EL DESÁNIMO AFECTA NUESTROS DEBERES, Por: Diego Teh.

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EL DESÁNIMO AFECTA NUESTROS DEBERES

 Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “Ebenezer” de la col. Leona Vicario, del municipio de Kanasín, Yuc; el día domingo 22 de Junio del 2014, a las 10:30 horas.

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    INTRODUCCIÓN: Una de las armas predilectas de Satanás es crear desaliento en nosotros y en otros, de manera que nos desanimemos y abandonemos lo bueno que hacemos.   Se cuenta que una vez el diablo quiso retirarse de su diabólico quehacer y puso en venta todas sus armas.   En el día señalado fueron exhibidas todas sus herramientas, con el precio de cada una bien señalado.   Una de ellas tenía un precio mucho más alto que las demás.   Le preguntaron por qué y él respondió porque era la “cuña del desaliento”.   -Pero, ¿por qué es tan elevado el precio?   -Porque es la herramienta más útil y eficaz que tengo.   Mediante ella penetro en la mente del hombre y una vez dentro puedo hacer mi obra.   Pocos creen que me pertenece.   Según el cuento, el precio era tan alto que nadie la compró y el diablo sigue usándola.   Satanás puede tomar el más dedicado de los cristianos, a ese que ha recibido a Cristo en su vida y trata con todo empeño en servirle, y meterle el desaliento en su alma e inutilizarle por completo.   Un maestro de escuela dominical no ve los resultados que quisiera y se desanima.   Un nuevo creyente ve los fallos y debilidades de los demás cristianos y se desmoraliza.   Todo buen creyente que lucha y se esfuerza por la causa de Cristo puede desalentarse.   Satanás puede meter el desaliento dentro de él y abrir la puerta para que entre el resto de su equipo.   Él puede romper la vida del mejor con la “cuña del desaliento”[1].

       Los diversos textos bíblicos que consideraremos en este mensaje, nos enseñan que el desánimo puede llegar a afectar negativamente muchas áreas de nuestros deberes para con Dios.  /  ¿Cuáles son las áreas de nuestros deberes para con Dios que el desánimo puede llegar a afectar negativamente?  /  A través de diversos relatos de la historia bíblica les compartiré algunas de las áreas que pueden llegar a ser afectadas por el desánimo de un creyente.

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   La primera área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

I.- LAS ORACIONES QUE HACEMOS.

   Primeramente quiero que observen que “oyó Moisés al pueblo que lloraba por sus familias” (Números 11:10) porque no estaban contentos con el maná que Dios les daba para alimentarse, pues querían carne, pescado, pepino, melones, puerros, cebollas, ajos, etc… y no maná (Números 10:4c-6); lo que le condujo a hacer una oración con palabras equivocadas diciéndole a Dios “¿Por qué has hecho mal a tu siervo? (Por qué me perjudicas. NVI) ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? / ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? / ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos.  /  No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. / Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal” (Números 11:11-15).   Lo que notamos es que tras la exigencia descabellada de la gente, a pesar de las promesas que Dios le había dado desde un principio, él dice que no puede solo, y le pide a Dios que le de muerte.   No está mal expresarle a Dios cómo se siente uno, sin embargo se hace evidente que por el desánimo sentido en ese momento, nos equivocamos pensando que Dios es injusto al llamarnos a determinada tarea, nos equivocamos al pensar que las personas que servimos ni siquiera son nuestros seres queridos, nos equivocamos en comprender la voluntad de Dios, nos equivocamos en aceptar sus planes, y en confiar en su presencia.

    Las exigencias, críticas, y quejas de la gente en contra del ministerio que Dios ha encomendado en nuestras manos, aunque nos cause desánimos, no deben ser motivo para orar a Dios equivocadamente, negando su llamado, abandonando su servicio, o prefiriendo mejor la muerte que el servicio.

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   La segunda área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

II.- LAS DECISIONES QUE TOMAMOS.

   En Números 13, en el relato de los doce espías enviados por Moisés para conocer detalladamente la primera ciudad de la tierra prometida que conquistarían, encontramos una equivación más de lo que sucede cuando una persona o un grupo de personas andan desanimadas.  El territorio espiado resultó muy deseable pues los comisionados, a su regreso informaron a Moisés: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel;…” (Números 13:27); sin embargo diez de ellos dieron el siguiente informe: “Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. /  Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán” (Números 13:28,29). Luego en una discusión que armaron contra Josué y Caleb los otros dos comisionados, estos diez dijeron negativamente: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.  /  Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres en gran estatura. /  También vimos allí gigantes hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:31-33).   Como notamos en el texto bíblico estos diez comisionados se desanimaron por las impresiones que se llevaron acerca de la fortaleza militar de los que deberían conquistar, y como consecuencia, desde un principio tomaron una decisión equivocada.  Los retos los desanimaron, y muy pronto contagiaron a mucha gente (Números 14:1-5) y estuvieron a punto de rechazar a Moisés y conseguir nombrarse a un capitán que los condujera de regreso a Egipto.   Pero gracias a personas como Josué y Caleb (los otros dos espías), y a Moisés, quienes fueron respaldados por Dios por confiar en que a pesar de todo lo adverso que pudiera existir, había una promesa infalible de Dios que les garantizaba conquistar la tierra.

    Los grandes retos como los que tuvieron los doce espías no deben ser motivo para desanimarse en las conquistas que Dios ha puesto en nuestro camino, porque cuando hay una promesa de Él hay también por Él victoria garantizada.  No importa si diez no quieren, (la mayoría según la democracia), aunque sean dos o tres (Josué, Caleb, y Moisés; la minoría), ¡Vamos a la conquista de los terrenos de Dios!  No hay que desanimarse porque “mayor es el que está en vosotros” (1 Juan 4:4).

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   La tercera área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

III.- LAS DESOBEDIENCIAS QUE COMETEMOS.

   El asunto a observar aquí es que Moisés se sentía muy desanimado por la gran necesidad de suministro de agua que él no podía proveerle a la gente, por lo que Dios le dice a Moisés “Toma la vara y reúne la congregación, tú y tu hermano, y hablad a la peña a la vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias” (Números 20:8).  Pero lo que más desanimaba a Moisés es la rebeldía de la gente a quienes guiaba en el desierto, que una y otra vez hacían lo que se les pegaba la gana, y otras veces no dejaban de reclamarle a Moisés que mejor los hubiera dejado en Egipto que haberlos traído al desierto, por lo que cuando Moisés y Aarón reúnen a la gente ante la peña “…les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” (Números 20:10).   No lo quería hacer, por causa de sentirse desanimado, por lo que finalmente Moisés hizo algo contrario a la instrucción de Dios.  Nos dice el texto bíblico que “Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias” (Números 20:11).   De todas maneras Dios quería dar suficiente agua para la congregación de israelitas, y se las dio; sin embargo, Dios le reclama a Moisés y a Aarón: “…no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel,…” (Numeros 20:12).  La gravedad del asunto delante de Dios es que el desánimo les llevó a no creer en Dios, de allí la incredulidad les llevó a la desobediencia primero al omitir el mandato de que los dos (Moisés y Aarón) le hablaran a la peña, segundo en que Moisés cometió la ocurrencia de golpear dos veces la peña.   Esa desobediencia cometida que no parece moralmente grave fue suficiente para que Dios les dijera tanto a Moisés como a Aarón que: “Por cuanto no creísteis en mí, […], por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado” (Números 20:12).  Y así Moisés por causa de un desánimo que no supo manejar adecuadamente no tuvo el privilegio de llegar a la tierra prometida, aunque sin duda no perdió la morada celestial.

    Recuerde usted que Dios quiere que se haga lo que Él desea, no lo que el ser humano quiera.  Si Dios dice que usted hable a una roca, pues háblele, no le de uno ni dos bastonazos.  Usted, no deje de hacer lo que Dios quiere, ni haga lo que Él no quiere que se haga.

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   La cuarta área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

IV.- LAS PALABRAS QUE EXPRESAMOS.

   Una de las experiencias recientes de los israelitas es que Dios les había dado poder para destruir muchas ciudades de los cananeos del área del Neguev (Números 21:1-3), pero cuando continuaron su camino hacia el Mar Rojo para rodear la tierra de Edom, a pesar del rotundo éxito que tuvieron gracias al favor de Dios, nos dice la historia bíblica que “se desanimó el pueblo por el camino.  Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés:…” (Números 21:4c-5a).  Que hayan hablado contra Moisés es una grave falta que el pueblo cometió, pero mucho más grave es que hayan hablado contra Dios.   El desánimo que surge en el corazón del ser humano ya sea personal o de manera colectiva, se va a reflejar en el contenido de nuestras conversaciones y vocabulario en general.   En el caso de nuestra historia bíblica el pueblo expresó en medio de su desánimo, palabras que manifiestan su incomprensión acerca de los planes de Dios, reclamándole a Moisés: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en el desierto?” (Números 5:21b); y expresaron por causa del mismo desánimo, palabras que manifiestan su inconformidad con la providencia de Dios, diciendo: “nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano” (Números 21:5c).   Que hayan hablado en contra de Moisés tiene su grado de gravedad, pero que hayan hablado mal contra Dios rechazando su pan de vida para el hambre en el desierto, fue un pecado superlativamente grave.

     El desánimo es muy traicionero y peligroso debido a que afecta hasta las palabras que expresamos, y se puede llegar al grado de no valorar lo que Dios ha hecho y está haciendo actualmente en nuestras vidas.  Debemos tener muy pendiente el valorar la sublime gracia de Dios que está operando en nuestras vidas.   Debemos edificar nuestra fe con las palabras de Dios registradas en las Sagradas Escrituras, pues así, cuando lleguen los momentos de desánimo, pueda salir de nuestros corazones, palabras no de quejas, no de murmuración, no de incredulidad, no de rechazo a la gracia de Dios, sino de confianza, de fortaleza, de aceptación de la voluntad de Dios para cualquier circunstancia.

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    La quinta área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

V.- LOS LUGARES QUE PREFERIMOS.

   En el relato de la vida de Abraham, luego de haber peregrinado por varios miles de kilómetros se nos dice que “salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron” (Génesis 12:5d).  ¡Qué buena noticia!  Era la tierra que Dios le había prometido a Abraham.   Abraham ya estaba donde Dios quería que él esté, y no tenía por qué irse a otro lugar.   Es más, Dios mismo se le apareció allí en Canaán y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra.  Y edificó allí un altar a Jehová quien le había aparecido” (Génesis 12:7b,c), y luego se trasladó a unos 70 kilómetros de allí entre dos ciudades conocidas como Betel y Hai, donde “plantó su tienda […]; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Génesis 12:8b,c).   Todo iba bien en los lugares donde Dios se le había aparecido y en donde él edificaba altares para invocar a Dios, hasta que decidió partir de allí hacia el Neguev (más al sur donde no tenía por qué ir porque ya estaba en la tierra prometida).   Tan pronto Abraham deja el lugar donde Dios se le había aparecido y donde le había dicho que esa era la tierra de la promesa, dice la historia bíblica que “Hubo entonces hambre en la tierra (en el Neguev)” (Génesis 12:10a).  No tenía por qué irse hacia el Neguev pues no era la tierra prometida, sino que la tierra prometida era donde él había pasado por Siquem, Betel, y Hai.  Pero la historia bíblica sigue su relato diciendo: “y descendió Abram a Egipto para morar allá;…” (Génesis 12:10a).   Otra vez, no tenía por qué irse a morar en Egipto, pues ese país no era la tierra prometida, pue se estaba alejando más del altar de su adoración y comunión con Dios y de la tierra prometida.   Por irse alejando del altar o de los altares, símbolos de la comunión con Dios, tan pronto Abraham entra en territorio de Egipto, se ven en aprietos éticos y morales de tener que hacerse un mentiroso y negar su matrimonio con Sara, teniendo que hablar con falsedad que Sara era solamente su hermana y no su mujer.   Todo mejoró cuando afortunadamente Abraham regresa por “Betel” donde solía encontrarse con Dios, pues nos dice la Escritura que: “Subió, pues, Abram e Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.  /  […]  /  Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Betel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Betel y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abraham el nombre de Jehová”  (Génesis 13:1,3,4).   Abraham había preferido un lugar donde creyó le iría mejor por su propio esfuerzo, y dejó de considerar que estaba en el lugar adecuado donde podía depender de Dios invocándole para la provisión de sus necesidades.   Un gran desánimo le llevó a preferir lugares indebidos.

    Cuando dejamos de estar en el lugar adecuado y en el momento adecuado, prefiriendo otro lugar que aleja al ser humano de la comunión con Dios, entonces se hace necesario enfrentar el desánimo con una abundante dosis de comunión con Dios.   Debemos dejar que Dios guíe nuestros pasos, pero Él lo hará siempre acercándonos hacia Él, y no alejándonos de su comunión.   Cuando veamos que las circunstancias de la vida nos presenten dificultades que causen preocupaciones en nuestra vida, no deberíamos dejar que nuestras reacciones nos lleven a buscar soluciones a nuestro parecer, sino que deberíamos aprovechar la ocasión para buscar tener con Él una mayor comunión, que sin duda servirá para que Él nos muestre la salida del problema.   Alejarnos de su comunión solamente hace que la vida se haga más propensa a la falsedad y al pecado, causando que nosotros mismos nos ganemos más peores problemas para nuestra vida y para la vida de nuestra familia.

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   La sexta área de nuestros deberes para con Dios que puede llegar a ser afectada por el desánimo, es:

VI.- LAS CONVIVENCIAS QUE DESAPROVECHAMOS.

   En la historia bíblica de la resurrección de Jesús y de sus apariciones posteriores, entre los diversos relatos tenemos el de la ocasión cuando Jesús resucitado se presenta gloriosamente visible y palpable en medio de una reunión a puerta cerrada que tenían la mayoría de los apóstoles, excepto Judas que ya se había ahorcado, y Tomás que según San Juan “no estaba con ellos cuando Jesús vino” (Juan 20:24b).   Este Tomás, igual que los saduceos de la época del ministerio de Jesús y de la época del apóstol Pablo, no creían en la resurrección, y ese era el principal problema de fe de Tomás; así que no tenía ninguna esperanza de ver nuevamente a Jesús, ni motivo alguno para quedarse en reuniones con los otros diez apóstoles.  Es evidente que su fe no bien fundamentada en las doctrinas de Jesús, le llevó a un desánimo (providencialmente de pocos días), mientras tanto prefirió andar fuera del compañerismo de los discípulos y apóstoles, desaprovechando una serie de beneficios que Tomás desaprovechó cuando Jesús vino a ellos, por estar desanimado, equivocado, frustrado, etc… y por no estar presente en aquella histórica reunión apostólica.

    Dice un antiguo estribillo: “Cada reunión aviva más la llama de nuestra amistad, amor que aquí comienza, por siempre durará”.   Las reuniones de los creyentes en cualquier lugar, sea en el templo, en una casa particular, en un restaurante, en una cocina económica, en un parque, en la playa, en cualquier lugar con ambiente sano, son oportunidades para convivir en el Señor, y mutuamente edificar nuestras vidas en el camino de la fe cristiana.   Pero cuando un creyente desaprovecha las reuniones, cultos, convivencias, trabajos, que la iglesia ofrece abiertamente a toda la hermandad, este creyente pierde oportunidades de hacer amistad, pierde oportunidades de fortalecer su amor hacia los demás, y muy pronto estará observando que está desplazado pero por su propio alejamiento.   Aprovechemos los momentos de convivencia de los creyentes porque contribuyen para la edificación de nuestra fe.

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   CONCLUSIÓN: Bien, pues, a lo largo de este mensaje hemos aprendido que un solo momento de desánimo es capaz de afectar negativamente otras áreas de nuestra vida diaria de servicio a Dios, por lo que hay que luchar contra ese problema muy peligroso y destructivo en el cumplimiento de la obra de Dios que realizamos.   No deje usted que el desánimo le haga orar incorrectamente, y mucho menos que le haga dejar de orar; no deje usted que el desánimo le haga ver que las circunstancias son más grandes que el poder de Dios, y en consecuencia usted tome decisiones incorrectas; no deje que un momento de desánimo le haga cometer actos de desobediencia haciendo cosas contrarias a lo que Dios espera de usted; no deje que el desánimo le haga expresar palabras malas contra otros, y menos contra Dios menospreciando su gracia para nuestras vidas; no deje que el desánimo le haga dar malos pasos que le lleven a usted a lugares impropios para un hijo de Dios; no deje usted que un desánimo repentino también le aleje del compañerismo y convivencia con otros creyentes.   Una persona que se deja desanimar por cualquier detalle no logra los objetivos que se propone, pero el que descarta dejarse desanimar, ese logrará lo que se propone.   Por ejemplo: Cuando Thomas Alva Edison (1847-1931) inventó la bombilla, no le salió a la primera, sino que realizó más de mil intentos, hasta el punto de que uno de los discípulos que colaboraba con él en el taller le preguntó si no se desanimaba ante tantos fracasos.  Edison respondió: “¿Fracasos? No sé de qué me hablas. En cada descubrimiento me enteré de un motivo por el cual una bombilla no funcionaba. Ahora ya sé mil maneras de no hacer una bombilla”.  […]  Durante ochocientos días y ochocientas noches y apoyado por sus colaboradores, tuvo la paciencia de ensayar con seis mil fibras diferentes: vegetales, minerales, animales e incluso humanas, puesto que probó hasta con un pelo de la barba rojiza de uno de sus colaboradores.   Al fin, el 21 de octubre de 1879 Edison realizó la primera demostración pública de la bombilla incandescente antes tres mil personas reunidas en Menlo Park (California).  Esa primera bombilla lució durante 48 horas ininterrumpidamente[2].   Este hombre no se dejó desanimar ni por los 800 días de incansable trabajo sin resultados deseables, ni por las 6000 fibras probadas que no funcionaron para lograr el objetivo deseado, ni por las más de mil pruebas realizadas para ver si funcionaba la bombilla tan anhelada.   Por fin, después de no dejarse desanimar por las dificultades, logró exitosamente lo que quería inventar.   Por eso es importante que el creyente no se deje dominar por el desánimo para que el ministerio y los proyectos que Dios pone en nuestras manos no queden afectados ni abandonados sino alcancen el resultado que Dios espera de nosotros.


[1] Martínez, José Luis; 502 Ilustraciones Selectas; Editorial Mundo Hispano; 1994; 320 pp.  Ilustración número 299

   

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