DEVOCIONAL DEL MARTES 26 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 26 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS NOS LLENA DE PODER.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo prometido por Dios a través de los profetas Ezequiel y Joel, y por medio de Jesús, desde que llega a morar en la vida de un creyente de Jesucristo, le llena de poder para la causa del reino de Dios.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Hechos 1:8.

pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   San Lucas el autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, explicando a Teófilo el receptor original de la Historia canónica de la Iglesia, una de las primeras cosas que le hace saber es que Jesús cuando estaba por subir al cielo les dijo a sus discípulos que: Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5).  Observen que Jesús no les dijo que el Espíritu Santo les iba a bautizar, pues no les dijo que seréis bautizados POR el Espíritu Santo, sino les dijo que “seréis bautizados, CON el Espíritu Santo”.  En un sentido general, la llegada del Espíritu Santo a este mundo en Jerusalén fue el bautismo mismo; y en un sentido particular el Espíritu Santo mismo es el bautismo por el hecho de ser enviado a morar en la vida de los que creen en Jesucristo, de cada discípulo en particular.  El Espíritu Santo no vino solamente para rondar por los aires, sino para morar en la vida de los creyentes; y para hacer la obra de regeneración espiritual en la vida de todos los elegidos de Dios para que cada uno pueda creer en Jesucristo para su salvación.

   Estos discípulos, que habían estado con Jesús durante todo su ministerio de principio a fin, al escuchar esta promesa del Espíritu Santo, debieron haber recordado la profecía de Ezequiel que dice: Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos. / Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 29:28-29). Debieron haber recordado también la profecía de Joel acerca del derramamiento del Espíritu de Dios, que dice: “Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado. / Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:27-28). Este derramamiento debería ocurrir después de una restauración del reino de Israel cuando “nunca jamás será avergonzado”. Debió haber pasado en sus mentes que Jesús les estaba anunciando que la antigua promesa de Dios pronunciada tanto por Ezequiel como por Joel estaba por cumplirse, y debieron haber pensado que Jesús les estaba prometiendo “poder” para liberarse del dominio que el imperio romano tenía sobre ellos, y que ya nunca más serían un reino sometido bajo otro reino o imperio como lo habían sido en diversas ocasiones durante sus casi 20 siglos de historia.  Es por eso que le hacen a Jesús la pregunta: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Entendían el derramamiento del Espíritu Santo como la señal de que Dios ya no les está ocultando su rostro, ni dándoles la espalda, y que eso les daría “poder” para que ellos participaran en la restauración de reino de Israel.  Eso Dios lo haría algún día, pero no era eso lo que Jesús les estaba anunciando.  Por eso él les respondió: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; / pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:7-8).

   Aquellos discípulos, aunque habían aprendido durante tres años acerca del reino de Dios, o del reino de los cielos que Jesús estaba estableciendo aquí en la tierra con su evangelio, y que no es lo mismo que el reino terrenal de Israel, en algún momento, ellos pensaron que deberían encabezar una guerra de independencia para restaurar el reino en nombre de Jesús. Él les aclaró que no les daría poder para ello, pero les daría poder cuando hay venido” sobre ellos “el Espíritu Santo”, para otro objetivo.  Con este “poder”, les dijo Jesús, “me seréis testigos”.  El proyecto de Jesús sería más grande que un pequeño proyecto en Israel, porque los alcances y límites de su proyecto de reino sería “hasta lo último de la tierra”.  El reino de Dios sería establecido no solo en Israel sino en todo el planeta tierra.  Lo que ellos vieron, oyeron, y aprendieron de Jesús con respecto de sus enseñanzas del reino de los cielos, es lo que tendrían que testificar.

   Así que podemos concluir que el Espíritu Santo llegó a la vida de los creyentes como el bautismo que incluyó el “poder” necesario para promover en todo el mundo el plan de Dios para la salvación de los pecadores elegidos por Dios, mediante el establecimiento del reino de Dios en cada corazón humano.  Usted ha sido bautizado, probablemente también con agua, pero esencialmente “CON EL ESPÍRITU SANTO”. Sin menospreciar el bautismo con agua, lo más relevante es el bautismo “con el Espíritu Santo”. No tenga usted la menor duda que si usted ha creído en Jesucristo y su evangelio, Dios le ha bautizado CON su Espíritu, y ha depositado en usted el “poder” de su Espíritu para que usted contribuya en extender su reino aquí en la tierra testificando de su evangelio.

  • CANTEN EL HIMNO: “ESPÍRITU DE DIOS» No. 263.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Bendito Dios y Padre celestial, muchas gracias por haber querido establecer tu reino de los cielos aquí en la tierra mediante la vivencia del evangelio predicado por tu Hijo Jesucristo. Tu reino no lo limitaste solamente para los israelitas ni solamente entre ellos, sino que lo planeaste para todo el mundo “hasta lo último de la tierra”. Para que ninguna generación se pierda el conocer y ser parte de tu reino eterno, has querido que aún nosotros seamos “testigos” de todo lo que tu Hijo enseñó. Entendemos que no estamos esperando que nos llegue tu “poder”, sino que ya está en nuestra vida por tu Espíritu que ya mora en nosotros. Ayúdanos entonces a conocer mejor el evangelio del reino de los cielos que tu Hijo nos dejó; y úsanos con tu “poder” para compartir su evangelio aquí donde nos ha tocado vivir. Te lo suplicamos en el nombre y por los méritos de tu Hijo Jesucristo, Amén.

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