NO DESCUIDES LA SALVACIÓN TAN GRANDE, Por: Diego Teh.

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NO DESCUIDES LA SALVACIÓN TAN GRANDE

Hebreos 2:1-3.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cancha del fracc. “Pescadores”, del puerto de Celestún, Yuc; el día sábado 23 de Agosto del 2014, a las 19:30 horas; después de un día de labor social de parte de miembros de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yuc.

http://www.diegoteh.com/bosquejos/audiodelossermones/140823nodescuideslasalvaciontangrande.mp3

   INTRODUCCIÓN: Buenas noches estimados oyentes de esta palabra de Dios.   Es un alto honor dirigirme a usted en esta noche con palabras que no fueron inventadas por mí, sino que se encuentran registradas en las Sagradas Escrituras con la finalidad de motivar a toda persona a desear de todo corazón el bien más sublime que un ser humano pueda obtener en esta vida.   Hoy les traigo una pregunta apostólica que dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”   ¿Se ha hecho usted alguna vez esta pregunta de manera personal o quizá en compañía de su familia?.  Sea que se la haya preguntado alguna vez, o nunca, hoy le invito a reflexionar sobre las implicaciones de esta importante pregunta.

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   La primera implicación acerca de esta pregunta es que:

I.- HAY UN PELIGRO TAN GRANDE QUE DEBEMOS EVITAR: LA CONDENACIÓN ETERNA DE NUESTRAS ALMAS.

   La pregunta es bastante indicadora cuando dice: “¿Cómo escaparemos nosotros…?”  Si esta pregunta nos habla de una necesidad de escapar es porque hay un peligro de por medio.  ¿No sabe usted cuál es el peligro?  ¿No sabe usted que se encuentra en un peligro que tiene que ver con la eternidad?  A continuación le voy a indicar a usted algunas declaraciones de la palabra de Dios que nos ponen en alerta acerca del peligro más terrible que el ser humano puede evitar.

   Primeramente, las mismas palabras de Jesucristo nos advierten del gran peligro para nuestras almas, cuando dijo ilustradamente: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.  /  Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,  /  y los hecharán en el horno de fuego; allí será el lloro  y el crujir de dientes” (Mateo 13:40-42).  ¿Se dio cuenta usted?  El ser humano está en peligro de castigo eterno en un “horno de fuego”.  Este horno de fuego no es como el de las panaderías, es solamente un lenguaje figurado muy pobre para describir con algo que se conoce la realidad mucho más terrible de un lugar desconocido pero real que puede ser evitado.

    Una segunda declaración de la palabra de Dios es la que dice: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya  hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).   Nuevamente ¿se da cuenta usted, de que se acerca el día de su comparecencia ante Jesucristo?  ¿Sabe usted que sin duda los seres humanos hacemos más cosas malas que buenas?  De todas maneras con tan solo una cosa mala que hayamos hecho es suficiente para el castigo eterno de nuestras almas.  ¿Puede usted llegar a la conclusión de cuál sería la sentencia que recibiría usted en dicho juicio?  Sin embargo, el objetivo de este mensaje es anunciarle a usted que hay una buena noticia: Sí hay manera de evitar ese gran peligro que todos tendremos que enfrentar algún día, que será dentro de no mucho tiempo.

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   La segunda implicación acerca de esta pregunta es que:

II.-  HAY UN PROBLEMA TAN GRANDE QUE DEBEMOS EVITAR: EL DESCUIDO DE NUESTRA VIDA CON RELACIÓN A LA ETERNIDAD.

  La pregunta que nos ocupa en este momento es muy orientadora: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”  La respuesta acertada es: No podemos escapar del peligro eterno si somos descuidados en cuanto a procurar la salvación.  Según el diccionario, un descuidado es alguien que es: “Dejado, negligente, desidioso, abandonado”[1]. Ningún descuidado espiritualmente ha escapado ni escapará de las consecuencias del pecado que lo conducen al peligro de la condenación eterna, por lo que la pregunta que les he traído para reflexionar nos orienta para que seamos personas no descuidadas sino diligentes en esta cuestión de la salvación de nuestras almas para la eternidad.

    Ser cuidadoso es un atributo que se admira en toda persona, pero ser descuidado es sumamente peligroso, pues un pequeño descuido puede resultar en accidentes, en fracasos, y hasta en la muerte misma.  Se imagina usted ¿qué pasaría si por descuido olvida usted que estaba cocinando la comida del día?  Se le va a secar el caldo, o hasta se le pudiera quemar los ingredientes.  También, en una hojeada rápida a la sección de policía de cualquier periódico nos recordará que los descuidos aunque sean mínimos han sido causas de accidentes leves, graves, y hasta mortales.  Pero el descuido que estoy enfatizando en este momento es el que una persona tenga en poca importancia el destino eterno de su alma, pues finalmente la consecuencia será horrorosamente eterna.

    Para reflexionar, ¿cómo se considera usted mismo? ¿Es cuidadoso o descuidado?, o ¿Cuidadoso en algunas cosas, pero descuidado en otras cosas?  Y en cuanto la salvación de su alma, ¿cómo se considera usted?  ¿Está siendo diligente, o está siendo descuidado?   Si usted se da cuenta de que ha descuidado esa parte importante de su vida, hoy mismo usted puede evitar seguir siendo descuidado en cuanto a su vida espiritual.

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   La tercera implicación acerca de esta pregunta es que:

III.- HAY UNA BENDICIÓN TAN GRANDE QUE DEBEMOS DESEAR: LA SALVACIÓN DE NUESTRAS ALMAS.

   La palabra “salvación” es una de las palabras esenciales en las Sagradas Escrituras, que las iglesias cristianas desde la antigüedad hasta hoy usan constantemente en su vocabulario de todos los días para anunciar las buenas noticias de Jesucristo.   Todos los creyentes, y hasta no creyentes, estoy seguro que han escuchado no pocas veces esta palabra en sermones, clases bíblicas, por radio, televisión, y revistas, etc…  De tanto pronunciarse o repetirse, para algunas personas, pierde su significado original, su impacto, su incalculable importancia.   Quien haya sido “salvado” literalmente de un edificio o casa en llamas, de ahogarse en las aguas de un río, lago o mar, de un barco que se hunde, de cualquier otro accidente potencialmente catastrófico o mortífero, de los estragos de un huracán, terremoto o inundación, de ser herido o muerto en un campo de batalla, por un médico de una enfermedad debilitante o fatal, de una vergüenza tremendamente humillante, de un motín, de prisión  – el tal afortunado entiende, se supone, por lo menos en términos materiales, cuán grande resulta ser semejante “salvación”.

       Como un intento de explicar el profundo significado de esta palabra, voy a contarles una experiencia personal.  En abril del 2012, regresando de una congregación a la casa, después del culto, como a las nueve de la noche, de repente se quema la bomba de gasolina de mi camioneta.  Me estaciono con los direccionales intermitando, paso adelante del vehículo, y me percato que a unos cien metros atrás venía un vehículo con una velocidad mayor a 100 kph, que no mostraba intenciones de cambiar de carril para rebasar, por lo que le grité a mi familia: “Les van a chocar”.  Justo en ese momento, a escasos tres metros, el conductor que iba con sobrecupo en su auto, logró esquivar impactarse con mi camioneta, aunque su espejo derecho golpeó y destrozó el direccional trasero izquierdo de mi camioneta, y el chofer siguió zozobrando sobre la carretera a punto de internarse en el monte.  En menos de 10 minutos luego de avisar a unos amigos que vivían cerca del lugar donde sucedió el leve percance, llegaron para auxiliarme, y al contarles a qué velocidad venía el auto que se impactó con mi camioneta, me hicieron la observación que si se hubiera impactado totalmente en mi camioneta, es probable que mis esposa y mis hijos que ya no llevaban puesto el cinturón en ese momento, podrían salir proyectados hacia el frente.   Gracias a Dios que no se dio el impacto más trágico.  Para mí, ese fue una salvación tan grande, porque toda mi familia se salvó del peligro de muerte.

    Pero, ¿recuerda usted que la pregunta apostólica que hice desde el principio, nos habla de “una salvación tan grande”?  Permítame aclararle un poco más por qué se trata de una salvación tan grande, y NO tan solamente salvación a secas.   En primer lugar es “una salvación tan grande” porque nunca fue posible que una persona ordinaria lo lograra por sus propios méritos.   En segundo lugar porque la justicia de Dios exigía que el ser humano que pecó pague por su propio pecado, pero con la condición de que su vida con la que pagara fuese una vida santa.  ¿Pero, de dónde el pecador se haría santo, si ya es un pecador?  Es imposible.   Por lo que Jesucristo el Hijo de Dios se hizo humano como uno de nosotros, pero sin pecado, por lo que en nuestro lugar pagó con su propia vida por nuestros pecados.   Por eso la Biblia habla de “una salvación tan grande”.  ¿Se lo quiere usted perder?  Nadie lo puede encontrar en otro lugar o persona, pues solamente en Jesús hay salvación, por lo que le invito a usted en este momento, a que desee esta sublime bendición para que usted pueda disfrutar de una gloriosa eternidad al lado de Dios nuestro Creador y de nuestro Salvador su Hijo Jesucristo.

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   La cuarta implicación acerca de esta pregunta es que:

IV.-  HAY UNA DECISIÓN TAN GRANDE QUE DEBEMOS REALIZAR: EL ESCAPAR DEL JUICIO DE DIOS.

   Esta interesante pregunta que estamos analizando en este momento que dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”, está sugiriendo al mismo tiempo que es necesario escapar, nada menos que del juicio de Dios.  Y de Dios no es fácil escapar.  De hecho nadie puede escapar.   Les voy a comentar acerca de algunos ejemplos.  Como primer ejemplo: Antes de la creación del mundo, Dios había creado a multitudes de ángeles, entre los cuáles uno de ellos sobresalía en hermosura, el cual quiso ocupar el trono de Dios, entonces Dios tomó la decisión de retirarlo de los lugares celestiales junto con otra multitud de ángeles que quisieron apoyar a su líder.  No escaparon del juicio de Dios.   Como segundo ejemplo: La historia de dos antiguas ciudades que se llamaron Sodoma y Gomorra, tuvieron un final inescapable, pues por causa de su maldad y perversidad, Dios decidió exterminarlos haciendo llover sobre ellas fuego y azufre.  No pudieron escapar del juicio de Dios, sino solamente a un hombre llamado Lot, a quien por su justicia delante de Dios, Él mismo lo libró animándolo a escapar por su vida.   Como tercer ejemplo: En la historia de Israel, luego que un grupo de cuatro personas lideraron a un grupo de doscientas cincuenta personas, por envidia querían ocupar el liderazgo que ejercía por llamamiento el profeta Moisés, Dios hizo que estos revoltosos y envidiosos fueses tragados por la tierra, y un fuego consumidor arrasó precisamente a todos y solamente ellos.

    Mis amados oyentes, tomen en cuenta esta verdad, que del juicio de Dios nadie se ha escapado, y menos del gran juicio que se aproxima para todo ser humano ante el gran tribunal de Jesucristo.  Pero, la buena noticia es esta: Es posible escapar del gran peligro eterno al que usted se está dirigiendo y aproximando.  Solamente tiene que dejar de descuidar su propia alma, pidiéndole a Jesucristo el perdón de sus pecados.

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   CONCLUSIÓN: Estimado oyente, solamente me queda un par de minutos para hacerle una invitación.  ¿Quiere usted escapar del juicio de Dios para obtener la salvación tan grande, del que ha escuchado en este mensaje?   Allá donde usted se encuentra en esta misma cancha, en la puerta de su casa aquí en los costados de esta cancha, a usted que está pasando por la calle en este momento, hasta usted que no me ve pero que me está escuchando hasta donde llega el audio de este mensaje, le invito a que le diga a Jesús: “Señor Jesús, entiendo que por causa del pecado me encuentro en un gran peligro eterno, ya no quiero descuidar mi alma y mi vida entera, por lo que quiero aceptar la bendición de la salvación tan grande que ofreces, pues no puedo hacer nada para salvarme a mí mismo, todo lo hiciste con tu extraordinaria naturaleza divina y humana.   Te recibo como mi único y suficiente Salvador y Señor.   Toma el control de mi vida para que yo pueda tener una vida agradable a ti, a mi familia, y ante mis semejantes.  Te lo pido Jesucristo, con todo mi corazón.  Amén y Amén”.

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[1]  (Vox. Diccionario de sinónimos y antónimos. Página 217)

   

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