CUANDO LA IGLESIA DEJA DE AMAR A JESÚS, Por: Diego Teh.

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CUANDO LA IGLESIA DEJA DE AMAR A JESÚS

Apocalipsis 2:1-7.

 Predicado por 1a vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el dom 17/Ago/14, a las 10:30 hrs; en el culto de su 31 aniversario de haber celebrado su primer culto.

http://www.diegoteh.com/bosquejos/audiodelossermones/140817cuandolaiglesiadejadeamarajesus.mp3

   INTRODUCCIÓN:   Voy a comenzar con un ejemplo sencillo: ¿qué sucedería si el panadero dejara de amar su trabajo?  Es muy probable; 1) que los panes no estarían listos a la hora, 2) que los deje de hacer sin que la gente sepa por qué, 3) que sus panes no estén elaborados higiénicamente,  4) que los panes estén duros a la hora de venderlos porque no le puso la cantidad adecuada de levadura u otros ingredientes, 5) que se le quemen los panes por exceso de temperatura o del tiempo necesario en el horno, etc…   Se ha puesto usted a pensar ¿qué sucedería si una iglesia local dejara de amar a Jesús?  De la misma manera que le ocurriría al panadero o a cualquier otro profesionista, los resultados de esta falta de amor hacia Jesús serían dañinos especialmente para el ministerio que desempeña una iglesia local.

    En nuestro texto para este mensaje podemos observar con claridad, que cuando una iglesia local deja de amar a Jesús ocurren una diversidad de resultados negativos para los mismos creyentes que la integran.   /   ¿Cuáles son tales resultados negativos que ocurren cuando una iglesia local deja de amar a Jesús?   /   Por medio del caso ocurrido a la iglesia de Efeso mencionada en el libro de Apocalipsis, que dejo su primer amor (o sea, que dejó de amar a Jesús), podemos confirmar algunos de los resultados negativos que puede suceder también a las iglesias locales de nuestra época.

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    El primer resultado negativo que ocurre a una iglesia local por dejar de amar a Jesús, es que:

I.- SU MEMBRESÍA DEJA DE TRABAJAR ARDUAMENTE.

   Dentro del elogio o felicitación que Jesús hace a la iglesia local de Efeso, podemos leer la frase “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo…” (v. 2), y la frase “y has trabajado arduamente por amor de mi nombre” (v. 3), frases que califican que el trabajo que dicha iglesia estaba realizando no era un trabajo “light”, sino arduo.  Pero observemos en el verso tres que la motivación de aquel “arduo trabajo” era “por amor” del nombre de Jesús.   Sin embargo, todo eso era una descripción del pasado, pues en el momento que Jesús les habla, les indica que “tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (v. 4).   Por lógica, se entiende de que si por amor al nombre de Jesús habían “trabajado arduamente”, ahora que han dejado ese amor por Jesús, entonces el trabajo ya no podía ser más arduo, sino como es de esperarse, sin amor a Jesús solamente hay irresponsabilidad, pereza, e incumplimiento.

   Creo que no hay duda de lo que es trabajar arduamente.  Se trata de no tener ni tiempo para tomarse un descanso durante las horas de trabajo de cada día, o también tener que trabajar más horas de lo que normalmente debemos trabajar.  Quizá muchas veces usted ha tenido un día muy atareado desde que usted se levanta, pues apenas tiene tiempo para arreglarse, desayuna con prisa si es que le da tiempo para hacerlo, sale casi corriendo de la casa para abordar su vehículo o el transporte urbano, porque si no llegaría tarde al trabajo.  Ya en el trabajo hay mucha presión para sacar la producción hasta lo máximo.  Cuando usted sale del trabajo, tiene que pasar a hacer pagos o compras, luego llega a casa y usted no puede descansar porque todavía hay que hacer o ir a comprar la cena, luego estar pendiente de otras cosas que son necesarias de hacer para la familia, y cuando usted se da cuenta ya casi es la media noche, y entonces cae rendido por el cansancio y el sueño; eso fue un día de arduo trabajo para nuestro beneficio personal.   Sin embargo, todos tenemos un tiempo para dedicar al servicio de Dios, que así como trabajamos arduamente para una empresa pública o privada, así también aprovechemos ese tiempo para trabajar arduamente en el ministerio de proclamar su glorioso evangelio que nos ha sido encargado, aprovechando al máximo ese escaso tiempo que normalmente dedicamos a veces no a diario sino hasta semanal, quincenal, o mensualmente.

   Amados hermanos, es necesario que cada uno de nosotros reflexionemos una y otra vez acerca del valor del amor de Jesús hacia nuestras vidas, ya que sin su amor seríamos personas miserables en esta vida y sin esperanza de salvación para la eternidad.  Debemos recordar constantemente que su amor consiste en haber entregado su vida sin que lo merezcamos para que podamos experimentar la salvación, que por ningún otro medio, ni otra persona, puede ser conseguido.   Él nos libró de culpabilidad de pecado, él no libró de la condenación eterna, ¿por qué entonces dejar de amarle?  Les animo a que cada uno de ustedes permanezca amando verdaderamente a Jesús cada día, pues eso ayudará a que usted trabaje más arduamente.

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    El segundo resultado negativo que ocurre a una iglesia local por dejar de amar a Jesús, es que:

II.- SU MINISTERIO PODRÍA DESAPARECER RÁPIDAMENTE.

   Luego de una invitación que Jesús hace a esta iglesia para que se arrepienta de su actitud, le indica también que si no se arrepiente “vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar” (v. 5).   Pero, ¿qué es un candelero en el libro del Apocalipsis?  La respuesta la encontramos en el capítulo uno donde leemos la explicación que dice en el final del versículo 20: “…y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”.   Así nos queda claro que el candelero es una iglesia.   La iglesia es descrita como candelero por la función que tiene de ser “luz del mundo” (Mateo 5:14-16), pero si ha dejado de trabajar arduamente, y si cada vez hace menos trabajo, entonces los mismos creyentes están destinando su iglesia local a la pronta desaparición.  ¿Para qué serviría una iglesia que ya no quiere trabajar por amor del nombre de Jesús?   La respuesta la tenemos en las mismas palabras de Jesús cuando les enseñó a sus discípulos que ellos eran la sal para el mundo, y les aplicó la siguiente explicación: pero si la sal se desvaneciere, […] No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13).   Una iglesia local que ya no es ni luz ni sal ha perdido el honor de ser llamada iglesia.   Así entonces, cuando la iglesia no ama a Jesús, y deja de trabajar arduamente, ponen en riesgo la desaparición del ministerio que le ha sido encomendado, así como también ponen en riesgo la pronta desaparición de la misma iglesia local.

   En la historia del cristianismo, muchas iglesias locales han dejado de ser candeleros (iglesias) por dejar de hacer arduamente el ministerio divino de proclamar las buenas nuevas de salvación por medio de Jesús.   Basta con que usted use un buscador en el internet y teclee la frase “iglesias desaparecidas”, y le desplegará los enlaces para acceder a la historia de muchas iglesias que antes existieron pero que ahora ya no existen más.  Obviamente, algunas desaparecieron no por falta de amor a Jesús, sino porque fueron perseguidos, asesinados, o cambiaron su domicilio, o por otra razón específica, pero no faltan las que dejaron de amar a Jesús, aunque por ningún medio va usted a encontrar tal descripción.

   Amados hermanos, Jesús no necesita una asociación religiosa que se denomine iglesia sin que esta esté realizando el ministerio de proclamación del evangelio.

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    El tercer resultado negativo que ocurre a una iglesia local por dejar de amar a Jesús, es que:

III.- SU PASTORADO ES DESOBEDECIDO ABIERTAMENTE.

   Un rápido recordatorio acerca de la iglesia de Efeso, nos trae a la memoria que en Hechos 19 se nos relata que el mismo apóstol Pablo fue el fundador, pastor y maestro de esta iglesia durante los primeros dos años aproximadamente (Hechos 19:10); luego también Timoteo fue otro de sus pastores (1 Timoteo 1:3); de la misma manera otro pastor llamado Tíquico también estuvo con ellos para pastorearlos (2 Timoteo 4:12); y posteriormente cuando el apóstol Juan salió libre de la Isla de Patmos donde fue prisionero por causa del evangelio, y después de haber recibido la revelación para las iglesias, él mismo fue el pastor y apóstol que acompañó a los creyentes de aquella ciudad; sin embargo, a pesar de haber contado con los ministros de primera generación, no se sabe que hayan corregido su actitud de servicio y proclamación, pues de las siete iglesias locales mencionadas en el Apocalipsis, no existe de la iglesia de Efeso ni un solo vestigio de que haya continuado su ministerio durante el siglo segundo.

   Amados hermanos, de nada sirve conseguir los servicios de pastores con una alta preparación académica, teológica, o de otra profesión; de nada sirve conseguir los servicios pastorales de un gran hombre de Dios verdaderamente consagrado en trabajar para los propósitos de Dios, si los creyentes, hermanos, o miembros, no tienen la adecuada disposición de obedecer las enseñanzas pastorales, bíblicas, y apostólicas.   Cuando los creyentes dejan de amar a Jesús, dejan de amar a la iglesia, dejan de trabajar arduamente, comienza a desaparecer su ministerio, y hasta dejan de obedecer a sus pastores.  Cuando esto sucede así, la iglesia está funcionando mal, por lo que les animo en el nombre de nuestro Señor que no decaiga el amor de ustedes por Jesús, sino que valoren el trabajo pastoral que hoy tienen con los pastores que estamos disponibles para servirles en el amor de Cristo.  No se vale que con el paso del tiempo, a pesar del esfuerzo, la entrega, la devoción, y el servicio de un pastor por la iglesia local de nuestro Señor Jesucristo, lo terminen culpando de que por su culpa la iglesia está decayendo, cuando la realidad son los creyentes que no obedecen la palabra que les ha sido o que se les está enseñando.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, es muy clara la petición de Jesús a esta iglesia, cuando le dice a esta iglesia para informarle que todavía tiene solución su actitud para que sus resultados negativos se conviertan en resultados óptimos.  Jesús le dice a esta iglesia: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras;” (Apocalipsis 2:5).  Cuando una iglesia anda en esas condiciones de desamor hacia su Salvador, tiene que hacer estas tres cosas que Jesús mismo pide a la iglesia.  1) Primero: La iglesia tiene qué recordar de dónde ha caído.  Con esto no se está afirmando que la iglesia o que cada creyente ha caído de la gracia salvadora, sino que la iglesia local de Efeso, había caído del trabajo a la pereza, de la responsabilidad a la irresponsabilidad, del valorar el sacrificio de Jesús a olvidarse del valor redentor de la muerte de Jesús para el favor de sus vidas.  2) Segundo: La iglesia tiene que arrepentirse.  Esto quiere decir que debe cambiar su actitud.   3) Y tercero: La iglesia tiene que hacer las primeras obras para demostrar que se ha arrepentido.  Esto quiere decir que no es suficiente pensar que uno está arrepentido, y que tampoco es suficiente con decir aun públicamente que uno está arrepentido, sino que hay que demostrar con las obras que es real el arrepentimiento que se siente en el corazón.   Este tiempo para arrepentirse debe hacerse lo más pronto posible, de lo contario, la iglesia, a veces poco a poco, a veces rápidamente, pierde su razón de existir en esta tierra.  Y no queremos que esta congregación se vaya a la decadencia.  Queremos una iglesia que tenga un ministerio activo y próspero, y que las siguientes generaciones mientras regresa nuestro Salvador y Señor, puedan integrarse a esta comunidad de personas que ponemos en práctica el amar al salvador que nos amó primero.  Pero, nosotros debemos ser los primeros que amemos con todo nuestro corazón a Jesús.

   

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