RESCATEMOS A UNA GENERACIÓN EN PELIGRO, Por: Diego Teh.

RESCATEMOS A UNA GENERACIÓN EN PELIGRO

Jueces 2:8-17; Hechos 16:14-15, 26-34.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 6 de octubre 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

Este sermón corresponde al número 1, de la serie: POR TUS HIJOS, Y LOS HIJOS DE TUS HIJOS (Isaías 59:21).

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   INTRODUCCIÓN: Me gusta mucho el Salmo 145.  Fue uno de los salmos que aprendí a cantar durante mi niñez.  Estoy seguro que muchos de ustedes aman este salmo.  En este salmo, se lee en el versículo 4: “Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos” (Salmo 145:4). Me fascina el ideal de que una generación tras otra conozca, celebre, y anuncie las obras o hechos poderosos de Dios.  Doy gracias a Dios que el santo evangelio fue conocido primeramente por quienes tomaron la responsabilidad de ser mis padres.  Doy gracias a Dios que me permitió conocer la gracia de ese mismo bendito evangelio.  Pero, también estoy agradecido a Dios que hasta este momento mis hijos están conociendo y experimentando las bondades del evangelio.  Dios quiera que no haya ningún obstáculo que bloquee que mis siguientes generaciones conozcan el evangelio de Jesucristo.  Muchos de los que nos congregamos en esta iglesia, somos la tercera, otros la segunda, y otros la primera generación de creyentes en Jesucristo en nuestra propia familia.  Pero, el conocimiento, la celebración, y el anunciamiento de la obra redentora de Dios no debe acabar con nuestra generación, sino que la tenemos que transmitir a la siguiente generación, o sea, a nuestros hijos, y ellos con el apoyo de nosotros, también a sus hijos, nuestros nietos.  Solamente así podemos decir como el salmista le dijo a Dios: “Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos” (Salmo 145:4).  Pero, muchos padres y madres solas, están en problemas, no tanto porque sus hijos no muestren interés por el evangelio, sino porque estos padres y madres no están haciendo lo necesario para que sus hijos conozcan, celebren, y anuncien los poderosos hechos y obras de Dios. Ojalá no sea el caso de usted.

   En nuestro texto bíblico de Jueces 2, se relata que después de la muerte de Josué el sucesor de Moisés, también toda la generación contemporánea de él, igualmente murió. Obviamente, eso tenía que suceder. La historia la describe así en el versículo 10: “Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres” (Jueces 2:10a).  Una primera generación de los que salieron de Egipto murieron en el desierto durante los primeros 40 años que estuvieron en el desierto antes de entrar en la tierra prometida.  La generación que creció en el desierto y que entró a la tierra prometida, ya también “fue reunida a sus padres”, o sea, que también murieron.  Pero luego, dice la historia: “Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel” (Jueces 2:10b). Esto es lo triste de la historia, que esta generación no podría celebrar las obras y anunciar los poderosos hechos de Dios (cf. Salmo 145:4), porque “no conocía a Jehová”.  Pero, analizando la situación, no fue culpa ni de Moisés, ni de Josué, ni solamente de los hijos de aquella generación, sino fue culpa principalmente del descuido de los padres que no transmitieron la fe a sus hijos.

  En la historia del Nuevo Testamento, en Hechos 16 leemos que una señora comerciante llamada Lidia, creyó, fue bautizada, e influyó para que “su familia” (Hechos 16:15) conociera el evangelio.  Es muy seguro que cuando se habla de su familia, no se refería estrictamente solo a su esposo, sino que es muy probable que incluía a sus hijos, aunque podría incluir a otros familiares.  En el mismo capítulo, leemos también la historia de un hombre carcelero que habiendo escuchado la buena noticia del evangelio, permitió también que se les explicara: “a todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:32).  Luego, “se bautizó él con todos los suyos” (Hechos 16:33b), y luego “se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16:34b).  Estos padres, estuvieron interesados que la fe en Jesucristo que habían aceptado se transmitiera también a sus hijos.

   En nuestro caso es que el evangelio llegó a nuestro país hace 146 años.  Más específicamente en nuestro estado de Yucatán, apenas nos llegó el evangelio hace poco más de 133 años.  A penas somos la cuarta o quinta generación de creyentes en Jesucristo, yucatecos y de otros estados mexicanos.  ¿Cómo será nuestra siguiente generación?  Como en cualquier otra generación pasada o por venir, puede surgir alguna generación como la de los israelitas que no conocen a Dios.  Muchos hijos de creyentes han pasado, y están pasando esta lamentable situación de no conocer a Dios porque sus padres no hacen ni un solo esfuerzo de transmitirles la fe.

   Por todo lo anterior, amados hermanos, el objetivo de esta predicación es promover que todos los padres de familia rescatemos a la generación de nuestros hijos que podrían estar cayendo en el peligro de abandonar el conocer a Dios, o que ya conociéndole le estén abandonando. Es por eso, que el mensaje de este momento lleva por título: RESCATEMOS A UNA GENERACIÓN EN PELIGRO (La generación de nuestros hijos, no importa si son niños, o si son jóvenes, o incluso si ya son adultos).  Y la propuesta específica de esta predicación es que: Los padres cristianos deben hacer los ESFUERZOS necesarios para que sus hijos conozcan a Dios y los rescaten del peligro de abandonarle. / ¿Qué ESFUERZOS necesarios deben hacer los padres cristianos para que sus hijos conozcan a Dios y sean rescatados del peligro de no abandonarle? / En este mensaje, me propongo compartirles algunos de estos ESFUERZOS.

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   El primer ESFUERZO necesario que deben hacer los padres cristianos para que sus hijos conozcan a Dios y los rescaten del peligro de abandonarle, es:

I.- ENSEÑARLES A ADORAR AL ÚNICO DIOS VERDADERO.

   En los versículos 11 al 13, encontramos una descripción más específica acerca de esta generación que no conoció a Jehová Dios.  Dice la descripción, que: Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. / Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. / Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot” (Jueces 2:11-13).  Dos veces se recalca, una vez en el versículo 12, y otra en el versículo 13 que aquellos “dejaron a Jehová”; y 3 veces se recalca su inclinación hacia una adoración que no corresponde a Dios, pues aquellos “sirvieron a los baales” (v. 11), “se fueron tras otros dioses” (v. 12), y que “adoraron a Baal y Astarot” (v. 13).  Esto es parte de lo que aquella generación hizo por no conocer a Dios.

   Esto es lo que puede pasar con nuestros hijos si no les enseñamos a adorar al único Dios verdadero.  Es verdad que en nuestro medio no existen los mismos dioses falsos de aquellos lugares y tiempo, pero si no conocen al Dios verdadero, ¿quién será el dios de las vidas de nuestros hijos? Su dios podría ser el dinero, el placer, el estudio, el trabajo, las malas amistades, las adicciones, e incluso alguna imagen religiosa. Eso les podría estar llevando al error de dejar al Dios verdadero que ahora es nuestro Dios, el Dios de sus padres.  Tenemos que esforzarnos en enseñarles a adorar con amor al único Dios verdadero, para que nunca le dejen por ninguna otra cosa del mundo.

   Si son pequeños, no debemos dejar que ellos impongan su voluntad y terquedad de no venir con nosotros a la adoración pública, pues son las ocasiones en el que como padres podemos enseñarles a adorar con amor a Dios.  Es el momento de cumplir lo que dice el proverbio: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).  Y si ya están grandes, aun así, usted debe decirles como Salomón a sus hijos no pequeños sino ya grandes: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8). Y uno de los temas principales en los que usted los puede instruir es acerca de la adoración que solamente Dios se merece.  Esto es lo que los israelitas debieron practicar desde que recibieron los 10 mandamientos, y que también lo debieron enseñar a sus hijos, pero aquella generación a pesar del liderazgo de Josué no lo hicieron.  Ellos debieron decirles a sus hijos que Dios dice en sus primeros mandamientos No tendrás dioses ajenos delante de mí. / No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. / No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, / y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:3-6).  Si un padre no enseña a sus hijos a adorar a Dios, es muy probable que pronto, sus hijos estarán dejando a Dios, e inevitablemente estarán adorando cualquier cosa.  Pero, si usted les enseña a adorarle, es muy probable que no querrán dejarle por nada del mundo.

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   El segundo ESFUERZO necesario que deben hacer los padres cristianos para que sus hijos conozcan a Dios y los rescaten del peligro de abandonarle, es:

II.- ENSEÑARLES QUE SIN DIOS ESTÁN EN GRAVES PROBLEMAS.

   En consecuencia, de que la tercera generación de israelitas no conoció a Dios, y por ello decidieron adorar a falsos dioses, dice el historiador que ocurrió lo siguiente: Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos. / Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción” (Jueces 2:14-15).  Dios es tan soberano que, si alguien no quiere adorarle, Él puede entregar a tal persona en manos de gente despiadada, no importa si uno es hijo de una persona que vive con temor de Dios.  Y el problema grave en el que estaba metido aquella generación de israelitas, es que: “NO PUDIERON YA HACER FRENTE A SUS ENEMIGOS” (vl 14b); y como dice el final del versículo 15: “Y TUVIERON GRAN AFLICCIÓN” (v. 15b).

   Este es el precio de llevar una vida sin conocimiento de Dios, o el precio de que aun conociéndole, uno tome la decisión de cambiar la gloria de Dios por cualquier cosa terrenal y corruptible (cf. Romanos 1:21-32).  Uno queda sin capacidad de enfrentar no a personas enemigas, sino a los fuertes enemigos de la vida espiritual.  Uno estará llevando una vida, muchas veces de experiencias lamentables y dolorosas.  Este podría ser el fruto de dejar a Dios por no conocerle; fruto que le espera a nuestros hijos que todavía no conocen a Dios, y de lo cual somos también responsables de no haberlos ayudado o de no estarles ayudando a que le conozcan.  Tenemos que rescatar a la generación de nuestros hijos que se encuentra en graves peligros terrenales y del peligro eterno que podría ser la misma condenación eterna.  Nunca deje usted de hacer el esfuerzo de enseñarles que, sin Dios, sus vidas están en graves peligros.  Si usted les enseña esto, es muy probable que no querrán vivir sin el Dios verdadero presente en sus vidas.

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   El tercer ESFUERZO necesario que deben hacer los padres cristianos para que sus hijos conozcan a Dios y los rescaten del peligro de abandonarle, es:

III.- ENSEÑARLES QUE DEBEN ACUDIR A DIOS PARA HALLAR SU FAVOR.

   En el caso de esta generación de israelitas “que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel” (Jueces 2:10b), por ello, tampoco contaban con el favor de Dios para ser preservados como pueblo de Dios, sino que todo lo contario Dios “estaba contra ellos para mal”.  Esta consecuencia de no conocer a Dios, se relata en la primera parte del versículo 15 donde dice que: “Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, …” (Jueces 2:15a).  Ya hemos leído antes que Dios “los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos” (v. 14).  En este contexto, es claro que, si alguien no demuestra interés de conocer a Dios, adorarle, servirle, celebrar sus obras, y anunciar sus poderosos hechos, ¿por qué Dios tiene que estar a favor de tal persona?  Él tiene toda la soberana facultad de estar contra tal persona que no se apega a Él.  Y eso, es lo que nuestros hijos enfrentarían en sus vidas como consecuencia de no acercarse a Dios. Por ello no podrán contar con los favores de la gracia de Dios que solamente se obtienen mediante el creer en Cristo, y por medio de quien se conoce verdaderamente a Dios.

  Amados hermanos padres de familia, padres de una generación en peligro de no conocer a Dios y de abandonarle, y en peligro consecuente de que Dios decida estar contra nuestros hijos (porque lo puede hacer, y es “dura cosa”), por eso es importante que, guiemos a nuestros hijos a que así como nosotros, ellos también acudan a Dios por medio de su Hijo Jesucristo para conocerle y para conocer su obra de redención y salvación, pues solamente así podrán ellos hallar el favor de Dios para su salvación eterna, primeramente.  Esto es lo que tenemos que hacer con urgencia.  Y como resultado nuestros hijos amarían a Dios, y no le abandonarán. Como resultado ellos serán una generación que recibe la fe, y serán también capaces de transmitirla a la siguiente generación de sus respectivas familias.  Pero, todo ello es responsabilidad que comienza con nosotros los padres creyentes.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, como ustedes pudieron notar en el desarrollo de este mensaje, el énfasis constante y puntualizado fue siempre que: Los padres cristianos deben hacer los ESFUERZOS necesarios para que sus hijos conozcan a Dios y los rescaten del peligro de abandonarle.  En la historia de Jueces 2, aunque Josué fue el último que lideró a la generación anterior de los padres de esta nueva generación, no se culpa a Josué que los hijos de la generación anterior no hayan conocido a Dios por algún mal liderazgo de él, pues en su momento Josué les dijo: Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. / Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:14-15). Josué tenía su propia familia, sus propios hijos, y se encargó de instruirlos en la fe, y no podía dedicarse a hacer lo mismo con los hijos de todos los israelitas.  Los que fallaron fueron los padres de familia de la generación anterior, no los siervos de Dios, Moisés, Aarón, Josué, y otros muchos más que los orientaron.  Aunque ellos se comprometieron delante de Josué y de Dios que ellos no seguirían la antigua idolatría de sus padres, no lo cumplieron.  Ahora, sus hijos por no haber sido instruidos por ellos en el conocimiento de Dios, estaban en peores condiciones espirituales, pues también “dejaron a Jehová” (vv. 12-13).

   Y, amados hermanos, nosotros no queremos que nuestros hijos abandonen a Dios, pues sería su peor desgracia no solamente terrenal, sino también eterna.  Tenemos que transmitirles la fe, enseñándoles el conocimiento de Dios que es únicamente mediante nuestro Señor Jesucristo. Lo principal es que ellos acepten que por medio de Jesucristo tenemos acceso a Dios.  Esta enseñanza a los hijos no consiste en solamente traerlos a la iglesia, ni en solo integrarlos en un ministerio, sino en cerciorarnos que han querido que Cristo reine en sus corazones (cf. Efesios 3:17).  Hagamos lo que nos corresponde hacer, para que la generación actual de nuestros hijos no se vaya tras falsas esperanzas de este mundo, sino que, creyendo en Cristo, ellos también centren su vida en Dios.  Contribuyamos a su rescate.

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