LO QUE NECESITAN NUESTRAS FAMILIAS, Por: Diego Teh.

LO QUE NECESITAN NUESTRAS FAMILIAS

2 Crónicas 7:13-14;  Filipenses 2:1-11.

Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 01 de marzo 2020 (DOMINGO DE LA FAMILIA), en el culto de las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la colonia Centro, de Mérida, Yucatán.

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Sermón # 1, de la serie: A FAVOR DE LA FAMILIA

   INTRODUCCIÓN: La Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 47/237 del 20 de septiembre de 1993 (hace ya 27 años), determinó que el 15 de mayo de cada año se celebre el Día de la Familia, debido a la importancia que esta tiene, como unidad básica de la sociedad.  Aquí en nuestro país (en México), hace 15 años (en 2005) durante el gobierno de don Vicente Fox, se comenzó a festejar el primer domingo del mes de marzo de cada año.  Hoy 1 de marzo es el día de la edición del Día Mexicano de la Familia.  Es por eso que durante este mes aquí en la iglesia, programamos una mini serie de predicaciones que hemos titulado: A FAVOR DE LA FAMILIA.  Y nuestro texto clave de este mes está basado en las palabras de Nehemías, con las cuales orientó especialmente a los hombres judíos de Jerusalén para que se hicieran responsables de proteger a sus hijos, hijas, respectivas esposas, casas, e incluso a otras familias, a quienes dijo: “… acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas” (Nehemías 4:14b). Este es también nuestro deber primeramente por nuestras respectivas familias. No pelear contra nuestra familia, sino pelear contra problemas, amenazas, circunstancias, y pruebas que afectan la estabilidad espiritual y moral de la familia.

   El día de hoy comenzaré la serie, predicándoles el tema: LO QUE NECESITAN NUESTRAS FAMILIAS.  ¿Qué considera que le hace falta a la familia de usted?  Quizá usted estará pensando en dinero, en una casa, en un vehículo, en una herramienta de trabajo, en un tratamiento médico, o hasta unas merecidas vacaciones, etc…, pero si observamos bien en el texto bíblico de 2 Crónicas 7:12b-14, las palabras que Dios le dijo a Salomón cuando este hubo terminado de construir el templo de Jerusalén, usted encontrará que Nosotros y nuestras respectivas familias, necesitamos ante Dios, las ACTITUDES esenciales y urgentes para tener acceso a sus bendiciones. / Según nuestro texto bíblico, era una noche, cuando repentinamente Dios se le apareció a Salomón, a quien le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. / Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; / si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:12b-14).  De estas palabras que hemos leído, ¿cuáles son las ACTITUDES esenciales y urgentes que nosotros y nuestras familias necesitamos ante Dios para tener acceso a sus bendiciones? / Siga usted estas palabras dichas por Dios a Salomón, especialmente las mencionadas en el versículo 14, y descubrirá en ellas, cuatro de tales ACTITUDES esenciales y urgentes.

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   La primera ACTITUD esencial y urgente que nosotros y nuestras familias necesitamos ante Dios para tener acceso a sus bendiciones, es:

I.- EL HUMILLARNOS ANTE DIOS.

   El pueblo de Israel desde su salida de Egipto, durante su peregrinaje en el desierto, durante un promedio de 40 años, a pesar de saber ellos que eran el pueblo amado de Dios, en muchas ocasiones le dieron la espalda a Dios. Durante los siguientes 4 siglos de ya estar en la tierra prometida que les fue entregada por Dios, no fueron nada mejores, sino que constantemente el pueblo entero de Dios, individuos en particular, familias enteras, y hasta sus gobernantes se volvían contra Dios pecando consciente y deliberadamente.  En los tiempos cuando bajo la dirección de Salomón, la construcción del majestuoso templo de Jerusalén quedó concluido, Dios previendo que su pueblo amado volvería a pecar intencionalmente contra él, le dijo a Salomón que por causa del pecado de su pueblo: “Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo” (2 Crónicas 7:13), según la primera frase del versículo 14, lo primero que Dios esperaría de ellos, es: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado”, y como resultado, según lo explica en la última frase de este mismo versículo: “entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).  En otras palabras, Dios espera la humillación del pecador como condición por lo menos para dos cosas: 1) para recibir el perdón de sus pecados, y 2) para recibir bendiciones particulares como que su tierra sea hecha fértil para gozar de abundantes cosechas.

   Muchas personas y familias, y hasta quienes hemos dado pasos para iniciar el camino de la vida cristiana, y que estamos enfrentando tiempos difíciles, por lo general es por causa de malas decisiones que hemos tomado por no tomar en cuenta la sabiduría de Dios, que si en su momento hubiésemos actuado apegados y conforme a la voluntad de Dios, no nos estuviese yendo mal en la actualidad.  Antes que culpar a Dios, y antes de pensar que Dios no está interesado en nuestro bienestar, se requiere de humildad para reconocer que la gran culpa de toda esta condición es nuestra y no de Dios.  Es por eso que se requiere de la actitud de humillación, primero confesándole a Dios que nos hemos equivocado, y en su caso que actuamos contrario a su voluntad, y que le pedimos nos perdone de haberle dado la espalda en desobediencia y rebeldía.  Esto es lo que Dio quiere ver en cada persona o hijo suyo, pero también en la familia entera.

   Amados hermanos, cuando la gracia de Dios toca nuestra conciencia, nos damos cuenta de nuestras actitudes que le desagradan, y entonces debemos responder con actitud de humillación ante Dios.  No debiera darnos vergüenza de humillarnos delante de Dios, pues la peor vergüenza que nos ha ocurrido es que el pecado nos ha humillado haciéndonos pecar contra Dios.  Jesús es nuestro supremo ejemplo de humillación, quien no teniendo pecado de qué avergonzarse, ni responsabilidad que le comprometa para favorecernos a los seres humanos, dejó su trono de gloria para venir a nuestro mundo de gente pecadora y mortal. Y Jesús mismo enseñó que “el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23:12; Lucas 14:11; 18:14).  Esto hace falta en nuestra vida personal y en la de nuestra familia.  Humillarse delante de Dios es actuar a favor de nuestras respectivas familias.

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    La segunda ACTITUD esencial y urgente que nosotros y nuestras familias necesitamos ante Dios para tener acceso a sus bendiciones, es:

II.- EL ORARLE A DIOS.

   Además de humillarse ante Dios, leemos en la segunda frase del versículo 14 que lo que Dios espera de su pueblo, es el orar, pues Él dijo que como parte de la humillación, y además de la humillación: “y oraren”.  En su oración de dedicación que hizo Salomón del templo que se había terminado de construir, prácticamente lo dedicó como casa de oración antes que casa de sacrificios.  Y tomando en cuenta que aquel templo sagrado representaba la presencia de Dios, si uno no tuviese la posibilidad de recurrir a aquella casa, Salomón le rogó a Dios que considerara como suficiente que en el lugar donde tal persona se encuentre aun en el extranjero, y que le ore a Dios, ya sea de pie o de rodillas, pero con el rostro con dirección al templo o a la ciudad de Jerusalén, su oración de búsqueda de socorro sea escuchada (cf. 2 Crónicas 6).  Es a eso que Dios le responde a Salomón cuando le dice: “Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio” (2 Crónicas 7:12b).

   Amados hermanos, el día de hoy, igualmente no tenemos ni siquiera que buscar las coordenadas donde se ubica un templo para poder orar.  La familia tiene acceso directo a Dios por medio de Cristo.  Solamente tenemos que orar.  Hoy es tiempo de fortalecer a nuestras familias, comenzando con el esposo y la esposa, con el padre y la madre, y también con los hijos.  La familia que está siendo atacada en la actualidad por movimientos y cosmovisiones no cristianas acerca de la vida, y la familia, no debemos bajar la guardia de apegarnos a Dios para orarle a Él, para que él nos proteja de este tipo de ataques.

   Nuestro Señor Jesús, basta con que leamos los evangelios, aun siendo el Hijo de Dios en quien en su calidad de humano, contaba con la naturaleza divina fusionada en él, también tuvo que practicar la oración a Dios.  ¡Cuánto más nosotros que no somos divinos sino frágiles humanos!  Como familias, no descuidemos orar en nuestros hogares.  No tenemos que esperar venir a la reunión de la iglesia el viernes, el sábado, o el domingo.  Hacer oración con la familia es actuar a favor de la familia.

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   La tercera ACTITUD esencial y urgente que nosotros y nuestras familias necesitamos ante Dios para tener acceso a sus bendiciones, es:

III.- EL BUSCAR A DIOS.

   Además de humillarse teniendo que confesar a Dios nuestros pecados, y pedirle perdón por todo ello; y además de orar a Él, aunque todo tiene relación con lo anterior, según la tercera frase del versículo 14, Dios especifica que Él quiere ver que su pueblo le busque a Él, pues Él dijo: y buscaren mi rostro” (2 Crónicas 7:14).  Esta expresión de buscar el rostro de Dios, no significa buscar o esperar ver un rostro como el de una persona humana, sino más bien significa ver cualquier manifestación visible de que Él está presente.  Por ejemplo, cuando los israelitas veían la nube que les guió en el desierto, o la columna de fuego que también les guiaba por la noche, y cuando veían aquella luz de la gloria de Dios que procedía de una nube pequeña sobre el tabernáculo y posteriormente en el templo, ellos entendían que estaban frente a Dios, que estaban mirando, aunque no su esencia, pero sí su presencia, y entonces entendían que estaban nada menos que delante del rostro de Dios.

   Dios hace este énfasis de que él desea que busquen su rostro, o sea, su presencia, y lo dice después de haber dicho que uno debe orarle a él.  Dios enfatiza la búsqueda de su rostro, para que no haya confusión con que la sola acción de orar sea considerada como un contacto o relación con Dios cuando pudiera ser solamente una mera pronunciación de palabras.  Dios quiere que uno pueda estar consciente de que se está en su presencia y uno pueda percibir su presencia.  Es verdad que el templo nos recuerda la presencia de Dios, pero Cristo en nuestra vida, y el orar en su nombre nos garantiza que cada palabra salida de nuestro corazón por medio de nuestros labios, son un encuentro con “el rostro”, o la presencia bendita de Dios.  Pero, también la familia debe aprovechar acudir al templo donde en el reposo de nuestras actividades cotidianas uno se encuentra con la quietud del alma ante el rostro de Dios.  También tomemos en cuenta la instrucción del apóstol que escribió a los hebreos diciéndoles: “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; / no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).  El día al que se refiere es el día cuando Cristo vuelva, y veamos su rostro, pero mientras eso sucede, nadie debe dejar de congregarse no solamente de manera personal sino junto con la familia, porque es también en el lugar donde la iglesia se reúne que uno busca y encuentra “el rostro” de Dios.  Hacer esto con la familia es actuar a favor de la familia, porque quien o quienes se encuentran con Dios, son favorecidos con su gracia salvadora.

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   La cuarta ACTITUD esencial y urgente que nosotros y nuestras familias necesitamos ante Dios para tener acceso a sus bendiciones, es:

IV.- EL CONVERTIRNOS DE NUESTROS MALOS CAMINOS.

   Por último, observemos que en la cuarta frase del versículo 14, Dios le dijo a Salomón que para que Dios bendijera a su pueblo con el perdón de sus pecados, y con la sanidad de la tierra para que les pueda producir abundantes cosechas, tenían que demostrar no a los hombres sino a Dios, de que estaban arrepentidos, pues Dios dijo: “y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14d-e).  No se trata solamente de pensar que uno está humillándose porque a uno le ha remordido la conciencia, no se trata solamente de pronunciar oración con sentido de solamente palabrería, no se trata solamente de acudir al templo donde Dios en la tranquilidad puede ser buscado y hallado, sino que es tan necesario que uno dé la evidencia de que uno está dispuesto a hacer un cambio de vida; es decir, de vivir con arrepentimiento de haber ofendido a Dios, de estar dispuesto a no repetir el mismo pecado.  Esto es lo que Dios quiere no solo en lo personal, sino también en el interior de la vida familiar, lugar generalmente escondido de la vista de los demás, pero que Dios conoce, y uno sabe cómo está en su vida familiar.

  A veces, la relación de esposos no está en el orden de Dios, a veces la autoridad de padres no se encuentra en el orden de Dios, a veces la obediencia de los hijos a sus padres no está bajo el orden de Dios, pero cualquiera que sea el desvío con respecto a la voluntad de Dios, la persona en desacato ante Dios y la familia entera debe convertirse “de sus malos caminos”.  Si hacemos, esto, estaremos a favor de la familia, y en específico de nuestra propia familia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, trabajemos siempre para favorecer a nuestra familia, con una sana espiritualidad que los conduzca a que diariamente se encuentren con Dios en oración, en adoración, en arrepentimiento, y en confesión.  Que Dios bendiga a nuestras familias.  Humillémonos delante de Dios como Jesucristo mismo para favorecernos se humilló, ni siquiera para su propio bien, sino para el nuestro.  No descuidemos la práctica de orarle a Dios porque para nosotros es el medio de gracia por medio del cual nos acercamos a Dios por la mediación de Jesucristo.  Si la oración es parte de la vida familiar, el resultado será que tendremos familias fuertes en la fe, que están en condiciones de enfrentar cualquier circunstancia o adversidad de la vida.

   Amados hermanos, no olviden que buscar el rostro de Dios, es en realidad no solamente una necesidad personal, sino también toda la familia debería hacerlo. Ayudemos a nuestra familia a buscar la presencia de Dios, ahora “mientras puede ser hallado” (cf. Isaías 55:6), no sea que cuando la familia o alguien de la familia lo necesite y lo intente y ya sea demasiado tarde.  Ahora es tiempo de que nuestras familias amemos estar ante la presencia de Dios.  Qué bueno que Jesucristo, es el Camino, que nos lleva al encuentro con Dios como él bien dijo: “nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14.6).  Es en Jesús que encontramos la presencia de Dios.

   Y, por último, seamos congruentes con nuestra búsqueda de Dios.  No se puede estar buscando a Dios, querer estar en su presencia, si uno persiste en llevar una vida que no procura abandonar la vida licenciosa del pecado.  En lo personal, y en la familia es necesario siempre convertirnos de nuestros malos caminos en los que algunas veces sin querer nos vemos involucrados.  Y mucho más debemos convertirnos de nuestros malos caminos, cuando de manera consciente y hasta de manera premeditada tomamos la decisión de ir a malos caminos.  Recordemos que la palabra de Dios nos dice: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, / y renovaos en el espíritu de vuestra mente, / y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).  Procuremos que nuestras respectivas familias, estén firmes en el camino de la vida de Dios.

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