DEVOCIONAL DEL MIÉRCOLES 13 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MIÉRCOLES 13 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS GUÍA LA VIDA DE LOS HIJOS DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que por ser “hijos de Dios” contamos con la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, el cual nos guía para hacer “morir las obras de la carne” que intentan dominar nuestra vida.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 8:13-15.

13 … si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Desde que el apóstol Pablo inició la escritura de su epístola a los Romanos, nunca había escrito nada acerca de que los creyentes son “hijos de Dios”, pero en este capítulo central de su epístola lo menciona 4 veces (8:14, 16, 19, 21), y en el capítulo 9 otras 2 veces (9:8, 26), y en este último solamente al citar al profeta Oseas. De aquí, solamente en otras dos epístolas más, el apóstol Pablo hablo acerca de los creyentes como “hijos de Dios” (Gálatas 3:26; Filipenses 2:15). El apóstol Juan es quien en su versión del evangelio en dos ocasiones menciona el término “hijos de Dios”, pero en ambas menciones no fueron expresadas por Jesús sino son por interpretación de este apóstol.  En el primer caso es su evaluación personal de lo que Jesús hizo con los que creyeron en él (cf. Juan 1:12), y en el segundo caso es su interpretación de cómo Caifás el sumo sacerdote en el tiempo del evento de la resurrección de Lázaro, al decir que al pueblo le convenía la muerte de Jesús, sin saberlo él, Juan dice que en su función de sumo sacerdote dijo una profecía no solo para la nación judía sino para para congregar en uno a los “hijos de Dios” que estaban dispersos” (Juan 11:52).  Es hasta su primera epístola universal que menciona esta frase en 4 ocasiones (3:1, 2, 10; 5:2). Incluso Jesús solamente habló de los “hijos de Dios” en una de las bienaventuranzas de su sermón del monte (Mateo 5:5); y San Lucas solamente menciona una ocasión más en la que Jesús usó estas palabras refiriéndose a las personas que al haber entrado a su cielo son consideradas “hijos de Dios”, al igual como son considerandos allí los ángeles (cf. Lucas 20:36). En todos los casos, ser “hijos de Dios”, es una identidad que recibimos todos los que creemos en Jesucristo.

   Pero, hay algo que ocurre en los que creemos. El apóstol Pablo lo explica mediante conceptos legales de la ley romana a los que él llama: “espíritu de esclavitud”, y “espíritu de adopción”. Ojo. Estas menciones de la palabra “espíritu” no se refieren ni al Espíritu Santo, ni al espíritu humano, sino que es usada para referirse a la condición legal de ser esclavo o hijo adoptado.  PRIMERO, es a los que han creído en Jesús y que por ello son “hijos de Dios”, que les dice: “no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (Romanos 8:15a). El esclavo, por la condición en la que cada día es tratado por su amo, no suele ser agradable para él, sino que cada día vive con temor a las exigencias, a los castigos, a los maltratos, etc… no solamente para él sino para todos los suyos.  Así que ser esclavo nunca fue algo agradable.  El apóstol Pablo considerando lo difícil que es la vida de un esclavo, les dice a los creyentes de Roma, que el ser creyentes e “hijos de Dios”, no es como el vivir todos los días con temor de esclavo, pues el hijo de Dios vive una libertad especial que le hace muy feliz todos los días.  SEGUNDO, les dice que: “habéis recibido el espíritu de adopción” (Romanos 8:15b). En Roma, había una ley en el que un esclavo puede ser adoptado por su amo si este no había tenido algún hijo a quien pudiese dejarle su herencia.  Entonces, el esclavo dejaba de ser esclavo, y pasar a ser legítimo hijo, teniendo el derecho de recibir la herencia que su amo dejase. Esta comparación en el contexto romano era muy bien entendida.  El creyente, habiendo sido un esclavo, pero del pecado, ahora que es adoptado, pero por Dios, pasa a ser un “hijo de Dios”, no para que siga siendo esclavo del pecado, sino para que disfrute de un nuevo trato ya no de un amo que le esclavice y por ello viva con sus antiguos temores, sino de parte de su nuevo Padre que es Dios quien también le tiene preparada una herencia eterna.    Es en esta nueva relación de hijo adoptado, que Dios el Padre, le provee a su nuevo hijo, una de sus personas divinas, al Espíritu Santo, para que le guíe en todos los pasos necesarios para que como hijo reciba la herencia que le corresponde.  Es a esto que el apóstol Pablo se refiere cuando les dice a los creyentes romanos, que: “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).

 Si usted es un creyente en Cristo, usted ya es un “hijo de Dios”; y si ya es un “hijo de Dios”, usted está siendo guiado por Dios para que usted haga “morir las obras de la carne” (cf. Romanos 8:13) que están presentes en su vida, dejándoselas al “Espíritu de Dios” que las mate. Y al mismo tiempo, el Espíritu de Dios, también le está guiando para recibir la herencia que Dios tiene dispuesto para usted.

  • CANTE EL HIMNO: “SANTO ESPÍRITU, DIRIGE» No. 272.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Amado Padre divino, muchas gracias por adoptarnos como hijos tuyos, y así librarnos de los temores de la vida entregada a la esclavitud del pecado. Muchas gracias por darnos a tu Espíritu Santo para que more en nuestra vida, para que el pecado no tenga dominio sobre nosotros, sino para que las obras y frutos del pecado manifestados en carnalidades, sean dominados por tu mismo Espíritu Santo.  Por favor, que tu Santo Espíritu guíe siempre nuestra vida para ser vencedores contra todas las obras de la carne, con el fin de que se confirme en nosotros tu dádiva de vida eterna.  Te lo agradecemos todo, y pedimos la guía de tu Espíritu Santo, en el nombre de tu Hijo Jesucristo.  Amén.

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