CÓMO SERVIR A DIOS JUNTO CON LA FAMILIA, Por: Diego Teh.

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CÓMO SERVIR A DIOS JUNTO CON LA FAMILIA

Lucas 2:41-52.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la misión “Ebenezer” de la col. Leona Vicario, de Kanasín, Yuc; el día sábado 10 de Mayo del 2014; a las 12:30 horas; ante personas simpatizantes en el marco del IX Aniversario de labor social en el Centro Recreativo de la iglesia en esa colonia.

 

    INTRODUCCIÓN: Hoy nos hemos reunido para rendir nuestra adoración a Dios especialmente por tres motivos: 1) por haber cumplido nueve años de haberse iniciado en este lugar, esfuerzos por compartir el evangelio de Jesucristo para el futuro establecimiento de una iglesia local en este lugar; 2) por el privilegio de tener cada sábado y domingo un buen número de niños que han recibido tanto asesorías escolares como instrucción bíblica; 3) por ser hoy el día en el que celebramos con gratitud a nuestra madre o a quien hizo o hace esa función legalmente para nuestro bienestar total; y 4) por ser uno de los días en que celebramos en la iglesia a nivel nacional, la semana del hogar cristiano.

   Estuve buscando un texto bíblico para esta cuádruple celebración, y me parece que el santo evangelio según san Lucas 2:41-52 es apropiado: 1) porque menciona una celebración de tipo aniversario que eran los días de la pascua entre los israelitas; 2) porque menciona a un niño tan especial que vale la pena señalar con énfasis, que se trata de Jesús el Hijo de Dios en manos de José y María; 3) porque menciona a una bendita mujer (Lucas 1:28, 42) escogida por Dios para ser madre ejemplar de nuestro Salvador y Señor Jesucristo quien desde su juventud había “hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1:30), gracia que mantuvo durante el resto de su vida como una bendita mujer y madre; y 4) porque juntando las tres menciones anteriores: la del aniversario de la pascua, el del niño Jesús, y a José junto con María como madre, nos presenta con toda claridad una serie de lecciones apropiadas para fortalecer la vida de nuestra familia.

   En esta historia relatada en el santo evangelio según San Lucas 2:41-52, aprendemos que cuando Dios habita en la familia, sus integrantes sirven a Dios con características muy distinguidas.   //   ¿Cuáles son las características muy distinguidas con las que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita?   //   A través de este mensaje y basado en el texto bíblico, les explicaré las características con las que sirve a Dios las familias en cuyas vidas habita Dios.

   Estoy considerando como un hecho de que usted ha dado espacio a Dios en la vida de usted para que Él more su vida, y si no lo ha hecho, le ruego que lo haga muy pronto.   También estoy considerando como un hecho de que su familia, o por lo menos alguien más de su familia está experimentando la gracia de contar con Jesucristo en su vida como su Salvador y Señor, pero si no es así, le ruego que considere usted ayudarlos para ser alcanzados por la gracia de Dios que cambia vidas no importando lo grave de la situación que uno esté viviendo.

    Ahora, pues, comencemos con las características.

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   La primera característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

I.- CON VOLUNTAD.

   Las palabras de nuestro texto, hablando de Jesús cuando era niño, comienzan narrando que “Iban sus padres” (v. 41).  Luego se nos aclara que iban a Jerusalén y que iban “en la fiesta de la pascua”.   Pero la pregunta clave es ¿quiénes estaban obligados a ir a la fiesta de la pascua?.   En el libro del Éxodo leemos la siguiente instrucción: “Tres veces en el año me celebraréis fiesta.   La fiesta de los panes sin levadura guardarás.   Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.   También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo.   Tres veces en el año se presentará TODO VARÓN delante de Jehová el Señor” (Exodo 23:14-17)  Lo mismo leemos en Deuteronomio 16:16.   Lo que aquí notamos es que ir a la fiesta de la pascua (o sea, de los panes sin levadura), era una obligación de TODO VARÓN (pero no obligaba a ninguna mujer).   Sin embargo, en nuestro texto se nos dice acerca del niño Jesús que “iban sus padres”; esto resalta la voluntad con la que María acompañaba anualmente a su esposo a dicha fiesta.   Ella bien podría decir a su esposo: José no es mi obligación ir hasta Jerusalén, yo no tengo por qué ir a la fiesta de la pascua, anda tú.   Pero, cuando se nos dice que “iban sus padres” se nos está indicando que la mujer de José que no estaba obligada a ir, pues iba con su esposo.  Esto nos enseña que el servicio a Dios es una cuestión que habiendo o no habiendo un mandato expreso al respecto, debe hacerse más bien como una decisión y un acto voluntario.

    Lo que usted debe hacer: Si hay un miembro de su familia que se esfuerza por servir a Dios, apóyelo aunque usted no sienta estar obligado por una ley para que lo haga.  Servir a Dios, de por sí es un deber del ser humano.  Servir a Dios como familia, si Dios habita en usted y en alguien más de su familia, debe ser un acto voluntario motivado por la gratitud que usted debe sentir por el amor de Dios de haber dado a su Hijo Jesucristo para dar la vida en pago por los pecados de usted en vez de cobrárselos a usted.  Sirva usted a Dios con un corazón voluntario.

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   La segunda característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

II.- CON AMOR.

  Considerando las mismas palabras: “Iban sus padres”, descubrimos una nueva característica, que como esposos se amaban y apoyaban mutuamente.  Era un placer para María acompañar a su esposo a las fiestas de Dios.   Y creo también que era un placer para José estar al lado de su mujer.   De hecho se nota el amor de José por ella cuando él recibe la noticia de que ella iba a procrear un hijo que no era propio de José sino engendrado del Espíritu Santo.   Eso fue para José un reto que legalmente no lo obligaba a casarse con María sin embargo consintió en casarse con ella.  De entrada vemos a un hombre que amaba profundamente a la que sería y fue su mujer.  Vemos también en María a una mujer que amaba a su esposo dispuesta a ir a vivir a otra ciudad como Nazaret, a viajar con él a donde sea como cuando tuvieron que viajar de Nazaret a Belén para un censo decretado por el emperador romano Cesar Augusto, y bajo cualquier circunstancia aunque estaba a los últimos días para dar a luz como cuando al llegar a Belén nace Jesús sin encontrar un lugar más digno para aquella ocasión.   Así vemos que en una familia en la que habita Dios hay amor entre sus miembros.

     Y en el transcurso de los primeros doce años de Jesús, tenían entre ellos al mismo Hijo de Dios en su propia familia tal como usted puede tener a Jesús en su corazón y fe.   Jesús en la familia de José y María, al igual que en usted, es el Emanuel profetizado cuyo nombre y presencia significó y significa: “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

    Lo que usted debe hacer: Es un privilegio que Dios esté con usted y con su familia.   Eso debe motivarle a cultivar amor con todos los miembros de su familia para cualquier situación como en el servicio a Dios.  Demuéstrele a su familia que usted los ama, y que desea junto con ellos dedicar tiempo para servir al Dios que nos da la vida y la salvación.

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   La tercera característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

III.- CON FIDELIDAD.

   Un tercer detalle que se nos dice en nuestro texto, y que tiene que ver con la frecuencia en la que José y María acudían a la fiesta de la pascua, es que iban “todos los años” (Lucas 2:41).   El escritor comentarista William Barclay dice que: “La ley establecía que todo judío adulto que viviera a no más de veinticinco kilómetros de Jerusalén tenía que asistir a la Pascua.  De hecho, todos los judíos que vivían más lejos querían[1] ir por lo menos una vez en la vida”[2].   En otras palabras José y María, dada la distancia de aproximadamente ciento ochenta kilómetros que había entre Nazaret y Jerusalén, NO estaban obligados a ir a la fiesta de la Pascua; sin embargo se nos dice que iban: “todos los años”.  Una vez más vemos en ambos, en una familia, la voluntad de servir a Dios aunque la ley no los obligaba.   Pero, más que solamente voluntad, descubrimos también otro elemento que se llama FIDELIDAD a sus convicciones.

    Lo que usted debe hacer: Ahora usted no tiene que hacer obligadamente viajes a grandes distancias para cumplir un deber para con Dios.   Tras la resurrección de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, por lo menos el primer día de la semana, el domingo, el día del Señor debemos consagrarlo para la adoración a Dios y actos de misericordia al prójimo.   Los creyentes en Jesucristo debemos hacerlo con una distinguida fidelidad porque Dios por medio de Cristo habita en nuestra vida y más si lo está en los demás miembros de nuestra familia.   No debe usted ser un adorador  y servidor de Dios solamente de manera ocasional sino de manera fiel y sistemática.

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   La cuarta característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

IV.- CON EJEMPLO.

   Otra realidad que se infiere de todo lo anterior es que José y María como padres, tomando en cuenta que eran una familia, pusieron en práctica el ser buenos ejemplos para el niño Jesús.   No consideraron como suficiente el enviar al niño allá en la sinagoga de Nazaret, pues estoy seguro que ellos también iban a aprender la enseñanza de la ley y de las profecías de las Sagradas Escrituras.  Cuando el texto bíblico dice que “iban sus padres”, se nos está comunicando al mismo tiempo que tanto José y María estaban sirviendo a Dios como ejemplo para el niño que estaba creciendo con ellos.   Ellos si hubiesen querido no iban “todos los años” a la fiesta de la pascua, pero ellos con el ejemplo de buenos padres, estaban comunicando al niño de la familia lo importante de amar las fiestas de Dios (la adoración).

    Contrario a eso, hoy podemos ver a padres y madres de iglesias de cualquier denominación cristiana o evangélica o romana, quienes haciendo uso de su autoridad, y aprovechando que sus niños están en la edad de obedecerles sin cuestionamientos, simplemente envía a sus hijos a las clases bíblicas, de doctrina, a los cultos de adoración, etc… pero ellos prefieren ir a otros lugares, o quedarse en casa a otras ocupaciones y pendientes, en vez de ser los primeros en dar el ejemplo.   Hay quienes en realidad solamente ocupan los servicios de las iglesias para sus hijos como si fuera una guardería para ellos donde los pudieran dejar por lo menos un par de horas, y sus padres aprovechar hacer otras cosas personales.

    Lo que usted puede hacer: Sea usted el primero como padre, la primera como madre, en mostrar a su(s) hijo(s) que vale la pena servir a Dios.   Qué hermoso se ve, y que complacido queda Dios cuando una familia es ejemplar para con sus hijos.   Acompáñelos, usted estará formando en ellos en primer lugar una sana espiritualidad que les va a servir para enfrentar adecuadamente los problemas que la vida les traerá, y en segundo lugar estará usted creando en ellos el sentido de ejemplo que ellos en su edad adulta también harán con los hijos de ellos.   El ejemplo que José y María demostraron hacia el niño Jesús produjo resultados aún mayores.   La historia nos dice que cuando terminó la fiesta de la pascua y todos se dispusieron a regresar, Jesús se sintió tan atraído por la casa de Dios que buscó la manera de quedarse más tiempo en Jerusalén con tal de estar en contacto con los doctores de la ley que enseñaban en el templo para escucharlos y compartir sus observaciones con ellos acerca de las Sagradas Escrituras.   Vale la pena ser ejemplo porque motivamos a nuestros hijos a interesarse por las cosas de Dios.

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   La quinta característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

V.- CON UNIDAD.

   Analizando con profundidad la frase “iban sus padres”, también nos indica otra realidad que esta familia aprendió a vivir.   Se llama unidad.   Ellos pudieron haber tomado la opción de ponerse de acuerdo en hacer cosas distintas, pero no hicieron así, sino que con sentido de unidad ambos sin poner pretexto alguno en contra de apoyar a su cónyuge, decidían ir “todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua”.

    José, bien le pudo haber dicho a María que en este año anda tú mientras yo me quedo a terminar las mesas que necesita el señor de la sala de fiestas, tengo dos chambas grandes que no puedo terminar antes del día que se debe salir para ir a Jerusalén, tú sabes necesitamos el dinero para nuestros gastos familiares.   María bien pudo haber dicho a José que en este año me han ofrecido trabajar solamente por un mes para cubrir el puesto de un empleado que también quiere ir a Jerusalén, comenzaría a trabajar el día en que deberíamos salir de viaje, anda tú esta vez, así el próximo año no tienes que trabajar mucho, lo que yo gane lo vamos a usar para el viaje.   Esto es solamente una ilustración de cómo funcionan muchas de las familias de la actualidad, negociando su falta de unidad a los principios de fe y servicio que deben vivir si en verdad son creyentes al servicio de Dios.

    Lo que usted debe hacer: Evite compromisos cuando su familia debe estar presente en los momentos destinados al culto y al servicio por medio de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.   Acompañe a su cónyuge y hasta a sus hijos a adorar juntos, eso traerá no solamente unidad para el servicio a Dios sino que usted se dará cuenta de los tantos beneficios que nos trae el tener una familia unida.   Llegarán los momentos de enfermedad y usted no verá cómo se las ingenia para ir al doctor, le van a acompañar.  Usted necesita la presencia de su cónyuge o hijos en una ocasión especial en su trabajo, escuela, etc… allí estarán porque el principio de unidad vivido como ejemplo para los hijos trae grandes resultados y beneficios para la vida familiar.   En el caso de Jesús, lo vemos dispuesto y tan interesado en acompañar a sus padres a la fiesta de la pascua, sin pedir permiso para quedarse con los amigos, o para quedarse en casa para hacer alguna tarea pendiente de la escuela o de la sinagoga, sino que gustoso y en unidad con su familia acudió a dicha fiesta que estoy seguro deseó que continuara por más días.  Vale la pena demostrar a nuestros hijo la unidad en el servicio a Dios, y en todas las cosas buenas que agradan a Dios.

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   La sexta característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

VI.- A PESAR DE LA DISTANCIA.

   En nuestro texto bíblico se nos dice que para ir a la fiesta de la Pascua los judíos tenían que viajar “a Jerusalén” (Lucas 2:41) que distaba a unos ciento ochenta kilómetros de la ciudad de Nazaret donde José y María vivían.   Según las rutas actuales para automóviles la más tardada entre Nazaret y Jerusalén es de dos horas con nueve minutos, y la más rápida es de una hora con treinta y siete minutos[3], pero en la época de Jesús la ruta que era más larga que ahora y que se recorría a pie o en burro era toda una aventura que podía pasar hasta una semana entera de viaje teniendo que acampar en diversos lugares.   Era como para decir: “¡Ah, está muy lejos!  Esta vez no voy”, o “¿Y si no vamos este año?”, sin embargo la realidad de ellos y de muchas familias para quienes Dios fue importante, iban “todos los años”, a pesar de la distancia.

    Lo que usted debe hacer: Aquí en la ciudad tenemos suficiente servicio de transporte, y la mayoría venimos de distancias menores a diez kilómetros, menores a 5 kilómetros, menores a 3 kilómetros, y hasta menores a un kilómetro, a menos de 10 calles de distancia; sin embargo, todavía tenemos luchas con la distancia, o aún quizá con la flojera de tener que caminar o viajar.  Usted debe considerar un privilegio el poder acudir a las fiestas de Dios que por lo general en las iglesias son dominicales por la mañana y por la tarde/noche.  Ya no es en un solo lugar sagrado en una sola parte del mundo o del país, estamos saturados de lugares a donde podemos ir a adorar y servir a Dios.   Nuestra misión “Ebenezer” de esta colonia Leona Vicario es un lugar accesible para usted, sin que tenga usted que viajar días ni horas para llegar.  Más bien es cuestión de su voluntad y de su fidelidad al Dios que habita en usted y en su familia.

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   La séptima característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

VII.- A PESAR DE LA POBREZA.

   Se nos dice en el texto bíblico que iba todos los años “en la fiesta de la Pascua” (Lucas 2:41); pero aunque fuera una fiesta divina había que invertir dinero para el viaje, para los alimentos, para el pago de hospedaje, etc…   Pero José no era un empresario con grandes ingresos mensuales y anuales, era solamente una persona trabajadora como carpintero (Mateo 13:55; Marcos 6:3).   Un viaje de por lo menos quince días a tres semanas anualmente, por más limitado que sean los gastos, requerirá de un buen dinero.  José era pobre, María igual, y su primogénito Jesús pues era menor de doce años sin responsabilidad de generar ingresos para la familia.   ¿Se imagina usted a José trabajando además del pan de cada día, haciendo extras para juntar para las tres semanas que se ausentarían de su casa para viajar de Nazaret a Jerusalén?.  ¿Cuántas mesas, sillas, puertas, ataúdes, y más trabajos tenía que hacer José para juntar recursos para sus viajes, alimentos, y quizá hasta renta de un cuarto en un mesón?  Era como para que él dijera: “María no estamos obligados a ir porque vivimos a más de veinticinco kilómetros de Jerusalén, y tú menos no tengo porque gastar por ti en un viaje cada año, es mucho el gasto”.  Pero para esta familia en la que habita Dios en la vida de cada uno de ellos, sirvieron a Dios “todos los años” y en otras muchas ocasiones a pesar de la pobreza que les tocó vivir en su medio y época.

    Lo que usted debe hacer: No vea usted el servir a Dios como una gran carga económica para usted y su familia.  Las familias que viven con Dios en sus vidas y hogares aprendemos a poner en orden nuestras prioridades en las cuáles debemos invertir nuestro dinero.   En nuestro país vivimos con salarios muy bajos, e ingresos a veces solamente para sobrevivir.  Se nos va el dinero en el transporte público o en el combustible.  Se nos va el dinero en nuestras necesidades básicas.   Pero, si el Dios verdadero habita en la vida de usted y la de su familia, use también lo que usted tiene para servir a Él sin menoscabar la cantidad que usted pueda invertir.

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   La octava característica muy distinguida con la que sirven a Dios los integrantes de una familia donde Dios habita, es:

VIII.- CON LOS HIJOS.

   Un último detalle que les quiero enfatizar y que se encuentra en nuestro texto bíblico dice: y cuando tuvo doce años (Jesús), subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).   Al respecto de los doce años de edad, dice el comentarista William Barclay que: “Un joven judío alcanzaba la mayoría de edad a los doce años.  Entonces llegaba a ser hijo de la Ley, y tenía que cumplir todas las obligaciones que impone la Ley.  Es posible que Jesús fuera a Jerusalén por primera vez”[4].  Jesús como hijo de familia tuvo que ser llevado por sus padres para conocer la celebración de la pascua, la celebración de la libertad.   Una persona y una familia que vive la fidelidad a Dios no deja pasar el tiempo para esperar una siguiente oportunidad.   José y María, nuevamente a pesar de su pobreza y a pesar de la distancia no consideraron esperar llevar a Jesús a la fiesta de la Pascua hasta que él tuviera trece, quince, o dieciocho años, o hasta que él ganara su propio dinero para cubrir los gastos personales de su viaje.   Simplemente, por ser la edad requerida a los que viven a menos de veinticinco kilómetros a la redonda de Jerusalén, decidieron llevarlo y hacerlo partícipe del servicio voluntario de la familia, de la fidelidad de servir a Dios de manera oportuna.   Si hubieran querido no lo llevaban, pero lo hicieron porque los hijos también deben aprender de los padres el ejemplo de servicio a Dios.

    Lo que usted debe hacer: Ofrézcale a sus hijos el privilegio de acercarse al conocimiento salvador de Dios, ahora por medio de Jesucristo, aquel niño Hijo de Dios que en su adolescencia también fue instruido por sus padres a conocer la gracia salvadora de Dios mismo.

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    CONCLUSIÓN: Que esta reflexión un poco extensa que hemos tenido en esta ocasión de aniversario de esta misión “Ebenezer” nos sirva a cada uno de los presentes a que valoremos la importancia de servir a Dios junto con nuestras respectivas familias.  Si Dios ya habita en el corazón de usted por medio de Jesucristo, usted debe servirle voluntariamente, con amor, con fidelidad, con ejemplo, con unidad a pesar de la distancia, a pesar de la pobreza, y juntamente con su cónyuge, y con sus hijos.


[1] El sentido de esta expresión es: “tenían que ir”.

[2] Barclay, William; Comentario al Nuevo Testamento; Trad. Alberto Araujo; Edit. CLIE; EE. UU; 1991, p. 298.

[4] Barclay, William; Comentario al Nuevo Testamento; Trad. Alberto Araujo; Edit. CLIE; EE. UU; 1991, p. 298.

   

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