EL ÚNICO REQUISITO HISTÓRICO PARA SER JUSTIFICADO, Por: Diego Teh.

EL ÚNICO REQUISITO HISTÓRICO PARA SER JUSTIFICADO

 Génesis 12:1-5; Gálatas 3:6-18.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 22 de septiembre 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 8, de la serie: EL VERDADERO EVANGELIO, basado en la epístola de San Pablo a los Gálatas.

   INTRODUCCIÓN: La condenación eterna es algo que comenzó poco después de la creación de Adán el primer hombre y Eva la primera mujer.  Desde el momento que estas dos personas desobedecieron a Dios, cayeron en condenación no solamente de ser expulsados de la presencia de Dios que en ese entonces se manifestaba en el huerto del Edén, ni solamente cayeron en la condenación de tener que morir, sino que cayeron en la condenación de ser destituidos de la gloria de Dios.  Quedaron sin derecho y sin privilegio de acceder al cielo eterno de Dios, pero no se quedarían eternamente ni el Edén, ni en ningún otro lugar terrenal, sino que tanto ellos como cualquiera de su descendencia (no hay quien no sea descendencia de ellos), en palabras del Apocalipsis: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).  Esta es la condenación eterna tan antigua como la existencia del pecado, del cual por la gracia de Dios, los elegidos para salvación pueden librarse de ello.  Pero, para pasar del estado de la condenación eterna al estado de salvación eterna, para recuperar por gracia y por vía de privilegio el acceso a la gloria eterna del cielo, esto no ocurre de manera automática, sino que cada persona es sometida a un proceso ordenado planeado y ejecutado por Dios.  Este orden es conocido como el ordus salutis (el orden de la salvación), que comienza con la elección, luego con el llamamiento eficaz. Después, sigue la justificación; luego la adopción; luego la santificación, y finalmente culmina con la glorificación.  A los romanos, el apóstol Pablo les explicó este proceso, diciéndoles: “Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justifico, a estos también glorificó” (Romanos 8:30).  Como usted pudo notar, la justificación es uno de los elementos de este proceso.

Pero, para recibir la justificación de parte de Dios en el proceso de la salvación, es necesario cumplir con un requisito. El Catecismo Menor de Westminster, al describir que esta justificación es: “un acto de la libre gracia de Dios, por el cual él perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de él; mas esto solamente en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada, (EXPLICA EL REQUISTO DICIENDO:) y que recibimos por la fe únicamente”[1]. La fe es y siempre ha sido el único requisito para recibir la justificación de parte de Dios. Es Acerca de esto que les predicaré en este momento, enfatizando que: “La justificación del pecador durante toda la historia de la salvación, siempre ha tenido un solo requisito con dos ASPECTOS”. / ¿Cuáles son los dos ASPECTOS del único requisito para la justificación del pecador que siempre ha tenido durante toda la historia de la salvación?  / A través de Gálatas 3, les compartiré acerca de los dos ASPECTOS del único requisito.

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   El primer ASPECTO del único requisito que ha existido para la justificación del pecador durante toda la historia de la salvación, es:

I.- QUE ÚNICAMENTE SE NECESITA LA FE.

   La fe es el único requisito para ser justificado por Dios ¿Por qué la justificación siempre requirió de la fe, y no de otra respuesta humana? La razón es porque la causa que llevó tanto a Eva como Adán a desobedecer a Dios, no comenzó con el acto de haber llevado con la mano a la boca el fruto prohibido por Dios de ser comido por ellos, tampoco comenzó por el haber mirado el fruto como codiciable para comer, sino por haberle creído a la serpiente que le dijo: “¿Conque Dios os ha dicho: …?” (Génesis 3:1).  El problema de ellos comenzó con la incredulidad hacia Dios.  Es por eso, que a partir de la desobediencia de ellos, la solución al problema del pecado, que contrarresta la incredulidad, siempre ha sido la fe.  Es por eso que desde tiempos antiguos, siglos anteriores antes de Cristo, el profeta Habacuc, predicaba textualmente palabras de Dios mismo diciendo: “… más el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4b).  Es por eso, que San Pablo, explicó a los romanos que: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

   Es por eso que, en su epístola a los Gálatas, retoma la historia de Abraham que vivió alrededor del año 2000 a.C.  Ya hemos leído en Génesis 12, la historia de cómo este hombre fue el primer llamado de Dios para formarse Dios un pueblo especial sobre la tierra. Y leímos cómo este hombre accedió a obedecer a Dios, cuando le dijeron: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. /…/…/ Y se fue Abram, como Jehová le dijo” (Génesis 12:1,4a).  Esto fue obediencia, pero para antes de que esto se convirtiera en obediencia, Abram, tuvo antes que haberle creído a Dios.  Esto es lo que el apóstol Pablo recalca a los Gálatas cuando en el versículo 6 les dice: “Así Abraham, creyó a Dios, y le fue contada por justicia” (Gálatas 3:6).  Abraham, no fue justificado por Dios primeramente por sus actos independientes o sumatorios de obediencia, sino por la fe inicial con la que creyó a Dios.

   Así que el requisito de la fe para ser justificado por Dios es histórico, porque no comenzó desde los tiempos del apóstol Pablo, y ni siquiera en los tiempos de Jesús mismo, sino que desde siempre este ha sido el requisito de Dios.  Es por eso que también leemos en Hebreos 11, que Noé quien vivió alrededor de 400 años antes de Abraham, también “por la fe… con temor preparó el arca para que su casa se salvase” (Hebreos 11:7); e incluso el mismo Abel hijo de Adán, que vivió desde el principio de la creación: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, …” (Hebreos 11:4a). Ni Noé se salvó con su familia por la obra de haber construido el arca, sino antes por la fe.  Ni Abel se salvó por haber ofrecido un excelente sacrificio comparado con el de su hermano Caín, sino antes por su fe.  E igualmente, en la actualidad no por obra alguna que llevamos a cabo aun para la gloria de Dios, que por ello recibamos salvación, sino también por la sola fe.

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   El segundo ASPECTO del único requisito que ha existido para la justificación del pecador durante toda la historia de la salvación, es:

II.- QUE SOLAMENTE SE NECESITA LA FE EN CRISTO.

   Por la gracia de Dios también existe la salvación eterna, la cual no es algo que comenzó hace 2000 años con la aparición de Jesucristo en el escenario de la historia humana, cuando el muere en representación de los seres humanos, sino que en honor a su calificativo de “eterna”, comienza en realidad, no desde la muerte ni desde la resurrección de Jesús, sino desde antes de que la creación y el mismo tiempo comenzaran a existir.  Es decir, la efectividad de la muerte de Jesús ocurrida hace casi 2000 años (que se cumplen dentro de 14 años), en realidad ya había ocurrido desde cuando solamente existía la eternidad.  En el Apocalipsis, en el contexto de la mención retórica acerca de dos bestias en Apocalipsis 13, hablando de una primera bestia a la cual “la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero”, dice acerca del Cordero (refiriéndose a Jesús) “que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8).

   En este caso, la expresión “desde el principio del mundo” queda corta para nuestra comprensión, sin embargo, la Nueva Traducción Viviente haciendo más justicia a la expresión dice que la inmolación del Cordero ocurrió: “antes de la creación del mundo” (Apocalipsis 13:8; NTV).  Es por esto que, desde entonces, comenzó a haber salvación NO después de Cristo, sino desde antes de Cristo; más bien desde el comienzo de la humanidad.  Es decir, Adán y Eva, y sus hijos (por mencionar solo a los más conocidos), tuvieron el privilegio de la gracia de la salvación eterna; y lo tuvieron también por medio de Jesucristo (el Cordero) “que fue inmolado desde el principio del mundo”, más bien: “antes de la creación del mundo” (NTV).  Lo mismo se puede decir del patriarca Abraham, el primer llamado por Dios para formarse a partir de él, un pueblo propio y exclusivo, quien desde su tiempo (alrededor del 2,000 a.C), también tuvo salvación por medio de Jesús mismo porque en realidad Jesús ya había sido antes inmolado.

   Cuando Jesús llevó a cabo su ministerio, una y otra vez, él exigió fe en él.  Por ejemplo, él dijo a sus mismos discípulos a quienes entrenó para continuar su obra: “Creéis en Dios, creed también en mi”.  Y repetidamente decía: “El que en mi cree…”, “el que en mi cree…”.  Todo el efecto y beneficio de su mensaje con respecto al reino de los cielos que él predicaba gira alrededor de la fe en él.  El apóstol Pablo, bien explicó este requisito a un hombre en una cárcel de Filipos a quien le dijo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).  Creer es la acción de usar la fe para recibir los beneficios de la gracia de Dios.  Es esta fe en Jesucristo la que justifica.

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  CONCLUSIÓN: Amados oyentes, no habrá cielo para nadie que no haya sido justificado por Dios.  No habrá cielo para nadie que no tenga fe en Jesucristo como el unigénito Hijo de Dios, y como el Señor y Salvador de su vida.  Si sus pecados todavía no han sido perdonados ni una sola vez por Cristo, hoy usted puede iniciar su experiencia de tener fe solamente en Jesucristo para recibir ese perdón que después da acceso a la vida eterna en el cielo eterno de Dios.  ¿Hay algún presente que nunca ha creído que Jesucristo le puede perdonar sus pecados, y que en este momento entiende que es necesario creer en Jesucristo para recibir este perdón mediante la justificación de él? ¿Quiere usted creer en esta gracia divina de ser justificados como si usted nunca en su vida hubiese cometido un solo pecado?  Lo que ocurre en el preciso momento que una persona pone su fe en Jesucristo, es que además del perdón de nuestros pecados, Dios: nos acepta como justos delante de él; mas esto solamente en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada.  Dios aun sabiendo que usted es un pecador, y no dejará de serlo, él le mirará a usted como si él estuviese mirando a su Hijo Jesucristo, quien en su vida entre nosotros jamás cometió un solo pecado.  Esto es ser justificado.  Dios declara que usted es justo para Él, y listo.  Con esto usted es perdonado de todos sus pecados pasados, presentes, y garantiza también el perdón de sus pecados futuros, siempre y cuando usted sienta arrepentimiento por ellos y los confiese usted a Dios.

   Amado oyente, le invito a que ahora mismo en el lugar donde usted se encuentra, le pida perdón a Jesucristo por todos sus pecados que jamás le haya confesado, y pídale a Dios que le justifique por la justicia de Jesucristo:

   “Amado Dios, he entendido que si tú no me justificas, ni yo con mis acciones, ni nadie más puede justificarme delante de ti.  Quiero creer en la justicia de tu Hijo Jesucristo, que no habiendo pecado, con su vida limpia él pagó toda la culpa por mis pecados.  Creo en él como mi único y suficiente salvador.  Justifícame en el nombre de tu Hijo Jesucristo.  Amén”.

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[1] Catecismo Menor de Westminster, respuesta a la pregunta 33.

One thought on “EL ÚNICO REQUISITO HISTÓRICO PARA SER JUSTIFICADO, Por: Diego Teh.

  1. Gracias a Dios el pasado domingo tuvimos la oportunidad de escuchar del Pastor Diego este sermón, muy importante conocer la palabra de Dios, somos de Monterrey N.L y andábamos de paseo en su Cd. . Me gustaría poder ver de nuevo en video. Saludos Dios. Les bendiga

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