NO TE PIERDAS LA NAVIDAD, Por: Diego Teh.

NO TE PIERDAS LA NAVIDAD

1 Reyes 20:35-43;  Mateo 2:1-12.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el martes 24 de diciembre 2019, a las 20:00 horas, durante el culto de noche buena, en la iglesia “El Divino Salvador” de la colonia Centro, de Mérida, Yucatán.

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   INTRODUCCIÓN: La estación de adviento termina hoy mismo, y comienza la estación litúrgica de los 12 días de la navidad que concluirá el 5 de enero, para dar paso a la epifanía el 6 de enero. Hay que vivir en estos días no el sentido social, comercial, y festivo sino el espíritu divino de la navidad. Jesús estaba a punto de nacer. Era nada menos que el Señor del universo, dueño del planeta tierra, Hijo eterno de quien como dueño distribuyó a los israelitas la tierra prometida que incluía la aldea de Belén, e incluso la ciudad de Jerusalén. Cuando María su madre llegó a Belén a punto de dar a luz, y buscando un lugar donde sin duda nacería en este mundo el mismísimo Creador y Dueño del universo, tristemente con respecto a su nacimiento, dice San Lucas primeramente de la madre de Jesús: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre”, y luego dice de José, María, y Jesús, que la razón por haber acostado a Jesús “en un pesebre”, fue “porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7).  ¿Se imagina usted el privilegio que tuvo el mesonero o dueño del mesón, si él le hubiese alquilado a José y María, aunque a precio elevado, un espacio para que ellos pasasen los días necesarios mientras cumplían con el deber obligatorio de empadronarse en aquella aldea donde incluso no eran desconocidos sino gente cercanamente conocida?  Pero, lamentablemente aquel hombre junto con toda su familia, se perdió la NAVIDAD original más bendita de toda la historia.

   Luego, un extranjero idúmeo pero de confianza del gobierno romano, fue puesto en Jerusalén a unos 3 km del lugar donde Jesús nacería; se trata de HERODES EL GRANDE, rey de Judea, quien tristemente también se perdió la NAVIDAD de Jesús. Aunque Jesús no nació en el palacio de Herodes, ni en Jerusalén, pero sí cerca de allí, Herodes jamás en su vida conoció al Hijo de Dios ni recién nacido, ni ya más grande, porque por culpa de él mismo, al ordenar la matanza de los niños de Belén menores de dos años, Jesús fue llevado a vivir por José y María a Egipto entre unos 700 a 1000 kilómetros de distancia.  Allí estaba el niño Jesús, resguardado, cuando este Herodes murió. Y, así es que, aunque supo de Jesús, jamás conoció a este ser más relevante de la mejor navidad que el mundo haya tenido.

   Pero, a lo que voy en esta predicación estimado oyente, es que usted también, no se debe perder el espíritu original y divino de aquella misma navidad de Jesús. Por eso, basado en la historia de Herodes y su relación con los magos de oriente, según Mateo 2:1-12, lo que específicamente voy a predicarles en este momento, es que: Ninguna persona debería perder las CELEBRACIONES del espíritu original y divino acerca del histórico nacimiento de Jesús. / ¿Cuáles son las CELEBRACIONES del espíritu original y divino acerca del histórico nacimiento de Jesús que ninguna persona debería perder? / Según la narración de San Mateo acerca de Herodes y su relación con los magos de oriente, les compartiré acerca de estas CELEBRACIONES.

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  La primera CELEBRACIÓN del espíritu original y divino acerca del histórico nacimiento de Jesús que ninguna persona debería perder, es:

I.- BUSCAR INTENCIONALMENTE A JESÚS.

   San Mateo relata que: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, / diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?” (Mateo 2:1-2a).  Las primeras palabras de la pregunta que estos magos le hicieron a Herodes con respecto al nacido rey, fue: “¿Dónde está…?”  Estaban buscando. Había una intención de buscarle. Y tan real era su búsqueda que finalmente, le hallaron.

   En contraste con aquellos magos, dice la narración de San Mateo, que Herodes: “…llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; / y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, …” (Mateo 2:7-8c). Ni siquiera se propuso acompañar a los magos a tan solo unos kilómetros de su palacio y de Jerusalén. Eso indica que ni siquiera tuvo la intención real de buscarle.  Y si es que había alguna intención al pedirle a los magos que averigüen “con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, …”, es porque en ese momento su mente estaba maquinando uno más de sus más crueles asesinatos que finalmente llevó a cabo contra muchos niños menores de dos años de la aldea de Belén que fueron los primeros mártires por la causa redentora de Jesús.  La mejor navidad resultó en tragedia para aquellos niños y sus familias, pero para él jamás significó algo divino o redentor. Se perdió totalmente el espíritu real y verdadero de la navidad de Jesús, pues jamás le buscó con sentido espiritual como lo hicieron los magos que le visitaron.

   Amado oyente, aunque no a la manera de Herodes, también muchas personas se pierden el espíritu original de la navidad de Jesús, pues en los preparativos de sus celebraciones personales o familiares, lo que buscan en realidad no es a Jesús.  Y si por navidad no se entiende que se trata de buscar a Jesús y no otras cosas que distraigan la atención que se debe enfocar en Jesús, entonces uno mismo se pierde la navidad.  No hay navidad para quienes no buscan a Jesús.  Por eso, es importante que esta temporada litúrgica de navidad nos recuerde la importancia y fortalezca nuestra decisión de buscar a Jesús no solamente en esta temporada sino todos los días de cada año.  Buscar a Jesús es nuestra verdadera celebración de la navidad histórica.

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  La segunda CELEBRACIÓN del espíritu original y divino acerca del histórico nacimiento de Jesús que ninguna persona debería perder, es:

II.- TENER CONVICCIÓN DE LA REALEZA DE JESÚS.

   Los magos que vinieron del oriente, en su búsqueda llegaron al palacio de Herodes, preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, …” (Mateo 2:2ab). Es comprensible que los magos hayan ido al palacio a visitar al rey Herodes, pues de manera ordinaria los que nacen destinados para ser reyes son hijos de los reyes, y su vivienda habitual es por lo general un palacio.  Además, ellos no siendo israelitas, no eran conocedores de los detalles proféticos acerca del extraordinario y divino “rey de los judíos” que se mencionan en las Sagradas Escrituras.  Sin embargo, no estaban confundidos en el objetivo de su búsqueda de Jesús, sino que estaban convencidos de que a quien estaban buscando era el “rey de los judíos”.

   En cuanto a Herodes, Mariamna I, la segunda de sus 10 esposas, era hija de un sacerdote judío asmoneo llamado Alejandro.  Los asmoneos, eran una familia de judíos históricamente distinguidos. Esta relación que Herodes tenía con una esposa judía le hacía pensar que un hijo suyo con esta señora descendiente judía, podría ser el prometido “rey de los judíos”.  Así que no podría caber en la cabeza de él, un rey de los judíos que no sea su propio hijo.  Pero, 7 años antes del nacimiento de Jesús, él ya había mandado a ejecutar a Alejandro y Aristóbulo, dos hijos de él con esta Mariamna, y solamente le sobrevivían un hijo varón de nombre Salampsio, y una hija llamada Cipros. Uno hijo más había muerto en Roma lejos de Jerusalén mientras era un estudiante. Ninguno de ellos fue proclamado con una estrella como lo fue el nacimiento de Jesús, pues, en realidad la promesa de Dios acerca del prometido “Rey de los judíos”, es que nacería no de cualquier otra familia judía como la de los asmoneos e incluso ni de los judíos macabeos. El “rey de los judíos” destinado por Dios, no sería descendiente de un sacerdote, sino de un rey, pero solamente de la familia descendiente de David, del cual ni Herodes ni ninguna de sus esposas pertenecían a la familia de David.

   Mariamna II, la tercera de sus esposas, era hija del sumo sacerdote Simón ben Boethus, originarios de Alejandría Egipto, quienes no siendo propiamente egipcios sino israelitas, tampoco eran judíos sino levitas, y por ello ni Herodes ni esta Mariamna, podría ser la madre de un legítimo “rey de los judíos”, menos si se trataba del rey prometido por Dios. Su hijo fue el Herodes Felipe mencionado en los evangelios (según Mateo 14:3; Marcos 6:17; Lucas 3:1,19), que finalmente no fue rey de los judíos sino de otro territorio israelita. Maltace, la cuarta de sus esposas, era madre de Herodes Arquelao también mencionado en los evangelios (Mateo 2:2), como rey de Judea.  También fue madre de Herodes Antipas.  Pero ella era samaritana, y por ello Herodes no podría ser el padre del niño que los magos buscaban, pues cuando ellos llegaron a Jerusalén, Arquelao, ya era un joven y no recién nacido. Además, Herodes no era judío sino idúmeo (no israelita sino extranjero de Idúmea).

   Amado oyente, al iniciar esta temporada litúrgica de la navidad, fortalezcamos nuestra convicción de que el Jesús Hijo de Dios en quien hemos creído, y a quien buscamos no solo en los días de navidad de cada año, sino todos los días de todos los años, es no solamente “rey”, ni solamente “rey” de los judíos, sino “Rey” del reino de los cielos al que pertenecemos todos los que creen en él.  Quien no tiene esta convicción acerca de Jesús, se está perdiendo el espíritu de la verdadera navidad de Jesús. Esto es lo que celebramos en esta temporada.  Que Jesús es el Rey del reino de los cielos, que Jesús es el Rey del Universo, que Jesús es el Rey de los judíos, y que él es el Rey de nuestras vidas. Si usted no está celebrando ahora que Jesús es el Rey der reyes y Señor de señores, entonces como el mesonero de Belén, y como Herodes el idúmeo, usted se está perdiendo el espíritu de la verdadera navidad irrepetible de Jesús.

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  La tercera CELEBRACIÓN del espíritu original y divino acerca del histórico nacimiento de Jesús que ninguna persona debería perder, es:

III.- ADORAR CON GOZO A JESÚS.

   El motivo de la búsqueda que hicieron los magos, según ellos mismos le informaron a Herodes, fue: “… y venimos a adorarle” (Mateo 2:2c).  Y así lo demostraron según la historia que San Mateo relata, dice de la ocasión: “… la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. / Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. / Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:9b-11).

   Pero, en el caso de Herodes, cuando él se informó de parte los sacerdotes y escribas acerca de esta búsqueda tan convencida que hacían lo magos, ellos le confirmaron que efectivamente hay una profecía que indicaba el nacimiento de un ser divino-humano previamente prometido y que nacería en Belén (no en Jerusalén), envió a los magos a Belén diciéndoles: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, pero les añadió: “para que yo también vaya y le adore” (Mateo 2:7-8c).  Pero el motivo de su petición no era para adorar a Jesús, sino para planear estratégicamente cómo matar al niño buscado.  De verdad, que la maldad que había en su corazón no le permitió conocer la divina bondad de la salvación que había en la persona de Jesús.

  Herodes, se había caracterizado en ser un asesino.  Por influencia de su hijo Antípatro, hijo de su primera esposa, él había mando matar a sus dos hijos Aristóbulo y Alejandro, hijos de su segunda esposa Mariamna I[1].  También se le culpa de la muerte de su cuñado Aristóbulo III, hermano de Mariamna I su segunda esposa, a quien el mismo puso como sumo sacerdote en Jerusalén, habiendo depuesto al anterior[2].  Todo esto, a unos años antes del nacimiento de Jesús.  Así que matar a un niño, o a los niños menores de 2 años que finalmente hizo morir en Belén, no era gran cosa para él, y no era verdad que estaba dispuesto a adorar a ese niño de Dios.  En verdad, que Herodes se perdió la celebración de adorar a Jesús en aquella excelsa e irrepetible navidad de su tiempo, por causa del pecado y la maldad que había sobradamente en su corazón.

   Pero, amados hermanos, esta adoración a Jesús, no es solamente asunto de fin de año, sino asunto de todos los días a nivel personal y familiar, pero como iglesia debe ofrecerse por lo menos el domingo primer día de la semana.  Jesús espera la adoración diaria especialmente de aquellos que han creído en él y que tienen en su vida el beneficio de la salvación eterna.  Quien no adora a Jesús ni los domingos con la iglesia, ni todos los días en su hogar, es que no sabe bien acerca de la navidad.  La adoración tiene una conexión tanto con el nacimiento como con la obra redentora por crucifixión, y con la resurrección de Jesús.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, las CELEBRACIONES de la navidad de Jesús, nadie se la debe perder todos los días. No es una cuestión anual, sino de todos los días.  La navidad para nosotros los creyentes en Jesucristo, se celebra: (1) buscando intencionalmente a Jesús, (2) teniendo la convicción de que Jesús es Rey divino, y (3) adorando con gozo a Jesús el Hijo de Dios. Por eso, en esta temporada litúrgicamente navideña, propongámonos mejorar nuestra responsabilidad de celebrar permanentemente que Jesús nació para traernos salvación, esperanza, paz, gozo, amor, y otras muchas bondades para esta vida y para la eternidad. Todos los días del año debe ser navidad, muerte, y resurrección de Jesús.  No se pierda usted celebrarlo siempre.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%ADpatro_(hijo_de_Herodes)

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Mariamna_I

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