DEVOCIONAL DEL VIERNES 29 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL VIERNES 29 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS FORTALECE LA VIDA DE LA IGLESIA.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo es quien fortalece a la iglesia en general para que tenga paz para llevar a cabo su misión, para que sea edificada en el fundamento de Cristo, para que ande en el temor de Cristo, y para que crezca cada vez más.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Hechos 9:31.

31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   La persecución de los creyentes en Jesucristo, realmente no surgió de Saulo de Tarso, sino que la persecución fue plan del sumo sacerdote Anás, junto con otros miembros principales del concilio conformado tanto por fariseos como por saduceos. Anás fue el que hizo que llevaran a los apóstoles Pedro y Juan a la cárcel pública por estar predicando a Jesucristo (cf. Hechos 4:1-18; v. 6; 5:17-33). Un ángel les rescató de la cárcel sin romper paredes, ni ventanas, ni puertas, ni cerraduras, y sin que se percatara la poderosa guardia que les custodiaba.  Cuando Esteban el primer mártir de los creyentes fue apedreado hasta morir, Saulo solamente estaba entre el grupo de los malvados que llevaron a cabo la ejecución.  Pero, muy pronto Saulo se convirtió en el líder que encabezó la persecución de los creyentes en Jesucristo. Siendo él fariseo, no toleraba que otros fariseos ni de Jerusalén, Judea, las otras provincias de Palestina, y hasta en otras ciudades de otros países del imperio romano.  Se propuso ir por ellos para traerlos a Jerusalén y ser juzgado por el concilio o Sanedrín presidido por el sumo sacerdote quien en aquel tiempo no era del bando de los fariseos sino de los saduceos (cf. Hechos 5:17). San Lucas nos relata que: Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, / y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén” (Hechos 9:1-2). Años más tarde, el mismo ahora ya apóstol Pablo cuenta que: “Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres; / como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados” (Hechos 22:4-5).  Esto hacía que las iglesias que se estaban formando en cada ciudad y aldea, no tengan paz de parte de las dos grandes sectas religiosas del judaísmo: el fariseísmo y el saduceísmo, quienes aliados con el gobierno romano procuraban detener el avance del cristianismo.

   Pero, habiendo Saulo tenido un encuentro especial con Jesucristo resucitado quien se le manifestó mediante una aparición luminosa cerca de Damasco, por la gracia de Dios Saulo dejó de perseguir a los creyentes, por haber sido llamado directamente por Jesús quien le constituyó como su apóstol.  Damasco no estaba tan cerca de Jerusalén. Hoy, por carretera son 328 km de distancia, que en automóvil se podría llegar hasta en poco menos de 5 horas, pero en aquellos tiempos a pie o a caballo era cuestión de unas 60 horas efectivas, que según las horas que se camine por día, determinaría los días en los que uno llegaría.  Pero, tan pronto Saulo fue llamado por Jesús, y él ofreció hacer lo que Jesús quisiera, estuvo solamente unos cuántos días en Damasco, y tuvo que regresar a Jerusalén, donde en vez de acudir al sumo sacerdote a informar del fracaso de su plan, y de su conversión a la causa de Jesús, mejor buscó a los discípulos de Jesús para reunirse con ellos.  En Jerusalén todos le tenían miedo, pero uno llamado Bernabé abogó por él contando a los discípulos todo lo que le había acontecido a Saulo, y que desde hace por lo menos un par de semanas él también se había convertido en un predicador del evangelio de Jesús. Fue así como fue aceptado por los discípulos en Jerusalén. Dice San Lucas que Saulo: estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, / y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. / Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso”.  Cesarea, estaba a unos 110 km al Noreste de Jerusalén, en la costa del Mar Mediterráneo, como de regreso hacia Damasco, a unas 23 horas a pie desde Jerusalén.  Y Tarso, por tierra estaba a 896 km de Jerusalén, unas 184 horas a pie; desde Cesarea, debido a diversos rodeos que se hacen necesarios, son 856 km más al norte, 176 horas más a pie.  A menos que de Cesarea a Tarso le hayan llevado en barco, la distancia y tiempo de viajes sería un poco menor.  Pero considerando que Tarso era una ciudad, hoy en la provincia de Mersín, Turquía, estamos hablando de 615 km más atrás al noreste de Damasco, unas 126 horas a pie.  No fue poco este movimiento para tenerle a salvo.  Pero, fue en este tiempo que ocurrió lo que nuestro texto de hoy dice que: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo” (Hechos 9:31).  Saulo ya dejó de ser el gran perturbador de la paz de la iglesia. Pero, ahora observen qué tuvo que ver “el Espíritu Santo” en la vida de la iglesia después de este tiempo de persecución.  Las iglesias eran “fortalecidas por el Espíritu Santo”. Por lo menos encuentro cuatro maneras de cómo el Espíritu Santo hizo y todavía hace su labor de FORTALECIMIENTO de la iglesia de Jesucristo: Primero: Él es quien generó que las iglesias tengan PAZ; Segundo: Él fue quien generaba que las iglesias sean EDIFICADAS; Tercero: Él es quien hacía que los creyentes que estaban surgiendo, ahora estén ANDANDO EN EL TEMOR DEL SEÑOR; y Cuarto: por Él las iglesias SE ACRECENTABAN.  Ni siquiera fue por el trabajo apostólico o misionero del ya entonces Pablo, antes Saulo, pues para aquellos tiempos, digamos que él todavía estaba en sus pininos (primeros pasos).

   El Espíritu Santo, aun en la actualidad es el fortalecedor de la iglesia. Él hace todo lo necesario para que la iglesia en general, y cada iglesia local que se comienza a establecer, sea siempre fuerte.  Desde aquel tiempo hasta el día de hoy nada detuvo el avance de la iglesia, porque siendo obra de Dios, nunca habría algo que lo detenga. Ni el diablo mismo, ni las religiones ahora mayoritarias por medio de sus jerarquías y feligresía, ni los gobiernos civiles del mundo.  Por ejemplo, en los tiempos de Pablo, aunque los años pasaron, los sumos sacerdotes del concilio judío, cada vez que podían se proponían juzgar a los que se convierten al evangelio de Jesús, especialmente a los apóstoles.  Así es como más de 20 años después, Pablo, cayó en manos del sumo sacerdote Ananías quien “ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca” (Hechos 23:2), y junto con otros hasta “comparecieron ante el gobernador contra Pablo” (Hechos 24:1).  Pero, con todo, la iglesia nunca ha sido detenida por nada.  Gracias a la gran labor que el Espíritu Santo está llevando a cabo aquí en el mundo en el corazón de los desconocidos elegidos de Dios, y en las vidas de todos los que formamos parte de la iglesia.  La iglesia seguirá acrecentándose fortalecida por el Espíritu Santo.

  • CANTEN EL HIMNO: “VEN ESPÍRITU, VEN».

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Dios de nuestra vida y de tu iglesia, en verdad se cumple lo que tu Hijo refiriéndose a tu Espíritu Santo, prometió a sus primeros discípulos cuando les dijo: “…rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”1. Desde que su promesa se cumplió, tu Espíritu ha estado aquí en la tierra en todos los continentes, haciendo cristianos fuertes e iglesias fuertes, en toda la iglesia universal, pero también en cada iglesia en lo particular que se congrega tanto en grandes como en pequeñas comunidades.  Gracias por hacernos parte de tu iglesia. Sigue fortaleciendo nuestra vida y la vida de la iglesia que conformamos al congregarnos. Nuestra latente debilidad causada por nuestra naturaleza humana y pecaminosa, necesita ser transformada por tu Espíritu Santo en fortaleza para llevar a cabo la misión que nos corresponde cómo iglesia.  Queremos ser tu iglesia que fortalecida siga predicando de tu Hijo Jesucristo, se oponga quien se oponga, pues lo haremos por el amor a tus escogidos. Fortalécenos primero, te lo pedimos en el nombre tu Hijo Jesucristo, Amén.

1.- Juan 14:16.

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