LA UNIDAD DEL EVANGELIO; Por: Diego Teh.

LA UNIDAD DEL EVANGELIO.

Deuteronomio 15:7-11; Gálatas 2:1-10.

.Elaborado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, para el domingo 11 de agosto 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

Este sermón corresponde al número 4, de la serie: EL VERDADERO EVANGELIO, basado en la epístola de San Pablo a los Gálatas.

   INTRODUCCIÓN:   Extraordinariamente Dios llamó y capacitó a un joven llamado Saulo, después más conocido como Pablo.  Le llamó para ser su apóstol a los gentiles, o sea, a los que no eran judíos, no para Jerusalén o para las provincias romanas que ocupaban los israelitas y judíos, sino para los que no eran judíos en otras naciones del imperio romano.  Cuando dije que extraordinariamente Dios llamó y capacitó a Saulo, es porque con este apóstol no ocurrió lo que ocurrió con los primeros doce que pasaron más de 3 años recibiendo discipulado junto a Jesús, sino que Jesús personalmente, habiendo transportado a su nuevo apóstol Saulo al “tercer cielo”, “al paraíso”, (no sabemos si en visión, o físicamente fuera de este mundo), “donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12:2-3).  Por eso el apóstol insiste en explicar que el evangelio predicaba “ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1:12).  Pero, en realidad, el apóstol Pablo no recibió la revelación de un evangelio diferente al que recibieron los primeros apóstoles.  Se trató de la revelación del mismo evangelio.  Esto no representó ningún problema con respecto a la unidad del evangelio.

   Lo que en este mensaje voy a predicarles es que la iglesia de Jesucristo es responsable de conservar la unidad del evangelio. No estoy hablando acerca de la unidad de la iglesia sino de la unidad del evangelio, pues una iglesia podría estar unida en otras cosas, pero podría estar unida también quizá sin darse cuenta hasta para distorsionar el evangelio, atentando de esta manera contra la unidad del evangelio.   John Piper, un pastor de sana doctrina, en su artículo: ¿Qué es la unidad cristiana?, dice: “La unidad entre dos o más personas recibe su virtud completamente de algo ajeno. La unidad en sí misma es neutral hasta que otra cosa le da bondad o maldad. De manera que si Herodes y Pilato se unifican por su desprecio común hacia Jesús (Lucas 23:12), esta no es una buena unidad. Pero si Pablo y Silas cantan juntos en la cárcel por causa de Cristo (Hechos 16:25), esta es una buena unidad.  Por lo tanto, nunca es suficiente llamar a los cristianos a tener unidad. Eso puede ser bueno o malo. El voto unificado hace cincuenta años en mi iglesia en Carolina del Sur para prohibir a los negros de asistir a los servicios no fue una buena unidad. El voto unificado de una denominación protestante para bendecir actos sexuales prohibidos no es una buena unidad”[1].  / Pero, siguiendo con el objetivo de presentarles el tema de la responsabilidad de conservar la unidad del evangelio,  ¿De qué MANERAS la iglesia de Jesucristo es responsable de conservar la unidad del evangelio? / A través de nuestro texto de Gálatas 2:1-10, el apóstol Pablo nos habla acera de las MANERAS como la iglesia es responsable de conservar la unidad del evangelio.

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   La primera MANERA de conservar la unidad del evangelio, es:

I.- NO MEZCLANDO LA GRACIA DEL EVANGELIO CON ALGUNA CONDICIÓN EXTRAÑA.

   Una doctrina que fue propagada no por los primeros apóstoles, ni por Pablo mismo, sino por los que Pablo califica en Gálatas 2:4 como “los falsos hermanos” (Gálatas 2:4), fue que toda persona que quiera la salvación enseñada por el evangelio debería además circuncidarse obligatoriamente.  La gracia de Dios no pone más condición que la fe para creer en Jesucristo como mediador entre Dios y el ser humano para recibir el perdón de nuestros pecados, y en consecuencia la salvación.  Así de sencillo funciona la gracia del evangelio.  Pero, aquellos “falsos hermanos”, habían ido precisamente a las ciudades donde el apóstol Pablo había estado predicando; y según Hechos 15, ellos predicaban: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hechos 15:1).  Esto no podía ser así.

   Por eso Pablo, acompañado de Bernabé, y de otros creyentes gentiles (uno de ellos era un joven llamado Tito), enviados por la iglesia de Antioquía de Siria, tuvieron que viajar a Jerusalén donde según San Lucas: fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. / Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (Hechos 15:4-5). Observen ustedes que los que metieron relajo en esto de la circuncisión fueron “los fariseos” que se supone habían creído en el evangelio.  Es a esta doctrina que el apóstol Pablo calificaba como “otro evangelio”, aunque aclaraba que en realidad no era “evangelio”, pues resulta extraño que una condición extraña sea mezclada con la gracia del verdadero evangelio.  Esto si fue un problema contra la unidad del evangelio, pues no podía haber dos evangelios, y ni siquiera un solo evangelio dividido.

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   La segunda MANERA de conservar la unidad del evangelio, es:

II.- NO MODIFICANDO EL EVANGELIO, AUNQUE POR DECISIÓN DE UNA MAYORÍA.

  En Hechos 15 se dice que estos falsos hermanos, siervos de la circuncisión, que no entendían la gracia del evangelio, solamente eran “algunos de la secta de los fariseos, que habían creído” (Hechos 15:5), pero en realidad debían ser más de 12, más en número que los apóstoles. Sin embargo, aunque hayan sido más que los apóstoles, la unidad del evangelio no depende de lo que piense, defienda, o apoye una gran mayoría.  El detalle aquí era que el concilio apostólico se llevó a cabo con NO más de 12 apóstoles, aunque ningún extraño tendría voz y voto para definir la doctrina verdadera del evangelio.  De todas maneras, los falsos que promovían un evangelio “diferente” (sin gracia), eran más de 12, digamos que hacían mayoría.  Aunque en el concilio oficial, el voto de los apóstoles prevaleció a favor de la gracia del evangelio que no consideraba necesaria la circuncisión como condición para la salvación, una gran mayoría de fariseos aparentemente convertidos pero que no entendían la gracia del evangelio, siguieron predicando un evangelio modificado que a ellos les parecía que es lo correcto, cuando no lo era.

   Cuando el apóstol Pablo en el capítulo 2 les comenta a los Gálatas que, en el concilio llevado a cabo en Jerusalén, estuvieron los que imponían la circuncisión como requisito para la salvación, se los describe como “los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud” (Gálatas 2:4). Pero, observen cómo Pablo concluye en el versículo 5, la explicación que ante la presión no de los apóstoles sino de los falsos hermanos (los fariseos que promovían la necesidad de la circuncisión), su determinación contra el engaño de los falsos fue que: “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gálatas 2:5).  Pablo, Bernabé, Tito, y los demás que le acompañaban, no accedieron a someterse a lo que muchos querían, pues el evangelio no consiste en lo que la gente o la mayoría quiera, sino en lo que Dios quiere y comunica.  Desde el principio el mismo apóstol Pedro le decía a la gente: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. / Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12).  Esta debe ser la verdad que nos una a favor de la gracia del evangelio de Cristo.  No la circuncisión sino solo Cristo.

   Amados hermanos, los verdaderos cristianos no nos sometemos a doctrina alguna solamente porque alguna mayoría haya emitido su voto a favor, sino que nos sometemos cuando ésta tiene su fundamento en la verdad del evangelio.  Es pore so que nuestra iglesia rompió relaciones fraternales con toda una denominación presbiteriana del extranjero que con mayoría de votos acordaron llevar a cabo diversas acciones se supone a favor de la obra de Dios, pero por medio de personas que viven abiertamente en pecado y contravención hacia la palabra y voluntad de Dios.  La unidad en el evangelio, no puede traicionar al mismo evangelio solamente por los votos de una mayoría.  No se trata de seguir a la mayoría, sino se trata de mantenerse en la doctrina que proclama que solamente Jesús es el Salvador, y que nada ni nadie complementa lo que él hizo, porque Jesús es suficiente para nuestra salvación.

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   La tercera MANERA de conservar la unidad del evangelio, es:

III.- ANHELANDO QUE LA VERDAD DEL EVANGELIO PERMANEZCA EN LA IGLESIA.

   El apóstol Pablo, cuando les escribe su epístola a los Gálatas, les dice en el capítulo 2, acerca de Tito: “Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; / y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud” (Gálatas 2:4).  Observen cómo Pablo concluye esta explicación en el versículo 5, que ante la presión no de los demás apóstoles sino por la presión de los falsos hermanos (los fariseos que promovían la necesidad de la circuncisión), “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos”, ¿para qué? “para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gálatas 2:5).  Esto es lo que siempre debemos buscar, que “la verdad del evangelio” permanezca en la iglesia.

   En Worms. Alemania, en el año 1521, en una Asamblea conocida como la Dieta de Worms, conformada por príncipes del imperio romano que se reunieron para analizar las repercusiones que el movimiento de reforma causaría al imperio romano y a sus respectivos reinos, convocaron a Martín Lutero para que comparezca ante ellos, y lo invitaron a retractarse de sus tesis.  Si él, por seguir a la mayoría, se hubiese retractado, entonces la multitud de falsas doctrinas que ya se enseñaban en ese entonces, hubiese triunfado quizá hasta el día de hoy.  Pero, como Martín Lutero, estaba convencido de que sus tesis estaban basadas en “la verdad del evangelio”, no se retractó de ellas, y eso contribuyó para que las iglesias reformadas del día de hoy podamos continuar creyendo y propagando el evangelio “puro” de Jesucristo.  La iglesia de aquel entonces, se había alejado del verdadero evangelio de la gracia de Dios, pero, gracias a Dios que habiendo usado a su siervo Lutero, se comenzó a recuperar la verdad para enseñar a la gente que necesitaba saber la verdad con respecto a la salvación; pues, cuando la verdad es el fundamento de la salvación, solamente Cristo es el único y suficiente Salvador.  No nos retractamos de esta gloriosa verdad, ni de otras doctrinas que se encuentren enseñadas con fundamento en las Sagradas Escrituras.

   Amados hermanos, en esto consiste la unidad del evangelio, que estemos unidos en creer y predicar a Jesucristo, “la verdad del evangelio”, como el único y suficiente salvador.  La unidad en el evangelio no se conserva por lo que piensa o decida la mayoría, sino que se conserva permaneciendo en lo que establece “la verdad del evangelio”.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, en la actualidad no están los que enseñan que para ser salvos se necesita la circuncisión, pero están los que enseñan que sin el bautismo no hay salvación.  Están los que enseñan que solamente en su asociación religiosa, uno puede encontrar salvación.  Están los que enseñan que solamente ellos pueden liberarle de maldiciones generacionales que según ellos ni Cristo le ha podido quitar desde que usted creyó en él.  Están presentes una multitud de doctrinas que no llevan a Cristo ni a la salvación.  Pero, tanto en los tiempos apostólicos, así como en los tiempos actuales, ninguno que se ostente ministro de la palabra, y ninguna asociación religiosa que se declare cristiana, tiene la facultad de cambiar ni una sola verdad del evangelio por alguna otra doctrina que omita la gracia de Dios y la sola fe en Jesucristo.  Quien(es) así lo haga(n), es o son los que atentan contra la unidad del evangelio, pues en sus invenciones doctrinales sin fundamento en las Sagradas Escrituras, simulan predicar el evangelio, pero en realidad resultan en distorsiones del evangelio, que con toda razón pueden ser llamados como otros o falsos evangelios.  El evangelio es único, no tiene más corolarios o matices, sino que enfatiza la gracia que el ser humano no merece, y la fe solamente en Jesucristo y en nada más.  No hay dos ni más evangelios, ni derivados del evangelio.  El evangelio es uno.  Ninguno de nosotros vaya a creer ni enseñar un “evangelio diferente” (cf. Gálatas 1:5) que no presente a Jesucristo, o que presentando a Jesucristo le añada algo o a alguien más.  Seamos fieles al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

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[1] Piper, John; ¿Qué es la unidad Cristiana?; http://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/que-es-la-unidad-cristiana/

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