LOS MIEMBROS DE UNA IGLESIA TRABAJADORA, Por: Diego Teh.

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LOS MIEMBROS DE UNA IGLESIA TRABAJADORA

1 Tesalonicenses 1:1-10.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yuc; el día domingo 11 de Mayo del 2014; a las 18:00 horas; en el marco de su 26 aniversario.

 

    INTRODUCCIÓN:  Hoy nos hemos reunido más que a celebrar los veintiséis años pasados de esta congregación en los cuáles aunque hubieron fracasos pero también avances, nos hemos reunido más para visionar el presente y futuro de esta preciosa comunidad de creyentes comprados con la preciosa sangre de nuestro Salvador Jesucristo.  Ya no importa qué se hizo y qué no se hizo, sino solamente nos importa lo que se hará a partir de ahora, por lo que debemos saber cómo deben ser los miembros de una iglesia que puede ser calificada como trabajadora, para que cada uno sepa por qué debe ser un cristiano y miembro trabajador en la iglesia local.

   El apóstol Pablo junto con Silvano y Timoteo en la introducción de su carta a la iglesia de los Tesalonicenses, les reconoce que ellos no han sido medias tintas en la fe, pues les habla de: “…la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 1:3).  El trabajo de las iglesias es una de las evidencias de la calidad de fe que practican sus miembros, y es la característica más observada hasta por los apóstoles que en sus cartas inician mencionando antes que cualquier otra cosa sus observaciones relacionadas con el trabajo de la iglesia a la cual escriben (Por ejemplo: Romanos 1:8; 1 Tesalonicenses 1:3; 2 Tesalonicenses 1:3,11).   También ese fue y todavía es hasta ahora el punto de observación que nuestro Señor Jesucristo hace a las iglesias: si trabajan o no trabajan.  En sus mensajes a las iglesias del Apocalipsis a cada una de ellas les hace observaciones y recomendaciones que están relacionadas precisamente con el trabajo que realizaban o habían dejado de realizar (Apocalipsis 2:1,9,13,19; 3:1,8,15).   En realidad, se quiera o no, existen iglesias que trabajan arduamente e iglesias que no trabajan en la proclamación del evangelio.   Las que trabajan crecen y se multiplican, pero las que no trabajan se quedan estancadas, y las que más o menos trabajan, pues crecen poco y lentamente.

   En el caso de nuestro texto para este mensaje, el apóstol Pablo nos enseña qué los miembros de una iglesia trabajadora poseen características especiales que los hacen movilizarse en la propagación del evangelio.  Así, en este mensaje, cada miembro de esta congregación reflexionará sobre las características que posee y cuáles no posee para ser un miembro trabajador de una iglesia trabajadora.  //  ¿Cuáles son las características especiales que poseen los miembros de una iglesia trabajadora y que los hace movilizarse en la propagación del evangelio?  //   Haciendo uso del texto de la primera epístola a los Tesalonicenses capítulo uno, les iré indicando cuáles son tales características.

    La primera de las características especiales que poseen los miembros de una iglesia notoriamente trabajadora, consiste en que:

I.- SON PERSONAS ELEGIDAS POR DIOS.

   San Pablo junto con Silvano su compañero de ministerio les confirma a estos creyentes de Tesalónica que: … conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección” (1 Tesalonicenses 1:4; RV60).  Esta versión pareciera que dice que los que eligieron la fe fueron los tesalonicenses, pero para una mayor comprensión de quién hizo la elección, si los creyentes de Tesalónica o si Dios los eligió para que recibieran la palabra del evangelio y que trabajaran con amor por el evangelio, otras versiones de la Biblia en español lo traducen con mayor claridad, diciendo “Hermanos amados de Dios, sabemos que él los ha escogido” (NVI), y “Sabemos, amados hermanos, que Dios los ama y los ha elegido para que sean su pueblo” (NTV), y “Hermanos, Dios los ama, y nosotros sabemos que él los ha elegido para que sean parte de su pueblo” (TLA).   Así, estos versículos nos dejan bien claro que aquellos miembros de aquella iglesia local muy trabajadora, una de las mejores iglesias trabajadoras de la época apostólica, no eran personas infiltradas en la iglesia sino que eran verdaderos elegidos de Dios; y en consecuencia respondían apropiadamente a la elección de Dios a favor de ellos.

    Por supuesto que quienes reconocen que ha sido para ellos un glorioso privilegio no dado a toda la humanidad sino solamente a los elegidos, el conocer y experimentar las buenas noticias de salvación por medio de Jesucristo, no pueden tener otra mejor reacción que aceptar y compartir ese mensaje, trabajar con amor por ese bien recibido que no puede ser pagado con ningún valor humano o terrenal, y permanecer firmes en la esperanza que ofrece esa elección (1 Tesalonicenses 1:3).  Estas personas responden al evangelio con una actitud trabajadora para propagar el evangelio de Jesucristo.

    Sin embargo,  quienes solamente están dentro del número de miembros de una iglesia local sin haber experimentado todavía la gracia de la salvación, o que definitivamente no son elegidos de Dios para salvación, no sentirán ni una preocupación para que la iglesia en donde están sea altamente funcional y efectiva en el cumplimiento de la misión oficial de la iglesia, sino al contrario solamente estarán preocupados por sus propios intereses.   Por ejemplo, en una ocasión uno que solamente quería colarse en el grupo de los discípulos de Jesús, sin que sea elegido ni llamado al ministerio por Jesús, se acerca a él y le dice: “Señor, te seguiré a donde quiera que vayas”, quedó impresionado y no nos dice la Escritura que haya querido seguir a Jesús cuando él le respondió: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:57,58).  Le parecía interesante solamente pertenecer al grupo de los seguidores más cercanos de Jesús, pero no estaba dispuesto a vivir los sacrificios de su pertenencia al discipulado.   Recordemos también a Judas Iscariote quien aunque fue escogido, fue solamente para el cumplimiento del procedimiento de entrega de Jesús ante las autoridades para su camino hacia la cruz, pero lejos de ser trabajador a favor de la predicación del reino de Dios, nos dice las Escrituras que era solamente ladrón y traidor dentro del grupo, no era trabajador.

    Pero los elegidos de Dios siempre responden inmediatamente.   Por ejemplo, entre los elegidos y llamados de Jesús como Mateo que trabajaba sentado cobrando impuestos cuando fue invitado por Jesús para que le siguiera, inmediatamente “se levantó y le siguió” (Mateo 9:9); de Simón, Jacobo, y Juan, se nos dice que luego de una pesca milagrosa en el mar, Jesús les dijo que los quería hacer pescadores de hombres, e inmediatamente “dejándolo todo le siguieron” (Lucas 5:11); y se dice lo mismo de todos los demás discípulos de Jesús, obviamente excepto de Judas.  Obsérvelo usted también en el caso de Saulo cuando es confrontado por Jesús y se arrepiente de sus anteriores malos procederes contra la iglesia, lo primero que le dice a Jesús es que quiere trabajar, pues la pregunta que hace: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6), indica deseo de trabajar por Jesucristo.

    Amado hermano, usted que es un creyente real del evangelio, debe también ser un miembro trabajador de la iglesia de Jesucristo, en gratitud a la elección que Dios hizo por usted, porque solamente los elegidos de Dios están en capacidad y disponibilidad de trabajar por medio de la iglesia que tiene la misión de propagar el santo evangelio.   Los miembros de una iglesia trabajadora son personas elegidas por la gracia soberana de Dios.

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    La segunda de las características especiales que poseen los miembros de una iglesia notoriamente trabajadora, consiste en que:

II.- SON PERSONAS EJEMPLARES EN SU CONVICCIÓN.

   Aunque San Lucas nos dice que los creyentes de Berea eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11), de todas maneras los de Tesalónica fueron ejemplares en su conversión al evangelio.   No se pusieron a escudriñar las Escrituras como los bereanos para ver si las cosas que se les estaba predicando “eran así”, sino que recibieron aquella palabra del evangelio, realmente creyéndolo con gozo no emocional sino “del Espíritu Santo” a pesar de la “gran tribulación” que tuvieron que pasar en su propia ciudad por creer que Jesús es el Salvador y Señor.   Si todo hubiera sido emocional en ellos, hubiesen inmediatamente ‘dejado por la paz’ el evangelio, pues no les iba a ser fácil vivirlo, pero como era el Espíritu Santo que estaba operando en ellos la aceptación del evangelio, tuvieron el valor de soportar las tribulaciones en contra de ellos, y también tuvieron el amor de trabajar llevando ese evangelio a otros lugares.   Eso es ejemplo de lo que es vivir con una fe real.   A ellos les dice el apóstol Pablo: Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, /  de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído” (1 Tesalonicenses 1:6,7).   Este buen ejemplo de cómo recibir el evangelio a pesar de la oposición de la gente en contra de los creyentes, habla de la verdadera convicción que hubo en ellos desde el principio, y fue de mucha ayuda para las ciudades de los territorios de Macedonia y de Acaya que supieron de su ejemplar convicción acerca del evangelio.   Estos macedonios y acayos que también respondieron al evangelio, les fue más fácil cuando se dieron cuenta que otros en las mismas situaciones que ellos habían podido recibir y vivir la fe con plena convicción a pesar de toda oposición.

   El apóstol Pablo comprendía muy bien que las personas ejemplares influyen en mucho para las personas que no han aceptado el evangelio de Jesucristo, aunque en realidad las personas ejemplares sirven de apoyo espiritual hasta para los que son nuevos y avanzados en la fe.   De por sí el buen ejemplo es uno de los requisitos del evangelio.   Pablo le ruega a su discípulo Timoteo, un joven pastor: “sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).  Si los creyentes que Timoteo pastoreaba necesitan del buen ejemplo de su pastor, cuánto más los que no se han convertido al santo evangelio.

   Una publicación acerca de Mahatma Gandhi comenta: ¿Por qué Gandhi no fue cristiano? El permaneció hindú hasta el final. Adoraba a Cristo como una de las encarnaciones de Dios, no como la única. Nunca dio el paso final para hacerse cristiano. En una autobiografía que se publicó en la India, él dice que en sus días de estudiante se impresionó mucho al leer los evangelios, y que pensó seriamente en bautizarse y ser miembro de una iglesia cristiana. Pensaba que en el cristianismo estaba la solución a los prejuicios raciales y a las diferencias de casta que afectan a la India y al Africa del Sur.   Un domingo por la mañana, Gandhi fue a una iglesia cristiana que estaba cerca, y tenía el propósito de hablar con el pastor al terminar el culto. Cuando entró en el templo, la comisión de recepción se negó a proporcionarle un asiento, y le sugirió que fuera a una iglesia de los negros. Gandhi salió de aquel templo para no volver más. “Si también los cristianos tienen diferencias de clase”, pensó, permaneceré siendo hindú, y desde allí atacaré el mal”[1].    Así, por falta de un buen ejemplo de amor y de servicio a los visitantes se puede decir que la iglesia perdió a un hombre que pudo haber tenido una poderosa influencia cristiana y salvífica (no solamente ética) sobre los habitantes de la India y del Africa del Sur.  Aunque la realidad de las cosas es que Gandhi, según las especificaciones de la Palabra de Dios, no corresponde a los elegidos de Dios para salvación, sin embargo, los creyentes deben dar ejemplo no solamente a los que pudieran ser elegidos sino a los que tampoco lo son.

    Amados hermanos, es necesario que cada uno de ustedes sea ejemplo en todos los aspectos posibles de la vida cristiana, para que los no creyentes puedan ser alcanzados por la misión que esta congregación tiene de ganar a otras personas para su salvación en Cristo.   Cuando los creyentes tienen la conciencia de ser buenos ejemplos, finalmente no tienen problemas para ser miembros trabajadores de la iglesia, pues cooperan para que su iglesia sea conocida como una iglesia trabajadora, cuyo trabajo no es pasado por alto por Jesucristo el dueño de la iglesia.   Los miembros de una iglesia trabajadora tienen una ejemplar y profunda convicción en el evangelio, y un ejemplar testimonio hacia creyentes y no creyentes.

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    La tercera de las características especiales que poseen los miembros de una iglesia notoriamente trabajadora, consiste en que:

III.- SON PERSONAS ENTUSIASTAS PARA LA EVANGELIZACIÓN.

    Ahora observemos otra descripción acerca de los miembros de una iglesia trabajadora como lo fue la iglesia de Tesalónica.  En un reconocimiento que el apóstol Pablo les hace la siguiente observación: Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada” (1 Tesalonicenses 1:8).   Algo importante que aquí llama la atención son las palabras que Pablo les dice a los creyentes tesalonicenses que “partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor”.  En otras palabras eran personas entusiastas para la proclamación del evangelio.   De repente el apóstol Pablo, Silvano, y Timoteo, se dan cuenta que la fe de estos tesalonicenses “se ha extendido” a otros lugares sin que alguien esté tras ellos para que sean una congregación o iglesia trabajadora.

    En estos 25 años que tengo el privilegio de estar al servicio del Señor, muchas veces con una estrecha relación con las congregaciones de las iglesias donde he prestado mis servicios, algunos directivos me han externado una y otra vez la inquietud de que no sienten el apoyo de la iglesia madre que los tiene bajo su jurisdicción.  Me he visto en la necesidad de aclararles que no deben pensar de esa manera, pues en toda la historia bíblica de las primeras congregaciones cristianas, no esperaban a que venga el apóstol “x”, o el pastor “y” a implementarles un proyecto o a recordarles qué día y a qué hora se tiene que hacer alguna actividad, sino que las congregaciones actuaban como estos de Tesalónica con iniciativa propia “partiendo de… (ellos mismos)”.

    Amados hermanos, quizá ahora no están aquí todos aquellos que estuvieron aquí hace veintiséis años y durante todos estos años.   Es posible que algunas personas volvieron a la perdición del mundo, pero conozco a otros que antes pertenecieron aquí y que ahora no están perdidos sino que sirven al Señor en otras iglesias.   Lo que quiero decir, es que el trabajo realizado por los que nos precedieron en esta congregación no fue en vano, sino que sirvió para que otros incluyendo a nosotros seamos alcanzados por la gracia de Dios para nuestra salvación.   Estoy seguro que trabajaron con entusiasmo para proclamar el evangelio de Cristo.   Estoy seguro que nadie los obligó ni presionó a hacerlo, sino que su propia convicción y el poder del Espíritu Santo en ellos los impulsó a tener entusiasmo por predicar la salvación en Cristo.   Ahora toca a cada uno de nosotros, a usted que vive en esta colonia o zona, proclamar a Cristo con iniciativa y convicción.   Los miembros de una iglesia trabajadora son entusiastas para la evangelización.

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   La cuarta de las características especiales que poseen los miembros de una iglesia notoriamente trabajadora, consiste en que:

IV.- SON PERSONAS QUE ESPERAN LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS.

   En los dos últimos versículos de nuestro texto, el apóstol Pablo sigue elogiando las características de estos creyentes tesalonicenses diciéndoles lo que los macedonios y acayos comentan, pues les dice:  porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,  /   y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:9,10).   Dentro de las cosas que aquí se destacan en estas palabras es que estos creyentes habían tenido en un pasado cercano una conversión dando la espalda a la idolatría para acercarse a Dios; y en su presente cuando Pablo les escribe, estaban verdaderamente dedicados al servicio a Dios; pero en cuestiones que tienen que ver con el futuro de todo creyente, tenían un objetivo en la mira, que era “esperar de los cielos a… (Jesucristo, el Hijo de Dios).   Esto es un asunto importante, pues quien no tiene conciencia de estar esperando el regreso de Jesucristo, sino que vive cada día y cada semana sin ese pendiente, aunque sea creyente de Jesús murió pero resucitó, aunque sea creyente de que Cristo es su Salvador, y aunque sea creyente de otras muchas verdades de la redención, esa persona simplemente no va a ser un miembro trabajador en su iglesia local.  Es más le va a parecer que la vida cristiana como que no tiene sentido, porque no tiene nada valioso en espera.   Pero el que está pendiente de la segunda venida de Jesucristo, este si tiene motivo suficiente para trabajar en la obra de Dios.

   Lo siguiente he visto que ocurra en varias ocasiones.  He llegado de manera imprevista en casa de algunas personas (creyentes y no creyentes), inmediatamente no hacen falta las disculpas por tener la sala en desorden, justificando que acaban de llegar de algún lugar, que han estado trabajando hasta muy noche cada día, que no ha llegado la que hace la limpieza, que estaban pendientes de otras cosas, etc…, pero en otras ocasiones he visto personas ocupadas en arreglar la sala, las recámaras, la cocina, el baño, etc…, o preparando la comida de una ocasión especial, porque ese día o dentro de un momento algún invitado o alguien que ha anunciado su visita está por llegar.   Es una realidad común que cuando no se espera a alguien se tiende a no trabajar a tiempo ni siquiera para nuestra propia casa, pero cuando esperamos a alguien y tenemos la seguridad de que vendrá, entonces trabajamos lo necesario para esperarle y darle una grata bienvenida.   De manera similar, el miembro de la iglesia que pierde la conciencia de esperar el regreso de Jesucristo se convierte en un miembro no trabajador; pero, el que está consciente de esperar la segunda venida de Jesucristo, este tiene suficiente motivo para ponerse a trabajar junto con los demás creyentes miembros de la iglesia.

    Amados hermanos, ¿están vivamente pendientes del regreso de Jesucristo?  Si lo están, entonces, eso es suficiente motivación para ponerse a trabajar.   Los miembros de una iglesia trabajadora están pendientes esperando el regreso de Cristo, y lo demuestran en su interés por la adoración y por el trabajo evangelístico que la iglesia tiene que hacer.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios nos ha extendido su llamamiento para que en este momento trabajemos en esta congregación, en este punto de la ciudad y sus alrededores.   Dios espera que sus iglesias locales sean trabajadoras, pero eso depende de que cada uno de los miembros de esta congregación: 1) estén conscientes de que su elección para salvación y para servir a Dios es un privilegio; 2) depende de que estén conscientes de que deben ser ejemplo para no creyentes y aun para creyentes, para alcanzarlos y edificarlos para Cristo; 3) depende de que estén llenos de entusiasmo para la evangelización con una iniciativa impulsada por el Espíritu Santo y no por persona alguna; y 4) depende de que estén siempre pendientes que solamente falta el final de todo el proceso redentor que es recibir de los cielos a Jesucristo nuestro Salvador.

   Que Dios nos conceda a todos el ser mejores miembros de su iglesia para que seamos miembros trabajadores de esta congregación o iglesia trabajadora.  Pero dejo claro, que cuando hablo de miembro NO solamente me refiero a quien ha pasado bajo el protocolo de haber sido tomado en cuenta en la lista de miembros de la congregación, sino me refiero a un cristiano verdaderamente comprometido ante Dios y ante su iglesia como un discípulo de Jesucristo que cada día quiere trabajar en la propagación del evangelio.


[1] Lerín, Alfredo; 500 Ilustraciones; Casa Bautista de Publicaciones;  (Ilustración No. 369).

   

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