DECISIONES NECESARIAS PARA SER JUSTIFICADO; Por: Diego Teh.

DECISIONES NECESARIAS PARA SER JUSTIFICADO.

Deuteronomio 6:10-25;  Gálatas 2:15-21.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 1 de septiembre 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán

Este sermón corresponde al número 6, de la serie: EL VERDADERO EVANGELIO, basado en la epístola de San Pablo a los Gálatas.

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   INTRODUCCIÓN:    En el Catecismo menor de Westminster, explicando acerca de la gracia de Dios con respecto a la justificación de un pecador, respondiendo a la pregunta 33: ¿Qué es la justificación?, dice: La justificación es un acto de la libre gracia de Dios, por el cual él perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de él: mas esto solamente en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada, y que recibimos por la fe únicamente.  Así se puede resumir la doctrina bíblica de la justificación.  En el versículo 16 de nuestra lectura bíblica el apóstol Pablo les explica a los Gálatas acerca de esta justificación, diciéndoles que: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16).  Con estas palabras del apóstol Pablo les debió haber quedado claro a los Gálatas qué es lo que no es necesario y qué es lo que sí es necesario para recibir el beneficio de la justificación de Dios para la salvación eterna.  Esta es una verdad enseñada a lo largo de toda la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento.

   En el contexto de nuestra lectura bíblica que fue enseñada por el apóstol Pablo, lo que en este momento voy a predicarles bajo el título: DECISIONES NECESARIAS PARA SER JUSTIFICADO, es que: para ser justificado por Dios es necesario tomar las DECISIONES correspondientes. Es verdad que la justificación es el acto de la libre gracia de Dios hacia una persona porque él quiere hacerlo, pero la persona que es justificada tiene que tomar la decisión de querer ser justificado.  / ¿Cuáles son las DECISIONES que son necesarias de tomar para ser justificados por Dios? / En nuestro texto de Gálatas 2:15-21, el apóstol Pablo explica cuáles son estas DECISIONES necesarias para ser justificados por Dios.

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   La primera DECISIÓN necesaria para ser justificados por Dios, es:

I.- NO CONFIAR EN LAS OBRAS.

  Las obras que la ley de Dios exigía a los israelitas entre los años 1500 a. C hasta el inicio del ministerio de Cristo, eran tantas que en realidad nadie las podía cumplir, pero servían para que aquellos se dieran cuenta que irremediablemente eran pecadores incapaces de conseguir la justificación de Dios por sus propios actos y por sus justicias personales.  Moisés entre sus discursos a una nueva generación de israelitas que nacieron en el desierto rumbo hacia la tierra prometida, les tuvo que enseñar acerca de la necesidad de cumplir la ley de Dios, diciéndoles: “Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy. / Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra (observen cuántos mandamientos había que poner por obra) TODOS estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado” (Deuteronomio 6:24).

   ¿Quién podrá cumplir todos lo mandamientos de la ley?  Del apóstol Santiago aprendemos que: “… cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10). En otras palabras, como se dice entre los judíos que en la ley de Dios se encuentran 613 mandamientos, supongamos que uno llegase a cumplir 612 de esto mandamientos, pero quizá hasta sin querer, por alguna razón uno no pudo cumplir uno de todos, nos recuerda siempre el apóstol Santiago, que: “ya te has hecho transgresor de la ley” (Santiago 2:11b); y por lo mismo, uno “se hace culpable de todos” los demás estatutos de la ley.  Y entonces, si soy culpable de transgredir la ley de Dios, ¿me podré justificar por las obras de ley de Dios?  Definitivamente que no; y por lo tanto, entonces, no debo confiar en ninguna sola obra como para merecer o alcanzar justificación de Dios.  Pues, aunque yo cumpla muchas, no las cumplo todas; y en realidad solamente cumplimos algunas, y por eso, no alcanza para ser justificados.    En su epístola a los romanos, el apóstol Pablo les explica que: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).  Lo único para lo que sirve la ley de Dios es para darnos cuenta que somos pecadores.  Tan fuerte es su ley que por más que uno se esfuerce en cumplirla, nadie la puede cumplir a la perfección, y por eso nadie puede ser justificado por su ley.

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   La segunda DECISIÓN necesaria para ser justificados por Dios, es:

II.- CREER EN CRISTO.

   En nuestro texto de Gálatas 2, en el versículo 16 entre sus palabras leemos que: “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo” (Gálatas 2:16).  O sea, que la justificación que uno necesita delante de Dios se obtiene no por la justicia de la ley, ni por el cumplimiento de las obras que requiere, sino por Jesucristo, pues el mismo versículo de Gálatas 2:16 nos recuerda: “por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”.  Dios tenía que dar una solución que no fuese las obras humanas, y qué bueno que Dios determinó que sea por la fe, creyendo en Jesucristo.  De hecho, desde más de 500 años antes que Dios diera su ley en tiempos de Moisés, Dios justificó a Abraham por su fe, pues san Pablo dice que: “a Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9).  Por eso, el apóstol Pablo, explicándole a los Gálatas cuál es la DECISIÓN que uno debe tomar para poder ser justificados por Cristo, les dice: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos CREÍDO en JESUCRISTO, para ser justificados por la fe de Jesucristo, …” (Gálatas 2:16).  O sea, se trata de CREER EN CRISTO.  Se trata de tener fe en Cristo, pues solo en él y por medio de él uno podría ser justificado.

   Desde el inicio del ministerio de Jesucristo hasta el día de hoy, creer en Jesucristo, siempre ha sido el mensaje del evangelio que fue predicado por él mismo.  Él mismo dijo a la gente: el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35); él dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47); él dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38); él dijo: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25); él dijo también: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también” (Juan 14:12); e insistió diciendo: “creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1).  Todo está centrado en Jesús, pero todo está centrado en tener FE en él.  No obras, sino fe. Por eso, finalmente san Pablo les dice a los romanos: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28). ¿Qué buena noticia?  Qué bueno que Dios determinó justificarnos solamente con tener fe en Él.  Es por eso que leemos en la Biblia que sin hacer las obras de la ley, sino solamente por haber tenido fe en Dios, “a Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9).

     Amados oyentes, la justificación que necesitamos de Dios, no lo conseguimos por las obras que hacemos, sino que la recibimos por la gracia de Dios con solamente creer sincera y verdaderamente en Jesucristo.  La justificación que cuenta para Dios es la que él declara por medio de su Hijo Jesucristo cuando a favor del pecador arrepentido, él mismo le dice: “Tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2; Marcos 2:5, 9; Lucas 5:20, 23), o sea, no porque uno los haya conseguido o querido conseguir por obra alguna, sino como Jesús le dijo a Zaqueo y a otras personas: “Tu fe te ha salvado” (Mateo 9:22; Marcos 10:52; Lucas 7:50; 8:48; 17:19; 18:42).  En todas las declaraciones de salvación que hizo Jesús, nunca a nadie le dijo: La ley te ha salvado, o tus obras te han salvado, sino que siempre les dijo: “TU FE TE HA SALVADO”, pues la fe de una persona aplicada en Jesucristo es la DECISIÓN necesaria.

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   La tercera DECISIÓN necesaria para ser justificados por Dios, es:

III.- NO DESECHAR LA GRACIA DE DIOS.

   En el versículo 21, el apóstol Pablo le dice a los Gálatas: No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2:21). ¿Cuál es la gracia a la que se refiere, y cómo se desecha esa gracia? La gracia de Dios consiste en que si la misma ley de Dios no tiene la facultad de justificar a una persona, entonces, entra en acción la decisión de Dios de hacer lo que la ley no puede hacer por nadie.  Dios decide enviar a su Hijo, para dar su vida por los pecadores, y luego Dios solamente pide que se crea en que Jesucristo es su Hijo, y que aceptemos que su Hijo al morir por derramamiento de su sangre, tan solo por eso, nuestros pecados fueron pagados por él sin tener nosotros la necesidad de pagar ningún solo poquito de obras para poder ser justificados, pues su muerte sangrienta fue el pago total por nuestros pecados.

   Si alguien desecha esta gracia de Dios, de ninguna manera podrá ser declarado justo por Dios.  De ninguna manera tal persona podrá recibir el perdón de sus pecados.  De ninguna manera podrá ser considerado y mirado justo por Dios.  La gracia de Dios se desecha, cuando con ir a una reunión cristiana como la de hoy, cuando hizo alguna o varias cosas buenas durante la semana o el mes, cuando uno por cantar, orar, diezmar, u ofrendar, uno piensa que por ello uno es visto por Dios como persona agradable.  Con todo esto, uno no es agradable delante de Dios si uno no tiene una fe sincera y real en Jesucristo.  En la epístola a los hebreos leemos: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6a).  No dice allí, ni en ningún otro texto que con nuestras obras agradamos a Dios, sino que agradamos a Dios solamente cuando se tiene fe en Él, y mediante su Hijo Jesucristo.  Si alguien busca justificarse delante de Dios por medio de alguna obra, lo que tal persona está haciendo es desechar la gracia de Dios; es como decir que de nada sirve la muerte de Cristo.

   Amados hermanos: no desechemos la libre gracia de la justificación de Dios que se recibe “POR LA FE ÚNICAMENTE”, pues si alguien la desecha, de nada le va a servir para su justificación y salvación cualquier otra obra que haga.

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   CONCLUSIÓN: Amado oyente, qué bueno que hoy está usted aquí, pero con tu presencia no serás justificado ni salvado nunca.  Qué bueno que hoy usted ha cantado y lo seguirá haciendo en este culto.  Estoy seguro que también en su momento usted va a entregar su ofrenda generosa porque quiere que las obras de la libre gracia de Dios se sigan propagando en nuestro entorno, pues, aunque estas cosas son necesarias para una persona ya salvada, no es con cantar, orar, y ofrendar que uno recibe justificación y salvación de parte de Dios, sino solamente por medio de tener fe en Jesucristo.  El mismo apóstol Pablo a los romanos, se los dice con más precisión al escribirles que: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

  Amado oyente, si usted ha creído antes en Jesucristo para ser justificado y salvado por él, no tiene de qué preocuparse, pero si usted no ha creído en Jesucristo para justificación, entonces, en el nombre de él, le invito que en este momento, allí donde usted se encuentra sentado o en pie, usted le diga a Jesucristo: Señor Jesús, quiero ahora creer en ti para que seas mi salvador eterno. Ahora, me doy cuenta por tu palabra que mis pecados abundan en contra mía, y también me doy cuenta por tu palabra que aun las cosas buenas que he estado haciendo no son suficientes para que me perdones.  Pero, ahora me doy cuenta también que tú tienes el poder de perdonar con suficiencia.  Por ello te pido que perdones todos mis pecados.  Justifícame delante de tu Padre celestial.  Muchas gracias Jesús por hacer todo esto por mí.  Ya estoy seguro que por ti encuentro la verdadera paz con Dios.  Reconozco ahora, que tú eres el fundamento de mi justificación y salvación. Amén.

   Si alguien por primera vez hizo esta oración, y si la hizo con sinceridad, ha ocurrido en usted el acto de la libre gracia de Dios de ser justificado, y junto con ello, los pecados que usted había cometido durante toda su vida, justo en ese momento que usted hacía su oración fueron perdonados para siempre.  En este preciso momento, usted no deja de ser pecador, pero Dios, al mirarle a usted, y ver que su Hijo Jesucristo ha sido bienvenido en el corazón de usted, Él le considerará a usted una persona siempre justa, no porque usted se haya convertido en una persona realmente justa, sino porque su Santísimo Hijo es verdaderamente justo, Dios ve en usted la justicia de Jesucristo como si fuera la justicia de usted.  Usted acaba de recibir la gracia de Dios al creer en Jesucristo.  Bienvenido a la fe en Cristo.

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