CÓMO PRESENTARSE EN LA CASA DE DIOS, Por: Diego Teh.

CÓMO PRESENTARSE EN LA CASA DE DIOS

Eclesiastés 5:1-7; Lucas 2:41-52.

Elaborado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, para predicar el domingo 03 de noviembre 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

Este sermón corresponde al número 1, de la serie: VERDADEROS ADORADORES.

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   INTRODUCCIÓN: Muchas veces he ido a bibliotecas, y en la mayoría encuentro un letrero o símbolo que indica: Por favor haga silencio; en otros lugares públicos usted puede que encuentre un letrero que dice: Edificio libre de humo; y en algunos establecimientos usted puede ver letreros que dicen: No introducir bebidas y alimentos.  Cada lugar según la naturaleza de su objeto, es normal que tenga algún reglamento. La casa de Dios, también conocido como el Tabernáculo construido bajo dirección de Moisés, así como el Templo construido posteriormente bajo dirección del mismo Salomón, siendo lugares sagrados porque en ellos manifestaba Dios su presencia con su pueblo, y porque en ellos Dios recibía la adoración de su pueblo, no fueron lugares sin reglamento, pues justamente por la presencia de Dios y la naturaleza de su objeto, siempre se requirió en ellos la máxima reverencia para propios e incluso para extraños.

   En el caso de nuestro texto bíblico, Salomón autor del libro conocido como el Eclesiastés, recuerda a sus destinatarios con un énfasis personal: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal” (Eclesiastés 5:1); y al final del versículo 7, también final del primer párrafo del capítulo 5, con relación al reglamento de conducta en la casa de Dios, concluye diciendo: “mas tú, teme a Dios” (Eclesiastés 5:7b).  Basado en estos versículos, la propuesta de esta predicación es que: Cuando un adorador se presenta en la casa de Dios, debe hacerlo con las REVERENCIAS necesarias. / ¿Cuáles son las REVERENCIAS necesarias que debe hacer un adorador cuando se presenta en la casa de Dios? / Descubramos juntos cuáles son estas REVERENCIAS necesarias.

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   La primera REVERENCIA necesaria que un adorador debe hacer cuando se presenta en la casa de Dios, es:

I.- TENER CUIDADO CON LA CONDUCTA ANTE LA PRESENCIA DE DIOS.

   La primera frase de las palabras de Salomón en el versículo 1, dicen: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; … (Eclesiastés 5:1a). ¿Qué significa esta expresión: “guarda tu pie”?  Entre los hebreos israelitas se usaba este término para hablar de tener cuidado con la conducta.  Otras traducciones de la Biblia toman en cuenta este significado.  Por ejemplo, la versión DHH dice: “Cuando vayas al templo de Dios, cuida tu conducta (Eclesiastés 5:1a; DHH); la PDT dice: “Ten mucho cuidado cuando vayas a adorar a Dios” (Eclesiastés 5:1a; PDT); la TLA dice: “Si vas al templo, ten cuidado con lo que haces” (Eclesiastés 5:1a; TLA).

      Amados hermanos, la expresión: guardar el pie, o cuidar la conducta “Cuando fueres a la casa de Dios”, nos responsabiliza de acudir a su casa de manera más consciente de Su presencia, que cuando vamos a otros lugares de nuestro andar cotidiano donde también Dios no deja de estar presente; porque ir a la casa de Dios, no debe ser una visita rutinaria o accidental, sino un querer encontrarse con la santidad de la presencia de Dios, aunque en la actualidad, ya no como en la antigüedad, su presencia ya no fulmina al pecador o adorador que se presente ante Él sin cuidado de su conducta.  De todas maneras, al tratarse de estar en Su presencia en el templo, se hace necesario ser cuidadosos de conducta ante Él tanto en palabras y acciones, porque uno no se está presentando delante de una imagen sin vida ni poder, ni delante de un semejante nuestro, sino delante del único Creador y Todopoderoso Dios vivo y verdadero.

   Pero también, cuidar la conducta en la casa de Dios, como que es más fácil que en otro lugar fuera de la casa de Dios, pues muchas veces, como uno en la casa de Dios está siendo visto por otras personas que generalmente son personas afines a nuestra fe, uno se comporta lo más santificado posible; pero fuera y lejos de la casa de Dios, como uno podría ser no conocido por la gente, muchos aprovechando la situación de no ser conocidos, no tienen cuidado de su conducta ante Dios quien de todas maneras aunque no en su templo, Él siempre está allí presente como testigo en silencio de la conducta errada o correcta de una persona.  Este tener cuidado con la conducta, debe comenzar no cuando se llega a la casa de Dios, sino en toda la conducta o manera constante de vivir.

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   La segunda REVERENCIA necesaria que un adorador debe hacer cuando se presenta en la casa de Dios, es:

II.- PRESTAR ATENCIÓN CON DISPOSICIÓN A OBEDECER.

   Después de decir Salomón: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie” añade: y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal” (Eclesiastés 5:1b). La traducción de la versión DHH dice: “en vez de ofrecer sacrificios como la gente tonta que no se da cuenta de que hace mal, acércate dispuesto a obedecer” (Eclesiastés 5:1b; DHH); la versión PDT dice: “Es mejor obedecer a Dios que ofrecerle sacrificios como cualquier falto de entendimiento que continuamente hace el mal y no se da ni cuenta” (Eclesiastés 5:1b; PDT); y la versión TLA dice: “presta atención a lo que allí se enseña. Es mejor obedecer a Dios que ofenderlo presentando ofrendas sin pensar en lo que se hace” (Eclesiastés 5:1b; TLA).  El objetivo de Salomón al expresar esta exhortación, es para que en aquellos tiempos, al estar en la casa de Dios, lo más importante a lo que debería ir una persona es para “PRESTAR ATENCIÓN A LO QUE ALLÍ SE ENSEÑA” para aprender bien qué es lo que Dios espera de uno, para no pecar intencionalmente.

   El problema que Salomón estaba combatiendo, es la inconsciencia de aquellos que iban a la casa de Dios (qué bueno que iban), pero solamente para llevar su sacrificio, y luego sin aprender la voluntad de Dios, al quitarse de la casa de Dios, se dedicaban intencionalmente a una vida licenciosa, teniendo en su mente que con un siguiente sacrificio conseguirán de nuevo el perdón de Dios.  Pero, lo que Dios más esperaba y todavía espera de toda persona, especialmente de sus hijos, no eran el llevar más sacrificios, sino la obediencia a su voluntad. Por eso, era importante que el acude a su casa, sea “más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios”.  Unos años atrás ocurrió un caso en el que el rey Saúl dejando de obedecer a Dios, se le ocurrió ofrecerle un sacrificio, pero tras el disgusto y rechazo de Dios a esta actitud, el profeta Samuel, le reprendió diciéndole: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22b).

   Amados hermanos, en la casa de Dios, no solamente antes, sino también en la actualidad, tenemos que prestar atención una y otra vez de cómo debemos obedecer mejor a Dios, para evitar caer en desobediencias que Dios no quiere ver en nosotros. Este fue también el interés de Jesús, quien aun cuando todavía era de edad adolescente, San Lucas nos dice de él que sus padres en la ocasión que lo perdieron de vista en un viaje, le encontraron: “… en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles” (Lucas 2:46).  Aunque ya tenía la capacidad de compartir sus conocimientos adquiridos desde que era más pequeño, aun siendo el Hijo de Dios, estuvo sujeto al proceso de aprendizaje; y en el templo, ante los doctores de la ley, estuvo “oyéndoles”.  Y si él necesitó oír la palabra y voluntad de su Padre celestial, ¡cuánto más nosotros que solamente somos humanos y pecadores!

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   La tercera REVERENCIA necesaria que un adorador debe hacer cuando se presenta en la casa de Dios, es:

III.- HACER CON DIOS UN COMPROMISO QUE DEBE SER CUMPLIDO.

   El consejo que Salomón expresa en los versículos 2 al 4 tiene que ver que con lo que uno hace y dice cuando uno acude a la casa de Dios.  En estos versículos, él exhorta: No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. / Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. / Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes” (Eclesiastés 5:2-4).  El tenor de toda esta exhortación es que uno va a la casa de Dios para tener una comunión con Dios que implica un proceso de comunicación: Uno escucha con atención lo que Dios tiene qué decir, pero uno tiene que responderle a Dios en ese momento con oración, con canto, con ofrenda, etc…, y después del momento en su casa uno tiene que cumplirle con servicio, consagración, etc…

   En el encuentro con Dios en su casa, uno tiene que expresarle la aceptación de un compromiso que uno mismo tenga la voluntad y posibilidad de cumplir.  Esto, viene a ser una reverencia a Dios, pues uno no puede presentarse ante Él y retirarse de su presencia sin estar comprometido en algo con Él.     En los tiempos bíblicos antiguos, los israelitas trataban de conseguir un favor de Dios haciendo un voto. Le prometían grandes cosas si él contestaba sus oraciones.  Por ejemplo, Ana juró que, si Dios le daba un hijo, ella lo dedicaría a él todos los días de su vida como nazareo (cf. 1 Samuel 1:9-11, 26-28); y así lo hizo.  Pero, no todos los que hacían compromisos con Dios, cumplían finalmente con lo prometido.

    Amados hermanos, nuestra respuesta a Dios debe ser con seriedad, pues como bien dice Salomón: Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra” (v. 2b), lo cual nos recuerda nuestra posición desventajosa ante Dios, pues Él es Dios y nosotros solamente sus criaturas; además nos pone en responsabilidad, pues siendo Él Dios, Él merece adoración, obediencia, gloria, gratitud, honra, etc…lo cual en el momento de estar en su casa tenemos que dársela, pero igualmente al salir de su casa, siempre se mantiene la responsabilidad de cumplir para Él nuestros compromisos con Él.  Este fue también la actitud de nuestro Señor Jesucristo, quien al final de su ministerio, le dice a su Padre celestial: Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4).  Fue un compromiso hecho por Jesucristo ante Dios el Padre desde la eternidad antes de venir a este mundo, que fue cumplido por él no a medias sino totalmente tal como le fue encomendado.  De esta manera, Jesús es ejemplo para nosotros de que cuando a Dios hacemos promesa, se tiene que cumplir por la determinante razón de que Él es Dios.

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   La cuarta REVERENCIA necesaria que un adorador debe hacer cuando se presenta en la casa de Dios, es:

IV.- TENER TEMOR A DIOS PARA NO DESOBEDECERLE OTRA VEZ.

  Salomón, después de decir a su aconsejado: “No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? / Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; …” (Eclesiastés 5:6-7a); le dice a la persona que va o ha ido a la casa de Dios:mas tú, teme a Dios” (Eclesiastés 5:7b).  Obviamente este temer a Dios, es una actitud que se debe tener en todo lugar donde uno se encuentre.  Se debe temer a Dios estando en casa, estando en la calle, estando en el trabajo, estando de paseo, estando en la escuela, porque en realidad la presencia de Dios está en todas partes, sin embargo, la casa de Dios en aquellos tiempos, era un lugar sagrado donde Dios manifestaba mediante alguna señal que Él estaba allí, lo cual daba seguridad a su pueblo de que por cualquier enemigo que se levantase contra ellos, sin duda que Dios les defendería poderosamente. Por aquella manifestación especial de su presencia, aquel lugar se convertía en el lugar más adecuado para estar embargado de un santo temor de no hacer algo contrario a la voluntad de Dios, aunque también estando en otro lugar fuera de la casa de Dios, se puede tener temor a Dios para no desobedecerle.  El autor de la epístola a los hebreos, explica esta reverencia del temor a Dios que también Jesús practicó durante su vida y ministerio aquí en la tierra.  La explicación apostólica dice: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. / Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; / y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:7-9).  El temor a Dios como un estilo de vida reverente, pero también como una reverencia cuando uno está en la casa de Dios, es el paso necesario para ser una persona obediente, que cumple en su vida los propósitos de Dios.

   Amados hermanos, en la actualidad, nuestros templos no tienen la misma sacralidad como durante los primeros siglos cuando tanto en el Tabernáculo, como en el templo de Salomón, porque en los nuestros ya no hay aquella manifestación visible de la presencia de Dios, sin embargo, desde que el nombre del mismo Dios de los israelitas es invocado en cualquier lugar, incluso aunque no sea en un templo, sin duda que Él estará allí para escuchar, para recibir adoración, y para bendecir a quienes le invocan.  Se puede afirmar sin temor a equivocación que Dios está allí, y por ello necesita ser reverenciado con temor de no desobedecerle ni allí en ese momento, ni fuera de tal lugar después de haberse encontrado con Él.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no convirtamos nuestro acudir a la casa de Dios como una mera rutina semanal u ocasional; no acudamos a la casa de Dios solamente cuando haya algún pecado que hemos cometido y entonces hagamos un sacrificio de esfuerzo de presentarnos en la casa de Dios.  Venir a la casa de Dios debe ser la mejor experiencia de encontrarse con la presencia de Dios en el que libres de otras preocupaciones nos debemos concentrar en percibirle para nuestra vida.  Este encuentro con Dios no se da si a cada rato entramos y salimos del santuario, si durante el culto estamos enviando mensajes en las redes sociales, si estamos navegando en la www, o si nos distraemos en conversaciones con otros.  Por todo ello y por más, realmente perdemos la conexión con Dios, o ni siquiera hacemos conexión con Dios, y nos perdemos la concentración en Su presencia.

   Cuando vengamos a la casa de Dios, vengamos más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal” (Eclesiastés 5:1b). De esto depende que no seamos ritualistas, sino verdaderos adoradores.

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