LA CRUZ DE CRISTO ES NUESTRA GLORIA, Por: Diego Teh.

LA CRUZ DE CRISTO ES NUESTRA GLORIA

 Salmo 62:1-7; Gálatas 6:11-17.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 24 de noviembre 2019, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

Este sermón corresponde al número 16, de la serie: EL VERDADERO EVANGELIO, basado en la epístola de San Pablo a los Gálatas.

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   INTRODUCCIÓN: Una cruz por sí sola no es más que un posible instrumento de martirio.  “La cruz de nuestro Señor Jesucristo”, no solamente representa un martirio como la que padecieron miles de personas en el imperio romano, sino que en la teología bíblica representa la obra redentora de Cristo por gracia para los pecadores elegidos de Dios.  Así que, para los creyentes en Jesucristo, hablar de “la cruz”, no consiste solamente en hablar de la figura cruzada de dos maderas, o de pequeñas cruces de plata, oro, cobre, o calamina, diseñadas para colgarse en el pecho como una prenda de vestir, sino que consiste en representar la obra redentora exitosa o victoriosa de Jesús.  Por cierto, lo que no hacemos es usar una cruz con la representación de Cristo crucificado, sino simple y solamente la cruz vacía, porque para nosotros significa que Cristo no está muerto, sino que resucitó venciendo así el poder de la muerte, y por ello no hay necesidad de presentarle crucificado, ni de simular su crucifixión.  La cruz vacía simboliza que Cristo vive, y que su obra redentora a favor de los elegidos de Dios es eficaz en los que creen en él y su evangelio del reino de los cielos.

   Por eso, usted puede ver en la bandera cristiana además de sus colores azul que representa el cielo preparado para los creyentes, y el blanco que representa la iglesia hecha santa por Cristo para ser presentada ante Dios sin mancha, pero también incluye una cruz en color rojo sin un Cristo crucificado porque así, la cruz representa la obra triunfante de Cristo quien habiendo muerto por el derramamiento de su sangre preciosa no quedando muerto en la cruz, sino que resucitó de entre los muertos.  También en los servidores de pan y el vino de la santa cena, hay unas pequeñas cruces vacías que representan que Cristo no fue retenido por la muerte.

   En el versículo 14 de nuestra lectura de Gálatas 6, el apóstol Pablo, refiriéndose a la cruz, escribió: Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).  Primero, observen que pudo haber dicho: Pero lejos esté de mí gloriarme en nuestro Señor Jesucristo, sin mencionar la cruz, sino que la menciona no porque la cruz por sí sola tenga alguna importancia, sino porque ella representa la obra redentora de Cristo; y al mencionarla, enfatiza que si hay algo del cual vale pena gloriarse es “en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, aunque en ningún momento desecha a Jesucristo quien murió en ella, sino que la integra a ella para que la cruz represente nada menos ni más que la obra de Cristo.  Basado en estas palabras apostólicas, lo que derivado de ellas voy a predicarles hoy, es que: Por RAZONES de mucho valor, la cruz de Cristo (= la obra de Cristo en la cruz) debe ser la gloria de todo cristiano.  / ¿Cuáles son las RAZONES de mucho valor, porque la cruz de Cristo debe ser nuestra gloria? / Descubriremos juntos solamente en el versículo 14, cuáles son tales RAZONES.

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   La primera RAZÓN de mucho valor, porque la cruz de Cristo debe ser la gloria de todo cristiano, es:

I.- PORQUE EN LA CRUZ MURIÓ EL QUE TOMÓ NUESTRO LUGAR.

   En la primera frase del versículo 14 que dice: Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, …”  (Gálatas 6:14a), al mencionar que tal cruz al que se refiere es “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, es obvio que para Jesús no fue una alhaja, sino el instrumento donde él fue ejecutado de muerte, la cual fue corroborada en su momento por los encargados de ejecutar la sentencia.  Lo que aquella ejecución significó fue que Jesús estaba tomando el lugar de cada uno de nosotros los pecadores a quienes Dios se propuso salvar de la condenación eterna.

   En otras palabras, cada uno de nosotros deberíamos pagar por la culpa del pecado de Adán quien por él todos fuimos hechos pecadores.  Pero, no podíamos pagar tal culpa, porque el pagador tenía que ser santo, lo que precisamente perdió Adán y ninguno de sus descendientes por generación ordinaria jamás pudo ni podrá tener.  Solamente Jesús, nacido por generación no ordinaria, originado de la sustancia de Dios y de la sustancia humana, fue por su divinidad el único hombre santo que podría pagar con su vida y con derramamiento de su propia sangre, el precio de la culpa por el pecado de Adán y por los nuestros; y fue en la cruz donde la muerte le cobró a él el costo de nuestra herencia de pecado.  La muerte de Jesús en la cruz, fue la solución de nuestro problema humano de condenación por causa del pecado.  Por eso nos gloriamos en “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.  Su cruz fue su muerte por nuestra culpa, y su muerte nos trajo salvación de la condenación eterna, y a cambio ganó vida eterna para nosotros.

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   La segunda RAZÓN de mucho valor, porque la cruz de Cristo debe ser la gloria de todo cristiano, es:

II.- PORQUE EN LA CRUZ EL MUNDO MURIÓ PARA NOSOTROS.

   Aunque quien fue crucificado y que literalmente murió en la cruz fue Jesús, el apóstol Pablo hablando del acto de la redentora crucifixión de Jesús, en el mismo versículo 14 añade una frase con respecto al “mundo” del cual dice:… por quien el mundo me es crucificado a mí, …” (Gálatas 6:14b).  La crucifixión y en consecuencia la muerte de Jesús, tiene para un verdadero creyente el efecto colateral en fe de que el mundo, es decir, toda la atracción de pecado, también murió en aquella ocasión, de tal manera que un verdadero creyente ya no es atraído por el pecar.  La Nueva Versión Internacional traduce estas palabras de la siguiente manera: “En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí” (Gálatas 6:14b, NVI). En el entender del creyente, también el mundo fue crucificado para que nosotros le veamos muerto, sin poder, y sin ofrecimientos que valgan la pena.

   La versión Dios Habla Hoy, traduce este sentido de la crucifixión del mundo, enfatizando más el efecto, del cual dice: Pues por medio de la cruz de Cristo, el mundo ha muerto para mí …” (Gálatas 6:14b, DHH).  Así es.  Cada creyente puede afirmar que “el mundo ha muerto para mí”.  Para el creyente en Jesucristo, no solamente murió Jesús en la cruz para darnos salvación de la condenación eterna, sino también murió el mundo.  Esto significa que el mundo, ya no tiene poder para acabar con la fe, salvación, consagración, y santidad del que cree en Jesucristo y su evangelio del reino de los cielos.  Es por eso que por la obra de Cristo en “la cruz” podemos tener victoria sobre toda tentación y pecado. Por esto también nos gloriamos en “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.  El mundo está muerto para nosotros. No nos interesa. ¿No es cierto?

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    La tercera RAZÓN de mucho valor, porque la cruz de Cristo debe ser la gloria de todo cristiano, es:

III.- PORQUE EN LA CRUZ NOSOTROS TAMBIÉN MORIMOS PARA EL MUNDO.

   Después de que el apóstol Pablo dice: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí”, al final de este versículo añade con respecto a un tercer crucificado y también muerto, la frase: “… y yo al mundo” (Gálatas 6:14).  En la crucifixión de Jesús, no muere solamente Jesús, sino también muere el mundo para el pecador, pero no solo mueren Jesús y el mundo, sino también muere el propio “yo” de cada pecador que acepta que Jesús ha muerto por él.  La versión Dios Habla Hoy dice en su traducción: y yo he muerto para el mundo” (Gálatas 6:14c, DHH).  Por la cruz de Cristo, ocurre que también el pecador muere “al mundo” (RV60), o “para el mundo” (DHH).  En otras palabras, aunque el mundo se esfuerce por localizarme e involucrarnos en sus redes, trampas, tentaciones, o pecados, su esfuerzo será infructuoso porque para el mundo ya no estamos a su disposición.  Para él estamos muertos, aunque para Dios estamos vivos y protegidos por su gracia y amor.

   Es esto que el mismo apóstol Pablo les dice a los Colosenses cuando les escribió: Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. / Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:2-3).  El hecho de estar muertos al mundo, significa que para el mundo nuestra vida simplemente “está escondida con Cristo en Dios”.  El mundo no nos puede encontrar, gracias a Jesucristo que fue crucificado y muerto por nosotros.  Por esta tercera razón nos gloriamos en “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.  Estamos muertos para el mundo.

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   CONCLUSIÓN: Amados oyentes, nos unimos a la fe del apóstol Pablo que dice: lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.  De lo ocurrido en la cruz con la muerte de Jesús, del mundo, y del pecador al mundo, nada es obra humana, ni tampoco obra propia de la cruz, sino que es obra propia y totalmente de Jesucristo.  Es por él que muere el mundo para el creyente.  Es por él que muere el pecador para el mundo.  El apóstol Pablo también enfatiza que se gloría en todo ello, porque en lo personal no tiene nada de qué gloriarse.  Ninguno de sus logros personales le trajo antes lo que Cristo en la cruz le trajo a su vida.  Esto también es cierto para nosotros, por eso al igual que él también nos gloriamos en “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, porque no hay algo más que valga la pena para gloriarnos en ello.  Solo la obra de Cristo en la cruz.

   Amados hermanos, cada vez que vean el símbolo de la cruz, acuérdense primeramente de la gracia de Jesucristo quien dio su vida para muerte en lugar de nuestra vida.  Acuérdense de que su muerte, nos trajo victoria sobre el pecado, las tentaciones, y aun sobre la muerte eterna.  Acuérdense de que por Cristo no hay nada en el mundo que nos pueda separar del amor de Dios.  Estamos escondidos “con Cristo en Dios”.

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