EL DESAFÍO DE EDIFICAR A LA IGLESIA, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE EDIFICAR A LA IGLESIA

Éxodo 20:1-5;

1 Corintios 14:26-33.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 14 de julio 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 26, y último de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN:  Nada que hagamos en el culto debe ser producto de nuestra imaginación o invención.  En el sermón anterior, en el que prediqué acerca de las responsabilidades del predicador del evangelio, al mismo tiempo que de las responsabilidades de la iglesia cuando escuchamos predicaciones, hice énfasis basado en los primeros veinticinco versículos de este mismo capítulo 14 de la primera epístola de San Pablo a los Corintios, que una de las responsabilidades del predicador es que DEBE EDIFICAR A LA IGLESIA, y que los oyentes deben procurar edificarse con las predicaciones, anhelando encontrar a Cristo en la palabra que se predica.  Como parece evidente en todo el capítulo, el tema principal del capítulo 14, es acerca del hablar en lenguas, sin embargo, dentro de esa temática principal, tiene temas secundarios que para nosotros ahora cobran importancia para nuestra iglesia.  Por ejemplo, trata acerca de los deberes de los predicadores, y acerca del deber de todos para edificar a la iglesia.

   Por eso, en este momento me enfocaré en predicar acerca de la edificación, como uno de los subtemas de este capítulo 14.  Predicaré de la edificación de la iglesia, enfocado en nuestra responsabilidad de participar de manera personal y ordenada a favor de la edificación de los demás. De las 10 veces que en la epístola se habla de la edificación de la iglesia, 6 de estas menciones se encuentra en el capítulo 14, y el tenor de esta responsabilidad va más allá de la predicación.  Y el enfoque que el apóstol Pablo resalta es que todos somos responsables de edificar a la iglesia. O sea, aunque usted no sea un predicador activo, usted es responsable de edificar a los demás.

   Al respecto de este tema de la edificación de la iglesia, puedo resumirles entonces, que el mensaje central que hoy voy a predicarles, es que: La edificación de los creyentes durante el culto se lleva a cabo tomando en cuenta las RESPONSABILIDADES necesarias. / ¿Cuáles son las RESPONSABILIDADES necesarias para la edificación de los creyentes que se debe tomar en cuenta durante un culto? / Analicemos algunas de estas RESPONSABILIDADES expuestas a través de todo 1 Corintios 14.

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   La primera RESPONSABILIDAD necesaria para la edificación de los creyentes durante un culto, es:

I.- APEGARSE A LO ESTABLECIDO POR DIOS.

   Casi al final del 1 Corintios 14, en el versículo 37 el apóstol Pablo dice: “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Noten ustedes que al enseñarles o hasta quizá recordarles a los Corintios, acerca de estas responsabilidades con respecto a la edificación que mutuamente nos debemos ministrar los creyentes, les aclara que lo que él les ha dicho en toda su epístola, y especialmente lo dicho en el capítulo 14, “son mandamientos del Señor”.  Es decir, en el proceso de la edificación espiritual de una iglesia, es necesario estar apegado a los “mandamientos del Señor”.   Es por eso que desde que cuando Dios libertó a los israelitas de Egipto, y los constituyó en su pueblo de adoradores, les dio sus Diez Mandamientos, en los que se estipula en los primeros mandamientos cómo su adoración no debe ser hecho como uno se imagine que debe adorarle, sino por ejemplo, libre de imágenes que representen o suplanten el lugar que le corresponde a Dios; y el resultado siempre fue un pueblo edificado espiritualmente, sin embargo cuando no adoraron a Dios conforme a su voluntad, el pueblo no se edificaba, sino que caía en idolatría, desobediencia, y rebeldía.

   El culto debe estar apegado a los “mandamientos del Señor”.  El capítulo 21 de la Confesión de Fe de Westminster, en la segunda parte de su primer párrafo, dice con respecto a la adoración que debe darse a Dios, que: “el modo aceptable de adorar al verdadero Dios es instituido por Él mismo, y está tan limitado por su propia voluntad revelada, que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, bajo ninguna representación visible o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras” (CFW, Cap. 21, Parr. 1).  Esto es lo fundamental que debemos acatar si queremos una iglesia que se edifica en Dios y sus dones.

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   La segunda RESPONSABILIDAD necesaria para la edificación de los creyentes durante un culto, es:

II.- PARTICIPAR EN EL CULTO SEGÚN NUESTROS DONES:

   Ya he mencionado en ocasiones anteriores que todos los cristianos tenemos por lo menos un don espiritual.  Otros, tienen incluso más de un don, e incluso ministerios que combinan diversos dones espirituales.   Pero, lo que quiero enfatizar en este punto, es que San Pablo dice en el versículo 26: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26).   El apóstol está describiendo un culto ideal, excelente, que se hace con el objetivo expreso y definido: “para edificación”, en el que los asistentes no son espectadores sino participantes.  Esta edificación se da porque en cada reunión de la iglesia “cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación”.   Es decir, no llegamos al culto, vacíos, sino que por el don espiritual que a cada uno Dios nos ha dado, traemos ‘contenido’ espiritual para edificar a otros.  El que dirige, el que toca un instrumento, el que canta, el que ora, el que predica, el que ofrenda, el que adora, el que controla el audio, el que proyecta el orden de culto, etc… y hasta el que solo está presente, contribuye a la edificación espiritual de los demás.

   Hoy, usted que está aquí, no está vacío, sino que está en condición de edificar a otros.  Aunque por supuesto, no todos pueden participar al mismo tiempo, sino que cada semana otros pueden ir participando, porque, por ejemplo, según la instrucción con respecto al que profetiza (o sea, el que predica), léanlo en el versículo 31, dice: “Porque podéis profetizar (¿cuántos?): todos (¿de qué manera?): uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (1 Corintios 14:31).  Todos podemos y debemos participar en los cultos.  Por ejemplo, hoy participaron unos en las alabanzas, otros en los himnos, otros en la música, otros en la dirección del culto.  La semana anterior, fueron otros, y la próxima semana serán otros.  O sea, en otras palabras, todos debemos participar en la edificación mediante el don espiritual que hemos recibido.

   Sin embargo, aun cuando no tomamos participación directa en ministrar alguna gracia de Dios, el solo hecho de reunirse en el culto, es edificante para los demás, porque cada quien nos gozamos en ver que Dios está trabajando en la vida espiritual de los que anhelan reunirse para adorarle.  Hasta el saludar a los hermanos que nos visitan cuando llegan o cuando se van, es edificante, y hasta es más probable que volverán.  Sonreír a los hermanos es edificante en vez de solamente pasar junto a ellos como si no le hubiésemos visto.  No es solamente el predicador el que contribuye a la edificación.  Recuerden lo que el apóstol Pablo dijo en el capítulo 8 de la epístola, a los que habían aprendido un poco de doctrina y que creían que ya sabían demasiado.  San Pablo, les dice: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios 8:1b).  La iglesia se edifica no solamente con la predicación sino con el amor que se comparten los creyentes.  Hasta solamente decirle a las personas: Dios te bendiga, cuando les saludamos, es edificante, porque expresa amor, y porque cuando el nombre de Dios es invocado habrá resultados favorables en la persona que recibe la bendición.  No se trata solamente de palabras que algunos usan sin saber el sentido y poder de expresar esta bendición a otros creyentes.   Seamos siempre edificantes.

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   La tercera RESPONSABILIDAD necesaria para la edificación de los creyentes durante un culto, es:

III.- SER ORDENADOS EN TODO LO QUE HACEMOS.

   En realidad, en toda la epístola, San Pablo se ha encargado de comunicar que todo lo que los cristianos de Corintos hacían ya sea en su vida cotidiana como en las reuniones de la iglesia, especialmente en los cultos de la iglesia, sea hecho de manera ordenada.  Los primeros capítulos de la epístola, fueron instrucciones para que aquellos creyentes de Corintos pongan orden en muchos aspectos de su vida cotidiana.   Una razón esencial para hacer todo ordenadamente en todos los cultos de la iglesia, es para que nadie se vaya después de un culto con un impacto negativo que no le resulte en edificación para su vida; y todos somos responsables de contribuir con esta edificación teniendo mucho cuidado del orden.

   El apóstol Pablo les dice al respecto a los Corintios: “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33).  Nadie debe irse de la iglesia con un sentimiento de confusión, por causa de algún desorden que hayamos cometido.  Y al final del capítulo, cuando en el versículo 39 se refiere al deber de ocuparse en lo que más se necesita hacer, en vez de estar procurando impedir que otros usen sus dones, dice San Pablo: “pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).  Cuando hay orden, hay edificación; cuando hay no hay orden no hay edificación.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el desafío de edificar a la iglesia es para cada uno de nosotros.  Somos edificadores de la iglesia, mediante el ejercicio de nuestros dones espirituales, y aun con nuestra presencia en los cultos, pero apegados a los “mandamientos del Señor”.  Y, además, debemos tener cuidado de que todo lo que hagamos durante el culto, desde que llegamos hasta que nos vamos, sea hecho de manera ordenada; pues así todos nos iremos después del culto, siempre edificados.  Y desde luego, el personaje central de nuestra edificación no es ninguno de nosotros; no es el predicador, no es el músico, no es el director, no es el cantante, sino Jesucristo, pues el mismo apóstol Pablo nos ha enseñado en capítulos anteriores: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. / Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, / la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Corintios 3:11-13).  Cerciorémonos todos de no venir al culto con estos materiales que, en vez de edificar, destruyen la edificación avanzada en los demás, sino vengamos siempre listos para compartir a Jesucristo, el fundamento de la edificación de nuestras vidas.

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