ACTITUDES QUE GENERAN DESORDEN EN UN DISCIPULO, Por: Diego Teh.

Desorden

ACTITUDES QUE GENERAN DESORDEN EN UN DISCÍPULO

 Lucas 22

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yuc; el día jueves santo 17 de Abril del 2014; a las 19:00 horas.

 

    INTRODUCCIÓN: Fue un gran privilegio para los doce apóstoles formar parte del equipo ministerial de Jesús, tal como lo es también para nosotros que hemos sido llamados a través de esta congregación a ser sus discípulos.   Tomando en cuenta que aquellos apóstoles simplemente eran hombres comunes, de la misma naturaleza que nosotros, a veces como sucede también a nosotros, no se comportaron a la altura de la dignidad del llamado que ellos tuvieron, sino que asumieron actitudes incorrectas cuyo resultado generó desórdenes en su propia vida.

   Con la finalidad de que evitemos las malas actitudes, lo que en este mensaje quiero compartir con ustedes, son las actitudes incorrectas que causan desórdenes en la vida espiritual de aquel que privilegiadamente es un discípulo de Jesús.   ¿Cuáles son esas actitudes incorrectas que causan desórdenes en la vida espiritual de los discípulos de la actualidad?   Mediante nuestro texto bíblico del evangelio según San Lucas capítulo 22, haremos un breve análisis de las actitudes equivocadas que en algunos apóstoles generaron desórdenes en su propia vida.

   La primera actitud que genera desorden en la vida espiritual es:

I.- EL DESEO DE CONTROLAR A LOS DEMÁS PORQUE UNO PUEDE DEJAR DE SERVIR.

   Qué penoso es que en un grupo de discípulos de Jesús estén disputando quién de ellos debe ser considerado como el mayor.   Nos dice San Lucas que “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24).   Esta escena se da durante el momento de la memorial santa cena cuando Jesús aprovecha la ocasión de enseñarles por palabra y por ejemplo que el mayor en el equipo de Jesús, entre los miembros del reino de Dios, el mayor no es al estilo de los que aprovechan su posición de autoridad y se enseñorean de los demás, sino que el mayor es el que sirve.   Aquella noche, Jesús lava los pies de sus discípulos, un acto de hospitalidad que ellos no esperaban de él.   Lo máximo de la costumbre de aquella época era que cuando uno llegaba de visita a una casa, el anfitrión debería ofrecer por lo menos agua para  que sus visitantes se laven los pies que estaban polvosos por el tipo de calles que ellos tenían en sus comunidades; pero Jesús va más allá de solamente ofrecer agua a sus discípulos, les ofrece lavarles los pies a todos y cada uno de ellos.   Jesús se identifica entre ellos diciéndoles “…yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27).   Jesús les estaba enseñando que lo más importante es el servir y no el de ser servido o el querer tener el control de la gente.

    En los evangelios se nos narra que la misma madre de dos discípulos de Jesús, un día se acerca a Jesús para pedirle un gran favor, diciéndole: “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21).  Qué mala educación proporcionada por una madre a sus dos hijos enseñándoles que lo más importante es buscar posicionarse en lugares privilegiados donde la intención primaria es enseñorearse de la gente que debe ser servida.   San Marcos nos dice que no solamente la madre de ellos sino que ellos realmente tenían ese mismo interés, pues “Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.  Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?  Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Marcos 10:35-37).   Qué mala motivación de aceptar unirse al equipo de discípulos de Jesús cuando la intención de por medio es solamente el deseo de estar en autoridad y no estar dispuesto para servir.   Jesús les aclara tanto a la madre como a estos dos confundidos que “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26-28).   Qué triste cuando un discípulo de Jesús, en vez de servir, quiera hacerse el ‘gran jefe’.

    En las epístolas de Juan, él menciona a un tal Diótrefes que “le gusta tener el primer lugar entre ellos” (3 Juan 9).   Este, por su actitud de sentirse y proclamarse el más importante entre ellos, causaba problemas y desórdenes a la iglesia no recibiendo al mismo apóstol y a otros, era un hablantín que se la pasaba parloteando en contra de todos, corretea a los hermanos de la iglesia hasta realmente expulsarlos si le parecía necesario a sus intereses (3 Juan 9,10).  Cuando un discípulo de Jesús asume esa actitud de sentirse con derechos de controlar, manipular a los demás, deja de ser servicial.   La persona que no es servicial, es la que solo mira que otros estén sirviendo en algo, es la que espera que otros le supliquen que haga algo, es la que solo espera que otros le obedezcan, y la obra de Dios no va en progreso sino se estanca y retrocede.

    Amados hermanos, que a ninguno de ustedes les gane esta pasión carnal de que querer someter a otros bajo sus deseos e intereses personales.   Un discípulo está no para que otros le sirvan, sino para servir a los demás.

   La segunda actitud que genera desorden en la vida espiritual es:

II.- LA AMBICIÓN DE TENER MÁS PORQUE UNO PUEDE CONVERTIRSE EN TRAIDOR.

   Nuestro texto bíblico nos dice que mientras Jesús oraba aquella noche después de la cena con sus discípulos “se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle.  Entonces Jesús le dijo; Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Mateo 22:47,48).   Es verdad que con un beso le entrega, pero de fondo estaba el trato que Judas había hecho de recibir treinta piezas de plata a cambio de la entrega.  Su ambición, reflejado en el amor al dinero, le había hecho cometer semejante infamia de vender nada menos que al Hijo de Dios.

   El predicador Charles Haddon Spurgeon, tiene una frase célebre que dice: “El que sirve a Dios por dinero, es capaz de servir al diablo por un poco más de dinero”.   Eso fue lo que pasó con Judas, estaba sirviendo solamente porque había dinero de por medio, pero cuando vio que faltaba en una ocasión quiso impedir el gasto de una mujer realizaba para ungir los pies de Jesús con un perfume de alto valor poniendo como pretexto que podía utilizarse para ayudar a los pobres, pero el escritor de la historia nos dice que no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12:6).   Más tarde, pues se ve la consecuencia de aquel cuya actitud únicamente es el amor al dinero, terminó vendiendo a Jesús su maestro por tan solo treinta piezas de plata, que de nada le sirvió, pues posteriormente incluso terminó quitándose la vida él mismo.

    Amados hermanos, en la actualidad también hay gente que su visión en la vida es solamente el amor al dinero capaz de traicionar a su propio Maestro y Salvador Jesucristo, dejando a un lado su interés de adorarle y servirle, por unos cuántos pesos más durante el día, durante el momento de la adoración; pero afortunadamente hay también fieles que saben que el Señor es proveedor y fiel hacia quienes le sirven de todo corazón.

 

   La tercera actitud que genera desorden en la vida espiritual es:

III.- EL ALEJARSE DEL COMPAÑERISMO PORQUE UNO PUEDE NEGAR LA FE.

   La noche que Jesús fue arrestado y llevado a casa del sumo sacerdote, nos narra San Lucas, diciendo: “Y Pedro le seguía de lejos” (Lucas 22:54).  Aquel Pedro que se había demostrado muy valiente diciéndole a Jesús: “Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel sino también a la muerte” (Lucas 22:33), ahora seguía a Jesús de lejos, y muy pronto lo encontramos generando en su vida la negación tres veces seguidas de que era miembro del equipo ministerial de Jesús.

    Durante mi niñez escuché constantemente de mi señor padre, explicar a los hermanos que dejan de asistir a la adoración, y a los que desaparecen por mucho tiempo del servicio y compañerismo de los hermanos de la iglesia del pueblo donde crecí, que la vida del cristiano es como un tizón unido a otros tizones encendidos, que si este es retirado del fuego, al poco tiempo este se apaga mientras los demás siguen ardiendo cumpliendo su objetivo de dar calor y luz.  Muchos de estos, comienzan alejándose del compañerismo de los creyentes hasta que finalmente se alejan incluso de Jesucristo mismo, negando incluso que él es el Salvador de sus vidas.

    El caso de Tomás, otro de los discípulos de Jesús quien siguió a Jesús de lejos (lejos de tiempo, un domingo NO, sino hasta el siguiente) nos enseña que cuando uno sigue a Jesús de lejos cada quince días, uno está negando que cree en la resurrección de Jesucristo, pues no estar con la iglesia es también un acto de negación.   Era el día del Señor cuando Jesús se aparece a los diez discípulos en el aposento, pero Tomás no estaba.  Cuando luego, los diez le dicen que habían visto a Jesús, él reacciona negando lo que había aprendido antes de Jesús.   Él les dice: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).  Eso sucede con las personas que siguen al Señor de lejos desapareciendo del compañerismo de la iglesia.  Tomás se presenta entre el grupo de apóstoles hasta los quince días cuando Jesús se presenta de nuevo entre ellos, y entonces Tomás manifiesta creer en Jesús reconociéndolo como su Señor y Dios (Juan 20:28), mientras tanto también le había negado una semana.

    Otra manera de seguir a Jesús de lejos es cuando acudimos al compañerismo de los creyentes y a la adoración solamente por curiosidad de ver qué se va a hacer en esta ocasión, qué va a cantar el coro, quien dirige el culto, etc…   Podemos estar dentro de los demás adoradores, pero estamos igual de tan lejos de Dios si nuestro motivo no es el correcto.

    Amados hermanos, evitemos la mala actitud de ausentarnos de la adoración dominical, pues con ella damos testimonio de que creemos en el Cristo vivo, pero dejar de hacerlo también significa negar la fe.

    CONCLUSIÓN: Que este mensaje reflexivo acerca de nuestras actitudes hacia el prójimo nos motive a ser más serviciales con la gente que espera de nosotros no que nos aprovechemos de ellas sino que les sirvamos siendo nosotros de gran utilidad para ellos; que nuestra actitud hacia Jesucristo no sea de traición amando más otras cosas antes que a él; y que nuestra decisión de seguirle como discípulos no sea una cuestión ocasional sino una decisión activa y permanente de cada día.

   

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