DEVOCIONAL DEL JUEVES 14 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL JUEVES 14 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS TESTIFICA A NUESTRO espíritu QUE SOMOS HIJOS DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo que mora en los corazones de quienes creemos en Jesucristo, hace que sepamos y sintamos desde nuestro espíritu restaurado, que por nuestra fe en Cristo, ahora somos “hijos de Dios”.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 8:16-17.

16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Cuando a una persona no le interesa la fe en Cristo, suele ser honesta en decirlo, aunque muchas veces en tonos ofensivos, burlescos, y menospreciantes contra la fe, contra Cristo, contra otros creyentes, y hasta contra la iglesia, de tal manera que se percibe su incredulidad y su lamentable condición espiritual desprovista de capacidad para acceder a la salvación disponible para los elegidos de Dios. Lo que dice es lo que tiene o hay en su corazón, pues como todavía no tiene a Cristo, y menos al Espíritu Santo de Dios, o por lo menos no percibe si Dios ha empezado a trabajar en su vida para su salvación, entonces, habla lo que su realidad le indica. Pero, cuando una persona ha creído en Cristo, y por ello el Espíritu Santo ocupa el corazón de tal creyente, ocurre que: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). Es por eso que el creyente, ya no ofende a otros que creen en Cristo, ya no rechaza el evangelio de Dios, porque al creer en Cristo, tanto la presencia real y espiritual de Cristo como del Espíritu Santo, ocupan su corazón espiritual.

   La Nueva Traducción Viviente, resaltando cómo comienza esta transformación en un creyente, dice con respecto a Dios y su Espíritu Santo, que: “su Espíritu se une a nuestro espíritu” (NTV); y la versión Dios Habla Hoy, dice: “este mismo Espíritu se une a nuestro espíritu” (DHH). Esta unión no es como la que ocurrió con Jesús para formar en él dos naturalezas en una sola, sino solamente se trata de que el Espíritu Santo está siempre junto a nuestro espíritu, pero trabajando dentro de nuestro espíritu, sin necesidad de hacerse uno solo con nosotros.

   Cuando el apóstol Pablo dice que el Espíritu “da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”, ¿a qué se refiere el apóstol con esta expresión?  Lo que está diciendo es que el Espíritu de Dios hace que nuestro espíritu humano pueda percibir y comprender el valor y la necesidad de lo que Cristo hizo al dar su vida por los elegidos de Dios.  El creyente comienza a interesarse por el aprendizaje y conocimiento de la voluntad de Dios revelada en las Sagradas Escrituras (lo que antes no hacía).  Pronto descubre que algo divino está ocurriendo en su vida que le ha cambiado la vida para siempre. El Espíritu Santo usa la palabra escrita de Dios para transmitir al corazón del creyente el conocimiento de que ahora Dios le ha hecho un hijo de Dios.  Es así como uno puede aceptarse y decir que uno es un hijo de Dios, lo que antes al no ser creyente, uno no podía decir; y si alguna vez alguien creyó que era un hijo de Dios solamente porque era un ser humano, y si así lo decía, lo decía solamente como afirmación genérica de que somos criaturas de Dios descendientes de Adán.  No estaba tan mal en ese sentido, pero eso no es lo que el Espíritu de Dios hace que sintamos y compartamos los que hemos creído en Cristo.  Lo que el Espíritu Santo testifica en nosotros es que Dios nos ha aceptado como sus hijos haciéndonos así, inmediatamente salvos de la condenación eterna, únicamente por el haber creído en Jesucristo como su Hijo y como nuestro único y suficiente Señor y Salvador.  Es muy diferente sentirse hijo de Dios solamente porque uno es un ser humano creado por Dios, que afirmar ser un hijo de Dios por haber creído en Jesucristo.  Esto último, es lo que el Espíritu Santo hace que uno sienta desde nuestro espíritu.  La Nueva Versión Internacional, lo expresa diciendo: “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16, NVI).

   Amado hermano, ser considerado por Dios como hijo de Él, no es cualquier cosa.  Es una dignidad tan grande para nosotros, porque primero, no somos derivados de su naturaleza, sino solamente creación de sus manos, sin embargo, nos llama sus hijos; y segundo, porque somos además, pecadores por Adán que infringió hasta por nosotros la ley de Dios, y luego porque nosotros mismos por nuestra propia naturaleza e iniciativa también desobedecemos a Dios.  Ser hijo de Dios representa la iniciativa eterna de Dios de restaurar en nosotros, el objetivo original de Dios que consiste en que vivamos delante de su presencia eterna, así como que Él esté con nosotros para siempre.  Vale pena ser llamados y hechos hijo de Dios (1 Juan 3:1 “llamados”, Juan 1:12 “hechos”).  Y gracias a Dios por su Espíritu Santo que nos hace reconocer que somos hijos de Dios.

  • CANTE EL HIMNO: “SOMOS UNO EN ESPÍRITU» No. 407.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Amado Padre Dios, te agradecemos que hayas querido hacernos tus hijos a pesar de que solamente somos tus criaturas, y a pesar de que somos siempre pecadores delante de ti. Muchas gracias porque hiciste sencillo solamente por la fe en Cristo tu Hijo para hacernos tus hijos.  Pero, también te agradecemos que has enviado a tu Espíritu Santo para que junto con tu Hijo hagan su morada en nuestra vida, y desde nuestro espíritu esté llevando a cabo si labor de transmitirnos seguridad de que ahora somos tus hijos.  Por favor sigue edificando con tu Espíritu a nuestro espíritu para entender, saber, y estar seguro de muchas cosas más que tú estás llevando a cabo en nuestra vida, o que estás en promesa de hacerlo para nosotros.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, nuestro único y suficiente Señor y Salvador.  Amén.

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