DEVOCIONAL DEL SÁBADO 30 DE MAYO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 30 DE MAYO:

TITULO: EL ESPÍRITU DE DIOS: UNA PROMESA HECHA REALIDAD EN NUESTRA VIDA.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que cada familia sepa que el Espíritu Santo que fue derramado sobre los primeros apóstoles y demás creyentes el domingo de Pentecostés del año 33 d.C., fue el cumplimiento de una promesa hecha por Dios poco más de 800 años antes.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Joel 2:12-13, 28.   Hechos 2:16-17.

JOEL  2

12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.

13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.

28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

 HECHOS  2.

16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

17 Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños;

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Mucha gente estaba confundida por el fenómeno nunca antes visto de oír a gente conocida que no pasaba de hablar el idioma de su familia, ahora predicando en idiomas extranjeros, y justamente en lenguas de los extranjeros que estaban de visita allí en Jerusalén. Estos predicadores, discípulos de Jesús, eran nada menos que galileos (cf. Hechos 2:7), o sea, de Galilea, provincia considerada como una región de gente pobre que no se dedicaba ni al estudio, y menos al aprendizaje de idiomas.  Además, eran conocidos en todo Israel por haber andado con Jesús por todas partes durante más de tres años, y todo mundo sabía que solamente eran pescadores, y gente sin estudios.  Por eso Pedro, uno de esos galileos, mientras predicaba su primer sermón cita palabras del profeta Joel (800 a.C. aprox), para explicar a propios de Jerusalén y de Israel como a extranjeros visitantes que habían llegado a la fiesta anual de Pentecostés, que aquellos que estaban hablando en lenguas, no estaban borrachos, puesto que todavía eran las 9:00 a.m. (cf. Hechos 2:15), sino que se estaba cumpliendo en ellos una antigua promesa de Dios de que Él algún día previas condiciones, derramaría su Espíritu Santo, y se producirían estos efectos que ellos estaban viendo y oyendo en ese día y momento.

   Ahora vayamos mentalmente a los tiempos del profeta Joel, 800 años antes del día de Pentecostés, y escuchemos a Joel predicando a los judíos. Observen que lo que Pedro dice como: Y en los postreros días dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne (Hechos 2:17a), Joel comunica que Dios dijo:  Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2:28a). No está mal lo que dijo Pedro, pero la frase: “después de esto” que según Joel fueron palabras de Jehová, nos hace preguntar ¿después de qué? Y si tenemos a la vista Joel 2, y retrocedemos del versículo 28 al versículo 12, observaremos que Dios primero les dice: convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. / Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (Joel 2:12-13). En otras palabras, Dios les está señalando que ellos estaban caminando en sentido opuesto a la voluntad de Él, o sea, que estaban pecado; y necesitaban arrepentirse.  Dios les estaba prometiendo que si se arrepentían, Dios les iba a perdonar, y entonces Dios volvería a bendecirles con la lluvia y abundantes cosechas.  Luego que Dios les hubo exigido arrepentimiento, y prometido bendecirles en su cosechas, les hace la promesa que estamos analizando en este devocional: Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2:28a).  Es hasta después del arrepentimiento de ellos que Dios derramaría su Espíritu.

   Es evidente que no hubo una conversión o arrepentimiento generalizado ni en Judá, menos en todo Israel, ni en ese tiempo, ni en sus siguientes generaciones, así que el derramamiento del Espíritu prometido, no ocurrió sino hasta 800 años después aproximadamente, el día de Pentecostés, cuando multitudes de personas fueron divinamente preparadas para el arrepentimiento. Bastaba una sola predicación ya sea de Juan el Bautista, de los apóstoles de Jesús tanto antes como después de su muerte y resurrección, para que miles de personas se arrepientan de sus pecados, y aceptaban el evangelio de Jesucristo. El requisito para el derramamiento del Espíritu Santo prometido por Dios era el arrepentimiento. Los discípulos de Jesús, y los creyentes posteriores a ellos, somos los que hemos pasado por el arrepentimiento, abandonando la práctica de los pecados que antes nos atraían irresistiblemente. Desde entonces, no se requiere de un nuevo derramamiento extraordinario como el que ocurrió en Jerusalén aquel domingo de Pentecostés, manifestándose con un estruendo como de un viento, y haciendo aparecer lenguas como de fuego que se asentaron las cabezas de los que se encontraban reunidos en una casa.  En la actualidad, el Espíritu Santo actúa silenciosa pero real y eficazmente en la vida de los pecadores elegidos de Dios. Dios cumplió su promesa. Él cumple su palabra.  Es fiel a su palabra.

  • CANTEN EL HIMNO: “LLUVIAS DE GRACIA» No. 269, estr. 1, 2, 4.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Dios de promesas, siempre fuiste fiel para cumplir tu palabra. Algunos proyectos tuyos se cumplen a largo plazo que puede abarcar hasta siglos o miles de años, cumplimientos que no siempre pueden ver algunas o muchas generaciones; sin embargo, también cumples promesas para la vida presente de quienes te buscan cada día.  Tu promesa de enviar al Espíritu Santo lo cumpliste casi mil años después, pero desde entonces, cada momento de nuestra vida es acompañada por tu Espíritu Santo. Muchas gracias por haberle enviado desde el año 33 y porque permanece entre nosotros hasta este año 2020. ¡Qué gran bendición! Por favor sigue cumpliendo tus promesas para nuestra vida.  Te lo pedimos por la gracia de tu Hijo Jesús. Amén.

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