CÓMO RESTAURAR AL EXTRAVIADO DE LA VERDAD; por: Diego Teh.

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CÓMO RESTAURAR AL EXTRAVIADO DE LA VERDAD

Santiago 5:19,20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Dios está aquí” de la comisaría Lepán, del municipio de Tecoh, Yuc; el día sábado 19 de Julio del 2014, a las 19:00 horas.

(Es una reestructuración de un sermón del L.P. Apolinario Gómez Méndez, con el que fue evaluado en predicación para ordenación.  Usado con permiso.)

 

http://www.diegoteh.com/bosquejos/audiodelossermones/140719comorestauraralextraviadodelaverdad.mp3

   INTRODUCCIÓN: Durante la Segunda Guerra Mundial, un soldado norteamericano que estaba luchando en Nueva Guinea fue dejado por muerto a un lado de la carretera. Pero volvió en sí de su desmayo, y allí quedó esperando la llegada de los soldados japoneses, los cuales, con toda seguridad, lo acabarían. Siendo el joven un creyente, encomendó al Señor su camino y esperó en él.   Poco después vio llegar cuatro soldados japoneses, los cuales, en vez de matarlo, lo sacaron de allí y lo condujeron a otro lado, más cerca de sus compañeros, a la parte opuesta del bosque.   Antes de dejarlo, en un inglés bastante comprensible, le explicaron: -Aquí os halláis casi a salvo. Pronto algunos de los vuestros os auxiliarán.   Adiós… Nosotros somos cristianos, y odiamos la guerra[1].  Es triste cuando (como los soldados norteamericanos de nuestra historia) nosotros abandonamos a algún hermano en la fe sin darnos cuenta de que nos necesita precisamente por la situación grave, real, o peligrosa en la que se encuentra; y mucho más penoso debe resultarnos cuando por el hermano(a) que no hacemos algo, otras personas que no esperábamos que hicieran algo a su favor (como hicieron los soldados japoneses con el soldado norteamericano), lo hacen inmediatamente con un gran afecto extraordinario.   Sin embargo, es muy emotivo cuando un hermano en la fe, uno de los tuyos, se interesa por apoyarte en tus luchas de la vida (como cuando el soldado norteamericano, se enteró de que quienes le auxiliaron eran también cristianos como él aunque soldados de países enemigos en guerra).

    Los evangelios y las epístolas nos advierten que lamentablemente veremos a personas que profesan tener fe en Jesucristo, que están entre nosotros, que participan de los medios de gracia, que ríen, lloran, y viven con nosotros, pero en un momento dado, pierden por su propia decisión la orientación del evangelio y se extravían de la verdad, alejándose al mismo tiempo de su comunión con Dios y de su comunión con la iglesia de Dios.   No me refiero a gente no creyente que se encuentra dentro de la iglesia, sino como dice Santiago, se trata de “alguno de vosotros” (v.19), de alguno que es un cristiano profesante que se aleja de  la verdad del evangelio, de alguno que es un pecador errado de camino.  Específicamente, nuestro texto bíblico nos habla del peligro en el que se encuentra una persona que se ha extraviado de la verdad probablemente creyendo ideas, mentiras, y doctrinas que lo alejan no solamente del compañerismo de los creyentes sino también de la obediencia a Dios aunque siga siendo parte activa en la asistencia de las reuniones de la iglesia.   A través de la epístola de Santiago se plantea una serie de dificultades  que afectaban a los creyentes, de modo que éstas bien pudieron haber sido el motivo por el cual algunos abandonaban la fe en Jesucristo.  El peligro en el que se encuentra tal persona que se extravía de la verdad es que el v. 20 describe su persona como “pecador” por abandonar la vida de santidad, describe su conducta como “error de su camino” por no llevar el camino correcto a la vida eterna, describe su destino como “muerte de un alma” por perder su relación con Dios, y describe su deseo como “pecados” por perder todo interés por los beneficios de la gracia de Dios.   A veces es un miembro de la iglesia que se encuentra en esa condición, a veces es un anciano o diácono, a veces es un pastor, quienes pueden estar en peligro de extravío o ya realmente extraviados de la verdad.

    También nuestro texto nos indica la importancia de que aquellos que se encuentran en calidad de hermanos, se dediquen a rescatar a los que se están extraviando o los que ya están extraviados.   Para ello se mencionan acciones y resultados que indican lo importante que es esta tarea de rescatarlos para restaurarlos ante Dios y ante su iglesia.  Lo que el hermano restaurador hace es que: “le hace volver” (v. 19) porque es necesario que el extraviado se integre nuevamente a la obediencia a Dios y a la comunión de los creyentes; lo que el hermano restaurador hace es que “salvará de muerte” al extraviado (v. 20) porque estar extraviado de la obediencia a Dios es estar camino a la muerte eterna; y finalmente lo que el hermano restaurador hace es que “cubrirá multitud de pecados” (v. 20) porque ha hecho un gran favor a una persona que lo único que ha ido acumulando en su vida durante su extravío es solamente pecados y en grandes cantidades.

    Pero para el objetivo específico de este mensaje, el apóstol Santiago nos enseña que una persona extraviada puede ser restaurada del error de su camino ayudado por otro(s) creyente(s).   /   ¿Cómo puede ser restaurada una persona extraviada del error de su camino?  /  A través de Santiago 5:19,20 encontramos las maneras como cada creyente puede cooperar para ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad.

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   La primera manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

   I.- INTENCIONALMENTE.

   El apóstol Santiago motivando a cada creyente a ayudar al extraviado de la verdad, dice: “y (si) alguno le hace volver” (v. 19), implica que debemos ir intencionalmente en busca del que se extravió.   No será algo que ocurra por casualidad.  Tiene que hacerse intencionalmente.   Cuando alguien se desvía del camino es más fácil juzgarlo, condenarlo, criticarlo, y hasta calumniarlo, pero eso no es lo que Dios espera del hermano del extraviado.   El espera que cada creyente acuda intencionalmente a contactar, platicar, aconsejar al extraviado con la esperanza de que este vuelva al camino correcto.

    Imagina que se te pierde algo que aprecies o valores mucho. Imagina que se extravía tu hijo.  Te sentarías a pensar cómo es que se te extravió.  Dirías, a pues, si se perdió bien merecido se lo tiene por desobedecerme.  ¡NO!!,  estarías usando todos los medios posibles para encontrar a quien tanto amas.  No te vas a quedar pensando y sentado. Irías inmediatamente y con toda intención en su búsqueda.

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   La segunda manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

   II.- ESFORZADAMENTE.

   El apóstol Santiago motivando a cada creyente a ayudar al extraviado de la verdad, dice: “y (si) alguno le hace volver” (v. 19), implica que no es un trabajo sencillo, pues Santiago mismo al decir “(si) alguno” de entre todos le hace volver, no está garantizado que volverá tras el primer intento y por la primera persona que se atreva ayudarlo a salir de su error.  Queda evidente que no es fácil y requiere de un esfuerzo extraordinario guiado con el poder de Dios para hacer esta labor de hacer volver al extraviado de la verdad.

    Entre las parábolas de Jesús, específicamente en la de las cien ovejas.  El buen pastor cuando ve que solamente le quedan noventa y nueve, no importa si es de noche o si hay mucho calor o frío, o si hay muchos lobos, leones, etc…, con más razón el buen pastor tiene que ir a buscar a la oveja extraviada.   La parábola es una ilustración de Jesús acerca del pecador por quien Jesús el buen pastor vino a este mundo para rescatarnos de nuestra perdición y llevarnos de regreso a su redil.   Sin embargo, la parábola es una exhortación para aquellos que estamos en la verdad, hagamos de nuestra parte el esfuerzo necesario para ir en pos de los extraviados y ayudarlos para que regresen al rebaño de Dios.

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   La tercera manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

III.-  COMUNITARIAMENTE.

   Cuando el apóstol Santiago dice acerca del extraviado, que “… (si) alguno le hace volver” no está diciendo que es solamente de algunos o de alguno en particular, el deber de hacer algo para rescatar y restaurar al extraviado.   Con estas palabras Santiago les indica y recuerda a sus lectores una de las responsabilidades hacia la persona que se aparta de la verdad que no se trata del esfuerzo de solamente algunos, sino de toda la comunidad de creyentes.   En otras palabras, todos los miembros de la iglesia deben brindar cuidado espiritual al extraviado y traerlo de nuevo.   Hay algo más que debemos notar en el pasaje.  No dice, “si el pastor le hace volver”, o “si el anciano le hace volver” o si el líder le hace volver”.   Notemos que dice: si “alguno”.  ¿Quién es alguno?  Ese alguno es usted.   Este rescate es una misión compartida.  Pastores y ovejas.  Ancianos y miembros de la Iglesia, jóvenes y adultos, no importa si usted tiene un cargo o no dentro la organización administrativa de la iglesia.  Mientras usted sea un creyente usted es uno de los que tienen el deber de hacer volver al extraviado del error de su camino.

    En una reunión de un cuerpo eclesiástico en la que estuve presente, y en la que se trató el caso de un disciplinado, el presidente del cuerpo eclesiástico dirigiéndose a uno de los ancianos que formaba parte de la comisión restauradora le preguntaron:  ¿Cuántas veces han visitado al hermano X desde que fue disciplinado hace poco más de un año?.   Me acuerdo que aquel anciano miraba a los demás miembros de la comisión y ellos le miraban a él, y luego el anciano dijo la siguiente respuesta: “Pues a mí no me dijeron nada”, y responde otro: “A mí tampoco”.    Lo que sucedió entre ellos es que cada uno se quedó esperando que alguien les avisara y así finalmente ninguno de ellos hizo algo por el hermano suspendido para ser orientado.   Esta actitud de esperar que uno sea avisado es una mala mentalidad que existe en la iglesia.  El deber de restaurar al extraviado es un deber de todos.   Algo parecido pasa muchas veces en nuestras iglesias, cuando esperamos que los demás hagan algo, pero el ayudar a los extraviados del camino es un deber de todos.

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   La cuarta manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

IV.- ESPIRITUALMENTE.

  Santiago, cuando finaliza su exhortación dice: “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20).   Con estas palabras Santiago nos deja ver que este esfuerzo comunitario tiene objetivos espirituales, primero que “salvará de muerte un alma”, y segundo que “cubrirá multitud de pecados”.  Entonces es evidente que no se trata solamente de entablar con tal persona extraviada una relación amistosa debido a que no se trata un juego sino de algo trascendental.   Estamos tocando el terreno de lo eterno.  “Salvará de muerte un alma” no es cosa de juego, sino que es algo muy serio, pues está en juego la eternidad de las personas.   Cuando Santiago dice también que: “cubrirá multitud de pecados”,   no debe tomarse literalmente como si el hombre fuese capaz de perdonar pecados.   No es el hombre sino es Dios quien tiene la autoridad de perdonar.   La expresión “cubrir” se refiere implícitamente a la acción de Dios al perdonar el pecado. No importa cuán lejos haya llegado, si regresa con arrepentimiento, la sangre de Jesucristo es más grande que cualquier pecado y queda perdonado.   Esta es la esperanza y bendición del evangelio.   Todo lo anterior son las descripciones de que para hacer volver a un pecador de error de su camino, se trata de una labor espiritual que debemos realizar a favor de nuestros hermanos que tienen problemas de espiritualidad.

    Un hermano conocido a quien aprecio mucho, que se esforzaba por ser  un creyente fiel, un día por decisión propia tomó su propio camino y se dedicó a vivir como le plazca y estando fuera de la comunión de la iglesia y fuera de la obediencia a Jesucristo, se enferma de cáncer y padeció todos los efectos que usted se pudiera imaginar: Bajó mucho de peso, la quimioterapia le causó la caída de todo su cabello, etc…  Pero en su dolor, con lágrimas en los ojos y arrepentido, regresa.  Varios pastores, ancianos, hermanos de la iglesia, y yo[2], lo visitamos, oramos por él, le recordamos las promesas de Dios, lo confrontamos con su pecado, manifestó arrepentimiento, y para la gloria de Dios, el hermano se recuperó, y actualmente sirve al Señor.   Sin duda fue un trabajo intencional, esforzado, comunitario, y espiritual que realizamos con este hermano.   Por la gracia de Dios fuimos instrumentos para hacer volver a un pecador del error de su camino.

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   CONCLUSIÓN: Para terminar,  les voy a relatar que hace años, un hombre que viajaba en el Estado de Minnesota se encontró perdido en medio de una terrible tempestad. La nieve caía sin cesar, y el hombre ya no tenía esperanza de salvarse, cuando vio a lo lejos una lucecita en una cabaña de troncos.   Haciendo un esfuerzo pudo llegar hasta la casita y se salvó la vida. Era un hombre de dinero.  Compró la cabaña y edificó en el mismo sitio una hermosa casa.  En lo alto de una torre colocó una luz giratoria, y cada vez que hay tormenta, prende la luz, a fin de que pueda salvar a algún viajero que se encuentre en dificultades.   Eso sí que es gratitud.   Así quiere Dios que procedamos.  Si nos ha rescatado, debemos siempre estar buscando salvar a los demás[3].

   Quizá no podemos recordar todo este sermón, pero quiero concluir recordando que ante esta situación, Dios demanda que debemos procurar de manera intencional, de manera esforzada, de manera comunitaria, y de manera espiritualla restauración del que se ha extraviado del camino de Dios.   No pensemos que la misión o la demanda es imposible.  No nos desanimemos.  Dios puede usarnos poderosamente en el rescate del extraviado.  Tomemos nuestra misión como rescatadores con responsabilidad e intencionalidad.  Pensemos en la gran bendición espiritual que puede llegar a la vida de una persona, una familia, una iglesia, cuando nos arriesgamos a obedecer a Dios y nos ponemos en sus manos para cumplir su propósito en la vida de los que nos rodean.

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[1] Tomada de la ilustración 372 “EN LA TIERRA PAZ”, de un archivo digital anónimo.

[2] Quien relata este caso es el L.P. Apolinario Gómez Méndez.

[3] Moody, Dwight Lyman; Doscientas anécdotas e Ilustraciones; Editorial Portavoz; Grand Rapids, Michigan, USA; Ilustración 144: TRATEMOS DE SALVAR A LOS QUE SE PIERDEN.

   

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