EL DESAFÍO DE HACER TODO PARA LA GLORIA DE DIOS, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE HACER TODO PARA LA GLORIA DE DIOS.

Génesis 25:24-34;

1 Corintios 10:23-33.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 07 de abril 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 14 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN:  El énfasis del título y contenido del mensaje de este momento es inspirado por el versículo 31 de nuestra lectura de 1 Corintios 10, en el que el apóstol Pablo dice: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).  Es muy probable que todos ya hemos sido enseñados y hemos aprendido que debemos hacer “todo para la gloria de Dios”, pero, ¿por qué el versículo 31 menciona primeramente y precisamente el comer y el beber, como ocasión “para la gloria de Dios”?   La razón es porque en Corinto, los creyentes estaban teniendo diversas problemáticas relacionadas con el comer y beber, y otras cosas que hacían que no glorifica a Dios. Eso es lo que el apóstol Pablo les ha estado corrigiendo especialmente en los capítulos 8 y 10 de esta misma epístola.  Por ejemplo, el comer carne ya sea sacrificada a los ídolos o no, por comerlo justamente a la vista de un hermano débil, no glorifica a Dios, porque podría ser para él hermano débil, la causa de su tropiezo para pecar. Es por eso que san Pablo mismo les escribió cuál sería una decisión que entonces sí glorifica a Dios.  Se los había escrito en 8:13, diciéndoles: “si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Corintios 8:13).  Otro problema que tenían los creyentes de corinto con respecto al comer, pero solamente es la mitad de la verdad que ellos entendían, es que sabían y es cierto, que “un ídolo no es nada” (1 Corintios 8:4), y pensaban que al no ser nada el ídolo, entonces ni recibe el sacrificio, ni bendice, ni maldice la carne que se sacrificaba, por lo cual no tenía nada de malo comer aquella carne sacrificada a los ídolos.  Pero, eso no era toda la verdad.  La otra mitad que complementa la verdad, y que ellos no tomaban en cuenta, se las explica el apóstol Pablo en 10:20, diciéndoles que: “lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1 Corintios 10:20). Esta es la verdad detrás del ídolo. ¿Cómo glorificará a Dios comer carne que ha sido vinculada con demonios?  No glorifica a Dios sobre todo si quien lo come sabe que aquella carne estaba sacrificada a un ídolo (bueno ya está aclarado que en realidad, aunque no lo sabían, se sacrificó a un demonio), o aun no siendo vinculada aquella carne al ídolo o demonio, si un hermano débil los llegase a comer alguna carne, y este piensa que es la carne sacrificada a los ídolos, con eso, el comer del hermano no débil ya no glorifica a Dios.  Aunque en la realidad el creyente no sea un idólatra, por la conciencia débil del otro que ve a uno, le cuenta para el NO débil como pecado.  Por eso dice el apóstol Pablo: Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. / Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis; …” (vv. 27-28a).  O sea, algo que parece una simple acción cotidiana exigida por nuestro apetito, como lo es el comer, puede resultar una acción que no glorifica a Dios.  Como ustedes pueden recordar o corroborar en el libro del Génesis, fue solamente una simple comida llamada potaje o guiso rojo, la que sirvió a Esaú como pecado de menosprecio hacia su privilegio de primogenitura (cf. Génesis 25:24-34), por lo cual no glorificó a Dios en su decisión de comer (cf. Hebreos 12:15-16).

   En cuanto al beber al que se refiere el apóstol Pablo cuando dice: “Si, pues, coméis O BEBÉIS … hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31), no hay nada en toda la epístola que diga acerca de algún tipo de bebidas consagradas a los ídolos, o más bien a los demonios, sin embargo, debe referirse a bebidas que causaran embriaguez, pues esto también era un problema en Corinto. En la lista incompleta que Pablo presenta en el capítulo 6:9-10, acerca de quiénes no heredarán el reino de Dios, enlista a los siguientes diciendo: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, / ni los ladrones, ni los avaros, (y entre ellos están los que no glorifican a Dios por lo que beben, y se refiere a ellos diciendo:), ni los borrachos, (y luego sigue añadiendo:) ni los maldicientes, ni los estafadores” (1 Corintios 6:9-10).  Es entonces, por estos problemas, más bien pecados, populares entre los corintios, que el apóstol Pablo insiste en decirles: “Si, pues, COMÉIS o BEBÉIS, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

   Pero, tomando en cuenta todo el párrafo de 1 Corintios 10:23-33, voy a predicarles que: Los creyentes deben aplicar FILTROS espirituales a sus decisiones y acciones para que estas sean para la gloria de Dios. / ¿Cuáles son los FILTROS espirituales que los creyentes deben aplicar a sus decisiones y acciones para que estas sean para la gloria de Dios? / San Pablo, en 1 Corintios 10:23-33, nos indica algunos de estos FILTROS.

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   El primer FILTRO espiritual que cada creyente debe aplicar a sus decisiones y acciones para que estas sean para la gloria de Dios, es:

I.- ¿EDIFICA A OTROS CREYENTES?

   Las palabras del apóstol Pablo que argumentan el hacer todo para la gloria de Dios, incluye sus conclusiones expresadas en los versículos 23 y 24, cuando dice: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero NO TODO EDIFICA. / Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:23-24).  Tiene razón.  Uno que procura la gloria de Dios, no busca solo su propio bien, ni su propia gloria, sino busca el bien de otros; pero, buscar el bien de otros, no significa querer dar gloria a personas, sino que Dios recibe gloria cuando alguien se ocupa o está pendiente de hacer bien a otras personas, sin descuidar que también sea para nuestra propia familia, pero también para personas que nada tienen que ver con nuestra familia. Aunque este hacer bien, no se trata acerca de otorgar apoyos de beneficencia económica o material, sino que se trata de hacer el bien con la amabilidad y buen testimonio que los demás puedan observar en nosotros.

   Pero en el caso de nuestro texto bíblico, el apóstol al escribir, especialmente la segunda frase del versículo 23 que dice: “todo me es lícito, pero no todo EDIFICA” (1 Corintios 10:24b), en esta frase, especialmente por el objetivo de que todo lo que uno hace debe ser “para la gloria de Dios”, resalta la importancia de que las cosas que uno hace, dice, e incluso piense, sean cosas EDIFICANTES para los demás, especialmente para otros cristianos.  La palabra edificar, implica que ya existe un cimiento o fundamente sobre el cual hay que EDIFICAR; entonces, se trata de EDIFICAR a personas que ya tienen a Cristo como el fundamento de una vida nueva; por lo que, a través del tener conciencia de la necesidad de edificarles, uno está haciendo algo que resultará “para la gloria de Dios”.  Esa es la preocupación del apóstol Pablo en los capítulos anteriores.  Que si uno come o bebe algo que otros verán que uno coma o beba, al verlo otros, no tengan ellos que tropezar para pecar en pensamiento o en hecho por lo que hacemos, sino que quienes vean aun lo que uno come o bebe, reaccionen o respondan ellos también “para la gloria de Dios”.

   Por ejemplo, deberíamos pensar durante los días del tradicional consumo de los pibes del Hanal Pixán.  ¿Es malo comer pibes? No lo es, pero, ¿edifica a hermanos que nos ven? ¿Es malo que nos vean comer pibes? Podría serlo.  Podría ser  malo, cuando vamos a comerlo directamente donde se ha ofrecido a alguna ánima, o en el ambiente rodeado más que de cultura, de reproducción del antiguo paganismo de nuestros ancestros.  Pero, aun cuando hayan sido alimentos preparados solamente para fines comerciales por personas que no lo ofrecen en altares, o aún si los hiciéramos nosotros mismos en casa, si alguien nos mira comerlo, y piensa que quizá nos lo dieron por personas que lo han ofrecido antes en un altar, o si piensan que nosotros mismos lo ofrecimos en algún altar, por ello NO hemos hecho bien a ellos, ni hemos buscado “la gloria de Dios”.  Quizá entonces, más de uno de nosotros reaccione pensando o diciendo: Pero es problema de ellos que piensen así.  Bueno, no es totalmente verdad, porque la palabra de Dios nos ha encargado que no hagamos cosas que puedan herir sus conciencias; entonces, lo que ellos piensen es justificable.  Lo mismo que si algún cristiano fuese visto bebiendo bebidas embriagantes, seguramente que eso no resultará “para la gloria de Dios”, porque su decisión de beber lo embriagante no edifica a nadie; ni por ello querrán otras personas convertirse a nuestra fe cristiana.

  En fin, no solo por lo que uno come o bebe, se debe uno enfocar “para la gloria de Dios”, sino como dice el apóstol Pablo: “si… hacéis otra cosa”.  Sobre esta amplitud no puedo describir cada y todo caso en esta predicación, pero lo que sí nos corresponde hacer es pensar y actuar para la edificación de otros hermanos para que entonces las cosas que hagamos resulte “para la gloria de Dios”.

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   El segundo FILTRO espiritual que cada creyente debe aplicar a sus decisiones y acciones para que estas sean para la gloria de Dios, es:

II.- ¿CONTRIBUYO A LA SALVACIÓN DE LOS PERDIDOS?

   Los últimos versículos de nuestra lectura de las instrucciones de San Pablo (los versículos 32 y 33), dicen: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; / como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Corintios 10:32-33).  En estas palabras finales del capítulo 10, el apóstol se enfoca también en personas, aunque de manera mucho más amplia.  Primero, se refiere a los judíos que en este contexto se refiere a los creyentes cuyas familias por generaciones han sido instruidos en las verdades de Dios, que, sin embargo, son también susceptibles de tropezar para no obedecer a la fe.  Luego, menciona a los gentiles que, en este contexto, se trata de aquellos que jamás en su vida habían sabido o conocido acerca de Dios, y que en todas sus generaciones de antepasados incluyéndoles a ellos, solamente habían estado entregados a falsas deidades e ídolos; por lo que estos necesitan urgentemente el conocimiento salvador de nuestro Dios y su Hijo Jesucristo el Señor y Salvador.  Y, por último, menciona “a la iglesia de Dios”, que, en este contexto, para la época que San Pablo escribe estas palabras, prácticamente en Corinto eran la primera generación de cristianos, que digamos por la evidencia de los hechos que leemos en toda la epístola, es que todavía no estaban habituados a la obediencia a Cristo (cf. 1 Corintios 8:7), ni estaban tan conscientes de vivir “para la gloria de Dios”.  Cualquier mala influencia, era muy fácil que les descarriara del camino de Dios; por lo que, por estos tres tipos de personas, se hace necesario para el creyente maduro tener cuidado de no ser tropiezo para la salvación de otras personas.  Es con respecto a este cuidado, que el apóstol Pablo dijo de sí mismo en el versículo 33: “… también yo en todas las cosas agrado a todos” (1 Corintios 10:33a).  La razón secundaria por el cual San Pablo buscaba agradar a todos, según él mismo dijo, era: “no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos” (1 Corintios 10:33b).

   Pero la razón principal de Pablo para agradar a muchos no era solamente para ganar personas a su favor, ni solo agradar por agradar, sino que según sus últimas palabras en el versículo 33, era: “PARA QUE SEAN SALVOS”, esos muchos (1 Corintios 10:33c).  Si procuramos la salvación, aunque no de muchos, aunque solo de pocos, entonces habremos hecho algo: “para la gloria de Dios”.  Si no procuramos la salvación ni de muchos, ni de pocos, ni de uno por lo menos, entonces habremos fallado, porque no hacemos lo que debemos hacer “para la gloria de Dios”.  Así que, el segundo FILTRO para hacer algo que glorifique a Dios, es el tomar en cuenta la necesidad de salvación de más personas; salvación que, por supuesto no se da solamente por nuestras acciones, ni del solo darnos a agradar, aunque todo esto sí contribuye como testimonio de que el evangelio es funcional, y es en nosotros que miran primero la evidencia de su funcionalidad, pero en realidad se hace real al compartirles el evangelio.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, hay otras cosas que debemos hacer “para la gloria de Dios”.  El mismo apóstol Pablo, en otros 3 textos que él escribió a los romanos, a los mismos corintios, y a los filipenses algunas, menciona cosas que son necesarias de hacer por los que somos creyentes en Jesucristo, porque al hacerlas, uno hace algo que, según los mismos textos, son: “PARA LA GLORIA DE DIOS”.  Por ejemplo:

   1.- A los romanos les escribió diciéndoles: “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, PARA GLORIA DE DIOS” (Romanos 15:7), pero este recibirse unos a otros implica los deberes de tratar bien a los demás creyentes que llegan a la iglesia, así como a los que ya tienen tiempo compartiendo la fe con nosotros.  Este recibirse unos a otros, implica si es necesario, perdonar al que ya sea intencional o accidentalmente nos haya causado alguna ofensa.  Este recibirse unos a otros implica también la responsabilidad de visitarse unos a otros.

   2.- A los corintios, solo que en la segunda epístola les dice también, que: “la acción de gracias sobreabunde PARA GLORIA DE DIOS” (2 Corintios 4:15).  Esta acción de gracias puede darse por medio de la oración, por medio de la adoración personal y congregacional, por medio de servir a otros en el nombre de Cristo, pues todo lo que hacemos en la vida cristiana es por gratitud a Dios quien por medio de su Hijo nos ha dado el invaluable regalo de la salvación eterna.

   3.- A los filipenses, les explicó que un plan de Dios consiste en: “… que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; / y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, PARA GLORIA DE DIOS Padre” (Filipenses 2:10-11). Arrodillarse delante de Jesús, podría resultar a veces difícil no solamente al que nunca lo ha hecho, sino hasta el que ya es de Jesús, pero más allá de doblar las rodillas, indica la disposición de someter toda la vida personal al gobierno y señoría de Cristo.  Esto nosotros lo debemos y podemos hacer “para gloria de Dios”.  Y en cuanto al confesar que Jesucristo es el Señor, indica la responsabilidad de testificar que actualmente estamos dejando que Jesucristo tenga el control de nuestra vida.  Esto lo debemos hacer saber a otras personas “para la gloria de Dios”, pues con el testimonio de nuestra vida, otros serán animados a dejar que el Señor Jesucristo dirija sus vidas, y entonces otros comenzarán también a vivir “para la gloria de Dios”.

   Pero, no olviden amados hermanos, que cualquier cosa que uno haga, debe pasar el FILTRO espiritual que considere dos cosas importantes: I.- ¿EDIFICA A OTROS CREYENTES; y II.- ¿CONTRIBUYO A LA SALVACIÓN DE LOS PERDIDOS. Todo esto “para la gloria de Dios”.  Esto es a lo que Jesús se refirió cuando en su sermón del monte, después de las bienaventuranzas, predicó: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

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