DEVOCIONAL DEL MIÉRCOLES 06 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MIÉRCOLES 06 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS ES NUESTRO CONSOLADOR.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo de Dios es nuestro “Consolador”, pero junto con el Padre, y el Hijo, son tres Consoladores que nos capacitan para enfrentar toda aflicción de la vida presente que nos pueda llegar por causa de nuestra fe en Jesús.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7.

14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   La palabra consolador solamente se encuentra 4 veces en el Antiguo Testamento, una vez en Eclesiastés 4:1, una vez en Isaías 51:12, y dos veces en las Lamentaciones de Jeremías 1:16, 21. Tres de estas veces no necesariamente podrían estarse refiriendo a Dios, pero en Isaías 51:12 es Dios mismo quien se identifica diciendo: “Yo, yo soy vuestro consolador” (Isaías 51:12a); y lo dice en el contexto de que si su pueblo es llevado al cautiverio a otro lugar, “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Isaías 55:11).  Dios se identifica como Consolador, prometiendo dar consolación a su pueblo en caso de que sea afligido. En el Nuevo Testamento, también solamente en cuatro ocasiones se usa la palabra “Consolador”, y en las cuatro ocasiones fueron dichas por Jesús, y solamente la registra en su versión del evangelio, el apóstol Juan (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7, textos que ya hemos leído al principio).

   En 14:16, observemos primero que Jesús al decir del Espíritu Santo que es “otro Consolador” (Juan 14:16), Jesús se está considerando también como “otro Consolador” antes que el Espíritu Santo, siendo así él, el segundo “Consolador”, pues el Padre es el primer “Consolador”.  Y en consecuencia, el Espíritu Santo a quien él llama el “otro Consolador”, es el tercer “Consolador” de la Trina Divinidad.  Junto con 14:26, Jesús estaba considerando la tristeza que sus apóstoles tendrían por la ausencia física de él como Maestro, porque les estaba anunciando que pronto ya se iría de ellos, y por ello les menciona que su Padre les enviaría al Espíritu Santo como “otro Consolador”. Es evidente que la aflicción de la tristeza cuando tiene que haber lo habrá, sin embargo, el Espíritu Santo será quien la transformará en el gozo correspondiente. Además, aun cuando Jesús no estaría más físicamente con ellos como Maestro, ahora el aprender acerca de Dios sería más fácil, pues sin tener que seguir físicamente a Jesús caminando de pueblo a pueblo, el Espíritu Santo estará acompañando a cada apóstol, discípulo, o creyente para enseñarle aún en el silencio de la meditación, en los momentos de duda, o en el tiempo de estudio personal, etc…

   En el contexto de 15:26, parte del mismo discurso iniciado desde el capítulo 14, Jesús les estaba recordando algo que les había dicho antes, que: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. / Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:18-19). Cada uno de sus apóstoles, a esas alturas de tiempo de más de 3 años de haber andado con Jesús, ya se había dado cuenta de que eran aborrecidos por los principales religiosos de las dos sectas más populares de su tiempo, por otros fanáticos de aquellas sectas, y hasta por autoridades civiles que no comprendían en proyecto de Jesús y sus apóstoles por predicar el reino de Dios.  Este mismo aborrecimiento o desprecio, de alguna manera también se da en la actualidad para los que creemos en Jesucristo.  Sin embargo, para este género de problemas, la presencia permanente del Espíritu que Jesús estaba anunciando que sería más evidente como nunca antes, estará con los creyentes de Jesucristo para consolarles, haciéndoles fuertes para soportar cualquier menosprecio de nuestros semejantes o aun de nuestros propios familiares, fortaleciendo nuestra fe en que el menosprecio de la gente no es gran cosa, comparado con el valor eterno de ser salvado de la condenación eterna, y tener el privilegio de pasar la eternidad con Dios.  Esta es la labor consoladora del Espíritu Santo.

   En el contexto de 16:7, aunque no describe propiamente la obra de consolación, otras cosas que hará “el Consolador”, también llamado aquí por Jesús como “Espíritu de verdad” (15:12), es que convencerá de pecado, de justicia, y de juicio a mucha gente (cf. v. 8-11), y esto hará que sean menos los que aborrezcan a los creyentes.  Esto también es parte de la obra de “el Consolador”.

   Recordando que en realidad en Dios hay 3 consoladores: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, concluimos en que toda la plenitud divina está dispuesta a hacer toda obra de consolación en los que somos creyentes en Jesucristo, para que en las luchas y en las pruebas que enfrentamos, podamos estar firmes en la esperanza de sus dádivas eternas que vendrán después.

  • CANTEN EL HIMNO: “LLUVIAS DE GRACIA» (# 269).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

LLUVIAS DE GRACIA (Estrofas 1, 2, 4).

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Amado Padre consolador, muchas gracias por habernos enviado a tu Hijo consolador para ofrecernos tras esta vida llena de aflicciones un lugar en tu reino donde no hay ningún pesar ni dolor. Muchas gracias por habernos enviado también a tu Espíritu Santo como “otro Consolador” de tu Divinidad para acompañarnos en la práctica de nuestra fe, para que ante toda consecuencia, desánimo, o tristeza que llegase a nuestra vida, Él nos haga ver que es temporal y que después hay algo eterno de más valor que nos espera por ser creyentes de tu Hijo. Danos siempre el consuelo que necesitemos ahora y siempre.  En el nombre de Jesús. Amén.

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