EL DESAFÍO DE SER REVERENTES A DIOS, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE SER REVERENTES A DIOS.

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Éxodo 3:1-6; y 1 Corintios 11:1-16.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo de resurrección 28 de abril 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 18 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN: En realidad, todos los seres humanos debemos ser reverentes con Dios; pero, los creyentes en Jesucristo con mucha más razón tenemos que ser reverentes para con Dios. Para empezar, que quede claro que la reverencia a Dios no es una actitud que se debe tener solamente cuando uno se encuentra en el interior o en la puerta de un templo, sino que la reverencia a Dios se practica tanto en un templo como en el hogar, así como en cualquier otro lugar como el trabajo, la calle, la recreación, etc… Aunque en los tiempos de Moisés, todavía no había templo de Dios, cuando él fue llamado por Dios, su llamado ocurrió no por la voz de un predicador de un templo detrás de un púlpito o un altar, sino en pleno desierto, habiendo Dios manifestado su presencia por medio de una llama de fuego que envolvió una zarza que dicho fuego no le consumía.  Desde el interior de aquel fuego, se escuchó una voz de quien se identificó como Dios.  Cuando Moisés se propuso acercarse a ver por qué causa la zarza no se consumía, Dios le pidió a Moisés que su actitud sea de reverencia, diciéndole: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5).  Sin duda que Moisés se quitó el calzado que traía para ser reverente a la presencia del Dios santo quien incluso santificaba hasta el mismo desierto donde se manifestó como fuego envolviendo una zarza, pues Él le dijo a Moisés que aquél lugar “tierra santa es”. Todavía en algunos lugares, mayormente rurales, los creyentes dejan sus zapatos en la entrada del templo, antes que por cuidado de no ensuciar el piso, más por señal de reverencia al reconocimiento de la presencia de la santidad de Dios. Luego de escuchar Moisés que quien le estaba hablando había sido el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, nos dice la narración que: “Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6b).  Esto también fue para Moisés otra manera de demostrar reverencia a Dios. Moisés nunca se había encontrado con Dios, ni sabía lo que esto implicaba, pero se puede apreciar su profunda reverencia al cubrir su rostro, al sentir “miedo de mirar a Dios”, aunque jamás le vería tal como Dios es, sino solamente vería aquel fenómeno conocido como teofanía (manifestación visible de que Dios estaba presente, pero sin que Él pueda ser visto).   Moisés debió haber sentido que estaba siendo un irreverente al haber querido revisar por qué misteriosamente la zarza en llamas no se consumía, y por qué desde allí procedía una voz hasta el momento desconocida para él.

   Nuestro pasaje bíblico de 1 Corintios 11:1-16, especialmente en los versículos 5 y 6, en los que el apóstol Pablo dice a los Corintios: “Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. / Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra” (1 Corintios 11:5-6); se trata más bien de una cuestión cultural mezclada con cuestiones religiosas que explicaré en el desarrollo de este mensaje.  San Pablo insiste en que las mujeres cristianas de la ciudad de Corinto, deben cubrir su cabeza con un velo, especialmente cuando están en el templo o en una reunión de cristianos, pero en realidad también si se encuentran en la calle.  Lo que debemos descubrir en este texto apostólico, es que antes que solamente cubrirse la cabeza con un velo, el objetivo de aquella insistente instrucción, tiene que ver más con la reverencia que se debe tener para con Dios en todos los aspectos de la vida antes que solamente para el momento de pronunciar una oración.  En realidad, se trata de una reverencia que más allá de la oración, se extiende a todo el momento del culto; pero también más allá del culto, se extiende a la reverencia a Dios fuera de un lugar de culto.

   El tema del uso del velo para las mujeres cristianas ha sido desde siempre un tema controversial, que no pretendo solucionar en esta exposición, pues el mismo apóstol Pablo desde el momento de escribir estas instrucciones, al final les dijo: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Corintios 11:16).  En lo particular, tomo en consideración una regla fundamental de interpretación que consiste en que no se puede crear una doctrina de aplicación universal a partir de un texto que sea el único que hace mención acerca de un asunto, sin que tenga más sustento en el resto de la biblia.  Sin embargo, mi método de interpretación bíblica es el que se conoce como método gramático-histórico, con el que me obligo a tomar en cuenta el contexto en el que se dijo tales palabras en su momento y a sus destinatarios originales.  Es así que de este texto bíblico puedo deducir que la preocupación general del apóstol Pablo es más la reverencia total que se debe tener hacia Dios tanto en el templo como fuera del templo; tanto en el culto como en todo aspecto de la vida personal.  Aunque pareciera que el enfoque del apóstol es la reverencia de las mujeres cristianas, también hay aplicaciones para los varones cristianos.

   Por eso, específicamente, en este mensaje les voy a predicar que la reverencia que se debe tener para con Dios consiste en diversas ACTITUDES. / ¿Cuáles son las diversas ACTITUDES en los que consiste la reverencia que se debe tener para con Dios? / Basado en 1 Corintios 11:1-16, les compartiré algunas de estas ACTITUDES.  Solamente que trataré el texto de manera analítica invertida, usando primeramente el versículo 10, luego los versículos 5 y 6, y por último el versículo 3.  Esto no altera, ni indica falta de fidelidad al sentido del texto, sino solamente un arreglo lógico del desarrollo de la predicación.  Así que comienzo con la presentación de estas actitudes:

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   La primera ACTITUD en la que consiste la reverencia que se debe tener para con Dios, es:

I.- LA DECENCIA EN EL VESTIR.

   Los rabinos, maestros de religión entre los judíos e israelitas, según su antropología teológica enseñaban que: “Dios no formó a la mujer de la cabeza del varón para que no fuera soberbia; ni del ojo, para que no fuera lujuriosa; ni del oído, para que no fuera curiosa; ni de la boca, para que no fuera charlatana; ni del corazón, para que no fuera celosa; ni de la mano, para que no fuera codiciosa; ni del pie, para que no fuera traicionera; sino de una costilla, para que siempre vaya tapadita; por tanto, el pudor debe ser su cualidad superlativa”. Es por eso que las mujeres judías e israelitas en general, vestían bien tapaditas. Pero, no solamente las mujeres judías iban siempre bien tapaditas, sino también en otras culturas del medio oriente antiguo, tenían la sana costumbre, de cubrirse bien el cuerpo, y hasta la cabeza, y gran parte del rostro, demostrando con ello, decoro, honor y dignidad.

   Cuando el versículo 10 dice que: “la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza” (1 Corintios 11:10).  Esta “señal de autoridad” a la que se refiere el apóstol Pablo, se trataba de un velo que culturalmente todas las mujeres de Corinto, así como de otras ciudades griegas estaban acostumbradas a usar especialmente cuando andaban en la calle o cuando estaban en algún evento público.  Una mujer de aquellos tiempos y lugares como Corinto, cuando llevaba su velo cubriendo su cabeza, era grandemente respetada a tal grado que era socialmente considerado como falta de respeto que un hombre se la quedase mirando. Cuando una mujer no llevaba su velo cubriendo la cabeza, en Corinto era la manera de cómo ellas se identificaban de estar dedicadas a la prostitución tanto del culto a alguna falsa divinidad como la de Afrodita, o a la prostitución simplemente comercial.  Por eso, si ahora se trata de una mujer convertida de la prostitución a Cristo, entonces, ya no debería andar en la calle con la cabeza descubierta, y menos cuando se presenta al culto y a la oración, porque si se mantiene con la cabeza descubierta, era lo equivalente de decir que en realidad sigue en su antigua manera de vivir en idolatría y en prostitución.

   Al añadir el apóstol Pablo que esta señal debería ser usada “por causa de los ángeles”, se estaba refiriendo a la creencia de los cristianos de aquellos tiempos que creían que durante cada culto estaban presentes una gran cantidad de ángeles que sobrevolaban encima y alrededor gozándose de la adoración de los creyentes.  Pero, como también entre los judíos e israelitas había una tradición que se encuentra en uno de sus libros considerados como apócrifos, el libro de Enoc, que en la actualidad existe con 107 capítulos, pero en los tiempos de Jesús y los apóstoles existía con solamente 36 capítulos, los primeros 5 escritos alrededor del 200 a.C. y los capítulos 6 al 36 escritos alrededor del 160 a.C. obviamente no por profetas de Dios, sin embargo tuvieron influencia en la fe de los judíos, la cual propagaron por todas partes.  Los capítulos 37 al 107 fueron escritos desde finales del siglo I, hasta la mitad del siglo III d.C[1]., obviamente no por los apóstoles, ni por sus discípulos inmediatos conocidos como padres apostólicos, sino por oportunistas de promover alguna herejía en contra de la fe monoteísta y cristiana.  Pero, en cuanto a los capítulos 6 al 36 de aquel libro, conocido en los tiempos del apóstol Pablo, interpretando lo que Moisés relata en Génesis 6 acerca de los hijos de Dios que tuvieron hijos con las hijas de los hombres, dice que fueron ángeles o vigilantes llamados Grigori, que “estos ángeles tuvieron relaciones sexuales con mujeres y engendraron nephilimes (gigantes), seres famosos que desataron la violencia sobre la tierra y pervirtieron a la humanidad”[2].  Entonces, por eso había una creencia de que era necesario que una mujer de Dios se cuidara aun de ángeles de Dios, igual que de los ángeles caídos, para que ellos no fuesen tentados por causa de una mujer que no se cubra la cabeza.

   Pero, aunque esto no sea un asunto doctrinal, y aunque los ángeles que estén presentes durante la adoración no sean ángeles perversos, nuestra adoración se trata realmente de presentarse no delante de ángeles sino delante de Dios, lo cual uno debe hacerlo con una actitud decente en cuanto a la manera de vestirse.  Esto es acercarse reverentemente delante de Dios.  Una mujer cristiana NO debe presentarse delante de Dios para orar o para adorar, vestida de una manera provocativa ni “por causa de los ángeles”, “ni por causa de algún hombre”, pues no estaría siendo reverente al Dios que exige suma reverencia para sí.  Por eso, la idea que encierra esta cuestión de que una mujer cristiana debería usar un velo, más que usar un velo, se trata más de reverencia a Dios en la manera de vestirse, de tal manera que una mujer cristiana manifieste decoro, buen testimonio, pudor y decencia al presentarse nada menos que delante de Dios.

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    La segunda ACTITUD en la que consiste la reverencia que se debe tener para con Dios, es:

II.- EL BUEN TESTIMONIO.

   Algo que ya sabemos porque se los he comentado en otras predicaciones es que, en la ciudad de Corinto las sacerdotisas de Afrodita, conocidas como hieródulas o siervas sagradas (de ?????, «sagrado«, y ?????? “esclavo”), que no eran más que rameras.  Estas hieródulas no se cubrían la cabeza como el resto de la población femenina, y además solían raparse la cabeza menospreciando la hermosura de su cabello, por lo que de esta manera se identificaba a las mujeres indecentes, al mismo tiempo que eso también significaba una ofensa y vergüenza para su propio marido o padre, y aún para toda su familia.  Es por eso que el apóstol Pablo les dice a los hombres y mujeres cristianos de Corinto: Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra” (1 Corintios 11:5-6).

   Esto, nos enseña la importancia de que específicamente una mujer cristiana se debe vestir de tal manera que no sea confundida con mujeres indecentes.  Además de que eso implica una afrenta para su propio esposo, también es una falta de reverencia al Dios que mira a la mujer cristiana no solamente cuando se presenta en el culto sino también cuando está en cualquier otro lugar.  El detalle relevante no es el velo en sí o el cabello largo, sino el buen testimonio que no confunda a una mujer cristiana como si fuese una mujer indecente.  El buen testimonio al presentarse delante de Dios es reverencia para Dios.

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   La tercera ACTITUD en la que consiste la reverencia que se debe tener para con Dios, es:

III.- EL RESPETO A LA AUTORIDAD.

   Uno de los principales problemas de mucha gente, y lo podría ser también, espero que no de muchos de nosotros, es el no querer estar bajo autoridad de nadie.  En las iglesias se nota cuando los miembros de la iglesia hacen a un lado a sus pastores y ancianos de iglesia.  En los hogares los hijos ignoran a sus padres, las esposas a sus esposos.  En la escuela los alumnos desobedecen a sus maestros.  Ese era también un problema de los varones tanto no cristianos como de los ya cristianos en Corinto.  Ellos pensaban que como varones eran la máxima autoridad sin tener que someterse a ninguna autoridad superior.  Pensaban que sus respectivas esposas son las únicas que deben estar sometidas a la autoridad de ellos.  Pero ellos tenían que aprender que no debe haber ningún varón que no esté sometido a otra autoridad, especialmente si se trata de varones que ya son cristianos.  Por eso, el apóstol Pablo les dice: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3).

   En virtud de ser cristianos, ahora Cristo es la cabeza de todo varón.  Esto debió ser para ellos una enseñanza fuerte, y radical para ellos.   El hombre debería respetar la autoridad de Cristo tal como Cristo respetaba la autoridad de Dios su Padre celestial.  Pero, la mujer cristiana debería también tener respeto a la autoridad que le corresponda en aquel momento: si es soltera, la autoridad de su padre; si es casada, la autoridad de su esposo; pues cómo acercarse con reverencia a Dios, si una mujer no es respetuosa a la autoridad de su esposo, quien también debería estar sujeto a la autoridad de Cristo, así como Cristo está sujeto a Dios.  No hay reverencia a Dios si uno se acerca a Dios con una actitud de menosprecio a la cadena de autoridad que comienza con Dios, luego con Cristo, luego con el esposo, luego con los padres, etc…  Un corazón abiertamente rebelde a cualquier autoridad establecida por Dios, como dijese al apóstol Pablo: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).  Uno, no se puede presentar a adorar a Dios, pretendiendo ser una persona reverente, si a las autoridades inferiores a su Hijo Jesucristo, que son visibles y representativos de su autoridad, uno no les tiene respeto.  Respetar a las autoridades establecidas por Dios es también una manera de manifestar reverencia a Dios la autoridad final y principal, a quien todos nos presentamos a adorar en el culto.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, recordemos que el culto es el momento en el cual nos encontramos con Dios para adorarle acompañados de otra cantidad de personas se espera que también creyentes en Jesucristo.  Dios merece toda nuestra reverencia tanto en nuestra manera de vestirnos hombres y mujeres, así como de comportarnos no solamente en el interior de los templos sino también fuera de ellos.  Nuestro Señor y Salvador Jesucristo fue también un adorador de Dios su Padre celestial, tal como ahora lo somos nosotros.  Él fue siempre reverente a Dios, tal como nosotros ahora debemos serlo. El apóstol que escribe a los Hebreos, dice acerca de su reverencia: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7).  “Reverente”, fue el distintivo de Jesús; y debe ser también una característica notoria de todos los hijos de Dios que nos acercamos a él para adorarle.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Enoc

[2] Leer artículo de Wikipedia sobre libro de Enoc, en la sección de Partes, en la parte acerca de: Libro de los Vigilantes o Caída de los ángeles.

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