CÓMO RECUPERAR EL GOZO DE LA SALVACIÓN, Por: Diego Teh.

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CÓMO RECUPERAR EL GOZO DE LA SALVACIÓN

Salmo 51:12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el día domingo 10 de Agosto del 2014, a las 18:00 horas.

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     INTRODUCCIÓN: Pocas veces nos ponemos a reflexionar en las consecuencias del pecado en nuestras vidas.  En las Sagradas Escrituras, tenemos las reflexiones de David un ser humano tan pecador como nosotros pero que aprendió a vivir conforme al corazón de Dios.   Él escribió algunas de sus reflexiones acerca de las consecuencias del pecado en su propia vida, expresándolas a Dios en sus oraciones, diciéndole, por ejemplo: “…estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.  /  […] se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido (Salmo 31:9,10); “… Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.  /  Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí” (Salmo 38:3).   Esto es solamente una muestra de lo que el pecado genera en el alma y el cuerpo  del ser humano: angustia, tristeza, enfermedades, falta de paz, dolor de cabeza, un peso emocional desagradable, etc….   Estoy seguro que eso también nos pasa a cada uno de nosotros, sin embargo, la buena noticia es que hay manera de salir de tales efectos del pecado, y recuperar el mejor efecto de la gracia de Dios para la vida cotidiana: el gozo de la salvación.

    La oración de David, registrada en el Salmo 51 nos enseña que el gozo de la salvación se recupera cuando el pecador arrepentido de su pecado reenfoca su vida en Dios.  /  ¿De qué maneras puede el pecador arrepentido de su pecado  reenfocar su vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación?  /  En este mensaje voy a compartirles algunas de las maneras cómo el pecador arrepentido de su pecado puede reenfocar su vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación.

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   La primera manera de reenfocar la vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación, es:

I.-  BUSCANDO EL PERDÓN DE DIOS.

   Como parte de su oración buscando el perdón de Dios luego de haberle fallado gravemente a Dios, él ruega: Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.  /  Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.  /  Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades” (vv. 7-9).   Es evidente que su pecado le estaba atormentando y haciendo infeliz, pues le suplica no a uno de sus generales, ni a uno de sus consejeros, sino a Dios, diciéndole: “Hazme oír gozo y alegría”, pues no hay mejor gozo que aquel que procede de los beneficios que por gracia Dios concede a un pecador.   Afortunadamente ahora estaba en la mejor actitud que debe asumir todo pecador, estaba arrepentido y se lo había dicho a Dios, diciéndole: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (v. 4a), pero ahora anhelando el perdón de Dios se lo suplica insistentemente, diciéndole: “purifícame […] lávame […] esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades”, pues solamente cuando Dios hace estas cosas a petición de una persona que reconoce que ha fallado a Dios, entonces el pecador puede sentirse gozoso.

    Charles Grandison Finney (1792 – 1875), quien llegó a ser pastor presbiteriano, y luego en otras denominaciones, fue el menor de siete hermanos de una familia de granjeros en Warren, Connecticut, Estados Unidos.  Sus padres, poco religiosos, no influyeron ventajosamente en la vida espiritual de su hijo.  Estudió para la abogacía en una aldea de Nueva York, donde el pastor Jorge Gale se interesó en la conversión del joven abogado de veintiséis años.  Cada lunes el ministro le hacía una visita y sus conversaciones versaban sobre las cosas del Espíritu.  El señor Finney se interesó en las cuestiones teológicas y no sólo comenzó a asistir a los cultos dominicales sino también a los cultos de oración social.  El joven abogado empezó a hacer investigaciones en su Biblia y luego reconoció que era inconverso. Un domingo, en el otoño de 1821, determinó hacer la paz con Dios; pero pasaron varios días antes de hacer su rendición incondicional.   Cuando Finney supo que sus pecados habían sido perdonados, se sintió tan gozoso que tuvo que ir a las calles para decírselo a otros. Abandonó luego la abogacía y se preparó para el ministerio[1].  Esto es lo que ocurre cuando una persona se pone a cuentas con Dios confesando sus pecados y pidiendo su perdón, y cuando uno se da cuenta de que Dios mismo confirma por medio de su Palabra que uno es perdonado, el corazón recupera desde ese momento el gozo de la salvación, que inmediatamente hace que uno manifieste ese mismo gozo a otras personas que lo necesitan.

    Amados hermanos, no dejemos que el pecado empañe nuestra vida robándonos el gozo de la salvación que por medio de Jesucristo nos ha sida dada la gracia de experimentarlo.  Seamos más atentos para no pecar deliberadamente contra Dios, y en cuanto a aquellos pecados involuntarios de los cuáles somos también responsables, no descuidemos confesarlos lo más pronto posible, buscando al mismo tiempo el perdón de Dios por medio de Jesucristo.   Si el pecado ha robado el mejor gozo que usted debería estar sintiendo, recupérelo buscando el perdón de Dios.  No hay duda de que él lo perdonará usted, y entonces usted quedará nuevamente lleno del gozo divino de la salvación.

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   La segunda manera de reenfocar la vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación, es:

II.-  DISFRUTANDO LA PRESENCIA DE DIOS.

   Antes de pedir que le sea devuelto el gozo de la salvación, David, lleno de una verdadera preocupación consciente de lo grave que es pecar contra Dios, exclama diciendo: “No me eches de delante de ti” (v. 11a).   Esto es lo que todo pecador debemos saber, que el pecado hace que merezcamos ser separados definitivamente de la presencia de Dios, y que nos sea suspendido toda clase de beneficios.   Pero ser echado de delante de Dios, significa una pérdida total de comunión con Dios, pues significa que todo intento del ser humano de acercarse a Dios mediante cualquier acto por más espiritual que sea no se elevará ni un solo milímetro para efecto de aceptación.  Ser desechado por Dios es la experiencia más lamentable que el ser humano pudiera experimentar, aunque si eso sucediera a alguien, Dios no es culpable de injusticia, sino que es la legítima ganancia de nuestros méritos pecaminosos.   Pero David, estaba verdaderamente arrepentido, por lo que ya no se sentía más atraído por el pecado ni por la tentación, sino por el amor a estar delante de la presencia de Dios.

   Estas palabras “No me eches de delante de ti”, expresadas por David reflejan también lo importante que era para él estar delante de su presencia, antes que estar entregado a algún pecado.  Si es que alguna vez la tentación lo dominó y pecó, ahora que estaba verdaderamente arrepentido, lo que más deseaba de nuevo es estar delante de la presencia de Dios.   Antes de fallarle a Dios, a Urías, y a Betsabé, y la nación que gobernaba, Dios era el gozo de su vida, pues testificando de su compromiso voluntario con Dios, decía: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.  Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada;…” (Salmo 27:4,5ab).   Esta disciplina de su vida es lo que más disfrutaba por lo que siempre le decía a Dios: “En tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11).   Una persona que no disfruta estar en la presencia de Dios, pues simplemente no puede sentir gozo, sino solamente aburrimiento, sueño, preocupaciones, y otras distracciones, pero aquella persona que tras reconocer sus pecados y arrepentirse de ellos, y busca restaurar su comunión con Dios disfrutando estar en su presencia, esta persona puede recuperar y reflejar el gozo de su salvación.

    Amados hermanos, no hay duda que cada uno de nosotros, aunque quizá no en los mismos pecados de David, de alguna manera también hemos sido o quizá estamos siendo ahora, culpables de pecado intencional delante de Dios, pero si también hemos buscado el perdón de Dios, entonces no tengamos en poco el estar delante de la presencia de Dios ya sea en lo privado y personal de nuestra devoción diaria con Él, o en el culto congregacional cuando juntos nos acercamos delante de Él, pues ¿cómo tener en poco a quien es la fuente de nuestro gozo?.

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   La tercera manera de reenfocar la vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación, es:

III.-  DEPENDIENDO DEL ESPÍRITU DE DIOS.

   Otra de las peticiones que David hace a Dios para solucionar el efecto del pecado en su vida emocional y espiritual, es “Y no quites de mí tu Santo Espíritu” (v. 11b).   David estaba consciente que toda capacidad que él había tenido para enfrentar las responsabilidades de su trabajo desde que era pastor de ovejas, cuando una y otra vez se defendía de la persecución de Saúl, y en toda su labor como gobernante del pueblo israelita, procedía no de su experiencia, sino directamente de su dependencia de la presencia y poder del Espíritu Santo en su vida. Así que si David ahora que estaba arrepentido y ahora que deseaba recuperar el gozo de su salvación, era esencial y necesario que deseara que el Espíritu Santo no fuera quitado de su vida, pues es la única fuente divina de poder y gozo que puede hacer que un arrepentido recupere el gozo de la salvación.

   El apóstol Pablo fue un tanto más descriptivo de lo que el Espíritu Santo puede hacer en la vida de una persona arrepentida de sus pecados, por lo que al escribirles a los Gálatas, les menciona una lista breve de lo que este Espíritu de Dios produce en el corazón: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / mansedumbre, templanza;…” (Gálatas 5:22,23).     Así que con el Espíritu Santo se puede recuperar no solamente el gozo sino cualquier otra virtud necesaria para que un hijo de Dios pueda vivir su fe en buenas relaciones con Dios, con el prójimo, y consigo mismo.   Sin embargo, siguiendo el tenor de este mensaje, el gozo de la salvación se recupera cuando uno depende del Espíritu Santo quien es el aplicador de los beneficios de la gracia en toda persona que ha buscado en Dios su perdón por medio de Jesucristo, pues de otro modo el gozo que uno pudiera sentir no será duradero porque tendría un origen en algo que no es divino.

    Amados hermanos, el Espíritu Santo es la solución de las cosas espirituales que hacen falta en nuestra vida.  Qué bueno que usted lleva una vida de arrepentimiento de sus pecados, “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero lo que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.  /  Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:5,6).  La vida de usted tiene todas las ventajas de una vida llena del gozo de la salvación, porque “el ocuparse del Espíritu es vida y paz”.

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   La cuarta manera de reenfocar la vida en Dios para recuperar el gozo de la salvación, es:

IV.- TESTIFICANDO DEL AMOR DE DIOS.

   Finalmente, David preocupado por la insípida consecuencia de sus dos gravísimos pecados, ruega a Dios lo siguiente: Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.  /  Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (vv. 12,13).   Lo que el manifiesta necesitar es el gozo de la salvación, pero cuando dice: “y espíritu noble me sustente” está diciendo en otras palabras “¡Dame un espíritu dispuesto a obedecerte!” (RVC)[2], e inmediatamente con el gozo de Dios y en una nueva actitud de obediencia, se compromete voluntariamente con Dios diciéndole: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti”.   Esto es una evidencia de que el gozo de la salvación impulsa a un hijo de Dios a compartir ese gozo que otros “transgresores” o “pecadores” también necesitan.  Y hacer esta labor de enseñanza, predicación, o evangelización, sea desde un púlpito, un aula, un lugar público, un lugar personal, en la ciudad, en la comunidad rural, en la selva, o en cualquier otro lugar, uno lo hace con el mismo gozo que se ha experimentado por el perdón de los pecados personales.

    Como ejemplo, les voy a contar el testimonio del misionero W. R. Hotchkiss, quien dijo una vez: “Por cuatro años he vivido solo en el Africa.  Treinta veces he sido atacado por las fiebres, tres veces atacado por leones y varias veces por rinocerontes; no pocas veces los nativos me han tendido emboscadas y por cuatro meses no he visto una pieza de pan, teniendo que limitarme a comer todas las cosas, desde hormigas hasta rinocerontes; pero permítanme que les diga que con todo gusto pasaría otra vez por todas estas experiencias, a cambio del gozo de llevar la palabra Salvadory hacerla brillar en la obscuridad que envuelve a alguna otra de las tribus del Africa Central”[3].   Efectivamente el pecador que experimenta el gozo de la salvación, lo sigue experimentando cuando testifica del amor de Dios a sus semejantes, no importando si lo tenemos que hacer en medio del peligro, o en un ambiente de pocas esperanzas de conversiones.

    Amados hermanos, habiendo experimentado el perdón de nuestros pecados, debe ser una tendencia natural, el querer voluntaria y espontáneamente, llevar también gozosamente el mensaje de salvación de Jesucristo que produce gozo no solamente en nuestros corazones sino también en el de todos aquellos que dejan que sus vidas sean purificadas, lavadas, y perdonadas por el sacrificio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Que la intensidad de nuestro gozo se refleje en una disposición de querer compartir el evangelio de perdón y gozo a quien lo necesite, no importando lo difícil de la circunstancia en la que tengamos que hacerlo.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir con este mensaje reflexionemos aquella frase sobre limpieza urbana que dice: “Una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia”.   En el contexto de la vida cristiana es el mismo principio que se aplica: Un cristiano gozoso no es el que más pecados confiesa, sino el que menos pecado comete.  Así que antes de pensar en gozo o más gozo para nuestra vida, pensemos en menos pecar, porque eso agrada más a Dios, y mantiene nuestra vida llena de toda virtud divina.

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[1] Lerín, Alfredo; 500 Ilustraciones; Casa Bautista de Publicaciones; EUA.  (Ilustración 42.  CARLOS G. FINNEY).

[2] Reina – Valera Contemporánea.

[3] Lerín, Alfredo; 500 Ilustraciones; Casa Bautista de Publicaciones; EUA.  (Ilustración 201.  FIDELIDAD EN LA OBRA MISIONERA).

   

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