DEVOCIONAL DEL VIERNES 15 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL VIERNES 15 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS INTERCEDE POR NOSOTROS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo es la persona divina que nos enseña a orarle a Dios, y cuando nos encontramos en debilidad para orarle a Dios, su mismo Espíritu Santo intercede por nosotros, y recibimos de Dios la respuesta que necesitamos aun sin haberlo pedido nosotros.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 8:26-27.

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Orar a Dios es algo que se puede falsificar, pues hasta uno que no es propiamente creyente en Jesucristo, podría simular que ora, pero en realidad, aunque invoque el nombre del Padre, y aunque al final de su oración diga: “en el nombre de Jesús”, y hasta pronuncie un: Amén, sus palabras no son la oración que llega al cielo u oídos de Dios, porque la oración que llega al cielo es la que es generada en el corazón del creyente por el Espíritu Santo.  Así, pues, el que no es creyente no tiene una legítima oración que llegue a Dios, sino solamente palabras salidas de sus labios, que en lo ordinario nunca llegarán a Dios, porque tal persona no cuenta con el Espíritu de Dios en su vida.

   La verdadera oración para que llegue a Dios antes de salir de los labios, debe salir primeramente del corazón espiritual de un creyente en Jesucristo. Y para que esa oración salga del corazón, tiene que estar en ese corazón el Espíritu Santo de Dios quien es la persona que hace que un creyente en Jesucristo se dirija a Dios con las palabras apropiadas, que Dios espera escuchar para responder.  Pero, recordemos que cuando alguien ha creído en Jesucristo, inmediatamente cuenta con la presencia del Espíritu Santo en su vida, y por ello tal creyente está en condiciones de orarle a Dios cuantas veces lo tenga que hacer.  En esta condición favorable por el Espíritu Santo, el que cree en Jesucristo, siempre va a desear aprender a orar y va a buscar practicarlo desde muy pronto que haya creído, como lo hiciera un nuevo discípulo de Jesús que le dijo al Maestro: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1b).  El que es discípulo de Jesús, siempre va a querer aprender a orar, y cuando aprende a orar, no abandona este medio de gracia con el cual uno puede acercarse a Dios por medio del nombre de Jesús.

   Pero, ¿quién por naturaleza está siempre listo para orar? Hasta la persona que se ha disciplinado en la práctica constante de la oración a Dios, puede en algún momento de su vida necesitar orar, pero justo en ese momento sentir que no puede hacerlo.  Lo que está sucediendo en este caso, es la aparición de la realidad de una debilidad propia de nuestra naturaleza que nos está acompañando y que nos inhabilita para orarle a Dios como es debido.  Pero en este caso, la buena noticia que nos comparte el apóstol Pablo, es que: “… el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). Uno siente una mezcla de deseo de orar, al mismo tiempo que una flojera para hacerlo.  Uno sabe que debe orar, pero se presenta algún estorbo emocional o espiritual para no hacerlo, porque incluso, de repente uno no sabe qué decirle a Dios; entonces, uno se percata que en vez de orar lo único que sale del corazón a través de los ojos son lágrimas con un profundo deseo de hablar con Dios, pero uno no pronuncia palabra alguna, sin embargo, en el pensamiento están las palabras que uno quiere decirle a Dios, pero los labios y la voluntad se niegan a decirlo. En esos casos, el Espíritu Santo de Dios, es quien hace la oración por nosotros; le presenta a Dios nuestra condición, y le pide a Dios lo que conviene que Dios nos envíe como solución para salir de la problemática en la que nos encontramos en ese momento.  Y cuando el Espíritu Santo intecede: “conforme a la voluntad de Dios intercede” (Romano 8:27b). ¡Qué gran bendición contar con el Espíritu Santo, para interceder por nosotros al Padre celestial!

   Me da gusto saber que los ejemplos de oraciones que siempre he sugerido al final de estas lecturas devocionales tanto en esta como en otras series devocionales, han servido a algunos hermanos para aprender a orar. Nunca fue mi objetivo enseñar a orar a través de estos devocionales, sin embargo, estoy seguro que es el Espíritu Santo de Dios que ha utilizado primeramente la palabra de Dios para aplicar los aprendizajes necesarios en la vida de los hermanos a los que me he referido; y también a usado las guías devocionales que he escrito para hacer crecer en la gracia a quienes están comenzando en la práctica de la oración.  El Espíritu Santo nos enseña a orar, y cuando realmente no podemos, él entonces intercede por nosotros.

   ¿Puede recordar usted, alguna bendición que nunca pidió a Dios, pero llegó aun cuando usted menos lo esperaba?  Sin duda, que es el resultado de la intercesión del Espíritu Santo.

  • ESCUCHEN EL HIMNO: “INTERCEDE POR MÍ» (Por: Omar Salas).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

INTERCEDE POR MÍ» (Por: Omar Salas).

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Dios eterno que dijiste que: estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración”1, te agradecemos que a los que creemos en tu Hijo Jesucristo, siempre estás dispuesto a escuchar con atención y responder nuestras oraciones.  Pero, muchas gracias también porque en los momentos de debilidad nuestra cuando no percibimos bien tu voluntad, y cuando no sabemos qué es lo que te debemos decir para que nos atiendas, tu Espíritu Santo que nos has dado, es quien se dirige a ti en intercesión por nosotros. Qué gran auxilio nos has provisto para que nuestra vida, problemas, y circunstancias estén siempre delante de ti por las intercesiones de tu Espíritu Santo; y por ello recibamos respuestas de bendiciones y soluciones que nunca nos imaginamos recibir.  Por favor, síguenos auxiliando con tu Espíritu Santo en los momentos débiles de nuestra vida.  Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo.  Amén.

  1. 2 Crónicas 7:15.

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