DEVOCIONAL DEL SÁBADO 16 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 16 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS NOS PROVEE LOS DONES PARA VIVIR EN EL REINO DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo que mora en nosotros nos provee de los dones necesarios para tener las actitudes que Dios espera pongamos en práctica en su reino presente al que pertenecemos.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 14:15-17.

15 Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.

16 No sea, pues, vituperado vuestro bien;

17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   “El reino de Dios” no es algo que conoceremos hasta que los creyentes tengamos el privilegio de llegar a la eternidad celestial, sino que dicho reino hace XXI siglos que fue traído por Jesucristo a esta tierra (cf. anunciado por Juan el Bautista, Mateo 3:2; predicado por Jesús mismo, Mateo 4:17; y luego por los discípulos enviados de Jesús, Mateo 10:7).  Desde entonces, los que se arrepienten de su pecar contra Dios haciéndose creyentes de Jesucristo y el reino de Dios, pasan inmediatamente a pertenecer a dicho reino.  Los que ahora creemos en Jesucristo, estamos en el reino ya inaugurado de Dios, esperando que en la eternidad conozcamos el aspecto celestial del mismo reino.  En ese reino no estamos solos ni con unos pocos, sino con todos los que creen en Jesucristo y aceptan las buenas noticias con respecto al reino de Dios.  Estando en este reino hay DOS COSAS QUE NO SE DEBEN HACER: 1) menospreciar, y juzgar (cf. Romano 14:3). El apóstol Pablo tenía conocimiento de que justamente estas dos cosas estaban ocurriendo entre los creyentes en Roma. Estas actitudes se daban con respecto del comer o no comer cierta carne que había sido o podría estar antes dedicado a dioses de la antigua idolatría griega o de la idolatría romana. En realidad, eran temas de conciencia.  Realmente comer carne no era problema, aunque haya sido dedicado a ídolos, siempre y cuando uno no lo sepa; pero si uno lo sabía, entonces, no debía comerlo. El creyente que era maduro en estas cosas, no tenía problema alguno por comerlo, pues habiendo dado gracias a Dios por su comida, todo estaba en orden.  El problema se daba cuando este creyente maduro para comer carne sin saber su procedencia, menospreciaba al que decidía no comerlo porque en su debilidad o inmadurez decidía mejor no comerlo pensando que podría ser de las carnes dedicadas a los ídolos.  Y el problema se daba con este creyente inmaduro o débil cuando juzgaba al creyente maduro que comía carne, sin que su conciencia sepa si era de la dedicada a los ídolos o no, pero el débil aun sin tener prueba de ello, culpaba al maduro de estar comiendo lo sacrificado a los ídolos.  Este era el no insignificante sino gran problema de los miembros del reino de Dios. Esto no puede ser así.  ¿No menosprecia usted a alguien porque no hace algo como usted lo hace?, o ¿no juzga a alguien porque hace lo que usted cree que él hace mal y que en realidad podría él no estar mal?

   Para los que tenían esta actitud, el apóstol Pablo les dice por lo menos, cuatro indicaciones: 1.- que si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor” (v. 15a); 2.- que No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió” (v. 15b); 3.- que “No sea, pues, vituperado vuestro bien” (v. 16); y 4.- que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (v. 17).  Y es solamente con respecto a esta última indicación que voy a recalcar tres observaciones: Primero, que no debemos centrar nuestra atención ni canalizar nuestras metas y objetivo en cosas secundarias que no son el objetivo de Dios que llevemos a cabo en su reino; segundo, que en este reino de Dios, “el Espíritu Santo” está presente para proveernos de los dones que necesitamos para vivir correctamente en el reino presente de Dios; y tercero, que hay tres dones que nos es dado para poner en práctica en este reino las actitudes correctas: la “justicia”, la “paz”, y el “gozo”, para no menospreciar ni juzgar a otro a quien también “Dios le ha recibido” (cf. Romanos 14:3b).  En el reino de Dios no son aceptables las actitudes de menosprecio, juicio equivocado, y falta de amor por los demás.  Y para evitar esto, “el Espíritu Santo” nos provee de sus dones con el fin de ser los mejores ciudadanos del reino de Dios donde nos estamos espiritualizando para recibir la etapa celestial de este reino.

   Ahora, por favor respóndase a usted mismo estas preguntas:

   1.- ¿practico la “justicia”, reflejando así el amor de Dios hacia otros hijos de Dios que juntamente conmigo están en el mismo reino de Dios, y con quienes me frecuento en la iglesia?  2.- ¿procuro la “paz” con mis conciudadanos del reino en el que Dios me ha guiado a entrar para mantener una sana relación fraternal y comunitaria?  3.- ¿manifiesto con los demás, el “gozo” que mi fe en Cristo, el amor de Dios por mí, y el don del Espíritu Santo, están infundiendo en mi corazón?  Si alguna de sus respuestas fue: NO, o QUIEN SABE, usted tiene problemas en su vida espiritual y fraternal que debe solucionar como ciudadano del reino de Dios. Si todas sus respuestas fueron: SÍ, adelante, viva el amor de Dios en su reino ahora y siempre.

  • CANTEN EL HIMNO: “TU REINO AMO, OH DIOS» No. 402.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Bendito Dios, qué hermoso es saber que eres Rey, y que tienes un reino celestial, que has traído a nuestra vida por medio del evangelio de tu Hijo Jesucristo.  Por otras enseñanzas de tu mismo Hijo no todos entran a este reino por su mala actitud contra tu propio Hijo, o por estar más interesados en otras cosas vanas.  Muchas gracias porque a nosotros nos ayudaste a integrarnos en tu reino. Ahora sabemos que debemos evitar el menosprecio y el juzgar a los demás, para que no seamos hallados faltos de amor.  Para ello, te pedimos que tu Espíritu Santo nos llene de “justicia”, de “paz”, y “gozo”. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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