CUALIDADES PASTORALES DE PAPÁ Y MAMÁ, Por: Diego Teh.

CUALIDADES PASTORALES DE PAPÁ Y MAMÁ

Jeremías 23:1-8; Juan 10:7-18.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 05 de enero 2020, en el culto de las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la colonia Centro, de Mérida, Yucatán.

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Sermón # 1, de la serie: PADRES RESPONSABLES.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy, damos comienzo a una nueva serie corta de sermones que tienen relación con la vida cristiana en familia.  He titulado esta serie como: PADRES RESPONSABLES.  Estaré compartiendo esta serie con nuestro pastor electo como titular de esta iglesia, Pbro. Víctor Manuel Cruz López, que Dios mediante el próximo domingo estará con nosotros en calidad de visitante con miras a iniciar pronto su trabajo pastoral en calidad de fraternal antes de ser oficial y constitucionalmente instalado.  Pero, retomando lo concerniente a la serie: PADRES RESPONSABLES, el primer sermón de esta serie, la he titulado como: CUALIDADES PASTORALES DE PAPÁ y MAMÁ.

   El tenor de este título, primeramente, lo relaciono con las palabras de nuestro Señor Jesucristo quien en una de sus parábolas hablando de un pastor de ovejas, dijo: “el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11b).  Cuando él dijo estas palabras fue para afirmar que él era “el buen pastor”, diciendo: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11a), uno de los divinos 7 “Yo soy” que según Juan, Jesús expresó durante su ministerio.  Y razón tuvo Jesús para identificarse como “el buen pastor”.  Pero, la figura del pastor de ovejas, también es aplicado en la Biblia a Jehová Dios, pues en los tiempos del rey David, en el Salmo 23 dice de Jehová: “Jehová es mi pastor, …” (Salmo 23:1a). En los tiempos del exilio judío hacia Babilonia, el profeta Jeremías (650-586 a.C), en varios mensajes de Dios que Jeremías presentó a los judíos, se refirió a ellos como “los pastores” del pueblo de Dios.  Algunos de ellos habían sido buenos, otros, malos pastores, pero a fin de cuentas, también son pastores (cf. Jeremías 23:1-2; 50:6-7a).  Aunque quizá la figura del pastor es más relacionada con Jesucristo, sin embargo, en la comunión de la iglesia también hay pastores humanos dotados con dones especiales de la gracia de Dios para conducir al pueblo de Dios, pero sobre ellos Jesús es el primero, es “el Príncipe de los pastores” (1 Pedro 5:4a).  Pero, con todo ello, también es verdad que en la familia, papá y mamá son pastores de sus hijos, “sus ovejas”en nombre del evangelio de Jesucristo. Papá y mamá, no blasfeman contra Dios el Padre, ni contra Jesucristo, si como padres asumimos una responsabilidad pastoral para con nuestros hijos.

   Con este tenor de ideas, y con este texto parabólico de Jesús que ya hemos leído en San Juan 10:7-18, lo que hoy les voy a predicar en este mensaje, es que: En la familia, papá y mamá deben contar con CUALIDADES pastorales. / ¿Cuáles son las CUALIDADES pastorales con las que en la familia deben contar papá y mamá? / A través de esta predicación les voy a compartir acerca de las siguientes CUALIDADES pastorales.

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   La primera CUALIDAD pastoral, con la que en la familia deben contar papá y mamá, es:

I.- SER CREYENTE Y RECONOCERSE PASTOR DE “SUS OVEJAS”.

   En términos ganaderos en Israel, Jesús no era pastor de ovejas, como quizá ninguno de los que aquí estamos presentes es pastor de tales animalitos.  Incluso, tal como cada uno de los que aquí estamos tiene su respectivo oficio o profesión, Jesús también tenía su oficio personal aprendido en familia por influencia de José su padre terrenal, era un carpintero.  Sin embargo, habiendo Jesús principiado su ministerio celestial de predicar el reino de Dios, y de capacitar a discípulos que serían sus futuros apóstoles, en una ocasión él se comparó con aquellos pastores que, siendo dueños de ovejas, y no solamente pastores por empleo, eran capaces de arriesgar su propia vida con tal de tener a salvo a todas sus ovejas.  En ese contexto comparativo, Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11a).  Un carpintero, de quien no se sabe si alguna vez hizo trabajo pastoral de ganado dedicado a la misión de predicar el reino de los cielos se reconoció pastor de sus discípulos y hasta de los que no lo eran, declarando: “Yo soy el buen pastor”.

   Amados hermanos, ya nos acostumbramos demasiado al contexto en el que usamos la palabra o título: Pastor. Lo relacionamos como si fuera un oficio, o si acaso, una profesión, que corresponda a un dirigente exclusivo de la iglesia de nuestra Señor Jesucristo.  Ni siquiera pensamos en que nuestros gobernantes civiles, también son pastores del pueblo; pero mucho menos pensamos en que en el hogar el esposo es pastor de su esposa, y que a la vez papá y mamá son pastores de sus propias ovejas, es decir de sus hijos.  Por eso, no se equivoca el escritor cristiano Tedd Tripp, quien en 1995 publicó un libro dirigido a papá y mamá, cuyo título es: Cómo pastorear el corazón de su hijo.  Ojalá usted pueda conseguirse ese libro si tiene hijos a quienes todavía tiene la responsabilidad de pastorearlos.  Pero, lo primero es lo primero, usted tiene que reconocerse pastor de sus hijos.  No ofende a nuestro Señor Jesucristo, si usted como padre se reconoce pastor. Lo que sí, es necesario que papá y mamá como pastores de sus hijos, primero sean creyentes en Jesucristo.  Si no son creyentes en él, no pueden ser buenos pastores para ellos, porque el pastoreo que los padres debemos hacer está centrado en Jesucristo y solamente en él, por lo que no podría llevarse a cabo nuestro pastoreo si primeramente no somos creyentes en Jesucristo.

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   La segunda CUALIDAD pastoral, con la que en la familia deben contar papá y mamá, es:

II.- SABER DARSE CUENTA QUE “SUS OVEJAS” ESTÁN EN PELIGRO.

   Jesús, hablándoles a los fariseos (no solamente a los discípulos de él), indicándoles que los discípulos de él son “las ovejas”, les dice: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas” (Juan 10:8).  Con toda certeza Jesús se dio cuenta del peligro en el que ya habían pasado sus discípulos.  Estuvieron expuestos incluso a líderes religiosos que, en vez de servirles como guías para acercarles a Dios, solamente habían sido “ladrones” y “salteadores” para ellos.  “El buen pastor”, se da cuenta de ello. Jesús se identificó con este tipo de pastor que siempre durante el tiempo que estuvo con sus discípulos les cuidó de los peligros espirituales habidos y por haber.  Es por eso, que Jesús la noche de su arresto para ser crucificado al día siguiente, dedicó tiempo en oración para entregarle a su Padre celestial un informe pastoral del cuidado que especialmente tuvo hacia sus primeros discípulos a quienes hizo sus apóstoles.  En su informe le dijo a su Padre celestial: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:12).  Esta es la cualidad de “el buen Pastor”.

   Como padres es necesario ser buenos pastores de nuestras ovejas, nuestros hijos, para cuidarlos y enseñarlos a cuidarse de los peligros y enemigos de sus almas que pudieran atentar contra sus mismas vidas, su espiritualidad, y su identidad como amados hijos del pacto de Dios.  Hay que ser preferentemente preventivos en estos casos, y si es necesario hay que hacer sabias correcciones antes que el peligro haga daños en sus vidas. Hacer esto, es hacer trabajo pastoral con nuestros hijos.  Hay que saber darse cuenta a tiempo de los peligros, para primeramente instruirlos a huir de ellos.  Hay que decirles como San Pablo a su hijo en la fe (cf. 1 Corintios 4:17): “huye de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:2), antes que el peligro les alcance, para no tener que hacer lamentaciones como en los tiempos del profeta Jeremías por causa de la invasión de los Babilonios a la ciudad de Jerusalén, mucha gente de Jerusalén se vio en la sentida necesidad de decir: “Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció” (Lamentaciones 1:16c).  Por todos los enemigos habidos y por haber, los padres tenemos que ser los buenos pastores para nuestros hijos para cuidarles, razón por la cual Dios fue bueno con nosotros concediéndonos la bendición de tener hijos bajo nuestra responsabilidad.  Necesitamos desarrollar esta cualidad pastoral que la fe en Cristo ha puesto en nuestras manos.

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   La tercera CUALIDAD pastoral, con la que en la familia deben contar papá y mamá, es:

III.- TENER DISPOSICIÓN DE DAR HASTA SU VIDA POR “SUS OVEJAS”.

   En cuanto al que no es buen pastor, este no se da cuenta del peligro en el que están sus ovejas, o las ovejas que alguien le haya encomendado para cuidar; o aunque se de cuenta de que las ovejas bajo su cuidado están en peligro, simplemente no hace nada por “las ovejas”.  Cuando Jesús describe a este tipo de pastor que no es auténtico sino que le llama “asalariado”, dice de él que: “ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:12d,e); y luego dice que a tal pastor: “no le importan las ovejas” (Juan 10:13c). Estos pastores “asalariados”, cobardes e irresponsables porque huyen, y negligentes porque “no le importan las ovejas”.  Cuando el dueño de “las ovejas” pregunte por sus ovejas, simplemente va a decir que “el lobo” las arrebató y las dispersó.  Pero, “el buen pastor”, responsabilidad que asume Jesús en la aplicación de la parábola, es que siendo él, “el buen pastor”, y hablando de él mismo y no de un personaje figurado, dice: “el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11b).   La mejor prueba de este detalle, es la experiencia de muerte en la cruz que tuvo que pasar para beneficio eterno de sus discípulos de aquel entonces, y por sus discípulos que tendría después en otros tiempos y lugares del mundo.  Nosotros estuvimos en su amor como sus ovejas por quienes le fue necesario dar su vida para nuestra salvación del poder eterno del pecado que nos llevaba a la condenación eterna.

   Tomando en cuenta esta explicación de Jesús de lo que “el buen pastor” de ovejas podría padecer hasta perder la vida si era necesario con tal de que todas y cada una de sus ovejas estén a salvo, también un padre y una madre tiene que asumir esta responsabilidad con los hijos que son más valiosos que una oveja del campo.  Si un pastor de ovejas del corral, con tal de proteger y tener a salvo a sus animalitos era capaz de dar su vida por ellas, cuánto más papá y mamá deberían hacer todo esfuerzo para que sus hijos estén a salvo de los alcances del enemigo de sus almas, y del poder del pecado.  Se necesita hacer con cada uno de ellos, un trabajo intenso de orientación espiritual.

   Amado padre y madre, esta es una responsabilidad prioritaria de usted para con sus hijos.  Estoy seguro que usted tiene esta cualidad y amor de dar la vida por ellos.  En este caso quizá usted no tiene que enfrentar la muerte, pero sí una incansable responsabilidad de día a día trabajar en sus vidas con el evangelio que usted ya conoce y sigue conociendo desde que ha creído en Jesucristo.

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   La cuarta CUALIDAD pastoral, con la que en la familia deben contar papá y mamá, es:

IV.- COMPARTIR UNA CERCANA COMUNIÓN CON “SUS OVEJAS”.

   En la segunda ocasión que durante la narración de esta parábola Jesús se reconoce pastor, diciendo: Yo soy el buen pastor” (Juan 10:14a), añade lo siguiente diciendo: “y conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (Juan 10:14b).  Esto de conocer a las ovejas y ser conocido por las ovejas no es algo que se da en automático, sino que se da a través de todo un proceso de tiempo y relación.  Jesús relata esta relación entre su padre y él, diciendo:  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; …” (Juan 10:15a).  Aun entre el Padre celestial y Jesús el Hijo terreno-celestial, hay en la Divinidad una no escasa sino por naturaleza una estrecha relación cuyo resultado es una experiencia de conocimiento mutuo, de tal manera que Jesús dice: “…el Padre me conoce, y yo conozco al Padre, …”.

   Amados hermanos privilegiados de ser padres, esto es lo que también debería ocurrir en familia.  Se hace necesario conocer cómo piensan, por qué así piensan nuestros hijos, para poder orientarlos en el camino de la fe salvadora.  Debemos hacerlo para poder decir como Jesús: “conozco mis ovejas”, lo que para un papá y una mamá equivale a decir: Yo conozco bien a mis hijos, platico, convivo con ellos, etc…   Cuando los padres somos intencionales en este acercamiento con nuestros hijos, ellos también llegan a conocer no solamente los pecados, errores, y debilidades de nuestra vida, sino que siendo nosotros creyentes en Jesucristo, nuestros hijos tienen más oportunidades de llegar a conocer al mismo Jesucristo que es el fundamento de nuestra vida, y que también debería ser el fundamento de sus vidas.  Pero, este detalle de la vida familiar, o más bien de la espiritualidad familiar, requiere de un acercamiento constante con nuestros hijos aprovechando los momentos que están en casa con nosotros.  Quizá al momento de los alimentos, es mejor una conversación que estar juntos frente al televisor.  Quizá cuando nos trasladamos juntos hacia algún lugar, es mejor conversar acerca de un tema edificante de la vida, que un tema que no sirve para algo edificante en sus vidas.  Para que Jesús haya dicho: “y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”, tuvo que desde el principio invertir intencionalmente tiempo con ellos para este fin, al mismo tiempo que los iba formando como sus discípulos para constituirlos en apóstoles de su ministerio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, tenemos que ser pastores de nuestros hijos, pero es necesario tener las cualidades necesarias para ello.  Sin embargo, no son cualidades que se aprenden en una escuela, seminario, o iglesia, sino son más bien, el resultado de nuestra relación con Dios por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Trabajemos en mejorar nuestra fe y decisión de ser pastores para nuestros hijos; estemos siempre alertas para descubrir a tiempo los peligros en los que pudieran estar nuestros hijos; estemos siempre dispuestos como los pastores de ovejas en Israel, a dar nuestra vida por nuestras ovejas, nuestros hijos; y cultivemos con ellos el compartir de manera cercana un tiempo diario de comunión con ellos para conocerlos y que nos conozcan, y así seamos bendición para sus vidas.

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