a Dios de su vida, se convierte en idolatría.  Es lo que un autor cristiano recientemente le ha llamado acertadamente: Ídolos del Corazón.  El problema real, no son las religiones paganas, ni las sectas de cada época, sino el mismo corazón humano.  El corazón humano es la verdadera fábrica de ídolos.  Somos muy capaces de crear nuestro propio ídolo en el momento que queramos. Y podemos hacer un ídolo del dinero, de la familia, del trabajo, del deporte, de la recreación, etc… y hasta de las cosas sagradas de nuestra fe como la misma iglesia, el templo, los sacramentos, los oficiales de la iglesia, etc.…, cuando dejamos que estas cosas ocupen el lugar que solamente Dios debe ocupar en nuestra vida.

   Amados hermanos huyamos de toda forma de idolatría.  Este es el desafío que la palabra de Dios nos presenta el día de hoy al decirnos: “Huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14).  La idolatría no es del agrado de Dios, acarrea castigo sobre quien lo practica, se puede huir de ello, y es opuesto a la fe cristiana que profesamos.

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