SOLO JESÚS PUEDE CORREGIR LA VIDA HUMANA, Por: Diego Teh.

SOLO JESÚS PUEDE CORREGIR LA VIDA HUMANA.

Proverbios 3:11-12; y Juan 4:5-26.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el martes 16 de abril 2019, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 04 de la serie: SOLO JESÚS.

   INTRODUCCIÓN: El capítulo 4 del evangelio según San Juan, se puede dividir en cuatro partes.  Los primeros 4 versículos tratan acerca del paso de Jesús a Samaria mientras viajaba de Judea a Galilea.  Los versículos 5 al 26, tratan acerca de una conversación de Jesús con una mujer de Sicar, Samaria, que es la parte en la que se fundamenta la predicación de este momento.  Luego, los versículos 27 al 38 tratan acerca de una conversación de Jesús con sus discípulos; y por último, del versículo 39 al 42 trata acerca de la primera conversión masiva de samaritanos al evangelio de Jesús.  Pero, tal como se delimitó en nuestra lectura bíblica, del bloque de versículos del 5 al 26, cada uno estaremos descubriendo que SOLO JESÚS PUEDE CORREGIR LA VIDA HUMANA.

   La historia que leímos narra cómo Jesús intencionalmente en contra de las barreras y enemistades culturales, fue en busca de las personas menospreciadas por quienes se consideraban los únicos escogidos de Dios. No era solamente una mujer de Samaria, sino multitudes de samaritanos necesitaban el evangelio del reino de Dios para que sus vidas sean salvadas de la condenación eterna, y para que en la vida social, familiar y personal sean transformados en su manera de vivir de tal manera que glorifique a Dios.  Nadie haría lo que Jesús hizo. Ningún sacerdote, levita, o religioso judío de la época de Jesús, estaba pensando ir a predicarles de Dios; aunque a pesar de ello, muchos samaritanos habían aprendido a temer a Dios, como aquel único leproso que regresó a agradecerle a Jesús por haber sido sanado de lepra; y que en muchos casos superaban a los judíos y a los religiosos, tal como Jesús lo resalta en su ilustración acerca de la bondad del buen samaritano hacia un hombre herido en peligro de muerte, a quien no le auxiliaron ni el sacerdote ni el levita, quienes se consideraban legítimos israelitas.  Jesús, fue quien superó a los judíos llevando la bondad de Dios que cambiaría y corregiría la vida de la mujer samaritana y de otros muchos samaritanos.

   Por eso, lo que hoy les voy predicar acerca de Jesús, es que: Las ACTITUDES de Jesús son las apropiadas para corregir la vida humana. / ¿Cuáles son esas ACTITUDES de Jesús que son apropiadas para corregir la vida humana? / Observemos con atención en el texto de esta historia, y conozcamos las ACTITUDES de Jesús que hoy siguen corrigiendo poderosamente la vida de personas cuyas vidas personales o incluso familiares son todo un desorden.

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   La primera ACTITUD de Jesús que es apropiada para corregir la vida humana, es:

I.- SU ACTITUD DE AMOR EN UN CONTEXTO DE MENOSPRECIO.

   Los samaritanos eran menospreciados por los judíos quienes se supone eran el remanente escogido por Dios para ser bendición a las otras once tribus de Israel, y a todas las naciones del mundo; pero por su propio egoísmo no lo hicieron, porque ellos se creían mejores que los demás, porque desde hace unos 750 años atrás razones imperiales de aquellos tiempos muchos hombres y mujeres israelitas de esta provincia se mezclaron en matrimonio con hombre y mujeres de otras razas y nacionalidades.  750 después los judíos menospreciaban por ello a los samaritanos por no ser de la misma raza israelita.  Por eso en los tiempos de Jesús, dice San Juan que: “judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9c), ni siquiera para pedir a un samaritano un vaso de agua, y hasta donde era posible, un judío prefería pasar en otra provincia, aunque sean 50 o más kilómetros de distancia que tenga que recorrer para llegar a su destino, con tal de no pasar en ninguno de los pueblos de los samaritanos.

   Es por eso que San Juan relata de manera relevante que Jesús no hizo lo que cualquier judío haría, sino que, resalta que a Jesús: “le era necesario pasar por Samaria” (Juan 4:4).  ¿Para qué? ¿Solo para sentarse a descansar junto a un pozo?  Había otros pozos en las rutas preferidas por lo que se sentían de raza pura.  ¿Solo para pedir un vaso de agua?  En cualquier lugar pudo haber conseguido un vaso de agua.  La otra ruta alterna que usaban los judíos no era a través de un desierto sin oasis, sino en poblaciones de gentes también amables y generosas que no dudarían en regalarle toda el agua que quisiese beber. ¿Solo para comer en Sicar?  Finalmente, ni quería comer porque tenía algo más importante qué hacer allí.   Pero, evidentemente, a Jesús le era necesario pasar en Samaria, para demostrar la diferencia de su trato como Hijo de Dios a personas que eran menospreciadas por los demás, y que como todo ser humano necesitaban el amor no tanto de los hombres sino de Dios, para corregir sus formas incorrectas de vivir.

   Cuando recibe el menosprecio de otra persona, esa persona menospreciadora, no puede contribuir para corregir a la persona que se encuentra en problemas o en una equivocada manera de vivir.  Pero, Jesús fue lleno de amor, y no de menosprecio, para hablarle del agua de vida a aquella mujer sedienta de una vida mejor que la llevaba hasta aquel momento que se encontró con Jesús.

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   La segunda ACTITUD de Jesús que es apropiada para corregir la vida humana, es:

II.- SU ACTITUD DE OFRECER SOLUCIONES SEGÚN LA NECESIDAD.

   La segunda realidad es que Samaria era un lugar como todos donde también había gente con problemas sociales, familiares, matrimoniales, espirituales, a quienes nadie se interesaba por llevarles una solución adecuada.  Jesús se da cuenta que aquella samaritana necesitaba antes que cualquier cosa, una mejoría en su relación con Dios.  Por lo que, lo primero que él le ofrece no es ayudarla a sacar agua del pozo seguramente profundo, sino que él le ofrece su agua viva mejor que la del pozo, diciéndole: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10b).  Aquella samaritana o sicarita que ya llevaba en su experiencia cinco maridos, y uno más con el que llevaba una relación pecaminosa nada formal, seguramente tenía un vacío muy grande en su corazón, el cual ningún hombre había podido llenar.  Es muy probable que muchas veces ella se sentía sola, abandonada, decepcionada, y maltratada, por lo que Jesús le ofreció lo que ningún hombre le había podido dar: El agua viva que salta de su interior como ríos de agua viva.  Esta era una solución que le hacía falta en su vida.

   El caso para usted que hoy está escuchando esta predicación, ya sea mujer o ya sea hombre, la pregunta analítica que debe hacerse es ¿con cuantas cosas ha tratado de llenar el vacío de su corazón? ¿con cosas? ¿con personas? ¿con placeres? ¿con logros o metas?  Ni seis propiedades, casas, vehículos, trabajos, negocios que usted tenga o haya tenido, podrán llenar el vacío que siente en su corazón.  Es solamente Jesús.  Las cantidades y las cosas pueden ser diferentes, cinco, seis, o más, pero la realidad es que nada ni nadie puede llenar el vacío de la vida de nadie, sino solo Jesús.  Él es quien nos dice hoy a todos: “… el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás …” (Juan 4:14a).  Esa es la solución a la medida de la gran necesidad que todos tenemos en nuestra alma.

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   La tercera ACTITUD de Jesús que es apropiada para corregir la vida humana, es:

III.- SU ACTITUD DE SEÑALAR, PERO CON EL FIN DE RESTAURAR.

   Cuando alguien sin amor de Dios en su corazón, se entera de que otra persona ha cometido algo indebido, es capaz de proferir palabras condenatorias, de burla, y de ofensa; tal como lo hicieron unos escribas y fariseos sin misericordia que le trajeron a Jesús a una mujer (no es la samaritana de nuestra historia bíblica) que fue sorprendida en una falta.  Esperaban que Jesús la condenara a muerte, tal como ellos lo hubiesen hecho apedreando a aquella pobre mujer, sino hubiesen sido confrontados por Jesús, al decirles: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7b).  Jesús cuando señala el pecado de una persona, no es para condenarla, sino para restaurarla.  A esta misma mujer que le trajeron aquellos hombres sin misericordia, Jesús no justificó su acción, pues cuando sus acusadores se retiraron, Jesús con un enfoque restaurador sin dejar de confrontarla le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11b).

  Es verdad que Jesús también confrontó a la mujer samaritana con su pecado, pero no para condenarla, sino para restaurarla. Jesús para confrontarla le dijo: “Ve, llama a tu marido, y ven acá” (Juan 4:16), pero ella, seguramente sabiendo que se encontraba en una relación desaprobada, no le quedó más que decir la verdad, respondiendo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; / porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad” (Juan 4:17-18).  San Juan no nos aporta más datos acerca de esta mujer, pero dada la aceptación que ella hizo de que Jesús era el Mesías esperado para los judíos, Israel, y todo el mundo, ella debió haber tomado la decisión de corregir su entonces ilegítima relación.

   Así es Jesús.  Cuando confronta a una persona con su pecado, no es para avergonzar a uno, sino para liberar a uno.  Esta es una característica distintiva de Jesús.  Todos necesitamos corregir algún detalle de nuestra vida. Es solamente Jesús quien puede hacer que ocurra en nuestra vida una transformación positiva y obediente a Dios en nuestra manera de vivir.  No dude en dejar que Jesús le corrija amorosa y restauradoramente de cualquier pecado, error, o equivocación que esté dominando la vida de usted. Él mejorará la vida de usted muy favorablemente.

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   CONCLUSIÓN:  La actitud de Jesús de haber ido a donde nadie hubiese querido ir, es para cada uno de nosotros, un ejemplo de la actitud que debemos tener para con las personas que no tienen a alguien que les comparta con amor, el plan de Dios para sus vidas.  Nosotros, siguiendo el ejemplo de Jesús podemos ser bendición para sus vidas.  Debemos ser como Jesús, yendo a donde por causas egoístas nadie quiere ir; yendo donde alguien necesita amor en nombre de Jesús; yendo donde alguien necesita que su vida sea transformada por el evangelio de Jesús.

   La actitud de Jesús, de ofrecer la mejor solución para nuestros problemas espirituales, de darnos su agua viva, debe motivarnos a compartirlo con quienes todavía no han bebido de su evangelio vivo, salvador, y transformador.

   La actitud de Jesús de ayudar a las personas a restaurar su vida antes que terminarlas de hundir cuando han cometido una falta, es también nuestro deber, como bien el apóstol Pablo lo expresa diciendo a los Gálatas: “Hermano, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

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