EL DESAFÍO DE SER UN PREDICADOR RESPONSABLE, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE SER UN PREDICADOR RESPONSABLE

Esdras 7:6-10;

1 Corintios 14:1-25.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 07 de julio 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 25 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN:  Los dones de Dios son sus poderes eficaces para que los creyentes en su Hijo Jesucristo llevemos a cabo alguna tarea especial para la propagación del evangelio; sin embargo, por causa de nuestra naturaleza humana, y de nuestra falta de consagración a favor de la obra de Dios, no es que los dones pierdan su eficacia, sino que nosotros mismos impedimos que el poder de un don se aplique con eficacia.   Por ejemplo, el día que por primera vez el Espíritu Santo derramó sobre los apóstoles el don de hablar en lenguas para la predicación del evangelio, ellos se encontraban los suficientemente consagrados en oración, fe, y obediencia, a tal grado que, al predicar con aquel don, fueron miles de personas las que se convirtieron a la fe en Jesucristo.  Pero, según nuestra lectura de 1 Corintios 14, siendo los Corintios igualmente provistos del mismo don poderoso de hablar en lenguas por el mismo Espíritu Santo, estos no fueron eficaces al predicar el evangelio con este don, a tal grado que en muchos casos necesitaron de intérpretes que no fue necesario al principio con los apóstoles, y en otros muchos casos, aun cuando tuvieron intérpretes, no fueron eficaces en la comunicación del evangelio.  El problema no estaba en el Espíritu Santo, ni en el don mismo, sino en la irresponsabilidad de quienes predicaban el evangelio, haciendo mal uso del don o dones que habían recibido.

   En este mensaje, basado en 1 Corintios 14 cuyo tema principal es hablar acerca del don de hablar en lenguas, voy a limitarme a exponer solamente lo que se refiere a las responsabilidades de quienes predicamos el evangelio de Jesucristo, por lo que no es mi objetivo entrar en polémica o defensa acerca de si está vigente o no el don de hablar en lenguas.  Así que, a través de esta instrucción de San Pablo, al mismo tiempo un panorama acerca de la historia de la iglesia de Corinto, descubramos algunas de las responsabilidades de los que ahora predicamos el evangelio de Jesucristo, ya sea con o sin el don de lenguas, y sirva también de orientación para quienes en un futuro cercano comenzarán a predicar la palabra de Dios.

   En el primer versículo del capítulo 14, podemos observar 3 detalles.  El primero, es que terminando San Pablo de hacer una clarísima exposición en 1 Corintios 13 acerca de la preminencia del amor sobre todos los dones, insiste en recordar que sin importar con cuál don de Dios un cristiano ha sido dotados para servir a la causa del evangelio: “Seguid el amor”.  El segundo detalle es el uso que hace acerca de la frase: “y procurad los dones espirituales”, la cual es idéntica a la frase que usó antes de comenzar a hablar acerca de la preminencia del amor, cuando escribió, según 12:31: “Procurad, pues, los dones mejores” (1 Corintios 12:31a).  Aunque no se trata de competencia de dones, san Pablo indica que hay dones mejores, que en el capítulo 14 explica, por ejemplo, comparando que el don de profetizar es mejor que el don de hablar en lenguas, pues en el versículo 5 no resaltando a persona alguna sino a la utilidad final del don de profetizar dice: “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas” (1 Corintios 14:5ab).   Y el tercer detalle, es que al final del versículo 1, después de decir que todos los cristianos deben procurar los dones espirituales, hay uno que intencionalmente él resalta diciendo: “pero sobre todo que profeticéis” (1 Corintios 14:1).

   Ahora, quiero hacer una explicación acerca de este don de profetizar.  Profetizar, en este contexto no se refiere al don de poder predecir eventos del futuro, sino que se refiere al don de predicar o comunicar la voluntad de Dios a las personas.  Y se trata de predicar el evangelio de Jesucristo, lo que en realidad es una tarea de toda la iglesia, fundamentado en que al dar Jesús su gran comisión a sus discípulos y en consecuencia a su iglesia, según la versión escrita por san Marcos, la instrucción dada es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:5), pero por razón de un llamado especial, la predicación es la principal función de los pastores y ancianos de la iglesia, y de los maestros y predicadores laicos de la iglesia; pero, deben hacerlo con toda responsabilidad.

   Por eso, la propuesta de mi predicación de este momento, para conocimiento tanto de predicadores como de los que escuchamos las predicaciones de la palabra de Dios, es que: El predicador del evangelio tiene RESPONSABILIDADES con respecto al contenido de sus predicaciones. / ¿Cuáles son las RESPONSABILIDADES del predicador del evangelio con respecto al contenido de sus predicaciones? / Descubramos algunas de sus RESPONSABILIDADES.

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   La primera RESPONSABILIDAD del predicador del evangelio con respecto al contenido de sus predicaciones, es:

I.- QUE DEBE EDIFICAR A LA IGLESIA.

   Dice el apóstol Pablo en los versículos 3 y 4: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación (note usted que en el complemento de esta frase está la palabra: edificación, aunque después añade:), exhortación y consolación. / (y observen en el versículo 4 el mismo énfasis, al decir:) El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia” (1 Corintios 14:3-4).  En estos dos versículos, cuando dice: “el que profetiza habla a los hombres para edificación, …” (v. 3), y cuando dice: “el que profetiza, edifica a la iglesia” (v. 4), describe con exactitud la responsabilidad que un predicador debe tener al presentar la palabra de Dios “a los hombres” en general y “a la iglesia” en particular.  Su responsabilidad es: EDIFICAR A LA IGLESIA.

   Pero, si el objetivo de una predicación es edificar a la iglesia, amados hermanos, los que oímos la predicación de la palabra de Dios tenemos también la responsabilidad de procurar que nuestra vida sea edificada, de tal manera que al salir de cada culto como el de hoy, después de cada predicación, no nos vayamos como venimos, sino una vez más: edificados.  Y esta edificación se da cuando el que escucha una predicación está atento, reverente, y está activamente pensando cómo puede aplicar lo que escucha a su vida personal.  Pero, el que solamente está midiendo el tiempo de la predicación deseando que el sermón no tarde más de 30 minutos o que no llegue a 40 minutos sino mejor que sea solo de 20 minutos o menos, el que no está atento a la predicación sino que su mente está enfocada en otros pensamientos, y el que se siente experto solo calificando predicaciones, ese difícilmente se estará edificando, aunque el predicador esté siendo responsable con el objetivo de EDIFICAR A LA IGLESIA.

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   La segunda RESPONSABILIDAD del predicador del evangelio con respecto al contenido de sus predicaciones, es:

II.- QUE DEBE PREDICAR LA PALABRA DE DIOS.

   El apóstol Pablo, que hace como un par de años que ya no estaba con los Corintios, al escribirles este capítulo de su epístola les dice: “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” (1 Corintios 14:6).  Estas palabras del apóstol indica cómo en la iglesia de Corinto se dio un abuso y mal uso del don de hablar en lenguas, de tal manera que algunos de ellos usaron este don solamente para comunicar sus propias opiniones, pues es claro que el don no incluía una revelación mecánica y espontánea de lo que los predicadores tenían que decir al momento, sino que eran libres de hablar en aquellas lenguas lo que querían y podían decir en ese momento; sin embargo, lo que deberían decir, es la verdad y solamente la verdad del santo evangelio.  Por eso, nadie debería usar el don para aprovechar decir con ello cualquier cosa que uno se le ocurra, aunque así lo hicieron muchos en su tiempo, y todavía hay quienes lo hacen en la actualidad, de quienes con justa razón se puede dudar si auténticamente tienen el don de hablar en lenguas, ya que lo que suelen decir nunca es comprensible para nadie, y suelen pronunciar mecánicamente las mismas frases en todas las ocasiones.  Es acerca de esto que San Pablo, preocupado dice: “… si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿Qué os aprovechará …?”.

   La regla desde los tiempos del apóstol Pablo, es que con o sin el don de hablar en lenguas, el predicador del evangelio tenía que usar los elementos que el apóstol en el versículo cuatro llama: “revelación, ciencia, profecía, y doctrina”.  Estos términos son palabras con las que se hace referencia a las palabras de los antiguos profetas consignadas en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, y a las mismas enseñanzas de Jesús el predicador del reino de los cielos, así como de los apóstoles que ya estaban predicando las importantes doctrinas de la gracia de Dios.  Toda esta “revelación, ciencia, profecía, y doctrina”, en la actualidad está contenido en los dos testamentos de la Santa Biblia.  Por lo que entonces, el predicador del evangelio, desde los tiempos apostólicos, tiene como responsabilidad el predicar el evangelio basado solamente en lo que Dios ha revelado por medio de sus profetas, de su Hijo Jesucristo, y de sus apóstoles, y que se encuentra en la Santa Biblia.  Esto fue lo que hizo el diácono Felipe, cuando para evangelizar a un etíope usó la Escritura del profeta Isaías (cf. Hechos 8:29-35).  Esto fue también lo que hizo Esdras al asumir la responsabilidad de enseñar a los judíos que regresaban del exilio a su territorio, pues la historia dice de él que: “…Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:10).

   Hacer esto, implica la responsabilidad de leer y estudiar las Sagradas Escrituras antes de pararse a predicar.  El don que no consiste en recibir un dictado de lo que tenemos que decir, sino que consiste en recibir la iluminación del Espíritu Santo para comprender lo que leemos en la Biblia, nos responsabiliza de ser conocedores y aplicadores de las reglas de interpretación gramático-históricas con las que se descubren enseñanzas fieles al significado original de los textos bíblicos.

   Amados hermanos, para que la predicación que cada uno de nosotros escuchamos en cada culto sea de provecho o dicho en otras palabras, edificante para nuestra vida, no solamente es responsabilidad del predicador usar la Biblia como fundamento de su predicación, sino que es responsabilidad de los que oímos las predicaciones revisar directamente del texto bíblico si lo que uno está escuchando es la palabra de Dios, y luego aceptar las palabras de Dios como su verdad para nuestra vida.  Es por eso, que es importante que cada uno tenga una biblia tanto para leer en casa como para traer a los estudios bíblicos y a los cultos, pues para nosotros los cristianos la Biblia es la única regla de fe y práctica.  Mientras se predica la palabra usted debería tener abierta su biblia y observando los textos bíblicos que los predicadores nos van indicando.

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   Pero, ahora vamos a la tercera RESPONSABILIDAD del predicador del evangelio con respecto al contenido de sus predicaciones, es:

III.- QUE DEBE PREDICAR A CRISTO.

   En todo este capítulo 14 no se encuentra ninguna mención directa del nombre de Jesucristo, sin embargo, en el contexto general de toda la primera epístola a los Corintios, el personaje principal que se promueve es Jesucristo.   Solamente en el saludo al principio de la epístola, el apóstol Pablo tres veces se refiere a Jesucristo como el que llama a los predicadores, como la causa principal porque el elegido y el creyente es santificado, y como el nombre en quien se bendice a los creyentes (cf. 1 Corintios 1:1-3).  Y en los siguientes versículos y capítulos, Cristo sigue siendo el personaje principal y central como tema del evangelio, y como Señor de la iglesia, etc…  Así que aun cuando en este capítulo 14 no se le menciona directamente, por el solo hecho de mencionar el apóstol que el que profetiza, edifica a la iglesia” (1 Corintios 14:4b), la iglesia no pude existir si no es por Jesucristo.  Así que, si hay que edificar a la iglesia, tiene que predicarse a Jesucristo Hijo de Dios.  Esta es la responsabilidad de un predicador.

   Desafortunadamente, el citar versículos de la biblia, o usar un texto bíblico para iniciar una predicación no significa que automáticamente ya se ha predicado correcta y completamente.  Todos los predicadores usamos la biblia para fundamentar nuestras predicaciones, pero algunos predicadores con todo y la biblia no predican a Cristo, sino solamente predican moralismos.  Según un diccionario en línea, los moralismos son: valores morales, generalmente de comportamiento tradicional”.  Esto es lo que únicamente resaltan los predicadores moralistas que ocupan la biblia, sin enfatizar a Cristo.  La predicación bíblica es la que está centrada en Cristo.  Es más, nuestro Señor Jesucristo cuando citaba las Sagradas Escrituras de su tiempo (lo que ahora es para nosotros el Antiguo Testamento), él le decía a la gente: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).  Él mismo tenía que decir que las Escrituras hablan acerca de él.  Eso es lo que tenemos que decirle a la gente en general, y la iglesia en particular que la palabra de Dios resalta a Cristo.  Es lo que Pablo les dice a los Corintios en su epístola que él hizo cuando antes estuvo con ellos.  Él les escribió diciendo: cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. / Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:1-2).

   Amados hermanos, pero mientras el predicador es responsable de predicar a Cristo, los que oímos las predicaciones debemos estar interesados en descubrir a Cristo en la predicación.  Nuestra atención no debe estar centrada en el predicador, sino en el mensaje, aunque más específicamente en el Cristo del mensaje.  Si usted ha venido, o viene a la iglesia para ser edificado con la palabra de Dios, solamente se irá edificado si usted estuvo interesado en encontrarse con Cristo en la palabra, y en su ocasión también con Cristo en el sacramento de la santa cena.  Por naturaleza, Cristo mismo es la palabra de las Escrituras y la palabra predicada.  En toda predicación estemos atentos en captar a Cristo no solo para nuestra mente sino también para nuestra alma y para nuestra vida cotidiana.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, esta predicación ha sido para los que actualmente predicamos la palabra tanto en esta iglesia como en las congregaciones bajo nuestra jurisdicción, y para que los que aspiran o anhelan ser predicadores del evangelio; pero también ha sido para los que escuchamos a los predicadores.  Juntos procuremos nuestra mutua edificación personal y como iglesia; juntos procuremos que la palabra revelada y escrita de Dios sea el fundamento con el que edificamos nuestra vida, pues cualquier otro fundamento, no sirve para edificar nuestra vida en relación con Dios.  Y juntos procuremos edificarnos solamente con Cristo, de quien el mismo apóstol Pablo les dice a los Corintios que: “… nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11).  Ni yo que les predico, ni usted que escucha mi predicación o la de otro predicador.  Tanto el predicador como toda la iglesia somos responsables de que todo esto ocurra, para la gloria de Dios.

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